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Fabricio Ojeda
1929-1966
Periodista y
guerrillero
venezolano nacido en
Boconó el día 6 de
febrero de 1929 y
asesinado
[«suicidado»] en
Caracas, en los
calabozos del
Servicio de
Inteligencia de las
Fuerzas Armadas (SIFA)
el 21 de junio de
1966.
Periodista de La
Calle, El Heraldo
y El Nacional,
representando a la
Unión Republicana
Democrática URD,
alcanzó gran
protagonismo en 1958
como Presidente de
la Junta Patriótica
(singular movimiento
integrador nacional
por encima de
intereses
particulares e
ideológicos) que
logró terminar
política y
militarmente con la
dictadura que el
teniente coronel
Marcos Pérez Jiménez
había establecido en
Venezuela al asumir
la Presidencia de la
República en
diciembre de 1952, y
que supuso su
derrocamiento por
parte de las Fuerzas
Armadas y su huida
en el avión
Vaca Sagrada
hacia la República
Dominicana el 23 de
enero de 1958.
Fabricio Ojeda
realizó entonces la
primera alocución
pública tras
producirse el vacío
de poder, llamando a
la tranquilidad
patriótica: «Este no
es el momento de la
venganza».
Tres días antes, el
20 de enero de 1958,
ya se había
producido el «pacto
de Nueva York» [en
presencia de Maurice
Bergbaum, jefe de
Asuntos
Latinoamericanos del
Departamento de
Estado de los
Estados Unidos del
Norte de América]
entre Rómulo
Betancourt (de
la socialdemócrata
Acción
Democrática AD),
Rafael Caldera
(del
socialcristiano
Comité de
Organización
Política Electoral
Independiente
COPEI) y Jóvito
Villalba (de la
nacionalista
Unión Republicana
Democrática URD),
por el que los
representantes de
estos tres partidos
sellaban su
solidaridad frente a
la tiranía militar
de Pérez Jiménez,
pero marginando, de
paso, al también
opositor Partido
Comunista de
Venezuela.
Acuerdo reafirmado
el 31 de octubre de
1958 en el «pacto de
Punto Fijo» – nombre
de la residencia de
Rafael Caldera –
cuando se
comprometieron a
respetar el
resultado electoral
y establecer un
gobierno de unidad
nacional (segundo
pacto del que
expresamente se
orilló al Partido
Comunista de
Venezuela, pese a
que había formado
parte de la Junta
Patriótica).
En las elecciones
generales de 1958,
de las que resultó
elegido presidente
Rómulo Betancourt
(1959-1964), fue
elegido Fabricio
Ojeda diputado, de
la URD, al Congreso
Nacional, por el
Distrito Federal. Se
cumplió el pacto de
Punto Fijo, el
gabinete Betancourt
lo formaron adecos,
copeyanos y
urredistas, y el
tripartito se
repartió entre su
militancia cargos y
gobernaciones...
hasta que la URD se
retiró del
gobierno y del pacto
en 1962, año en
el que surgen las
primeras guerrillas
organizadas de
Venezuela en el
siglo XX, inspiradas
por el ejemplo
triunfante de la
revolución cubana.
Fabricio Ojeda,
maestro, periodista
y diputado,
estudioso de la
independencia de
Cuba y admirador de
la revolución cubana
(que conoció
directamente en sus
primeros meses, al
residir un tiempo en
Cuba en 1960),
renunció a sus
cargos en 1962 y se
unió a las
guerrillas. Ese
mismo año de 1962
apareció publicado
en La Habana su
libro Presencia
revolucionaria de
Martí.
Se hizo famosa su
carta de renuncia
como diputado, de 30
de junio de 1962:
«Señores Presidente,
Vicepresidente y
demás miembros de la
Cámara de Diputados.
Palacio Legislativo.
Caracas.
Distinguidos
colegas:
En el primer
aniversario de la
suspensión de las
garantías
Constitucionales,
un grupo de
estudiantes de la
Universidad Central
y yo, hicimos una
promesa de
extraordinaria
significación.
Estábamos en el
Cementerio General
del Sur, frente a la
tumba de Alberto
Rudas Mezzone –uno
de los tantos
jóvenes caídos en la
lucha por la
libertad–, allí
levantamos las manos
y las voces y
juramos: que el
sacrificio de
nuestros mártires no
sería en vano.
Juramos continuar
sus pasos y cumplir
su obra, para que la
sangre derramada
retoñase en nueva
vida para el pueblo.
Y desde entonces
comenzamos a
prepararnos para el
cumplimiento
irrenunciable. Con
este objetivo,
redimir al pueblo
haciendo honor al
sacrificio de sus
mártires, hemos
trabajado sin
descanso, hemos
luchado sin cesar.
Ahora a mí, solo me
queda, como decía un
insigne pensador
latinoamericano
[José Martí],
"cambiar la
comodidad por la
miasma fétida del
campamento, y los
goces suavísimos de
la familia por los
azares de la guerra,
y el calor del hogar
por el frío del
bosque y el cieno
del pantano, y la
vida muelle y segura
por la vida nómada y
perseguida y
hambrienta y llagada
y enferma y desnu-da".
Es por ello, colegas
Diputados, que vengo
ante ustedes a
expresar la decisión
de dejar el
Parlamento –este
recinto que pisé por
voluntad del
glorioso pueblo
caraqueño, hoy
oprimido y
humillado–, para
subir a las montañas
e incorporarme a los
compañeros que ya
han iniciado el
combate y con ellos
continuar la lucha
revolucionaria para
la liberación de
Venezuela, para el
bienestar futuro del
pueblo, para la
redención de los
humildes.
Estoy consciente de
lo que esta decisión
implica, de los
riesgos, peligros y
sacrificios que ella
conlleva; pero no
otro puede ser el
camino de un
revolucionario
verdadero.
Venezuela –lo
sabemos y los
sentimos todos–,
necesita un cambio a
fondo para recobrar
su perfil de nación
soberana, recuperar
los medios de
riqueza hoy en manos
del capital
extranjero y
convertirlos en
instrumento de
progreso colectivo.
Necesitamos un
cambio a fondo para
liberar al
trabajador de la
miseria, la
ignorancia y la
explotación; para
poner la enseñanza,
la técnica y la
ciencia al alcance
del pueblo: para que
el obrero tenga
trabajo permanente y
sus hijos amparo y
protección.
Venezuela, en fin,
necesita un cambio
profundo para que
los derechos
democráticos del
pueblo no sean letra
muerta en el texto
de las leyes; para
que la libertad
exista y la justicia
impere; para que
el derecho a la
educa-ción, al
trabajo, a la salud
y al bienestar sean
verdaderos derechos
para las mayorías
populares y no
privilegios de
escasas minorías.
Pero nada de esto
podrá lograrse en un
país sub-desarrollado
y dependiente, como
el nuestro, sino a
través de la acción
revolucionaria que
concluya con la
conquista del Poder
Político por parte
del pueblo. De
otra manera, tanto
los instrumentos de
poder, como los
medios de riqueza,
continuarán en manos
de los monopolios
inter-nacionales
y de las castas
oligárquicas del
país, con la
consiguiente
explotación de los
trabajado-res, la
proliferación del
hambre y la miseria
y el abandono
permanente del
pueblo.
Esta situación
precisa una
transformación
estructural que
cambie el sistema
formalista de la
democra-cia por la
efectiva realización
de la misma: es
decir, que arrase
con todo lo podrido,
con todo lo injus-to,
con todo lo indigno
de nuestra sociedad
y en su lugar erija
una nueva vida de
justicia y
libertades.
A estas alturas de
la historia, cuando
un vendaval de
renovación sacude al
mundo, los
venezolanos no
podemos permanecer
aferrados a una vida
política, sin
perspectivas de
futuro y que
mantiene al país
sumergido en el
subdesarrollo
económico, en el
atraso crónico y al
pueblo, doblegado
bajo el peso
constante de la
miseria y la
ignorancia y el
hambre. Venezuela es
un país privilegiado
por la naturaleza.
Las entrañas de
su tierra están
pobladas de riqueza
y sobre la
superficie crecen
monta-ñas de dinero.
Pero estas riquezas
y este dinero
sólo van a parar a
los bolsillos de los
grandes tiburones de
la política nacional
e internacional,
mientras que el
pueblo, dueño de
ellas, se debate
entre la angustia de
no poseer nada y el
dolor de su precaria
situación económica.
Este país, donde se
produce tres
millones de barriles
de petróleo
diariamente y mas de
veinte millones de
toneladas de hierro
cada año, donde las
empresas extranjeras
que lo explotan acu-san
utilidades que
sobrepasan los mil
quinientos millones
de bolívares
anuales, vive un
drama terrible con
centenares de miles
de obreros sin
trabajo, con
centenares de miles
de campesinos sin
tierra, con
centenares de miles
de niños abandonados
y sin escuelas, con
centenares de miles
de analfabe-tos, con
legiones de
indigentes que
escarban en los
desperdicios en
busca de alimentos y
centenares de miles
de hombres y mujeres
sin techo que se
arrastran hacinados
en ranchos
insalubres, sin la
menor protección
social, sanitaria o
económica. Este
país que es el mas
rico de toda la
América Latina,
muestra ante los
ojos angustiados de
su gente, un
panorama de males y
penurias que se
ahonda en la
existencia misma de
grandes
contradicciones:
mientras unos lo
tienen todo,
comodidades, lujos,
placeres y bonanza;
otros nada poseen,
ni nada les espera,
a no ser la muerte
en la mas completa
pobreza. Mientras
unos tienen en
bancos y cajas
fuertes millones de
bolívares, otros
carecen de recursos
mas elementales de
la vida humana.
Mientras unos pueden
mandar a sus hijos a
los mejores
colegios, otros
tienen que
resignarse a ver a
los suyos crecer en
la ignorancia.
Mientras unos viven
como parásitos, sin
trabajar ni
producir, otros no
encuentran donde
colocar su fuerza de
trabajo. Mientras
unos ven a sus
mujeres dar a luz en
clínicas lujosas,
otros, los más,
tienen que
conformarse con
verlas parir como
animales en sus
ranchos inmundos.
Consecuencia de esta
firme convicción,
resultado de ese
análisis, es la
decisión que he
tomado de combatir
con las armas en la
mano, como lo hace
el pueblo cuando
quiere conquistar la
libertad, y buscar
en la acción
revolucionaria la
solución de nuestros
grandes problemas, y
lograr para el
pueblo una vida
nueva, distinta a la
precaria existencia
que ha llevado
durante siglo y
medio de República
injusta. Esta
decisión me honra y
compromete, a la par
que me satisface.
Igual camino han
tomado en épocas y
países distinto los
mas notables hombres
de la humanidad.
Igual decisión
tuvieron que tomar
nuestros
Libertadores frente
a una Patria
colonizada, frente a
un pueblo
esclavizado. Ellos,
los forjadores de
nuestra
nacionalidad, nos
trazaron el camino y
nosotros hemos de
continuarlo con
iguales,
sacrificios, con los
mismos riesgos y la
misma fe, para
despedazar las
nuevas cadenas del
dominio extranjero y
garantizar la plena
independencia
nacional.
Esta es nuestra
decisión, este
nuestro camino.
Vamos a las armas
con fe, con alegría,
como quien va al
reencuentro de la
Patria preferida.
Sabemos que con
nosotros está el
pueblo, el mismo que
en todas las épocas
memorables ha dicho
presente ante todo
lo noble, ante todo
lo bueno, ante todo
lo justo.
Nuestra decisión de
incorporarnos a los
estudiantes, obreros
y campesinos que
hacen la guerra de
guerrillas en
Falcón, Portuguesa,
Mérida, Zulia,
Yaracuy, obligados
por la brutal
represión del
gobierno que amenaza
con la muerte, la
tortura y la cárcel
a quienes se oponen
a sus designios,
obedece a la firme
convicción de que la
política de las
camarillas que
ejercen hoy el Poder
no muestran ningún
ánimo para dar
soluciones a la
crisis política
venezolana a través
del dialogo y la
senda electoral.
Toda la maquinaria
oficialista ha sido
desde ya colocada al
servicio de los
grupos exclusivos
que forman la
intimidad del actual
Presidente y sin
espíritu de servicio
a la Patria y al
Pueblo, tales grupos
han privado a los
venezolanos de sus
mas elementales
derechos y desde
ahora preparan el
fraude que les
permite perpetuarse
en el Poder, a
usanza de todos los
gobiernos despóticos
que el país ha
padecido.
Esperar que esta
burla sangrienta se
consagre sin mengua
de la propia
dignidad, no sólo es
cobardía, es alentar
falsas ilusiones
cuyas consecuencia
serían fatales para
nuestro desarrollo
democrático. Ya el
grupo que gobierna
ha demostrado hasta
la saciedad que sólo
conoce el método de
la violencia, el
camino de la
ilegalidad. Frente a
su soberbia, no cabe
otra actitud para
aceptar al reto y
disponerse a
combatirlo con sus
mismos métodos, para
que los venezolanos
puedan, libres del
Gobierno de
Betancourt, libres
de sus odios e
intrigas, de su
corrupción e
incapacidad, de su
politiquería y
pequeñez moral, de
su sectarismo y
maldad, darnos un
gobierno
verdaderamente
nacional, respetuoso
de la ley
democrática, fiel
servidor del pueblo
y leal a la
independencia y
soberanía
nacionales.
Hacemos armas contra
la violencia, la
represión, las
torturas, el
peculado. Tomamos
las armas contra las
depravaciones y la
traición. No lo
hacemos por
romántica concepción
de la lucha ni
sometidos a otra
decisión que a la
nuestra, sólo
comprometida con
Venezuela. No
hacemos la guerra
contra las Fuerzas
Armadas, en su
conjunto, en cuyo
senos nos consta por
experiencia personal
y por la acción
conjunta que
libramos en Enero
del 58, se han
formado Oficiales
cuya única ambición
es también la
nuestra: ser útiles
a la Patria y servir
a su grandeza y
soberanía. Y porque
la inmensa mayoría
de los clases y
soldados pertenecen
a las clases
humildes, a las
familias sin pan, ni
tierra, ni libertad.
Y si algunas de sus
jerarquías han sido
colocadas como ciego
e incondicional
instrumento
personalista del
grupo de Rómulo
Betancourt, ello no
puede ocultarnos que
más temprano que
tarde civiles y
militares nos
encontraremos juntos
en un mismo
propósito fraternal
y patriótico.
Evidencia de esta
afirmación es la
reciente
"Sublevación de
Carúpano" [4 de mayo
de 1962] y "la
heroica acción de
Puerto Cabello" [2
de junio de 1962],
donde Oficiales de
limpia trayectoria
como Jesús Molina
Villegas, Pedro
Medina Silva y
Manuel Ponte
Rodríguez supieron
dar un paso al
frente de la
historia, antes de
vivir en la
ignominia. Allí se
demostró como en el
seno de las Fuerzas
Armadas hay hombres
que sienten la
Patria en su exacta
dimensión y que
inspirados en las
lecciones de
Bolívar, siguen su
ejemplo de valor, de
nobleza y
patriotismo y como
este Gobierno llega
hasta el bombardeo
de ciudades
abiertas, al
genocidio, para
tratar de conservar
una situación ya
insostenible. El
comino trillado por
ellos habremos de
continuarlo para que
al salir de la
prisión gloriosa,
los Oficiales,
clases, soldados y
civiles de la
heroica acción de
Carúpano y Puerto
Cabello, puedan
vivir dentro de una
Patria nueva, como
la que hemos soñado
todos y por la cual
ellos combatieron.
No hacemos las armas
contra el Ejército,
la hacemos contra
quienes sirven a los
monopolios
extranjeros
causantes de nuestra
pobreza; hacemos la
guerra, contra los
asesinos de
estudiantes, de
obreros, de
campesinos; hacemos
la guerra contra los
que roban y
comercian a nombre
de una democracia
falsa; hacemos la
guerra contra los
que siembran el
hambre, la angustia
y el dolor en la
familia venezolana;
hacemos la guerra
contra una vida de
corrupción, de odios
y de intrigas; en
fin, hacemos la
guerra para que la
aurora de la
libertad y la
justicia
resplandezca en el
horizonte de la
Patria. [...]
La defensa del
Parlamento
independiente
corresponde a todos
y la defensa de la
Constitución es un
deber irrenunciable.
Por ello cuando
hacemos armas contra
este gobierno, las
hacemos por la
restitución
constitucionalidad
democrática, por la
Cámara de Diputados
escarnecida y
atropellada, por la
independencia de los
poderes públicos,
por la democracia y
la justicia.
Convoque, pues señor
presidente, al
suplente respectivo
porque yo he salido
a cumplir el
juramento que hice
ante ustedes de
defender la
Constitución y las
leyes del país. Si
muero no importa,
otros vendrán detrás
que recogerán
nuestro fusil y
nuestra bandera para
continuar con
dignidad lo que es
ideal y saber de
nuestro pueblo.
¡Abajo las cadenas!
¡Muera la opresión!
¡Por la Patria y por
el Pueblo! ¡Viva la
Revolución!»
Fabricio Ojeda
fue uno de los
fundadores de las
Fuerzas Armadas de
Liberación Nacional
FALN, constituidas
formalmente el 1º de
enero de 1963 (al
agruparse el
Frente José Leonardo
Chirinos –Douglas
Bravo, Elías Manuitt
Camero–, el
Movimiento 2 de
Junio
–comandante Manuel
Ponte Rodríguez,
capitán Pedro Medina
Silva–, la Unión
Cívico Militar
–teniente coronel
Juan de Dios Moncada
Vidal, comandante
Manuel Azuaje–, el
Movimiento 4 de
Mayo –capitán
Jesús Teodoro
Molina, comandante
Pedro Vargas
Castellón– y el
Comando Nacional de
Guerrilla). En
las guerrillas llegó
a obtener el grado
de comandante y
presidió el
Frente de Liberación
Nacional FLN en
el distrito Argimiro
Gabaldón.
Detenido fue
sentenciado por un
Consejo de Guerra a
18 años de presidio
por Rebelión
Militar. Pero
recluido en la
cárcel de Trujillo
logró fugarse en
compañía de otros
compañeros. Apresado
de nuevo en junio de
1966 en Caracas, fue
asesinado cuatro
días después (aunque
en la versión
oficial se aseguró
suicidio).
En febrero de 1967
apareció en La
Habana el primer
número de la revista
Pensamiento Crítico,
que se convirtió en
aquellos años en uno
de los instrumentos
doctrinales en la
expansión de la
revolución
latinoamericana,
y los responsables
de la agitprop
cubana escogieron
sendos textos de
guerrilleros muertos
el año anterior (el
sacerdote
guerrillero
colombiano
Camilo Torres
Restrepo
en febrero de 1966,
y el periodista
guerrillero
venezolano
Fabricio Ojeda
en junio de 1966)
para inaugurar
aquella
significativa
revista. Así se le
presentaba entonces:
«Fabricio Ojeda.
Apareció en la vida
política nacional
venezolana como
presidente de la
Junta Patriótica que
derrocó a Pérez
Jiménez en 1958. Fue
diputado de la URD
en las elecciones de
ese mismo año. Vino
a Cuba en 1960 y
permaneció algún
tiempo entre
nosotros. Se
incorporó al
movimiento
guerrillero en 1962,
siendo detenido
pocos meses después
de haberlo hecho.
Posteriormente se
fugó de la cárcel.
Murió en julio de
1966, asesinado por
miembros de los
cuerpos represivos
del régimen de Raúl
Leoni. Ostentaba, al
morir, el cargo de
Presidente de la
Comandancia FLN-FALN.»
(Pensamiento
Crítico, La
Habana, nº 1,
febrero de 1967,
pág. 158).
El 16 de abril de
1967 un suplemento
especial de la
revista
Tricontinental
publicaba el famoso
mensaje de Ernesto
Che Guevara (que
organizaba entonces
en secreto la
guerrilla en
Bolivia):
«Crear dos, tres...
muchos Viet-Nam, es
la consigna»,
en el que puede
leerse: «En el marco
de esa lucha de
alcance continental,
las que actualmente
se sostienen en
forma activa son
sólo episodios, pero
ya han dado los
mártires que
figurarán en la
historia americana
como entregando su
cuota de sangre
necesaria en esta
última etapa de la
lucha por la
libertad plena del
hombre. Allí
figurarán los
nombres del
Comandante Turcios
Lima, del cura
Camilo Torres, del
Comandante
Fabricio Ojeda,
de los Comandantes
Lobatón y Luis de la
Puente Uceda,
figuras
principalísimas en
los movimientos
revolucionarios de
Guatemala, Colombia,
Venezuela y Perú».
El recuerdo de la
figura de Fabricio
Ojeda se ha visto
potenciado en
Venezuela en los
primeros años del
siglo XXI,
consecuencia en
buena medida del
acercamiento de la
revolución
democrática
bolivariana de Hugo
Chávez a la
revolución cubana
(puede verse
«Venezuela y Chávez,
la constitución y el
crucifijo»,
en El Catoblepas,
nº 3, mayo 2002).
Así, el viernes 17
de mayo de 2002,
poco después de la
intentona
socialdemócrata y
socialcristiana
contra el presidente
constitucional Hugo
Chávez, el periódico
La Jornada de
México podía
publicar orgulloso
la siguiente
noticia, magnífico
ejemplo de la
presencia que
mantiene el recuerdo
de Fabricio Ojeda
cuarenta años
después:
«Reconocen la veraz
cobertura
informativa del
diario durante el
frustrado golpe.
Catorce
organizaciones
venezolanas otorgan
el galardón Fabricio
Ojeda a La
Jornada. El
premio fue entregado
por el embajador de
ese país en México,
Lino Martínez
Salazar.
Catorce
organizaciones de
venezolanos ubicadas
en distintos países
de América Latina
otorgaron ayer a
esta casa editorial
el reconocimiento
Periodismo veraz:
Fabricio Ojeda,
por la información
difundida durante el
mes de abril en
torno al golpe de
Estado en contra del
gobierno de Hugo
Chávez.
El embajador de
Venezuela en México,
Lino Martínez
Salazar, entregó el
galardón y destacó
que el nombre de
Fabricio Ojeda es
emblemático en su
país, ya que fue un
héroe de la lucha en
contra de la
dictadura de Marcos
Pérez Jiménez, y
posteriormente
trabajó en contra
del engaño que se
estaba haciendo al
pueblo venezolano
cuando, a la caída
del dictador, los
principales partidos
políticos firmaron
un acuerdo para
apoyarse en el
ejercicio de
gobierno y no rendir
cuentas ante la
ciudadanía.
Tal situación
agudizó las luchas
políticas y sociales
en Venezuela, al
extremo de hacer
surgir un movimiento
guerrillero urbano y
rural. Fabricio
Ojeda fue presidente
de la Junta
Patriótica, órgano
de unidad del pueblo
para derrocar la
dictadura, y más
tarde abandonó el
partido de la Unión
Republicana
Democrática –una de
las organizaciones
involucradas en el
pacto– para unirse a
la guerrilla.
Cayó preso y poco
tiempo después
apareció muerto. El
gobierno dijo que se
había suicidado,
pero eso era
inconcebible debido
a sus ideales. La
población nunca
creyó el cuento del
suicidio de Fabricio
y éste pasó a ser un
símbolo de las
luchas del pueblo
venezolano, refirió
el embajador, al
destacar la
importancia de que
este reconocimiento
se haya entregado a
La Jornada.
[...] El
reconocimiento
Fabricio Ojeda está
signado por el
Comité Simón
Bolívar, la Red de
Amigos de Venezuela
y el diputado a la
Asamblea Nacional,
Israel Sotillo,
aunque cuenta con el
apoyo de otras 12
agrupaciones».
El viernes 18 de
junio de 2004 la
Contraloría General
de la República de
Venezuela difunde la
siguiente nota de
prensa, en la que
anuncia el acto
previsto para el día
del aniversario del
asesinato de
Fabricio Ojeda,
convertido en
símbolo de las
inmejorables
relaciones del
momento entre la
Venezuela de Hugo
Chávez y la Cuba de
Fidel Castro:
«Reedición de la
obra de Fabricio
Ojeda. Presencia
Revolucionaria de
Martí. A través de
esta reedición se
rinde homenaje no
sólo a José Martí,
sino también a
Ojeda, pues si algo
los une es que ambos
fueron consecuentes
hasta el final, como
hombres auténticos
de palabras y
acción.
Este lunes 21 de
junio a las 11 de la
mañana se realizará
la presentación de
la reedición del
libro Presencia
Revolucionaria de
Martí del
periodista Fabricio
Ojeda, en la Casa
José Martí, ubicada
en la parroquia
Altagracia, de
Veroes a Jesuitas.
El acto contará con
la presencia del
Contralor General de
la República
Bolivariana de
Venezuela,
Clodosbaldo Russián,
quien escribió el
prólogo de la
publicación.
Dicha reedición está
a cargo del
Instituto de Altos
Estudios de Control
Fiscal y Auditoría
de Estado, Fundación
Gumersindo Torres (COFAE),
institución
auspiciada y
dirigida por la
Contraloría General
de la República. La
obra forma parte de
la colección Buen
Ciudadano, una
acción editorial
enmarcada también en
la misión de
promover el
fortalecimiento del
Poder Ciudadano, a
partir de una sólida
conciencia crítica
fundada en la
educación y la
cultura.
Apóstol de la causa
popular. Fabricio
Ojeda, comunicador
social venezolano
autor del libro, fue
en vida un activo
dirigente político y
luchador social
comprometido con la
igualdad y la
justicia entre los
seres humanos. A
través de su obra
Presencia
Revolucionaria de
Martí 'nos deja
a Martí en toda su
extensión humana, la
cual va desgranando
sin prisa, en el
entendido de dejarle
a las nuevas
generaciones el
conocimiento de un
líder
revolucionario,
siempre presente y
al frente en las
batallas que
emprenden los
pueblos oprimidos de
la tierra'.
A través de esta
reedición se rinde
homenaje no sólo a
José Martí, sino
también a Ojeda,
pues si algo los une
es que ambos fueron
consecuentes hasta
el final, como
hombres auténticos
de palabras y
acción».
Textos de Fabricio
Ojeda en el Proyecto
filosofía en
español:
Pensamiento crítico
Centro de Estudios
Latinoamericano
La Habana, febrero
de 1967
nº 1, páginas 54-73 |