El 8 de febrero de 1846, junto a un arroyo llamado San Antonio, cerca de la ciudad uruguaya de Salto, los voluntarios italianos de camisa roja rechazaron, en clara inferioridad numérica, las sucesivas cargas a la bayoneta de las fuerzas del general Servando Gómez. Perdieron cerca de un tercio de sus hombres y se retiraron después hacia Salto. Los mandaba un marino de Niza que llevaba diez años en América del Sur y que dos años más tarde volvería a Europa para convertirse en el protagonista militar de la unificación italiana. El episodio de San Antonio es el punto más visible de una relación entre Italia y América Latina que puede contarse a través de tres nombres: Garibaldi, que combatió en el continente; Bolívar, cuya figura circuló por Italia; y Gramsci, cuyo pensamiento se leyó en América Latina en las décadas que siguieron a su muerte.
Los tres pertenecen a épocas distintas y no tienen mucho en común.
Precisamente por eso sirven para mostrar que el vínculo entre ambas orillas no fue solo demográfico, aunque la emigración italiana, que en países como Argentina, Uruguay o Venezuela alcanzó cifras enormes, sea su parte más conocida (véase italianos en Venezuela). También hubo un tráfico de ideas, de símbolos y de personas que iba y venía.
Garibaldi en América: de Río de Janeiro a Rio Grande do Sul (1835–1841)
La historia de Garibaldi en América comienza a finales de 1835, cuando Giuseppe Garibaldi, nacido en Niza el 4 de julio de 1807, desembarcó en Río de Janeiro como exiliado político. Según el Dizionario Biografico degli Italiani de Treccani, allí encontró a otros conspiradores italianos y se sumó a la causa de la República Riograndense, el Estado que los rebeldes de Rio Grande do Sul habían proclamado el 11 de septiembre de 1836 frente al gobierno imperial de Brasil.
Aquella rebelión, conocida como guerra de los Farrapos, había estallado el 20 de septiembre de 1835 en Porto Alegre por motivos muy concretos: los impuestos que gravaban el charque y los cueros de la provincia, que competían en desventaja con los de los saladeros argentinos y uruguayos, y el control del gobierno central sobre la administración provincial. De la exigencia de autonomía se pasó al separatismo republicano, y en esa deriva pesó la influencia de los refugiados italianos de ideas republicanas. El conflicto terminó el 1 de marzo de 1845 con el tratado de Poncho Verde.
Garibaldi recibió de los rebeldes una patente de corso y desde marzo de 1837 mandó pequeñas embarcaciones que atacaban el tráfico favorable al Imperio, una actividad que sus adversarios calificaron de piratería y que él presentó siempre como una operación militar al servicio de una causa legítima. En julio de 1839 los farrapos extendieron la guerra a Santa Catarina y proclamaron en Laguna la efímera República Juliana. En esa ciudad, en otoño de 1839, Garibaldi conoció a Ana Maria de Jesus Ribeiro, una joven de dieciocho años casada desde los catorce, que en octubre se unió a él a bordo y entró en combate apenas un mes después. Tras la batalla de Curitibanos, creyendo muerto a Garibaldi, escapó a caballo de sus captores y lo buscó durante cuatro días hasta encontrarlo. Anita es hoy una heroína nacional en Brasil.
Montevideo y la Legión Italiana (1841–1848)
En 1841 Garibaldi se trasladó a Uruguay, entonces en plena Guerra Grande (1838–1851), el conflicto que enfrentaba a los blancos de Manuel Oribe, respaldados por el gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas, con los colorados de Fructuoso Rivera, instalados en Montevideo. El 16 de agosto de 1842 mandó la flotilla montevideana contra la escuadra de la Confederación del almirante Guillermo Brown en Costa Brava, sobre el río Paraná, cerca de Esquina, y fue derrotado con grandes pérdidas. El 26 de marzo de ese mismo año se había casado con Anita en Montevideo.
En 1843, con la ciudad sitiada, organizó la Legión Italiana al servicio del Gobierno de la Defensa. Treccani calcula que llegó a tener hasta 600 voluntarios, y fue en Montevideo donde adoptaron las camisas rojas que después identificarían a los garibaldinos en Italia. El combate de San Antonio, en 1846, les dio fama en Europa. Hoy un monumento de piedra de estilo moderno, obra del arquitecto Juan Giovanni Veltroni, recuerda la batalla en Salto.
Garibaldi zarpó de Montevideo en abril de 1848, cuando llegaban noticias de las revoluciones europeas, y desembarcó en Niza el 21 de junio. Volvía convertido en una figura célebre, el eroe dei due mondi, el héroe de los dos mundos, apelativo que resume la doble trayectoria americana y europea. Anita lo siguió a Italia y murió cerca de Rávena, embarazada y enferma de malaria, el 4 de agosto de 1849, durante la retirada que siguió a la caída de la República Romana.
Bolívar en Italia: un juramento en Roma y un barco en Pisa
El camino inverso lo recorrió, mucho antes, Simón Bolívar. El joven caraqueño, que según la enciclopedia Treccani completó sus estudios en Europa, pasó por Italia durante aquella estancia. La tradición sitúa en Roma, el 15 de agosto de 1805, el llamado juramento del Monte Sacro, en el que Bolívar, con 22 años y marcado por la muerte de su esposa María Teresa en 1803, se comprometió ante su maestro Simón Rodríguez a no descansar hasta liberar a América del dominio español. El episodio se conoce por una carta de Bolívar a Rodríguez del 19 de enero de 1824 y por los recuerdos del anciano Rodríguez recogidos en Quito en 1850 por el médico Manuel Uribe Ángel. La versión más difundida del texto procede de esa tradición oral, y algunos historiadores discuten incluso si la colina fue el Monte Sacro o el Palatino o el Aventino. Conviene, por tanto, leerlo como un relato fundacional más que como un acta.
Veinte años después, el nombre de Bolívar ya era un emblema del liberalismo europeo. El ejemplo más curioso lo dejó Lord Byron. Mientras vivía en Pisa, entre 1821 y 1822, el poeta inglés encargó al capitán Daniel Roberts la construcción de un yate y lo bautizó Bolivar. No era un capricho aislado: Byron había llegado a considerar emigrar a Venezuela antes de trasladarse de Venecia a Rávena. El barco no llegó a navegar muy lejos con él. Cuando partió hacia Grecia en 1823, lo vendió al conde y la condesa de Blessington, y fue la causa griega, no la sudamericana, la que ocupó sus últimos meses.
Garibaldi nació dos años después del juramento romano, y cuando llegó a Río de Janeiro las repúblicas surgidas de las campañas bolivarianas llevaban poco más de una década de vida. La Carta de Jamaica, escrita en 1815, y los proyectos de unión continental del Libertador, tratados en la biografía de Simón Bolívar, formaban parte del repertorio de un republicanismo que en Italia buscaba su propia unidad.
Gramsci en América Latina: traducciones y relecturas
El tercer nombre cruzó el Atlántico en forma de libros. Antonio Gramsci, nacido en Ales, en Cerdeña, el 22 de enero de 1891, cofundador del Partido Comunista de Italia en 1921, fue detenido el 8 de noviembre de 1926 y condenado el 4 de junio de 1928 a más de veinte años de prisión. En la cárcel escribió 33 cuadernos, 21 de ellos en el penal de Turi. Murió en Roma el 27 de abril de 1937. Las Cartas desde la cárcel se publicaron en 1947 y la primera edición temática de los Cuadernos apareció en Einaudi entre 1948 y 1951; la edición crítica cronológica de Valentino Gerratana es de 1975. Conceptos como hegemonía, bloque histórico, revolución pasiva o intelectuales orgánicos procedían de esos textos, y ofrecían una manera de pensar el poder que no se reducía a la economía ni a la fuerza, un tema que conecta con la historia del concepto de lucha de clases.
América Latina fue uno de los primeros lugares donde se tradujo. En Argentina, Héctor P. Agosti, dirigente cultural del Partido Comunista, tradujo las cartas en 1950 y los Cuadernos entre 1958 y 1962 para la editorial Lautaro, ligada al partido, y difundió el pensamiento italiano desde la revista Cuadernos de Cultura. Fue una recepción temprana: según Treccani, las traducciones a las grandes lenguas europeas se multiplicaron sobre todo a partir de los años setenta.
La lectura que más influyó, sin embargo, nació en Córdoba. En 1963 apareció Pasado y Presente, «revista trimestral de ideología y cultura», iniciada por Oscar del Barco y Aníbal Arcondo, a la que se incorporó como editor principal José María Aricó, con colaboradores como Juan Carlos Torre, Héctor Schmucler y Carlos Sempat Assadourian. Publicada entre 1963 y 1965 y de nuevo en 1973, la revista combinó la crítica al Partido Comunista, del que su grupo fue expulsado, con traducciones de Gramsci y de otros marxistas. Desde 1968 el mismo equipo editó los Cuadernos de Pasado y Presente, una colección que circuló por todo el continente.
Aricó (Villa María, 1931–1991) dirigió durante la dictadura de 1976–1983 la Biblioteca del Pensamiento Socialista desde el exilio en México. De vuelta en Argentina fundó la revista La Ciudad Futura y el Club de Cultura Socialista, y en 1988 publicó La cola del diablo. Itinerario de Gramsci en América Latina, el estudio de referencia sobre esa recepción. Juan Carlos Portantiero (1934–2007), sociólogo y colaborador de Pasado y Presente, fundó en el exilio mexicano la revista Controversia, escribió Los usos de Gramsci y fue decano de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires entre 1990 y 1998, además de formar parte del grupo de asesores del presidente Raúl Alfonsín.
En Brasil la figura central fue Carlos Nelson Coutinho (Itabuna, 1943–Río de Janeiro, 2012). En los años sesenta tradujo a Gramsci junto a Leandro Konder, y entre 1999 y 2002 dirigió la edición brasileña de los Cuadernos de la cárcel para Civilização Brasileira. Su ensayo «A democracia como valor universal», de 1979, se convirtió en una referencia del debate sobre la transición democrática. Su trayectoria partidaria, del Partido Comunista Brasileño al Partido de los Trabajadores y después al PSOL, refleja los desplazamientos de la izquierda brasileña de su tiempo.
La recepción gramsciana en América Latina no fue homogénea. Los lectores comunistas ortodoxos, los grupos de la nueva izquierda de los sesenta y los intelectuales de la transición democrática de los ochenta encontraron en los mismos cuadernos argumentos distintos, y a veces opuestos.
2007, un año de aniversarios
En 2007 coincidieron dos fechas redondas. El 4 de julio se cumplieron doscientos años del nacimiento de Garibaldi, y en octubre San Marino puso en circulación una moneda conmemorativa de 2 euros con su retrato, con una tirada de 130.000 piezas, según el registro del Banco Central Europeo. El 27 de abril se habían cumplido setenta años de la muerte de Gramsci. Ese mismo año murió Portantiero, uno de sus principales lectores latinoamericanos.
Para las comunidades italianas de América Latina, como la de Venezuela, que creció con la gran ola migratoria de los años cincuenta, ambos nombres tenían resonancias propias. Queda un detalle de calendario que ninguna de esas conmemoraciones subrayó: Garibaldi nació en Niza cuando la ciudad formaba parte del Imperio francés; cuando regresó de América, en 1848, pertenecía al Reino de Cerdeña, y desde 1860 es francesa, de modo que el héroe de los dos mundos procedía de una ciudad que hoy no es italiana.