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Había una vez, un mendigo que pedía
limosna caminando por todo el pueblo.
Y un día que había recaudado poco dinero,
decidió llegar hasta unas casas que estaban fuera del poblado, con la esperanza
de conseguir algo más. Y ya desde una media distancia, comenzó a escuchar la voz
de alguien acompañada de una guitarra y cuando llegó cerca de la casa vio, que
era un viejo de larga barba blanca que, sentado a la sombra de un árbol,
entonaba una vieja canción.
El mendigo esperó que terminara la
canción y le dijo: Buenos días señor. El viejo, con la mirada fija hacia el
infinito, les contestó: Bienvenido seas, hermano. ¿ Cuál es el motivo de su
visita a nuestra humilde casa?. El mendigo al darse cuenta que el viejo estaba
ciego, no tuvo el valor de pedirle nada pensó: ¿ Cómo puedo, yo que estoy buen y
sano, pedirle algo a un hombre que esta completamente ciego?. Y se limitó a
contestarle: pues pasaba por aquí, le escuche cantar y quise saludarle.
El ciego que mediante el sistema Braile,
había cursado estudios universitarios de filosofía en la especialidad del
marxismo humanista y estudio de música de violín y guitarra, comprendió por su
tono de voz, que se trataba de un simple vagabundo. Se levantó con la guitarra
en una mano y la otra apoyándose en la pared, lo invitó a pasar al interior de
la casa y dijo: aquí, vivimos mi hermana y yo. Ella nació con retraso mental,
pero con la ayuda de nuestros padres aprendió a hacer muchas cosas y con la mía
aprendió también a tocar violín.
Nosotros, nos ganamos el sustento diario,
dando conciertos y tocando en las fiestas por todo el pueblo. Y ya que la cena
esta lista lo invitamos a compartirla con nosotros.
El mendigo, emocionado y sorprendido por
tanta amabilidad, aceptó la invitación en ebsoluto silencio reflexivo. Al
terminar la cena, el ciego con la guitarra y su hermana con el violín, le
ofrecieron un recital en su honor, que colmó la emoción y la sorpresa del pobre
huésped, el cual, al terminar el recital, con lágrimas en los ojos y lleno de
vergüenza dijo: ustedes me han dado la más grande lección de amor y me han
iluminado el camino de la virtud. Yo tenía salud y riquezas materiales, pero lo
perdí todo por estar vagando en las tinieblas. Y ahora que vio el primer rayo de
luz, si ustedes están dispuestos a ayudarme, quisiera ponerme a su completa
disposición para trabajar en sus terrenos por el resto de mis días, como
agradecimiento por haberme indicado el camino que me permitirá, pasar de las
tinieblas a la luz. |