El 23 de enero de 1958, cuando cayó el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, la emigración italiana hacia Venezuela llevaba casi una década en su punto más alto. Aquel año volvieron a Italia desde Venezuela casi 17.000 personas, el máximo de regresos que registran las estadísticas italianas para ese destino. Muchos otros se quedaron, abrieron talleres, abastos y constructoras, y tuvieron hijos que ya serían venezolanos. Esa doble historia, la llegada masiva y la salida escalonada, explica por qué los italianos en Venezuela son a la vez una comunidad muy visible y una cifra censal modesta.
El censo de 2001 contó 49.337 personas de nacionalidad italiana. Es poco al lado de las estimaciones de descendientes que circulan en la prensa, que hablan de cientos de miles o de millones, pero es el único recuento oficial por entidad federal disponible para ese año. La historia de la inmigración italiana en Venezuela desde el siglo XIX, las regiones de origen, los oficios, las instituciones de la comunidad y la distribución de los italianos en Venezuela por estado según aquel censo ocupan las secciones siguientes.
Historia temprana: la presencia italiana en el siglo XIX
Los italianos no llegaron a Venezuela con el petróleo. Durante la Independencia y en las décadas siguientes aparecen oficiales, profesores y técnicos de la península en la vida pública. El piamontés Carlo Luigi Castelli, que combatió en la guerra de Independencia, llegó a general de división en 1849 y ocupó varias veces el Ministerio de Guerra y Marina, según la reconstrucción del historiador de la ciencia José Álvarez-Cornett. El más conocido de todos es el cartógrafo Agostino Codazzi, nacido en Lugo (Romaña) en 1793, autor del Atlas físico y político de la República de Venezuela publicado en París en 1840.
No todos los proyectos llegaron a puerto. En 1842 Castelli intentó organizar la venida de más de trescientos agricultores y artesanos italianos, pero el barco L’Italia naufragó frente a Livorno y la empresa terminó con fuertes pérdidas. El episodio es menor, pero anticipa un rasgo que se repetirá un siglo después: la inmigración italiana hacia Venezuela dependió tanto de la iniciativa de particulares como de los planes del Estado.
Las cifras de esa época son pequeñas. El censo de 1881, el primero que registró la nacionalidad de los extranjeros, contó algo más de 3.000 italianos; el de 1891 anotó 3.030, frente a más de 13.000 españoles y casi 11.000 neogranadinos, según los cuadros reproducidos por Froilán Ramos Rodríguez. Entre 1874 y 1888 entraron al país 26.090 inmigrantes, de los cuales 2.764 eran italianos. El 85 % de ellos eran agricultores y se asentaron sobre todo en los estados andinos de Mérida, Táchira y Trujillo.
En el oriente la historia fue otra. Comerciantes corsos, del sur de Francia y de Italia se instalaron en Carúpano, Cumaná y Ciudad Bolívar a finales del siglo XIX y comienzos del XX, donde apellidos como Franceschi o Dalla Costa se volvieron habituales en la vida económica local. Aquellos grupos eran reducidos, pero tuvieron una intensa actividad económica, política y social en las ciudades orientales durante varias generaciones.
Guerra, recelo y primeras misiones de selección (1936–1948)
La primera legislación moderna sobre inmigración es de 1936, bajo el gobierno de Eleazar López Contreras. La ley de ese año excluía expresamente a toda persona que no fuese de raza blanca, un rasgo que la historiografía venezolana ha subrayado desde entonces y que pesa sobre toda la historia posterior de la inmigración italiana en Venezuela, favorecida precisamente por ese criterio de selección. A finales de esa década se creó el Instituto Técnico de Inmigración y Colonización, encargado de seleccionar colonos para proyectos agrícolas. Unas 28.000 personas llegaron entre 1936 y 1940; luego la Segunda Guerra Mundial paralizó los viajes.
La guerra cambió el trato a los italianos residentes. La Ley de Actividades de Extranjeros de 1942, dictada durante el gobierno de Isaías Medina Angarita, restringió la organización y las actividades de alemanes, italianos y japoneses, y el 15 de febrero de 1945 Venezuela declaró la guerra a Alemania, Italia y Japón. Durante esos años el censo de 1941 registró apenas unos 3.137 italianos, una cifra casi idéntica a la de sesenta años antes.
El giro vino justo después. En 1946 se creó la Comisión Nacional de Inmigración, presidida por Enrique Tejera París, que organizó misiones de selección en Italia, España y Portugal; el propio Tejera viajó a Italia como jefe de misión. En 1947, una vez superadas las dificultades del transporte transatlántico, llegaron unas 20.000 personas, y en 1949 los decretos firmados por Carlos Delgado Chalbaud crearon agregadurías de inmigración en las representaciones diplomáticas de Europa, en particular en Italia y España.
La gran inmigración italiana en Venezuela (1948–1958)
Entre 1948 y 1961, 614.425 extranjeros recibieron por primera vez la cédula de identidad venezolana. Si se suman quienes no la tramitaron y los niños que no la necesitaban, el total de llegadas debió de rondar las 800.000 personas, según el Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Empresas Polar. Españoles, italianos, estadounidenses, colombianos y portugueses, en ese orden, sumaban el 78 % de los registrados.
Del lado italiano, las estadísticas de expatriación estudiadas por Antonio Cortese cuentan 285.259 emigrantes con destino a Venezuela, de los cuales más del 90 % partió después de 1945. El flujo se concentró entre 1949 y 1960. Venezuela, con una economía petrolera en plena expansión, llegó a ser en esos años un destino preferido incluso frente a Argentina, que había sido la gran meta sudamericana de la emigración italiana. Los censos venezolanos reflejan el salto: unos 43.997 italianos en 1950 y 121.733 en 1961.
La política de los gobiernos militares de 1948 a 1958 recibió el nombre de «puertas abiertas». Los trámites de entrada se redujeron a unos pocos requisitos básicos y, desde octubre de 1954, los cónsules venezolanos en Italia, España y Portugal quedaron autorizados para conceder visados sin consulta previa a Caracas a solicitantes menores de 35 años con certificados policiales, judiciales y de salud limpios. El Instituto Agrario Nacional, heredero desde 1949 del antiguo instituto de colonización, gestionaba además una inmigración dirigida con ayuda del Comité Intergubernamental para las Migraciones Europeas (CIME). Varios autores, entre ellos el investigador Andrés Cañizález, han señalado que la apertura era selectiva y se limitaba en la práctica a europeos.
Los barcos llegaban sobre todo a La Guaira, el puerto de Caracas, y a Puerto Cabello, y desde allí los recién llegados pasaban a centros de recepción como el Hotel de Inmigrantes de El Guarataro, en Caracas, o el de El Trompillo, en Carabobo. El detalle de esos años, los puertos, los centros de acogida y los programas agrícolas como la colonia de Turén, se desarrolla en el artículo sobre la inmigración italiana de los años cincuenta.
La inmigración dirigida fue siempre una parte pequeña del total. Según el mensaje de Pérez Jiménez al Congreso de 1955, recogido por Ramos Rodríguez, los inmigrantes seleccionados que entraron bajo ese régimen fueron 3.609 en 1952, 6.216 en 1953 y 6.792 en 1954. Un informe del Instituto Agrario Nacional de esos años registra 6.600 personas con visa de inmigrante, de las cuales 4.946 llegaron con la colaboración del CIME y 1.654 por su cuenta. Frente a los cientos de miles de llegadas del periodo, esas cifras muestran que la mayoría de los italianos entró con visas de transeúnte o residente y buscó trabajo por sus propios medios, sin pasar por ningún programa oficial.
El caso más citado de colonización agrícola con participación italiana es el de Turén, en el estado Portuguesa. El 19 de febrero de 1952 desembarcó en Puerto Cabello un grupo de 54 cabezas de familia italianos con sus familias destinados a la colonia, y en 1956, de las 582 familias establecidas, 313 eran de origen extranjero; entre ellas, los italianos eran el grupo más numeroso, con un 30 %. Cada familia recibía una parcela de 24 hectáreas, vivienda y crédito agrícola.
Regiones de origen y oficios
El 60 % de los italianos registrados entre 1948 y 1961 venía del sur de la península, el 25 % del centro y el 15 % del norte. Las provincias con mayor emigración hacia Venezuela fueron Bari, Salerno y L’Aquila, es decir, Apulia, Campania y Abruzos. Las compilaciones sobre la comunidad sitúan también a Sicilia, Campania, Abruzos, Apulia, Véneto, Emilia-Romaña y Friul-Venecia Julia entre las regiones de procedencia, lo que muestra que el flujo, aunque meridional en su mayoría, tocó casi toda la península.
Las ocupaciones declaradas al entrar eran sobre todo agricultura, construcción y comercio, con un número apreciable de mecánicos. Pero la agricultura atrajo menos gente de la que el Estado esperaba. La construcción, en cambio, se convirtió en el oficio emblemático de la comunidad: Caracas pasó de unos 700.000 habitantes en 1950 a 1,4 millones en 1960, y según Cortese la mayoría de los edificios levantados en la capital durante esa década fue obra de empresas italianas. Otras estimaciones atribuyen a contratistas y mano de obra italiana la mitad de lo construido en Caracas entre 1948 y 1958.
El censo de 1961 permite ver el conjunto de la población extranjera en el mercado de trabajo. Los extranjeros representaban el 14 % de la fuerza laboral nacional, pero en el Distrito Federal uno de cada tres trabajadores había nacido fuera. Destacaban en la artesanía y la manufactura (26,9 %), la construcción (27,0 %) y el comercio (24,3 %), y una de cada dos personas registradas como gerente, administrador, director o propietario era extranjera. Casi el 80 % vivía en solo cinco entidades federales, un patrón de concentración que el censo de 2001 todavía reproduce.
Con los años, buena parte de esa población pasó de la obra al comercio. El diccionario de la Fundación Polar observa que la estructura económica venezolana favorecía más la actividad comercial que la agrícola o la industrial, y que los inmigrantes no fundaron tantas industrias como se había previsto. Cortese, por su parte, destaca la presencia italiana en la pequeña y mediana manufactura y en las grandes empresas italianas que construyeron complejos siderúrgicos y petroleros.
Instituciones de la comunidad
La vida asociativa italiana es anterior a la gran ola. En 1883 ya funcionaba en Caracas una sociedad de socorros mutuos, y la Casa de Italia se fundó en 1937. Pero las grandes instituciones actuales nacieron de la inmigración de posguerra.
El Centro Italiano Venezolano de Caracas, conocido como CIV, empezó como un proyecto en los años cincuenta impulsado por un grupo de inmigrantes encabezado por Lorenzo Tomassi, que adquirió un terreno en Prados del Este. Se inauguró en marzo de 1964 y ocupa unos 270.000 metros cuadrados. En 2024, al cumplir sesenta años, declaraba más de 22.000 asociados y organizaba los Juegos Deportivos de la federación de centros ítalo-venezolanos, con más de 7.000 atletas. Esos juegos reúnen a los centros ítalo-venezolanos de otras ciudades del país, agrupados en la federación conocida como Fedeciv.
El fútbol ofrece una digresión que dice algo del peso de la comunidad. El Deportivo Italia, fundado en Caracas el 18 de agosto de 1948 por inmigrantes italianos, ganó los campeonatos venezolanos de 1961, 1963, 1966 y 1972, y en la Copa Libertadores de 1971 derrotó al Fluminense en el estadio Maracaná, la primera victoria de un club venezolano sobre uno brasileño en un torneo internacional. El club cambió de nombre varias veces y desde 2023 se llama Deportivo Miranda.
A esas asociaciones se suman escuelas italianas reconocidas por el Estado italiano, como el Colegio Agustín Codazzi de Caracas, y periódicos en italiano editados en la capital, entre ellos La Voce d’Italia.
Retornos y nuevas salidas
La primera ola de retorno coincidió con el fin de la dictadura. La política de puertas abiertas terminó en julio de 1958, cuando la entrada quedó restringida a familiares de residentes; ese año los regresos a Italia alcanzaron casi 17.000 y, en los años siguientes, el saldo migratorio entre ambos países se acercó a cero. El mismo autor recuerda que con la caída de Pérez Jiménez se interrumpió la particular sintonía entre su gobierno y los principales representantes de la colectividad italiana. Cortese atribuye la contracción a varios factores a la vez: la apertura de nuevas rutas hacia Europa del norte y hacia el triángulo industrial italiano, las medidas restrictivas venezolanas y una ola de violencia y saqueos. Desde 1960 la entrada exigía solicitudes formales, y a partir de 1963 dejó de expedirse la visa de inmigrante; la entrada quedó limitada a familiares y personal técnico.
El censo de 1961 ya mostraba el desgaste general. De los aproximadamente 800.000 extranjeros llegados desde 1948, el censo enumeró 526.188, incluidos 64.604 naturalizados, lo que indica que al menos un tercio se había marchado. Cada naturalizado, italiano o de cualquier otro origen, dejaba de figurar en la columna de extranjeros de los censos posteriores.
Una segunda fase de salidas comenzó a mediados de los años ochenta, con la crisis económica que siguió al llamado «viernes negro», según Cañizález, y afectó a europeos y sudamericanos por igual. Los años del Caracazo, en 1989, pertenecen a ese mismo ciclo de crisis.
Entre una fase y otra hubo un paréntesis largo. Hasta 1973 el saldo migratorio de Venezuela con el exterior se mantuvo en unos 13.000 extranjeros al año, y el auge petrolero de 1973–1974 abrió una nueva etapa de inmigración, mayor que la de los años cincuenta, pero esta vez mayoritariamente sudamericana. Sin nuevas llegadas masivas desde Italia, la generación de posguerra fue envejeciendo mientras sus hijos, nacidos en el país, figuraban ya como venezolanos.
La tercera es la más reciente y la mejor documentada. En 2022 y 2023 Venezuela figuraba entre los quince países desde los que más italianos volvían a inscribirse como residentes en Italia, según el Rapporto Italiani nel Mondo 2024 de la Fundación Migrantes. El Istituto Nazionale di Statistica registró además que en 2024, de los 5.200 italianos que trasladaron su residencia a Estados Unidos desde otro país extranjero, el 22,2 % procedía de Venezuela, el primer país de origen de ese flujo. La evolución general del país en esas décadas se resume en la página sobre la economía de Venezuela.
El censo de 2001: qué mide la cifra de 49.337
Conviene distinguir desde el principio entre nacionalidad y ascendencia. La cifra del censo de 2001 corresponde a personas de nacionalidad italiana registradas como población extranjera en el XIII Censo General de Población y Vivienda, levantado por el Instituto Nacional de Estadística con fecha de referencia 1 de octubre de 2001, según la ficha técnica de IPUMS. No incluye a los hijos y nietos nacidos en Venezuela, que son venezolanos, ni a los inmigrantes que adoptaron la nacionalidad venezolana. Tampoco permite saber cuántas de esas personas tenían además la nacionalidad venezolana.
Con esa salvedad, el censo contó 1.015.538 extranjeros sobre 23.054.210 habitantes, el 4,41 % de la población. Los italianos eran el 4,86 % de los extranjeros y apenas el 0,21 % de los habitantes. La diferencia con 1961 es enorme: cuarenta años después, la mayoría de la generación llegada en los años cincuenta había muerto, se había naturalizado o había regresado.
El registro italiano da una imagen distinta porque mide otra cosa. El AIRE, el padrón de ciudadanos italianos residentes en el exterior, inscribe a quienes tienen la ciudadanía italiana, incluidos muchos venezolanos que la heredaron. Según el Istituto Nazionale di Statistica, a finales de 2023 la circunscripción del Consulado General de Italia en Caracas tenía unos 97.000 inscritos, más que la de Nueva York. Ninguna de las dos cifras mide la ascendencia italiana, para la cual no existe un recuento oficial. Las estimaciones de descendientes publicadas en la prensa y por fuentes diplomáticas oscilan entre varios cientos de miles y varios millones, una horquilla tan amplia que sirve sobre todo para recordar que la inmigración italiana en Venezuela dejó una huella demográfica muy superior a lo que cualquier censo de extranjeros puede captar.
Italianos en Venezuela por estado
La distribución de los italianos en Venezuela por estado en 2001 dibuja un mapa muy concentrado. Miranda reunía 13.637 personas, el 27,64 % del total nacional, y el Distrito Capital 9.124, el 18,49 %. Juntas, las dos entidades que forman el área metropolitana de Caracas sumaban 22.761 italianos, casi la mitad. Carabobo (4.867) y Aragua (4.168), con Valencia y Maracay como centros urbanos, completan un eje central que concentraba el 64,45 % de la comunidad.
Fuera de ese eje destacan Zulia, con 2.904 italianos, y Lara, con 2.238. En el oriente, Anzoátegui (1.892) y Bolívar (1.640) son estados petroleros e industriales con puertos y ciudades de crecimiento rápido. Portuguesa, con 1.361, conserva la huella de la colonización agrícola de los años cincuenta en torno a Turén, y allí los italianos eran el 11,75 % de los extranjeros, una de las proporciones más altas del país.
| Entidad federal | Italianos | % del total de italianos | % italianos sobre extranjeros |
|---|---|---|---|
| Miranda | 13.637 | 27,64 % | 6,84 % |
| Distrito Capital | 9.124 | 18,49 % | 6,47 % |
| Carabobo | 4.867 | 9,86 % | 6,08 % |
| Aragua | 4.168 | 8,45 % | 8,41 % |
| Zulia | 2.904 | 5,89 % | 1,58 % |
| Lara | 2.238 | 4,54 % | 8,99 % |
| Anzoátegui | 1.892 | 3,83 % | 8,14 % |
| Bolívar | 1.640 | 3,32 % | 4,32 % |
| Venezuela | 49.337 | 100,00 % | 4,86 % |
El peso relativo cambia la lectura. En Zulia, con 184.105 extranjeros, los italianos eran solo el 1,58 %, y en Táchira, la entidad con mayor proporción de extranjeros (12,41 % de sus habitantes), apenas el 0,42 %. En ambos estados la población extranjera era mayoritariamente de origen colombiano, algo que se analiza en la página de italianos por estado según el censo de 2001, donde se publica la tabla completa de las veinticinco entidades. En Guárico, en cambio, los 864 italianos representaban el 12,39 % de los extranjeros.
La cola del ranking la ocupan Cojedes (181), Apure (107), Amazonas (44), Delta Amacuro (21) y las Dependencias Federales, las islas del Caribe bajo administración nacional, donde el censo contó 22 italianos sobre solo 48 extranjeros. En el otro extremo de la escala, Miranda tenía 5,85 italianos por cada mil habitantes y el Distrito Capital 4,97, frente a una media nacional de algo más de dos por mil. La relación entre Italia y el continente tiene además raíces más antiguas que la emigración, como recuerda la página sobre Bolívar, Garibaldi y Gramsci.
Veintidós personas, casi la mitad de los extranjeros de un archipiélago, sin que el censo diga en qué islas vivían ni a qué se dedicaban.