En Kingston, el 6 de septiembre de 1815, un exiliado venezolano de 32 años dictó a su secretario una respuesta larga a un comerciante inglés de la costa norte de la isla. El exiliado era Simón Bolívar, el secretario Pedro Briceño Méndez y el destinatario Henry Cullen, vecino de Falmouth. El texto llevaba por título «Contestación de un Americano Meridional a un caballero de esta isla». Nadie lo llamaba todavía Carta de Jamaica.
Kingston, 1815: un exilio sin ejército
Bolívar había desembarcado en Jamaica en mayo de 1815. Venía de dos derrotas. La Primera República venezolana había caído en 1812 y la Segunda, que él mismo había levantado con la Campaña Admirable de 1813, se desplomó en 1814 ante las fuerzas realistas y los llaneros de José Tomás Boves. A comienzos de 1815 casi todo lo conquistado desde 1810 estaba perdido.
Jamaica era territorio británico, y eso explica buena parte de lo que se escribió allí. Gran Bretaña era la potencia capaz de romper el monopolio español y la que podía, en teoría, financiar o proteger a los insurgentes. Bolívar pasó en la isla unos siete meses, de mayo a diciembre, con escasos recursos y buscando contactos con comerciantes y funcionarios. La carta a Cullen es, en ese sentido, un documento de propaganda: su destinatario nominal era un particular, pero su verdadero público era la opinión británica.
Tres años antes, en diciembre de 1812, Bolívar ya había publicado en Cartagena de Indias un balance de la derrota de la Primera República, el llamado Manifiesto de Cartagena, donde culpaba al federalismo y a la debilidad del gobierno y pedía a la Nueva Granada que hiciera suya la causa venezolana. La carta de Kingston retoma aquel diagnóstico, pero lo extiende a todo el continente y lo dirige hacia afuera.
Henry Cullen y el pretexto de la respuesta
De Henry Cullen se sabe poco: era un súbdito británico, comerciante, residente en Falmouth, cerca de Montego Bay. Había escrito a Bolívar interesándose por el estado de las colonias españolas y por sus perspectivas. Esa carta no se ha conservado, de modo que las preguntas de Cullen solo pueden reconstruirse a partir de las respuestas. Por el texto de Bolívar se deduce, por ejemplo, que Cullen le había preguntado por la población de cada región, por las formas de gobierno que cabía esperar y por el posible uso político de tradiciones indígenas en México.
La forma de la respuesta, un «americano meridional» que contesta a «un caballero de esta isla», permitía a Bolívar hablar sin firmar como jefe militar derrotado. El anonimato del título no ocultaba mucho; lo que hacía era presentar el texto como el razonamiento de un observador y no como la petición de un exiliado.
Qué dice el texto
El historiador venezolano Pedro Grases distinguió en la carta tres partes: un análisis histórico de la lucha por la independencia entre 1810 y 1815, una argumentación política a favor de la emancipación y una serie de pronósticos, región por región, sobre el futuro de la América española.
El balance de cinco años de guerra
La primera parte repasa el estado de la contienda en cada territorio, con cifras de población. Según los datos que Bolívar maneja, el Río de la Plata tendría alrededor de un millón de habitantes, Chile unos 800.000, el Perú un millón y medio, la Nueva Granada dos millones y medio, Venezuela cerca de un millón antes de perder una cuarta parte en la guerra, y México, contando Guatemala, unos 7,8 millones. Son estimaciones de la época, apoyadas en autores como Alexander von Humboldt, y no deben leerse como censos.
La justificación de la independencia
La segunda parte sostiene que España había roto el pacto que la unía a los descendientes de conquistadores y colonos, y que su dominio se había convertido en un despotismo. El argumento se apoya en la tradición ilustrada; Bolívar cita a Montesquieu, a Raynal, a Bartolomé de las Casas y al abate de Pradt, entre otros. Es aquí donde aparece la conocida fórmula según la cual los americanos formaban «un pequeño género humano», ni indios ni europeos, una especie intermedia entre los legítimos propietarios del país y los colonizadores.
La parte más directa es la apelación a Europa. Bolívar pregunta por qué la Europa comerciante y amante de la libertad permitía que España conservara su dominio, y argumenta que la independencia americana convenía al equilibrio del mundo y al comercio británico. La queja es explícita: tanto Europa como los Estados Unidos se limitaban a observar.
Los pronósticos
La tercera parte es la que más se ha citado. Bolívar descarta que toda la América española pueda formar un solo Estado. Reconoce que sus pueblos comparten origen, lengua, costumbres y religión, pero sostiene que los climas remotos, las situaciones diversas, los intereses opuestos y los caracteres distintos lo impiden. En su lugar anticipa varios Estados, y para cada uno aventura un régimen.
| Región | Pronóstico de Bolívar en 1815 |
|---|---|
| México | República representativa con ejecutivo fuerte, posiblemente vitalicio; riesgo de monarquía si dominan militares o aristócratas |
| Istmo de Panamá a Guatemala | Posible asociación o federación entre los dos océanos, con vocación de centro comercial |
| Nueva Granada y Venezuela | Unión en una república llamada Colombia, con capital en Maracaibo o en una nueva ciudad, Las Casas, en Bahía Honda |
| Buenos Aires | Gobierno central dominado por los militares, con riesgo de oligarquía |
| Chile | Capaz de ser libre y estable, por sus costumbres y su aislamiento |
| Perú | Dificultades para la libertad, por el peso del oro y de la esclavitud |
Para la unión de la Nueva Granada y Venezuela propone un modelo inspirado en la constitución británica: un ejecutivo electivo, quizá vitalicio pero nunca hereditario, un senado hereditario y un cuerpo legislativo de elección libre. La idea del senado hereditario reaparecería en el discurso de Angostura de 1819.
El pasaje sobre Panamá es breve y es el que la posteridad convirtió en programa. Bolívar escribe que sería hermoso que el istmo fuese para los americanos lo que el de Corinto fue para los griegos, y expresa la esperanza de que algún día se reúna allí un congreso de representantes de repúblicas, reinos e imperios para tratar de la paz y de la guerra con el resto del mundo. Once años después, en 1826, se reunió en la ciudad de Panamá el congreso que él mismo convocó.
Una digresión: Quetzalcóatl y la Virgen de Guadalupe
Entre los pronósticos y la apelación a Europa hay un pasaje que parece responder a una sugerencia concreta de Cullen: la posibilidad de aprovechar en México el recuerdo de Quetzalcóatl, la figura que algunas crónicas asociaban al regreso de un legislador divino. Bolívar lo despacha con cierta ironía. Recuerda que los autores que había consultado, como Acosta, discrepaban sobre quién había sido Quetzalcóatl, y observa que un pueblo católico difícilmente seguiría a una divinidad pagana. Añade un dato de observación política: los insurgentes mexicanos habían encontrado un emblema mucho más eficaz en la Virgen de Guadalupe, cuya invocación mezclaba la causa patriótica con la religión. El pasaje no sirve a la tesis central del documento y por eso mismo es revelador del método de Bolívar, que respondía punto por punto incluso a las ocurrencias de su corresponsal.
De Kingston a la imprenta: la historia editorial
La carta no se publicó en su momento. Bolívar salió de Jamaica en diciembre de 1815 y el 24 de ese mes estaba en Los Cayos de San Luis, en Haití, donde el presidente Alexandre Pétion le dio la ayuda que Gran Bretaña no le había dado. La relación entre ambos se cuenta en la página sobre la historia de Haití.
La primera edición conocida es inglesa. Apareció en julio de 1818 en The Jamaica Quarterly Journal and Literary Gazette, y una segunda edición inglesa salió el 23 de julio de 1825 en The Jamaica Journal and Kingston Chronicle. Ambas salieron cuando su autor ya no era un exiliado, sino el presidente de la república creada en Angostura en 1819. Según Pedro Grases, la traducción al inglés estuvo a cargo del general John Robertson, y el borrador inglés que se conserva lleva correcciones de Bolívar escritas en francés.
En español hubo que esperar hasta 1833. Ese año el texto se imprimió en el tomo XXI, en un apéndice, de la Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador, compilada por Francisco Javier Yanes y Cristóbal Mendoza. Durante mucho tiempo las ediciones en castellano partieron de esa versión, porque el manuscrito español original no estaba localizado.
Hoy se conocen dos testimonios. El borrador en inglés, llamado manuscrito de Bogotá, se guarda en el Archivo General de la Nación de Colombia. El manuscrito en español, de puño de Briceño Méndez, está en Ecuador, en el archivo histórico del Ministerio de Cultura y Patrimonio; la UNESCO atribuye su identificación al historiador ecuatoriano Amílcar Varela. La UNESCO incorporó la versión española a su registro Memoria del Mundo de América Latina y el Caribe en 2016 y el manuscrito inglés de Bogotá en 2017.
| Fecha | Hecho |
|---|---|
| 6 de septiembre de 1815 | Bolívar dicta la respuesta a Henry Cullen en Kingston |
| Julio de 1818 | Primera edición, en inglés: The Jamaica Quarterly Journal and Literary Gazette |
| 23 de julio de 1825 | Segunda edición inglesa: The Jamaica Journal and Kingston Chronicle |
| 1833 | Primera edición en español, tomo XXI de la Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador |
| 2016 | La UNESCO inscribe el manuscrito español en el registro Memoria del Mundo |
| 2017 | La UNESCO inscribe el manuscrito inglés de Bogotá |
Lecturas de un texto de circunstancias
La carta se ha leído de maneras muy diferentes, y conviene distinguir entre lo que dice y lo que se le ha hecho decir. Una lectura la trata como profecía: se subraya que Bolívar anticipó la inestabilidad del Río de la Plata, la fortaleza institucional de Chile o la unión de Venezuela y la Nueva Granada, que él mismo impulsaría en 1819 con la creación de la república de Colombia. Otra lectura la trata como documento de propaganda, pensado para convencer a Londres, y pone el acento en la apelación a Europa y en las cifras de población, que servían para mostrar el tamaño del mercado en juego.
Una tercera lectura, la más frecuente en la historia de las ideas, la sitúa como el primer texto de Bolívar con alcance continental. El Manifiesto de Cartagena miraba a dos territorios; la carta de Kingston mira a todo el hemisferio y formula, aunque sea como deseo, la idea de un congreso de naciones americanas. Por esa razón aparece al comienzo de casi todas las genealogías de la integración latinoamericana, desde los escritos de Manuel Ugarte a comienzos del siglo XX hasta los organismos regionales del XXI, y en la historia de la idea de la Patria Grande.
También hay matices que las lecturas celebratorias suelen omitir. Bolívar no proponía un Estado único, sino lo contrario: argumentaba que era imposible. Su modelo para Colombia incluía un senado hereditario. Y sus juicios sobre algunos pueblos, como el del Perú, expresan los prejuicios de un criollo de su tiempo sobre la esclavitud y la servidumbre.
Su autor volvió a Venezuela en 1816 con la expedición de Los Cayos. De ahí en adelante, su trayectoria está contada en la biografía de Simón Bolívar. Del corresponsal, en cambio, no queda mucho más que el nombre, el pueblo de Falmouth y una carta perdida que dio pie a uno de los textos políticos más editados de la América hispana.