| Dos
proyectos del Banco Mundial, a través del Fondo Mundial para el Medio
Ambiente (GEF por sus siglas en inglés), proponen introducir variedades
transgénicas de cultivos como maíz, papa, yuca, arroz y algodón en cinco
países latinoamericanos y cuatro africanos, que son centros de origen o
diversidad de éstos y otros importantes cultivos básicos. Organizaciones
de la sociedad civil advierten que la contaminación transgénica a que se
expone a cultivos fundamentales para las economías campesinas es un riesgo
inaceptable. Los multimillonarios proyectos son promovidos bajo el disfraz
de investigación científica en bioseguridad, pero las organizaciones de
ambos continentes llaman a su inmediato rechazo ya que amenazan la
soberanía alimentaría y los sistemas de semillas campesinos.
El Centro Africano de Bioseguridad, la
Red por una América Libre de Transgénicos y las organizaciones
internacionales Grain y Grupo ETC, presentaron un documento analizando dos
proyectos del Banco Mundial: West Africa Regional Biosafety Project que
afectaría a Mali, Burkina Faso, Senegal y Togo y Latin American Multi-Country
Capacity Building in Biosafety, a implementarse en Brasil, Colombia, Costa
Rica, México y Perú.
"Aunque se presentan como proyectos de "bioseguridad",
abren el camino para introducir cultivos transgénicos que son de
fundamental importancia para las comunidades campesinas", afirmó Elizabeth
Bravo de la Red por una América Libre de Transgénicos.
Los participantes incluyen instituciones
públicas y de investigación de los diferentes países, el Centro
Internacional de Agricultura Tropical (CIAT, con sede en Colombia, miembro
del Grupo Consultivo de Investigación Agrícola Internacional, CGIAR) y el
Banco Mundial. Entre los asesores del proyecto hay instituciones como
Croplife, AfricaBio y el PRRI (Public Research and Regulation Initiative),
conocidos órganos de promoción de los cultivos transgénicos ligados a la
industria biotecnológica. Las organizaciones de la sociedad civil señalan
que al abrir nuevos mercados para los cultivos transgénicos, las
verdaderas beneficiarias son las compañías transnacionales que los
producen.
Según Grain, "los proyectos responden
claramente a una agenda externa a los países. Se trata de una estrategia
que hace tiempo aplica el Banco Mundial y el Gobierno de Estados Unidos
para armonizar las regulaciones sobre transgénicos a nivel de acuerdos
regionales, como una forma para dejar de lado los procesos nacionales que
son más susceptibles a la oposición local. La idea es establecer
regulaciones favorables a los transgénicos en algunos países clave y luego
usarlas como modelo que puede ser impuesto a los otros países de la
región, a través de organismos supranacionales. De esta manera se pasa por
alto cualquier debate democrático y se abre un gran mercado único para las
transnacionales que producen cultivos transgénicos."
Recordando la contaminación transgénica
del maíz nativo de los campesinos en México, Silvia Ribeiro del Grupo ETC
señala: "El gobierno mexicano no ha hecho nada para impedir la
contaminación ilegal del maíz campesino en su propio país. Al contrario,
le ha dado impunidad a las empresas con una ley de bioseguridad que es más
conocida como "Ley Monsanto", ya que sólo protege los intereses de las
empresas transnacionales de transgénicos. El proyecto habla de capacitar a
los participantes a partir de "mecanismos basados en la ciencia" para el
manejo de la contaminación. Esto no existe en ninguna parte, pero dan una
impresión falsa de que es posible legalizar el maíz transgénico en México
en forma "segura" , justificando al mismo tiempo que se introduzcan
transgénicos en otros centros de origen. Los únicos que pueden
contrarrestar la contaminación son los campesinos e indígenas que han sido
forzados a desarrollar estrategias para confrontarla."
- Pedro Laya, Aunque me espine la mano
En el caso de Africa, se trata de
establecer cultivos transgénicos experimentales, mientras que el proyecto
de América Latina es capacitación para manejar la contaminación de los
cultivos. En ambos casos, el supuesto básico de los proyectos es que los
transgénicos ya están o serán introducidos en un futuro próximo y que la
contaminación será inevitable, por lo que plantean métodos para manejarla,
análisis de "costo/beneficio" y formas de enfrentar la opinión pública.
"Los proyectos ignoran la posibilidad de
que no se permitan los cultivos transgénicos, tal como han demandado
repetidamente las mayorías de los campesinos y población de los países
implicados. Si se respetara esta demanda, no habría necesidad de "manejar"
la contaminación ni desarrollar costosos aparatos de bioseguridad, porque
los cultivos no estarían expuestos a la contaminación" declaró Mariam
Mayet de la organización no gubernamental Centro Africano de Bioseguridad.
El desprecio por el debate público
auténtico y la opinión de los afectados se refleja de muchas maneras.
Ambos proyectos han circulado solamente en inglés, no en francés que es el
idioma oficial de los países africanos incluidos en el proyecto, o en
castellano y portugués, para el caso de América Latina.
"Es un escándalo que se trate de
legitimar la introducción de cultivos transgénicos en sus centros de
origen y diversidad, como el maíz en México, la papa y el algodón en Perú
o la yuca en Brasil. Aún en arroz, que no tiene centro de origen en el
continente, existen cientos de variedades "criollas" que han sido
desarrolladas y adaptadas por los campesinos como parte importante de su
dieta", dice Germán Vélez de la asociación civil Semillas de Colombia.
"Bajo una cobertura de investigación científica, se intenta legitimar la
contaminación de estas semillas que son la base de las economías
campesinas y finalmente, crear dependencia de las variedades
corporativas", continúa Vélez.
Los proyectos también tienen un
componente de formación a autoridades y al público. Según éstos, se trata
de ligar la discusión de bioseguridad a la biotecnología, para lograr "un
discurso público menos alarmista".
"Los proyectos de capacitación en
bioseguridad promovidos por el GEF han sido denunciados en todo el mundo
como una farsa de participación pública -su objetivo real es promover
leyes de bioseguridad que favorezcan a la industria biotecnológica",
coincide Eva Carazo, de la Red de Coordinación en Biodiversidad en Costa
Rica. En Costa Rica, la Red de Coordinación en Biodiversidad demandó al
GEF que no otorgara más fondos para estos fines. Pese al pésimo historial
de los proyectos GEF en bioseguridad, ahora vuelven con un proyecto aún
más peligroso, porque se trata de cultivos en sus centros de origen".
Los grupos demandan la cancelación de
estos proyectos, que aún no han sido aprobados finalmente por el GEF.
www.ecoportal.net
El documento completo "Grupos de
Africa y América Latina condenan proyectos de bioseguridad del Banco
Mundial", se puede descargar en:
www.grain.org -
http://www.etcgroup.org/article.asp?newsid=569 |