El 19 de octubre de 1901 el diario El País de Buenos Aires publicó un artículo titulado «El peligro yanqui», firmado en París un mes antes por un poeta argentino de veintiséis años. Su autor, Manuel Ugarte, había visitado los Estados Unidos poco antes y advertía que la expansión norteamericana amenazaba a México y, detrás de México, al resto del continente. Con los años el artículo se convirtió en el punto de partida de una obra que dio nombre a una idea: la Patria Grande.
Ugarte vivió setenta y seis años, buena parte de ellos fuera de la Argentina. Fue modernista en París, socialista en Buenos Aires, conferenciante itinerante por casi todo el continente, exiliado en Niza y en Viña del Mar y, al final, embajador del gobierno de Juan Domingo Perón. Su biografía atraviesa medio siglo de debates sobre la relación entre América Latina y los Estados Unidos.
Infancia en Flores y juventud en París (1875–1903)
Manuel Baldomero Ugarte nació el 27 de febrero de 1875 en San José de Flores, entonces un pueblo en las afueras de Buenos Aires. Sus padres, Floro Ugarte y Sabina Rivero, pertenecían a una familia de propietarios rurales de la provincia, y esa holgura económica le permitió dedicarse a las letras sin urgencias. Estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires. La fecha de nacimiento tiene su pequeña discusión: la Encyclopedia of Latin American History and Culture lo hace nacer en 1878, mientras que la mayoría de las biografías y la edición argentina de sus textos dan 1875.
En 1897 se instaló en París, donde permaneció hasta 1903. Allí frecuentó los círculos del modernismo y trató, según el prólogo de la edición de 2023 de sus textos, a Rubén Darío, Amado Nervo, Miguel de Unamuno, Manuel Gálvez y Rufino Blanco Fombona. De esos años son libros como «Paisajes parisienses» (1901) y la antología «La joven literatura hispanoamericana» (1906), que lo situaron entre los escritores jóvenes del idioma con proyección en Europa.
Un viaje a Nueva York en 1898, el mismo año de la guerra entre España y los Estados Unidos por Cuba, cambió el rumbo de sus intereses. Ugarte observó de cerca la política norteamericana hacia Cuba, México y Centroamérica y empezó a leer historia diplomática. En la reconstrucción que él mismo hizo más tarde, le impresionó encontrar una frase atribuida a un senador de 1838 que imaginaba la bandera estadounidense flotando hasta la Tierra del Fuego. Tres años después escribió «El peligro yanqui».
Una curiosidad familiar suele quedar fuera de los resúmenes. Su hermano Floro Melitón Ugarte fue compositor y llegó a dirigir el Teatro Colón de Buenos Aires, de modo que el apellido tuvo en la Argentina de comienzos de siglo una resonancia tanto musical como literaria. Los dos hermanos siguieron caminos que apenas se cruzaron.
Socialismo e internacionalismo (1903–1910)
En 1903 Ugarte ingresó en el Partido Socialista argentino, en la misma generación que José Ingenieros, Alfredo Palacios y Leopoldo Lugones. Representó al partido en congresos de la Segunda Internacional: en Ámsterdam en 1904 y en Stuttgart en 1907, donde coincidió con dirigentes como Jean Jaurès, Karl Kautsky y Rosa Luxemburgo. A su regreso de Stuttgart publicó en La Vanguardia, el órgano oficial del partido, un artículo que defendía la compatibilidad entre el socialismo y la defensa de la patria frente a las intervenciones extranjeras.
Esa posición lo separaba de la dirección partidaria, más atenta a la cuestión obrera europea que a la presencia de los Estados Unidos en el Caribe. Para Ugarte, en cambio, la independencia de las repúblicas hispanoamericanas estaba incompleta mientras cada una negociara por separado con una potencia vecina mucho más fuerte, y la cuestión nacional debía figurar en el programa socialista al mismo nivel que la cuestión social.
«El porvenir de la América Latina» (1910)
El libro que lo hizo conocido fuera de los círculos literarios salió en Valencia, en la casa editorial de F. Sempere y Compañía, con un título largo: «El porvenir de la América Latina. La raza. La integridad territorial y moral. La organización interior». Las fichas bibliográficas lo fechan en 1910, aunque algunas ediciones llevan 1911, y en 1911 ya lo reseñaba el hispanista Georges Cirot en el Bulletin Hispanique, que registraba un volumen de 321 páginas. En 1920 la editorial Prometeo, también valenciana, lo reeditó con el título «El porvenir de la América Española».
El ensayo sostenía que las veinte repúblicas surgidas del tronco español formaban, por historia, lengua y costumbres, una unidad que la fragmentación política había debilitado frente a los Estados Unidos. Proponía una diplomacia continental coordinada, medidas económicas comunes y la prevención de los conflictos entre vecinos. Cirot destacaba en su reseña la insistencia del autor en poner la unidad latinoamericana por encima de los intereses nacionales de cada país.
La gira continental (1911–1913)
Conviene detenerse en esta etapa, porque es la que explica la fama posterior de Ugarte. En octubre de 1911 dictó en la Sorbona una conferencia sobre «Las ideas francesas en la América Latina», reproducida por diarios de Buenos Aires, Montevideo y México. Ese mismo año empezó un recorrido que, según el prólogo de la edición de 2023, tenía por objeto «rectificar o ratificar sobre el terreno» su concepción de la Patria Grande.
La gira lo llevó a Cuba, la República Dominicana, México, las cinco repúblicas centroamericanas, Panamá, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Uruguay y Paraguay. En La Habana se fundó durante su visita una Asociación Latino-Americana que en 1912 contaba ya con setenta socios activos. En México habló el 11 de febrero de 1912 con un discurso titulado «Renovemos nuestra vida», y el 4 de abril del mismo año se dirigió a la federación obrera de San Salvador. En enero de 1913 la Sociedad de Estudios Jurídicos de Quito lo nombró socio honorario, y en febrero una asociación de estudios históricos de Cuenca le dio la bienvenida por carta.
No todo fueron recepciones. En Costa Rica, en 1912, el gobierno impidió la difusión de una entrevista en la que Ugarte calificaba con dureza a los gobiernos de Guatemala y Nicaragua, lo que desató un debate público sobre la libertad de prensa en San José. En varios países los gobiernos vieron con recelo a un conferenciante que reunía a estudiantes y obreros para hablar de la influencia norteamericana. Andrea Pasquaré, que estudió la campaña a partir de su correspondencia y de la prensa de la época, extiende el ciclo hasta 1916 y subraya el peso que tuvieron en esas audiencias los jóvenes universitarios de México, Guatemala y Colombia.
El contraste con la Argentina fue notable. Mientras en el resto del continente sus conferencias llenaban salas, en Buenos Aires la mayor parte de la prensa y de su propio partido lo ignoraba. Solo un grupo reducido, en el que figuraban Palacios, Gálvez, Alberto Ghiraldo y Ricardo Rojas, lo acompañó públicamente.
Ruptura con el socialismo y exilio europeo (1913–1935)
La ruptura con el Partido Socialista se produjo en 1913. La Vanguardia publicó un editorial por el décimo aniversario de la separación de Panamá que celebraba el progreso del nuevo Estado; Ugarte respondió que la secesión había sido una operación contra Colombia promovida desde Washington para construir el canal. Fue expulsado ese año, y su posición ante la Primera Guerra Mundial, que no coincidía con la de la dirección partidaria, terminó de alejarlo. Volvería a ser admitido en 1935 para ser expulsado otra vez en 1936.
En 1919 regresó a Europa. Vivió en Madrid y, sobre todo, en Niza, ciudad en la que ya había pasado temporadas por motivos de salud. Allí escribió la parte más sistemática de su obra política. «Mi campaña hispanoamericana», publicada en Barcelona por la editorial Cervantes en 1922, reunió los discursos de la gira. «El destino de un continente», de 1923, narró el viaje y sus conclusiones en forma de memoria razonada, con una edición madrileña de Mundo Latino que las citas académicas fechan en 1925.
«La Patria Grande» (1924)
El libro que fijó la expresión apareció con el sello de la Editora Internacional, con pie de imprenta en Madrid, Berlín y Buenos Aires. La ficha del catálogo WorldCat, el estudio de Pasquaré y el prólogo de la edición argentina de 2023 coinciden en el año 1924; otras reseñas biográficas lo fechan en 1922. Se trata de una recopilación de artículos breves, no de un tratado. Entre sus textos figuran una «Carta abierta al Presidente de los Estados Unidos», piezas sobre la doctrina Monroe y la política colonial, un capítulo de «Cuestiones económicas», otro titulado «América en Europa» y una evocación del 25 de mayo de 1810.
En esas páginas Ugarte usaba «Patria Grande» para designar el conjunto de las repúblicas de habla española y su pasado común, frente a las «patrias chicas» de cada Estado. Pasquaré señala que el autor entendía las naciones hispanas como partes de una patria total, con una misma lengua e iguales costumbres. La fórmula tuvo más fortuna que el libro: pasó al vocabulario político del siglo XX y, en el XXI, la usaron presidentes como Luiz Inácio Lula da Silva, Cristina Fernández de Kirchner o Rafael Correa, en los mismos años en que nacían organismos como la Unasur y la Celac. El recorrido completo del concepto, desde Bolívar hasta hoy, se trata en la página sobre la historia de la Patria Grande.
Durante esos años de Niza siguió de cerca la resistencia de Augusto César Sandino en Nicaragua, el nacimiento del APRA en Perú y los últimos episodios de la Revolución Mexicana. Sandino y Víctor Raúl Haya de la Torre citaron sus escritos como estímulo. Ugarte, por su parte, dijo del general nicaragüense que había puesto en acción el pensamiento que él defendía desde hacía veinte años. En 1932 publicó «El dolor de escribir», un libro sobre la condición del escritor latinoamericano y la falta de lectores y editores que lo sostuvieran.
Regreso, Chile y embajadas (1935–1950)
En 1935, con apuros económicos y el ambiente europeo cada vez más tenso, volvió a Buenos Aires. El prólogo de 2023 describe un clima intelectual sombrío, marcado por la muerte de varios escritores rioplatenses entre 1937 y 1941. En 1939 se trasladó a Viña del Mar, en Chile, desde donde escribió editoriales para la prensa chilena y siguió la Segunda Guerra Mundial.
El giro final llegó con el peronismo. Tras las elecciones del 24 de febrero de 1946, Ugarte regresó a la Argentina y el 31 de mayo fue presentado a Perón en la Casa Rosada por el escritor Ernesto Palacio. En septiembre de 1946 fue nombrado embajador extraordinario y plenipotenciario en México. Un informe suyo del 9 de abril de 1947, dirigido al canciller Juan A. Bramuglia y conservado por la Cancillería argentina, analiza la visita del presidente estadounidense Harry Truman a México y advierte sobre una posible crisis económica en el país anfitrión.
En agosto de 1948, después de diferencias con funcionarios de la embajada, fue destinado a Nicaragua, donde permaneció poco tiempo, y luego a Cuba. Las fuentes no concuerdan en las fechas exactas de estos dos destinos: la Cancillería argentina menciona 1948 para Nicaragua y 1950 para Cuba, mientras que otras biografías sitúan el nombramiento cubano a comienzos de 1949. Renunció tras cambios de orientación en el ministerio, sin romper públicamente con el gobierno.
Muerte en Niza y repatriación (1951–1954)
Ugarte murió en Niza el 2 de diciembre de 1951, por asfixia de gas. Ese mismo año se había publicado «El naufragio de los argonautas». Al año siguiente, la editorial Indoamérica editó por primera vez sus obras en la Argentina, y en 1954 una comisión de homenaje repatrió sus restos, que fueron depositados en el cementerio de la Recoleta. En el acto hablaron John William Cooke, Rodolfo Puiggrós y Jorge Abelardo Ramos.
La valoración de su figura ha cambiado según las épocas. Durante décadas fue más conocido en México, Centroamérica y los Andes que en su propio país. A partir de los años cincuenta, historiadores y ensayistas argentinos lo reivindicaron como precursor del antiimperialismo latinoamericano, y la expresión que popularizó volvió a circular con fuerza en el siglo XXI, asociada a proyectos de integración que él no conoció. Quien busque el antecedente directo de su pensamiento lo encontrará en la biografía de Simón Bolívar y en los debates del Congreso de Panamá de 1826, a los que Ugarte volvía una y otra vez.
| Año | Hecho | Lugar |
|---|---|---|
| 1875 | Nacimiento (27 de febrero) | San José de Flores, Buenos Aires |
| 1897–1903 | Residencia en París | Francia |
| 1898 | Viaje a Nueva York | Estados Unidos |
| 1901 | «El peligro yanqui», en El País (19 de octubre) | Buenos Aires |
| 1903 | Ingreso en el Partido Socialista | Argentina |
| 1907 | Delegado al congreso de la Segunda Internacional | Stuttgart |
| 1910 | «El porvenir de la América Latina» (F. Sempere y Compañía) | Valencia |
| 1911–1913 | Gira de conferencias por América Latina | Caribe, Centroamérica y Sudamérica |
| 1913 | Expulsión del Partido Socialista | Buenos Aires |
| 1922 | «Mi campaña hispanoamericana» (Cervantes) | Barcelona |
| 1923 | «El destino de un continente» | Madrid |
| 1924 | «La Patria Grande» (Editora Internacional) | Madrid, Berlín y Buenos Aires |
| 1935 | Regreso a Buenos Aires | Argentina |
| 1939 | Traslado a Viña del Mar | Chile |
| 1946 | Embajador en México (septiembre) | Ciudad de México |
| 1948–1950 | Embajador en Nicaragua y después en Cuba | Managua y La Habana |
| 1951 | Muerte (2 de diciembre) | Niza |
| 1954 | Repatriación de sus restos | Cementerio de la Recoleta, Buenos Aires |
En septiembre de 2023, setenta y dos años después de su muerte, la Cancillería argentina reeditó «La Patria Grande» en una colección dedicada a la unidad sudamericana: un volumen de 152 páginas con realización gráfica de la Editorial Universitaria de Buenos Aires y un prólogo firmado por el propio canciller, Santiago Cafiero.