El 17 de diciembre de 1830, en una hacienda azucarera a las afueras de Santa Marta llamada San Pedro Alejandrino, murió a los 47 años el hombre al que el cabildo de Caracas había dado en 1813 el título de Libertador. No tenía ya cargo alguno. Siete meses antes, el 27 de abril, había presentado su renuncia ante el último congreso de la Gran Colombia, y la república que había imaginado como un solo cuerpo se estaba partiendo en pedazos mientras él viajaba hacia la costa. Simón Bolívar nació en Caracas el 24 de julio de 1783, y entre esas dos fechas cabe casi entera la independencia de la América del Sur española.
Caracas y Europa: una juventud de huérfano rico (1783–1806)
La familia Bolívar pertenecía a la aristocracia criolla de la provincia de Venezuela, con haciendas, esclavos y minas. El padre, Juan Vicente Bolívar y Ponte, murió en enero de 1786; la madre, María de la Concepción Palacios y Blanco, el 6 de julio de 1792. El niño quedó al cuidado de parientes y de una serie de tutores. Dos de sus maestros tendrían peso en su vida: Simón Rodríguez, pedagogo de ideas poco convencionales que le dio clases en la escuela pública de Caracas, y Andrés Bello, que le enseñó historia y cosmografía y que más tarde sería una de las figuras intelectuales mayores del continente.
En 1799, con dieciséis años, viajó a España pasando por Veracruz. En Madrid conoció a María Teresa Rodríguez del Toro, con quien se casó el 26 de mayo de 1802. La pareja volvió a Caracas y ella murió de fiebre el 22 de enero de 1803, tras pocos meses de matrimonio. Bolívar no volvió a casarse.
Regresó a Europa. En París se reencontró con Simón Rodríguez, y con él viajó a Italia, donde el 15 de agosto de 1805, en el Monte Sacro de Roma, pronunció el juramento de no descansar hasta liberar a su tierra del dominio español. En 1806 estaba de nuevo en Venezuela.
De la junta de 1810 a la caída de la Primera República (1810–1812)
El 19 de abril de 1810 el cabildo de Caracas desplazó al capitán general y formó una junta que gobernaba en nombre de Fernando VII, entonces prisionero de Napoleón. Bolívar fue enviado a Londres ese mismo año con Luis López Méndez y Andrés Bello para buscar apoyo británico. La misión obtuvo poco en lo diplomático, pero en Londres Bolívar trató a Francisco de Miranda y lo convenció de volver a Venezuela.
El 5 de julio de 1811 se declaró la independencia. La Primera República duró menos de un año. El terremoto del 26 de marzo de 1812 golpeó sobre todo a las ciudades en manos patriotas, las divisiones internas hicieron el resto y Miranda firmó la capitulación en San Mateo el 25 de julio; el jefe realista Domingo de Monteverde entró en Caracas cinco días después. Bolívar salió hacia la Nueva Granada.
En Cartagena de Indias firmó el 15 de diciembre de 1812 la «Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño», conocida como Manifiesto de Cartagena. Es su primer escrito político de importancia. Atribuía la derrota al sistema federal, a la debilidad del gobierno y a la falta de un ejército disciplinado, y pedía a los neogranadinos que hicieran suya la causa venezolana, porque la seguridad de una dependía de la otra. La idea de que los territorios emancipados no podían sobrevivir aislados ya estaba ahí, tres años antes de Jamaica.
La Campaña Admirable y la guerra a muerte (1813–1814)
Con tropas neogranadinas cruzó los Andes en 1813 y avanzó hacia Caracas en una campaña de unos pocos meses que la historiografía venezolana llama Admirable. En Mérida la gente empezó a llamarlo «el Libertador», y tras su entrada en Caracas en agosto el cabildo le confirmó ese título. Durante la marcha, en Trujillo, el 15 de junio de 1813, proclamó la guerra a muerte contra los españoles peninsulares que no se sumaran a la independencia, una decisión que sus biógrafos han juzgado de maneras muy distintas.
La Segunda República no resistió. En 1814 las fuerzas llaneras de José Tomás Boves, que combatían del lado realista, la derrotaron en una campaña de violencia extrema, y Bolívar tuvo que abandonar el país otra vez. En mayo de 1815 desembarcó en Kingston.
Jamaica y Haití: el exilio productivo (1815–1816)
Los meses en Jamaica fueron de pobreza y de escritura. El 6 de septiembre de 1815 dictó a su secretario Pedro Briceño Méndez la respuesta a un comerciante británico de Falmouth, Henry Cullen, que la tradición conoce como Carta de Jamaica. En ella analizaba las causas del fracaso de 1810–1815, pronosticaba el destino de cada región y proponía reunir algún día en el istmo de Panamá un congreso de las nuevas repúblicas. El texto estaba pensado sobre todo para lectores británicos.
La ayuda no llegó de Londres sino de Haití. Bolívar desembarcó en Los Cayos de San Luis el 24 de diciembre de 1815 y el 2 de enero de 1816 se entrevistó con el presidente Alexandre Pétion en Puerto Príncipe. Pétion le dio barcos, más de seis mil fusiles y municiones, y le pidió a cambio abolir la esclavitud donde triunfara. La expedición salió de Los Cayos el 31 de marzo de 1816 con ocho embarcaciones, tomó la isla de Margarita en mayo y, al llegar a Carúpano, Bolívar proclamó la libertad de los esclavos. El vínculo entre la revolución haitiana y la independencia sudamericana se trata con más detalle en la página sobre la historia de Haití.
Angostura, Boyacá y la creación de Colombia (1817–1821)
A partir de 1817 Bolívar se asentó en la Guayana venezolana, lejos de Caracas pero con salida fluvial por el Orinoco. El 15 de febrero de 1819 instaló en la ciudad de Angostura el segundo congreso constituyente de Venezuela, con treinta diputados. El discurso que leyó ese día es, junto con la carta de 1815, el texto más estudiado de su pensamiento: defendía un ejecutivo fuerte, un senado hereditario al estilo británico y un «poder moral» encargado de la educación cívica, propuesta esta última que el congreso no adoptó.
Pocos meses después cruzó los Andes: el ejército pasó el río Arauca el 4 de junio de 1819 y el páramo de Pisba el 5 de julio, por una ruta que había propuesto Santander porque los realistas vigilaban los pasos más accesibles. El 7 de agosto de 1819 derrotó a las fuerzas realistas en Boyacá, lo que abrió el camino a Bogotá. El 17 de diciembre de 1819 el congreso de Angostura aprobó la Ley Fundamental que unía Venezuela, la Nueva Granada y Quito en una sola república, dividida en tres departamentos. Los historiadores la llaman Gran Colombia para distinguirla de la Colombia actual.
La ciudad que hospedó aquel congreso se llama hoy Ciudad Bolívar. Es una de tantas huellas toponímicas: lleva su nombre un país entero, un estado venezolano, la moneda de Venezuela y un número difícil de contar de plazas, avenidas y escuelas desde México hasta la Patagonia. La costumbre de bautizar lugares con su apellido empezó en vida del propio Libertador, cuando el Alto Perú eligió llamarse Bolivia.
El 24 de junio de 1821 la victoria de Carabobo aseguró la independencia de Venezuela. Ese mismo año el Congreso de Cúcuta aprobó la constitución de la nueva república y eligió presidente a Bolívar, con Francisco de Paula Santander como vicepresidente a cargo del gobierno mientras él seguía en campaña.
Hacia el sur: Guayaquil, Junín y Ayacucho (1822–1825)
Después de la campaña de Quito, Bolívar se entrevistó con José de San Martín en Guayaquil los días 26 y 27 de julio de 1822. No quedaron actas de la conversación y su contenido sigue siendo materia de interpretación; lo que se sabe es que el final de la guerra en el Perú quedó en manos de Bolívar. En Quito conoció a Manuela Sáenz, que fue su compañera hasta el final.
Llegó al Perú en septiembre de 1823. Dirigió la batalla de Junín el 6 de agosto de 1824, y el 9 de diciembre Antonio José de Sucre venció en Ayacucho, la batalla que liquidó el poder virreinal en la América del Sur. El Alto Perú se constituyó en república con el nombre de Bolivia, y Bolívar redactó su primera constitución en 1826.
| Fecha | Hecho |
|---|---|
| 24 de julio de 1783 | Nace en Caracas |
| 26 de mayo de 1802 | Matrimonio en Madrid con María Teresa Rodríguez del Toro (muere el 22 de enero de 1803) |
| 15 de agosto de 1805 | Juramento en el Monte Sacro, Roma |
| 15 de diciembre de 1812 | Manifiesto de Cartagena |
| Agosto de 1813 | Entrada en Caracas; el cabildo ratifica el título de Libertador |
| 6 de septiembre de 1815 | Carta de Jamaica, Kingston |
| 2 de enero de 1816 | Entrevista con Alexandre Pétion en Puerto Príncipe |
| 15 de febrero de 1819 | Instalación del Congreso de Angostura |
| 7 de agosto de 1819 | Batalla de Boyacá |
| 17 de diciembre de 1819 | Ley Fundamental de la República de Colombia |
| 24 de junio de 1821 | Batalla de Carabobo |
| 26–27 de julio de 1822 | Entrevista de Guayaquil con San Martín |
| 6 de agosto de 1824 | Batalla de Junín |
| 9 de diciembre de 1824 | Batalla de Ayacucho (Sucre) |
| 22 de junio de 1826 | Apertura del Congreso de Panamá |
| 27 de agosto de 1828 | Decreto Orgánico: asume el poder supremo |
| 25 de septiembre de 1828 | Atentado en Bogotá |
| 27 de abril de 1830 | Renuncia ante el congreso |
| 17 de diciembre de 1830 | Muere en San Pedro Alejandrino, Santa Marta |
Panamá, Ocaña y la dictadura (1826–1828)
La idea esbozada en Kingston tomó forma en 1826. A iniciativa de Bolívar, el Congreso de Panamá se abrió el 22 de junio de 1826 con delegados de varias de las nuevas repúblicas. Firmó un tratado de unión y confederación, pero la ratificación no prosperó y la asamblea no tuvo continuidad. Para muchos autores es el antecedente más citado de la Patria Grande como proyecto político.
Mientras tanto, la Gran Colombia se resquebrajaba. En Venezuela, José Antonio Páez desafiaba la autoridad de Bogotá; en la Nueva Granada, los partidarios de Santander defendían la constitución de Cúcuta frente a los proyectos centralistas que se atribuían a Bolívar. La Convención de Ocaña, reunida en 1828 para reformar la carta, se disolvió sin acuerdo. El 27 de agosto de 1828 Bolívar dictó un Decreto Orgánico que le otorgaba el poder supremo.
Un mes después, en la noche del 25 de septiembre, un grupo de conspiradores asaltó el palacio de San Carlos para matarlo. Manuela Sáenz lo ayudó a escapar por una ventana. Santander, acusado de complicidad, fue condenado a muerte; Bolívar le conmutó la pena por el destierro.
Renuncia y muerte (1830)
A comienzos de 1830 se reunió en Bogotá el llamado Congreso Admirable. Bolívar, enfermo, presentó allí su renuncia el 27 de abril. Ese mismo año Venezuela se separó de la unión y poco después lo hizo también el sur, que tomó el nombre de Ecuador. Bolívar se dirigió hacia la costa caribe con la idea de embarcarse hacia Europa, un viaje que nunca emprendió. Murió en San Pedro Alejandrino el 17 de diciembre de 1830. La causa aceptada durante casi dos siglos fue la tuberculosis; las biografías hablan de hemoptisis en sus últimas semanas.
Sus restos se trasladaron a Caracas en 1842 y en 1876 pasaron al Panteón Nacional. Allí fueron exhumados el 16 de julio de 2010, por decisión del gobierno de Hugo Chávez, para estudiar la causa de la muerte. El 25 de julio de 2011 el vicepresidente Elías Jaua leyó el informe preliminar: los restos eran auténticos, no había huellas óseas de tuberculosis crónica, aunque no se descartaba una forma sistémica, y la causa de la muerte no podía determinarse; se mencionó como posibilidad una intoxicación accidental por medicamentos con arsénico. La Academia Nacional de la Historia de Venezuela calificó la exhumación de innecesaria.
Las lecturas de Bolívar
Pocas figuras latinoamericanas han sido leídas de formas tan opuestas, y conviene distinguir al menos tres tradiciones.
La primera es la patriótica, que durante el siglo XIX y buena parte del XX convirtió a Bolívar en padre fundador de Venezuela y de varias repúblicas andinas, con estatuas, fiestas cívicas y una historiografía de tono reverencial. El historiador venezolano Germán Carrera Damas estudió ese fenómeno en El culto a Bolívar, publicado en 1969, donde examina cómo gobiernos de signo muy diverso, incluidas dictaduras, recurrieron a la figura del Libertador para legitimarse, y advierte sobre los riesgos de esa invocación acrítica para la vida civil.
La segunda es la crítica temprana. En 1858 Karl Marx publicó en la New American Cyclopaedia una entrada titulada «Bolivar y Ponte», escrita entre diciembre de 1857 y enero de 1858, que describe al Libertador como un caudillo autoritario y lo compara desfavorablemente con Napoleón. En una carta a Engels, Marx reconoció que el editor, Charles Dana, había objetado el tono partidista del texto. La entrada se ha reeditado y discutido en América Latina sobre todo como documento de la recepción europea de Bolívar.
La tercera es la biografía académica contemporánea, que intenta situarlo en su sociedad. John Lynch, profesor emérito de la Universidad de Londres, publicó en 2006 Simón Bolívar: A Life con Yale University Press, presentada por la editorial como la primera gran biografía en inglés en medio siglo; su análisis atiende al contexto social y racial de la guerra y a la voluntad personal como motor de las campañas. A estas se suma la apropiación política del siglo XXI, cuando la constitución venezolana de 1999 incorporó el adjetivo «bolivariana» al nombre oficial del país y la Alianza Bolivariana (ALBA) lo tomó como emblema, y la recuperación de su figura por autores de la integración regional como Manuel Ugarte, que lo tomaron como punto de partida de la idea continental.
El debate no está cerrado. La pregunta que se hacen los historiadores es menos si Bolívar fue un demócrata o un autócrata que cómo encajan en una misma vida la abolición proclamada en Carúpano, el senado hereditario de Angostura y el Decreto Orgánico de 1828. Sobre la relación de su nombre con Italia, desde Garibaldi hasta Gramsci, hay una página propia: Bolívar, Garibaldi y Gramsci.