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insertado 03/06/2006
Desde ante
de la llegada de los españoles a América, existían agudas contradicciones
entre los diversos grupos étnicos nativos por el dominio económico y
militar, esto fue aprovechado por los invasores quienes profundizaron
estos antagonismos en función de su objetivo: la conquista. Como
consecuencia de ésta nueva etapa histórica se supeditó a las etnias
indígenas americanas a un poder desconocido hasta entonces: la corona
española.
Si bien es
cierto que se producen cambios sustanciales en la nueva sociedad con la
llegada de los conquistadores, existe cierta continuidad en algunos
mecanismos de dominación y explotación que caracterizan la organización
social anterior a la conquista, tales como, el tributo, mecanismo de
extracción de excedentes, la estratificación social entre la nobleza y los
sectores populares son recursos reproducidos y refuncionalizados por la
nueva situación histórica.
La
orientación de explotación y dominación de la sociedad azteca
condicionando a la obediencia y sumisión a otras sociedades nativas
mesoamericanas, facilitó la conquista y permitió el proceso de ceder las
tierras a los nuevos amos y la sumisión para trabajarle a éstos. Debe
aclararse, no obstante, que este proceso no fue homogéneo y se dieron
brotes de insurgencia irregulares y múltiples suicidios como parte del
rechazo a los conquistadores.
Una vez
logrado el objetivo militar, se inicia la conquista cultural a través de
la imposición de diversas manifestaciones de carácter espiritual, con la
cristianización y castellanización que, con las condiciones prevalecientes
del momento estos aspectos educativos y religiosos se convirtieron en un
único proceso. La religión estaba orientada a cumplir además de la
cristianización, la no menos importante misión de establecer mecanismos de
control, obediencia y subordinación. La castellanización sería el
instrumento que afirmaría los nuevos valores y símbolos. De esta manera,
la pólvora es combinada con la dominación cultural y estos dos
componentes -coerción y consenso- hacen una letal combinación,
directamente relacionada con las nuevas instituciones económicas y
políticas que garantizan la explotación.
La
recompensa a los conquistadores tomó forma de concesiones de tierras, que
variaban de acuerdo al grado militar y los méritos acumulados de cada uno
de los soldados. Los nativos fueron desplazados de sus tierras de
propiedad colectiva en base a los siguientes factores: disposiciones
legales de la corona, las donaciones de tierra a los que acompañaron la
empresa de conquista, y la falta de titularidad “legal” de posesión por
parte de sus antiguos pobladores. Para el desarrollo de la colonización,
el hombre y la tierra se constituyeron en los recursos económicos
fundamentales para la nueva etapa histórica.
Los
derechos de los pobladores originarios sobre la tierra fueron violados
frecuentemente e inducidos por la corona española para fomentar la
inmigración a colonizar regiones despobladas y fundar nuevos poblados.
Esto ocasiona el surgimiento de la propiedad privada de grandes
terratenientes españoles y luego de criollos e instituciones
eclesiásticas, este acaparamiento instituyó la futura hacienda dando
origen a una estructura agraria compuesta básicamente de terratenientes,
campesinos y jornaleros.
Los
pobladores originarios eran separados de sus tierras, que consideraban
propiedad colectiva. Perdiendo en lo económico, su medio de producción
básico y su cosmovisión mística y sagrada, en lo filosófico. La
contradicción era evidente económica-filosófica versus apropiación y
riqueza son dos maneras distintas de concebir el problema de la tierra,
para los originarios la tierra significaba un medio para la subsistencia
biológica y social, la propiedad era común y sólo su usufructo era
particular, mientras para los conquistadores era fuente de riqueza de
propiedad individual. Esta visión ha provocado la concepción tergiversada
sobre la población originaria al calificarla con los epítetos más
despectivos para designar los defectos sociales o personales: torpeza,
ignorancia, suciedad, pereza, que en todo caso son sinónimos de
incapacidad mental, moral y física. Esto tuvo consecuencias importantes
para su desenvolvimiento social y sentó las bases para el futuro
surgimiento de nuevos hombres, cultura y étnicamente distinto sometido a
la dependencia, el paternalismo, la obediencia y la sumisión.
Estas
prácticas colonizadoras trajeron consigo importantes transformaciones en
la nueva sociedad, se diversifica la economía con el objetivo de
incorporar a España a las crecientes exigencias del mercado mundial.
Comienza un periodo de posesión de los recursos naturales que por si solos
no eran de gran utilidad, sino se complementaba con la extracción,
transformación y comercialización, para ellos era indispensable y
fundamental: la fuerza de trabajo nativa.
Fueron
obligados a integrarse a una economía nacional antagónica a sus
principios basada en el capitalismo embrionario de mercado, pasando a
ser vendedores de fuerza de trabajo y mercancías, así como también
consumidores de productos. Ello ocasiono lo que el antropólogo mexicano
Gonzalo Aguirre Beltrán llama “regiones de refugio”, los vencidos se
alejaron de las vías de comunicación, lejos del alcance de los españoles
que los sometían y de la expansión mercantil que los obligada a participar
en la conformación de un sistema que no estaba dentro de su lógica
colectiva de vida.
El
calificativo de indio surge a partir de la llegada de los conquistadores
el 12 de octubre de 1942, al calificarlos como seres humanos, argumentando
su escasa cultura que obstaculizaba el desarrollo de la nueva etapa: La
colonización. La definición colonial sobre el indígena dejó establecida el
carácter genérico-racial, en cuanto el indio era descendiente de otros
indios, expresada por los rasgos físicos, la capacidad intelectual, la
actitud ante la vida y el progreso. De esta manera, se cuestiona la
inferioridad de calidad humana del indio que hacia posible una absoluta
condición de tutelaje por parte de la cultura superior española civilizada
y cristiana. Esta conducta determinó la justificación para que los recién
llegados les negaran los derechos a los indígenas y comenzar la brutal
explotación económica donde la conquista espiritual y la administración
colonial jugaron un papel preponderante y decisivo en la prolongada
dominación y exclusión por parte de la corona española.
la
definición del indio no ha tenido un significado homogéneo a lo largo de
la historia, sino más bien de cambios dinámicos de categoría política de
sujetos paternalistas, obedientes y sumisos bajo la interpretación de
excluidos y explotados, pasando por el romanticismo social folklórico,
para convertirse en importantes sujetos socio-políticos recuperando el
sentido histórico de ser indígena con reivindicaciones de carácter
étnico-nacional que constatan su despliegue ascendente en el plano de sus
acciones de lucha organizadas que obliga a un replanteamiento de los
Estados nacionales incompletos y excluyentes.
El estudio
de la cuestión étnica en América Latina ha comenzado a trascender el marco
académico del análisis cientificista de la antropología, para ser objeto
de reflexión y debate público. Ha contribuido a este viraje, más que las
jornadas melancólicas del Encuentro de dos mundos, el desarrollo creciente
de la lucha insurgente indígena en varios países de la región, que han
alcanzado significación estratégica nacional. Son tan conocidos los
alcances que tuvo la cuestión en la costa Atlántica con los mismitos,
sumos y ramas en el proceso de desestabilización del gobierno sandinista
en Nicaragua, como la dimensión étnica de las guerrillas guatemaltecas y
peruanas que develaron el proyecto etnocida de las campañas
contrainsurgentes en ambos países, la razón de la utopía de la resistencia
del EZLN en Chiapas contra la imposición de la política neoliberal en el
México indómito, las constantes posiciones de vanguardia y de dirección
que llevan los movimientos étnicos en Bolivia y Ecuador, hacen posible e
inocultable la relevancia creciente que estos actores sociopolíticos
tienen hoy día en Nuestra América.
Sus
Planteamientos son el resultado de un largo proceso histórico de
conciencia política que viene a fortalecer los llamados movimientos de
liberación nacional quienes dan elementos fundamentales para nuevas
interpretaciones dentro de las ciencias sociales orgánicas comprometidas
con los cambios sustanciales de la sociedad donde ha de nacer un “Hombre
Nuevo” con la mirada en perspectiva de futuro y no del romanticismo
folclórico del pasado.
Lo indígena
tiene que ser analizado en su justa dimensión por que estos grupos se
encuentran ubicados en zonas de sumo interés estratégico en América
Latina, además, una política cultural revolucionaria tiene el deber de
reivindicar lo multiétnico, plurilingüe y pluricultural con el objeto de
dar curso al reconocimiento de los derechos históricos de los grupos
étnicos y propiciar el despliegue de sus capacidades en los campos
económicos, políticos, social y cultural.
En esa
dirección, se hace necesario impulsar y solidarizarse con las luchas de
los movimientos indígenas por lograr un régimen de autonomía regional que
se fundamente en el reconocimiento de los plenos derechos de las estas
comunidades sobre el usufructo y el uso de sus tierras, montes, bosques,
aguas y, en general, de todos sus recursos naturales. La puesta en
práctica de esta propuesta es la garantía para que los pueblos indígenas
cuenten con la base material necesarias para el ejercicio de sus derechos
políticos dentro de los cuales se encuentran fundamentalmente, el
establecimiento de gobiernos regionales con el respeto al derecho
consuetudinario con el protagonismo y la participación.
Las
perspectivas de lucha y movilización de las organizaciones indígenas en
América Latina tienden a radicalizarse, al asociar su lucha por la tierra
a sus particulares proyectos de autonomías regionales. Sin embargo, sus
posibilidades de éxito, dadas su escasa población en sus respectivas
regiones del refugio, dependerán más de planteamientos que enfoquen la
construcción de un nuevo Estado nacional democrático con justicia social e
incluyente. Y ello significa la transformación profunda de la sociedad en
que vivimos.
Valencia;
12 de octubre de 2005 |