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Se acercaba la Navidad y Pedrito estaba muy triste
porque le daba vergüenza participar en el coro de los niños la noche de
Navidad en la pequeña iglesia del pueblo, con la misma camisa de todos los
días, hecha por su madre de un saco de maíz.
Su padre, apenado por no poder comprarle una camisa
por falta de dinero, le dijo: “Pedrito, recuerda que Dios mira lo que hay
dentro de una persona y no lo que lleva puesto por fuera”.
La maestra que dirigía el coro era muy pobre y se
levantaba muy temprano en la madrugada para preparar tortillas de maíz,
que luego vendía a todo el pueblo. Y al enterarse del problema que tenía
Pedrito fue a su casa y le pidió que le ayudara a preparar las tortillas,
y con el dinero que ganaría podría comprar la camisa. Pedrito, pensando
que por fin podría tener la tan anhelada camisa aceptó con mucho
entusiasmo levantarse a las cuatro de la mañana para ayudar a hacer las
tortillas y luego ir a la escuela.
Después de cuatro semanas de trabajo, Pedrito pudo
entregarle a su maestro de escuela, el cual viajaba los fines de semana a
la ciudad, el dinero atado en un pañuelo, para que le hiciera aquella
compra tan especial.
Ya faltaban pocos días para la gran fiesta, cuando
el maestro le entregó a Pedrito la reluciente camisa blanca. Y a la mañana
siguiente, muy feliz, fue a la casa de la directora del coro para
agradecerles por haberle hecho realizar su sueño. Pero una vecina le
anunció que su maestra estaba con un tobillo fracturado y necesitaba ser
trasladada de urgencia a un hospital de la ciudad y no tenía suficiente
dinero para pagar los gastos del viaje y dl hospital.
Pedrito, entristecido y preocupado por su maestra,
decidió vender su tan apreciada camisa blanca y le entregó todo el recaudo
a ella, para que pudiese viajar y ser atendida a tiempo.
La noche de Navidad, la maestra dirigió el coro de
niños, sentada y con la pierna recubierta de una gruesa capa de yeso.
Todos los fieles elogiaron a Pedrito por su noble
gesto y nadie se fijó en la camisa hecha de un saco de maíz que llevaba
puesta. El cura también elogió a Pedrito durante el sermón, y recordó:
“que Dios mira lo que hay dentro de una persona, y no lo que lleva puesto
por fuera”. |