En la noche del 9 de noviembre de 1989, las autoridades de la República Democrática Alemana anunciaron que los ciudadanos podían cruzar la frontera hacia Occidente, y en pocas horas miles de berlineses orientales se agolparon en los pasos del Muro. La imagen de esa noche resume un proceso que había empezado meses antes en Polonia y Hungría y que terminó el 25 de diciembre de 1991, cuando Mijaíl Gorbachov dimitió y la bandera soviética se arrió por última vez sobre el Kremlin.
Entre una fecha y otra desaparecieron los regímenes de partido único de Europa del Este, se reunificó Alemania, se disolvieron el Consejo de Ayuda Mutua Económica y el Pacto de Varsovia, y la Unión Soviética se fragmentó en quince Estados. El efecto llegó hasta América Latina. Cuba perdió de golpe a sus socios comerciales, los partidos de izquierda de la región tuvieron que redefinirse y en El Salvador una guerra civil de doce años terminó en una mesa de negociación.
Polonia y Hungría abren la brecha (febrero–octubre de 1989)
El primer paso fue polaco. El 6 de febrero de 1989 comenzaron oficialmente en Varsovia las negociaciones entre el gobierno y el sindicato Solidaridad, que había sido ilegalizado. La llamada Mesa Redonda concluyó el 4 de abril con un acuerdo que permitía elecciones libres para el 35 % de los escaños de la cámara baja y para todo el Senado. En las votaciones del 4 de junio Solidaridad obtuvo una victoria clara, y el 24 de agosto Tadeusz Mazowiecki se convirtió en el primer jefe de gobierno no comunista del bloque oriental.
Hungría siguió un camino paralelo, con menos sobresaltos. El 16 de junio de 1989 el país volvió a enterrar con honores a Imre Nagy, el dirigente reformista de 1956, en un acto de rehabilitación pública. Ese mismo año Hungría abrió su frontera con Occidente, lo que permitió a miles de alemanes orientales salir hacia la República Federal a través de su territorio. El 23 de octubre Hungría adoptó una nueva constitución que admitía el pluripartidismo y las elecciones competitivas.
Ninguno de estos cambios provocó una intervención militar soviética, a diferencia de lo ocurrido en Hungría en 1956 o en Checoslovaquia en 1968. La Oficina del Historiador del Departamento de Estado de Estados Unidos atribuye la caída del Muro, precisamente, a la decisión de Gorbachov de aflojar el control de Moscú sobre sus aliados.
Noviembre y diciembre de 1989: Berlín, Praga, Bucarest
El 9 de noviembre cayó el Muro de Berlín, que dividía la ciudad desde el 13 de agosto de 1961. En Bulgaria, el dirigente Todor Zhivkov fue apartado del poder y el nuevo gobierno anunció elecciones libres para 1990. En Checoslovaquia, un gobierno no comunista tomó posesión el 5 de diciembre, y el 29 de diciembre el dramaturgo Václav Havel fue elegido presidente.
Rumanía fue la excepción violenta.
Entre el 17 y el 21 de diciembre las fuerzas de seguridad reprimieron con violencia las protestas contra el régimen. Este se desmoronó en cuestión de días, y el 25 de diciembre Nicolae Ceaușescu y su esposa fueron ejecutados. A comienzos de ese mismo mes, George H. W. Bush y Gorbachov se habían reunido en Malta para hablar de desarme y de los cambios en curso en el Este.
Reunificación alemana y fin de los bloques (1990–1991)
La desaparición de la frontera interalemana obligó a decidir el futuro de los dos Estados. El 18 de marzo de 1990 se celebraron las primeras elecciones libres a la Cámara Popular de la RDA. El 12 de septiembre las dos Alemanias y las cuatro potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial firmaron el Tratado Dos más Cuatro, y el 3 de octubre de 1990 la RDA se incorporó a la República Federal. La fecha se celebra desde entonces como Día de la Unidad Alemana.
Las estructuras que habían unido al bloque oriental desaparecieron al año siguiente. El Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), creado en enero de 1949 y al que Cuba se había incorporado en 1972, se disolvió el 28 de junio de 1991. Tres días después, el 1 de julio de 1991, se disolvió en Praga el Pacto de Varsovia, la alianza militar fundada en Varsovia el 14 de mayo de 1955.
Cuba, miembro del CAME desde 1972, perdió con su disolución el organismo que había encuadrado sus intercambios con el bloque oriental.
Agosto–diciembre de 1991: el final de la Unión Soviética
Dentro de la URSS, las tensiones entre reformistas como Borís Yeltsin y los sectores más duros del Partido Comunista crecieron tras las elecciones de mayo de 1990. En enero de 1991 hubo enfrentamientos armados en Lituania y Letonia, donde las tropas soviéticas intervinieron contra los movimientos independentistas. En julio, en la cumbre de Moscú, Bush y Gorbachov firmaron el tratado START de reducción de armas estratégicas.
Entre el 19 y el 21 de agosto de 1991, un grupo de dirigentes contrarios a las reformas intentó apartar a Gorbachov del poder. El golpe fracasó en tres días, pero dejó al presidente soviético debilitado y reforzó la posición política de Yeltsin, presidente de la república rusa. Los tres Estados bálticos ingresaron en las Naciones Unidas el 17 de septiembre.
El 8 de diciembre, los dirigentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia firmaron el Tratado de Belavezha, que creaba la Comunidad de Estados Independientes. El 21 de diciembre, once de las quince repúblicas suscribieron el Protocolo de Alma-Atá. Gorbachov dimitió el 25 de diciembre y al día siguiente el Sóviet Supremo declaró extinguida la Unión Soviética.
Cuba y el Período Especial
Ningún país de América Latina dependía tanto del bloque soviético como Cuba, y ninguno sintió el derrumbe con la misma fuerza. En 1990, cuando la inestabilidad soviética ya era evidente, Fidel Castro anunció que el país entraba en un «período especial en tiempo de paz».
Las cifras del Banco Mundial muestran la magnitud de la contracción. El PIB real cayó un 2,9 % en 1990, un 10,7 % en 1991, un 11,6 % en 1992 y un 14,9 % en 1993. Encadenadas, esas tasas dejan la economía de 1993 un 34,8 % por debajo de la de 1989, muy cerca del 35 % que suele citarse en la bibliografía sobre el periodo.
| Año | Variación del PIB real |
|---|---|
| 1989 | 0,7 % |
| 1990 | -2,9 % |
| 1991 | -10,7 % |
| 1992 | -11,6 % |
| 1993 | -14,9 % |
| 1994 | 0,7 % |
| 1995 | 2,5 % |
| 1996 | 7,8 % |
Detrás de los porcentajes estaba la energía. Las importaciones cubanas de petróleo cayeron hasta un 10 % de los niveles anteriores a 1990, según la síntesis que recoge la enciclopedia en inglés, que cifra además la caída de la producción agrícola en un 47 %, la de la construcción en un 75 % y la de la capacidad manufacturera en un 90 %. La ingesta calórica diaria media, siempre según esas recopilaciones, pasó de 3.052 calorías en 1989 a 2.099 en 1993.
Hay un dato que se estudió mucho después, fuera del terreno económico. Un equipo encabezado por el epidemiólogo Manuel Franco publicó en 2013 en el BMJ un estudio basado en encuestas en la provincia de Cienfuegos y en registros nacionales: durante la crisis de mediados de los noventa la población adulta perdió de media 5,5 kilos, y en esos años descendieron la diabetes y la mortalidad por enfermedad coronaria. Cuando la economía se recuperó, el peso volvió a subir, la prevalencia de sobrepeso y obesidad llegó al 52,9 % en 2010 y la mortalidad por diabetes aumentó un 49 % entre 2002 y 2010.
La tensión social tuvo su punto más visible el 5 de agosto de 1994, con las protestas del Malecón de La Habana, y ese mismo verano con la crisis de los balseros. A partir de 1994 la economía volvió a crecer, primero de forma muy lenta.
La izquierda latinoamericana después de 1989
Fuera de Cuba, el derrumbe coincidió con un cambio de ciclo político en la región. En Nicaragua, las elecciones del 25 de febrero de 1990 dieron la victoria a la Unión Nacional Opositora de Violeta Barrios de Chamorro, con el 54,74 % de los votos frente al 40,82 % del sandinista Daniel Ortega, con una participación del 86,23 %. Chamorro asumió el 25 de abril y el Frente Sandinista pasó a la oposición tras once años de gobierno, en contra de lo que anticipaban muchas encuestas.
En El Salvador, el gobierno y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) firmaron el 16 de enero de 1992, en el castillo de Chapultepec de Ciudad de México, los acuerdos de paz que cerraron doce años de guerra civil. La mediación corrió a cargo de las Naciones Unidas, cuyo secretario general, Javier Pérez de Cuéllar, designó enviado especial al peruano Álvaro de Soto. La guerrilla se desmovilizó y participó como partido legal en las elecciones de 1994.
En julio de 1990, ocho meses después de la caída del Muro, el Partido de los Trabajadores de Brasil convocó en São Paulo un encuentro de partidos y organizaciones de izquierda de América Latina y el Caribe. Asistieron miembros de 48 formaciones. El objetivo declarado era analizar el escenario internacional posterior a 1989 y discutir alternativas a las políticas de liberalización económica que aplicaban entonces varios gobiernos de la región. Desde la reunión de 1991 en Ciudad de México el encuentro pasó a conocerse como Foro de São Paulo, nombre con el que sigue reuniéndose. Una década más tarde, varios gobiernos de la región impulsaron proyectos de integración propios, como el ALBA, fundado en 2004.
El derrumbe afectó también a la memoria de las generaciones anteriores. La biografía de figuras como Ernesto Che Guevara, ligadas a la Cuba de la Guerra Fría, empezó a leerse en un mundo en el que el bloque aliado de la isla ya no existía. En Venezuela, el año 1989 quedó asociado sobre todo a otro acontecimiento, el Caracazo de febrero, sin relación directa con Europa del Este pero contemporáneo de ella.
Lecturas del derrumbe
Las interpretaciones empezaron antes de que el proceso terminara. En el verano de 1989, meses antes de la caída del Muro, el politólogo estadounidense Francis Fukuyama publicó en la revista The National Interest el ensayo «¿El fin de la historia?», ampliado en 1992 en un libro de la editorial Free Press. Su tesis, que la democracia liberal representaba el punto final de la evolución ideológica de la humanidad, se convirtió en la referencia obligada del debate de los noventa, tanto para quienes la compartían como para quienes la discutían.
Desde la izquierda circularon lecturas muy distintas entre sí. Para unos, lo que había caído era una forma concreta de organización estatal y no el socialismo como proyecto. Otras corrientes, que llevaban décadas describiendo a la URSS como un capitalismo de Estado, vieron en 1991 una confirmación de sus análisis; es el caso de la organización italiana Lotta Comunista, fundada por Arrigo Cervetto. La historia del concepto que estaba en el centro de esas discusiones se trata en la página sobre la lucha de clases.
El ensayo de Fukuyama apareció en un número de verano, cuando Solidaridad acababa de ganar sus elecciones y nadie preveía la noche del 9 de noviembre; el título terminaba en signo de interrogación, y ese signo desapareció del título del libro tres años después.