El 13 de septiembre de 1963 llegó a las salas italianas «Gli onorevoli», una comedia de Sergio Corbucci que ese mismo día obtuvo el visado de la censura, con tres cortes menores en el diálogo. Tenía un reparto de primera línea: Peppino De Filippo, Franca Valeri, Gino Cervi, Aroldo Tieri, Walter Chiari. La película vendió algo más de un millón de entradas y recaudó unos 239 millones de liras, según los datos reunidos por la filmografía especializada en Totò. De todo aquel conjunto, sin embargo, el público retuvo casi exclusivamente una imagen: un coronel retirado, asomado a la ventana del baño con un embudo a modo de megáfono, que repite su propio nombre a cualquier hora del día.
Ese hombre es Antonio La Trippa, y su lema, «Vota Antonio», se convirtió en una de las frases más citadas del cine cómico italiano.
Una comedia de candidatos en la Italia de 1963
El año del estreno no es un detalle menor. El 28 de abril de 1963 Italia había votado para renovar el Parlamento, y la Democracia Cristiana, aunque siguió siendo el primer partido con el 38,3 % de los votos en la Cámara, perdió apoyos por la derecha hacia los liberales, inquietos ante la anunciada apertura a los socialistas. Tras un gobierno provisional de Giovanni Leone, Aldo Moro formaría a finales de año el primer gabinete de centroizquierda con participación plena del Partido Socialista. Una sátira sobre la fauna de los candidatos llegaba, por tanto, a un público que acababa de pasar por una campaña larga y que tenía muy presentes los carteles, los altavoces y los mítines de plaza.
«Gli onorevoli» (el título se traduce habitualmente como Los honorables, aunque no consta un estreno comercial con ese nombre en el mundo hispanohablante) está construida como una película de episodios entrelazados. Sigue a cinco aspirantes a un escaño, cada uno asociado a una familia política reconocible. Franca Valeri es Bianca Sereni, una candidata democristiana de discurso feminista que cae en una trampa comprometedora. Gino Cervi interpreta a un senador liberal, Rossani-Breschi, saboteado por bandas juveniles rivales. Aroldo Tieri es un escritor comunista, Saverio Fallopponi, al que desacreditan acusándolo de cobrar dólares estadounidenses. Peppino De Filippo encarna a Giuseppe Mollica, profesor del Movimiento Social Italiano humillado en una emisión de televisión dirigida por el personaje de Walter Chiari. Y Totò es La Trippa, el monárquico. Ninguno de los cinco llega al final con la candidatura intacta.
El guion lo firmaron seis autores: Bruno Corbucci, hermano del director, Giovanni Grimaldi, Vittorio Metz, Vittorio Vighi, Mario Guerra y Renato Mainardi. La fotografía en blanco y negro es de Enzo Barboni y la música, de Armando Trovajoli. La duración varía entre 98 y 106 minutos según la copia y la fuente consultada. Entre los ayudantes de dirección figuraba el joven Ruggero Deodato, y el propio Corbucci aparece en un pequeño papel como dueño de una pensión. Parte del rodaje se hizo en Fiano Romano, al norte de Roma, que en la ficción se presenta como el pueblo de Roccasecca.
Antonio La Trippa, candidato del Partido Nacional de la Restauración
La Trippa no es un político profesional. Es un militar jubilado que conserva el sombrero de plumas de los bersaglieri, el cuerpo de infantería ligera famoso por entrar en combate a paso de carrera, y que concibe la campaña electoral exactamente como una operación militar. Se presenta por el Partito Nazionale Restaurazione, siglas P.N.R., un partido inventado que remite sin disimulo a los monárquicos de la posguerra, la corriente que añoraba la corona tras el referéndum de 1946 que instauró la república.
Vive en un edificio de viviendas de Roma, y su método de propaganda consiste en martirizar a los vecinos. Toca a carga al amanecer, se asoma a la ventana y grita su nombre a través del embudo. El lema tiene una cadencia particular: Totò lo pronuncia como una sola palabra, algo así como votantonio, repetida con una voz gutural hasta que pierde el sentido y se vuelve puro ritmo. Las fichas de la época y los estudios posteriores coinciden en que ese recurso, la repetición mecánica llevada al absurdo, es lo que fijó la escena en la memoria colectiva. El apellido añade el resto. Trippa significa callos, el plato de tripa de vaca, y la película aprovecha la invitación a votar por La Trippa para que alguien responda, fuera de campo, con una broma culinaria sobre la salsa.
Hay además un número. En la papeleta el candidato figura con el 47, y los vecinos no desaprovechan la ocasión. La explicación está en la smorfia, el repertorio popular napolitano que asigna una imagen a cada número del 1 al 90 y que durante siglos se ha usado para interpretar sueños y elegir cifras de la lotería: el 47 es el muerto, y el 48, el muerto que habla. Para un público del sur de Italia la asociación era inmediata, y para un candidato con aire de reliquia, poco halagüeña. Es un chiste que en la traducción se pierde por completo, como tantos otros de Totò, cuyo humor dependía del napolitano, de los juegos fonéticos y de un repertorio de referencias locales que ningún subtítulo alcanza a reproducir.
La escena del mitin
La secuencia que da nombre a la frase no es solo la del megáfono. El episodio culmina en un mitin. Antes, los dirigentes del partido han intentado atraer a La Trippa a sus negocios, con ofertas de contratos ventajosos que él no termina de entender. Cuando por fin sube al estrado y tiene delante a la plaza, descubre el alcance de la corrupción de sus propios compañeros de lista y la denuncia en público, en lugar de pronunciar el discurso previsto. El resultado es una catástrofe electoral: hunde a sus colegas y se hunde con ellos.
El cierre es melancólico. La Trippa vuelve a casa vencido, pero, según describen las fichas de la película, con la conciencia en orden, y arranca él mismo sus carteles. La comedia de la repetición se transforma en otra cosa. El hombre ridículo del embudo resulta ser el único de los cinco candidatos que dice la verdad, y precisamente por eso pierde.
Esta doble cara explica buena parte de la fortuna posterior de la escena. El lema funciona como burla de la propaganda vacía, la que reduce la política a la repetición de un nombre; el desenlace, en cambio, presenta al candidato más grotesco como el más honrado. Cada época ha podido quedarse con la mitad que le convenía.
La recepción en 1963
La crítica de su tiempo no fue entusiasta. Según las reseñas reunidas por la filmografía de Totò, el diario La Libertà habló de una fórmula de episodios hecha con prisa, y el Corriere della Sera señaló un tono de avanspettacolo, el espectáculo de variedades que precedía a las proyecciones en los cines populares, con poca originalidad. Casi todas las reseñas, en cambio, salvaron la interpretación de Totò, a la que atribuyeron una comicidad con fondo amargo. MYmovies la describe como una aparición no tan breve pero igual de hilarante, lo que refleja bien la estructura: Totò no protagoniza la película, pero la domina.
«Gli onorevoli» fue además la última película que Totò y Peppino De Filippo rodaron juntos, después de una larga serie de títulos en pareja durante los años cincuenta y primeros sesenta. En esta ocasión ni siquiera comparten el centro de la acción, porque cada uno tiene su propio candidato y su propia trama.
La vida posterior de «Vota Antonio»
Con el paso de las décadas la frase se desprendió de la película. En Italia funciona como un tormentone, la muletilla que todo el mundo reconoce, y aparece con regularidad en la prensa cuando se habla de campañas electorales, de carteles o de candidatos que confían más en la repetición que en los programas. El diario Alto Adige informó el 9 de mayo de 2015 de un candidato municipal de Bressanone que adoptó la fórmula para dar un tono humorístico a su campaña. En 2021 un editorial de la publicación económica Fiscal Focus arrancaba con la imagen del embudo en la ventana para preguntarse qué queda de honorable en el tratamiento de onorevole que reciben los diputados, y recordaba la preferencia de Leonardo Sciascia por dirigirse a sus colegas simplemente como «señores diputados».
El uso es casi siempre irónico. Nadie cita a La Trippa para elogiar a un candidato; se lo cita para señalar la distancia entre la propaganda y el contenido. Resulta curioso, porque el personaje, en la película, es justamente quien rompe con esa lógica. La cultura política italiana se quedó con el megáfono y olvidó el mitin.
Al propio Totò la política le había traído disgustos reales. En febrero de 1958, en el programa de la RAI Il Musichiere, gritó un «¡Viva Lauro!» en apoyo de Achille Lauro, el alcalde monárquico de Nápoles, y la exclamación irritó a la dirección democristiana hasta el punto de que la televisión pública restringió durante años sus apariciones. Un año antes varios periódicos habían publicado que había pedido el carné del partido de Lauro, y él lo desmintió. Se definía, con una enumeración deliberadamente contradictoria, como monárquico, anárquico, centrista, socialista y cristiano, y sostenía que un actor debía mantenerse al margen de los partidos para poder dirigirse a todo el público. Que su personaje más recordado en materia electoral sea precisamente un monárquico tiene, vista esa trayectoria, algo de ajuste de cuentas en clave cómica.
Totò: Antonio de Curtis (1898–1967)
Antonio de Curtis nació en Nápoles el 15 de febrero de 1898, en el barrio de la Sanità, hijo de Anna Clemente, soltera en aquel momento. Su padre, Giuseppe De Curtis, de familia noble, se casó con ella en 1921 y lo reconoció. En 1933 fue adoptado por el marqués Francesco Maria Gagliardi Focas, un aristócrata empobrecido, lo que le permitió acumular una larga lista de títulos nobiliarios que Totò exhibía con una mezcla de orgullo y autoparodia.
Debutó en los escenarios hacia 1914 imitando al cómico Gustavo De Marco, bajo el seudónimo de Clerment. Pasó del avanspettacolo de los cines de barrio a la revista, el género teatral de gran formato, y en los años cuarenta ya encabezaba compañías en los teatros más prestigiosos. Su primera película fue «Fermo con le mani», de 1937. El éxito masivo en el cine llegó en 1947 con «I due orfanelli», y durante los años cincuenta fue una de las figuras más taquilleras del cine italiano, con títulos como «Guardie e ladri» (1951) o las adaptaciones de «Miseria e nobiltà», la comedia de Eduardo Scarpetta. También escribió: la canción «Malafemmena», la colección de poemas en napolitano «‘A livella» y un libro de memorias titulado «Siamo uomini o caporali?» (1952).
Durante una gira teatral entre 1956 y 1957 sufrió una bronconeumonía vírica y una grave lesión ocular que lo dejó completamente ciego durante más de un año. Siguió trabajando con una visión muy limitada, y en esa etapa tardía rodó «Gli onorevoli». La crítica, que durante mucho tiempo lo había considerado un comediante de consumo, empezó a revisarlo en sus últimos años: en 1958 aparece en «I soliti ignoti» de Mario Monicelli, y en 1966 Pier Paolo Pasolini lo eligió para «Uccellacci e uccellini», una película que marcó la revalorización crítica de su figura.
Murió en su casa del viale Parioli, en Roma, el 15 de abril de 1967, tras una sucesión de crisis cardíacas. Está enterrado en la capilla familiar del cementerio de Poggioreale, en Nápoles.
Por qué la escena interesa fuera de Italia
Para un lector latinoamericano, La Trippa tiene parientes cercanos. La figura del candidato que grita su nombre desde un altavoz, el mitin de plaza y la distancia entre la propaganda y los hechos forman parte también de la tradición satírica de la región, y el cine italiano de la época circuló ampliamente en países con fuerte presencia de inmigración italiana, como Venezuela o Argentina. La gran ola migratoria italiana hacia Venezuela de los años cincuenta coincidió con los años de mayor éxito de Totò en taquilla, aunque buena parte de sus juegos de palabras en napolitano resultara intraducible para cualquier público no italiano.
Las campañas venezolanas tienen su propia historia de lemas repetidos, carteles y concentraciones, reunida en la cronología de las elecciones en Venezuela. Otras conexiones entre ambas orillas, más solemnes, se tratan en el artículo sobre Bolívar, Garibaldi y Gramsci.
Queda una pregunta que las fuentes no resuelven del todo: cuánto del votantonio estaba en el guion y cuánto aportó Totò en el plató. Las fichas de la película atribuyen la escena a sus seis guionistas; la cadencia, en cambio, es inconfundiblemente suya.