EL HAMBRE ES UN
CRIMEN
El idioma del hambre
Por Alberto
Morlachetti
Más enigmática
aún es la visita que el poeta Paul Celan, víctima del nazismo, autor de
versos que hablan de "las tumbas en el aire" cavadas por los hornos
crematorios de los campos de concentración nazis, hizo en 1967 a Heidegger
militante del partido nazi. Se ha dicho que esa entrevista influyó en el
suicidio de Celan porque éste no logró arrancar a Heidegger una sola
palabra de condena al Holocausto; pero el propio Celan confió en carta a
su amigo Franz Wurm... que el encuentro había sido satisfactorio y
amistoso. ¿Los unía la común entrega a las palabras, que ambos torneaban
con espléndidos silencios? ¿Eso sentía el rumano Celan, que eligió la
lengua del enemigo, el alemán, para dar su poesía? ¿Tal vez porque la
magnitud del crimen cometido con esa lengua sólo se podía medir en esa
lengua?
Juan Gelman
-I-
A la larga lista de
eufemismos políticos y sociológicos actuales: ajuste con rostro humano,
países en vías de desarrollo, globalización, estabilidad, seguridad,
habría que añadir uno más: crisis alimentaria.
La Cumbre Mundial
sobre la Alimentación que se reunió en Roma del 13 al 17 de noviembre de
1996, con la participación de 100 mandatarios, se propuso reducir para el
año 2015 a la mitad las personas que sufren hambre en el mundo. Para el
caso que aquella meta fuese alcanzada, morirán -de cualquier manera para
el año 2015- por falta de alimentos 142 millones de niños menores de 5
años. Después de la cumbre de Roma, uno no puede dejar de pensar como
Onetti: las únicas palabras que tienen derecho a existir son aquellas
mejores que el silencio.
El documento
aprobado de 46 páginas demandó 6 meses de negociaciones entre los 440
delegados de los 137 países, no pasando el plano de las recomendaciones y
tecnicismos previsibles. Estos expertos -asalariados de la globalización-
sólo pusieron en duda la hermosa frase de Andrés Rivera: Futuro, esa
palabra que cobija la fugaz nobleza de los sueños del hombre. No hubo
sueños en la cumbre: sólo el "acto criminal de eliminar la ilusión". Sólo
presagios inasibles de malas muertes.
El crecimiento
demográfico, más el aumento incesante de pobrezas sin límite, como
consecuencias de la voracidad de las grandes empresas, proyectan guarismos
hacia el año 2015 que duplican las cifras antedichas.
La “declamada”
renuncia en 1996 a seguir matando por parte de las grandes transnacionales
que manejan a los países llamados ricos los condujo a suscribir los
Objetivos del Milenio y -como si fuera proeza- reducir a la mitad la
pobreza, el hambre, la mortandad infantil para el año 2015. Pero -como
decia Brecht- las guerras del capitalismo matan lo que sobrevive a su paz.
El 7 de septiembre el informe anual del PNUD de Naciones Unidas reveló que
cada tres segundos -en algún lugar del planeta- muere un niño como
resultado de la pobreza. Tres casos de sangre en el -quizás- penúltimo
grito del mundo y el enigma de un mecanismo perverso distribuidor de la
riqueza “que instala la miseria en su centro de difusión” como si la
historia tuviese una identidad de naturaleza hostil contra el sueño de la
vida que nos tira de la manga para mostrarnos la mirada de esos niños
víctimas de la miseria que no regresarán jamás o “regresarán sin
palabras”.
Nueve años después
nos encontramos con la certeza de la utopía contraria: nos han hecho
entrar a mayor velocidad y a “paso de ganso en la miseria y en la sangre”.
Los objetivos se lograrían recién para el año 2215, como denunciara el
Presidente Chávez el 15 de septiembre del año 2006 en la ONU. El
Presidente Venezolano exponía el desamparo de los pueblos y la búsqueda
desesperada -en los tiempos oscuros- de una razón para reír.
Las medidas que se
aprobaron en Roma eran previsibles y corren el riesgo de convertir "al
apocalíptico caballo en el alado Pegaso": no se habló de redistribuir
alimentos entre zonas excedentarias y deficitarias, ni de la tenencia de
la tierra entre latifundistas y campesinos, ni del robo de las
multinacionales agroalimentarias de semillas mejoradas durante cientos de
años por campesinos del Tercer Mundo.
Hablaron de pobreza
sin decir basta. Del achicamiento de los mercados laborales y sus futuros
hambrientos. De generaciones venideras, inmolando las presentes en la pira
del crecimiento económico. Y ello sin prestar atención a la advertencia de
Pablo Neruda: El hambre, no era sólo hambre, sino la medida del hombre.
-II-
La FAO, convocante
de la cumbre, no puede olvidar que su antiguo presidente, Josué de Castro,
en su "Geografía del hambre", desterró la palabra subnutrición para
sustituirla por hambre, trasladando el problema, como corresponde, de las
ciencias de la salud a las ciencias políticas.
En ese sentido el
Director General de la FAO, dependiente de Naciones Unidas, Jacques Diouf,
con cierta timidez, manifestó "que el mundo produce hoy suficientes
alimentos para dar de comer a todos, pero no todos tienen acceso a ellos".
El mismo Vaticano,
muchas veces más preocupado por cuestiones celestiales que por la cruz de
los humanos, manifestó "El problema del hambre no depende de la escasez de
alimentos, sino de su mala distribución, motivada por las estructuras de
pecado que provocan que millones de personas carezcan de recursos para
adquirirlos".
Las Naciones Unidas,
en su informe de 1996, con su habitual prudencia, clamó por nuevas
solidaridades porque "la globalización se transformará en un monstruo de
excesos enormes y desigualdades grotescas".
-III-
El neomalthusiano
Paul Erlich, en 1968 establecía una relación de causa efecto entre
crecimiento demográfico y hambre: "La batalla para alimentar a la
humanidad ha llegado a su fin. En los años 70, el mundo atravesará
períodos de hambruna y cientos de millones de personas morirán".
En 1974, poco
después de la clausura de la primera Conferencia Mundial de la
Alimentación, el secretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger,
manifestó su opinión contraria al malthusianismo y una visión optimista
del futuro: "Hemos de proclamar un objetivo claro: de aquí a una década no
habrá ningún niño que se vaya a dormir con hambre, ninguna familia vivirá
en la angustia de no tener pan para el día siguiente, y ningún ser humano
verá su capacitación y su futuro impedidos por una nutrición deficiente".
Profesando su fe en los avances tecnológicos, Kissinger añadía, no exento
de vocación irónica: "Tenemos la capacidad técnica necesaria para liberar
a la raza humana del flagelo del hambre". Es cierto. Pero "Nosotros no
distribuimos los alimentos teniendo en cuenta las regiones que los
necesitan. Los excedentes agrícolas son distribuidos en base a
consideraciones políticas y de poder en las relaciones internacionales. En
otras palabras, usamos los alimentos como si fueran municiones", señalaba
preocupado el Senador McGovern y ex candidato a presidente de los Estados
Unidos, previendo, quizás, un futuro intolerable para la imaginación.
Jean Ziegler
-relator de la ONU para el Derecho a la Alimentación- denuncia que Cien
mil personas mueren por día en el mundo a causa del hambre. La agricultura
actual -dice el último reporte de la FAO- podría alimentar sin problemas a
12 mil millones (el doble de los habitantes del planeta). Un holocausto
evitable que, todavía, es la causa directa de la muerte de 14 millones de
niños cada 12 meses y que en Argentina, donde sobran los panes, cuatro
niños mueren cada hora en los calendarios del hambre.
Los suelos fértiles
y aún los yermos de la tierra, junto a la tecnología de fin de milenio nos
debería haber proporcionado la abundancia, pero nos ha dejado apenas
el deseo.
Todos sabemos que en
la injusta distribución de la riqueza es donde se encuentran las causas de
las muertes por hambre. Debemos decir que no se produce para satisfacer
las necesidades de los hombres. Se produce para ganar. Y esto interesa más
que la vida y el bienestar de las personas.
-IV-
Semprum nos habla de
un asiento originario donde arraiga la libertad humana, capaz de producir
el bien o el mal, ontológicamente equivalente. De lo que resultaría la
imposibilidad de decretar la inhumanidad del mal. Pero en el acto
fundacional del hombre están las potencialidades para que la condición
humana sea un acto de dignidad.
Ya no hacen falta
los campos de concentración ni los hornos crematorios, ellos están en las
calles de la pobreza, en los barrios miserables donde se nace y se muere
de cualquier manera. Una barrera provocada de indiferencia los
invisibiliza. Las mismas y nuevas hogueras del horror humano donde se
consumieron y se consumen Miguel Servet, Etienne Dolet, Giordano Bruno,
las mismas llamas donde murieron en Alemania seis millones de personas, en
nombre de la “raza aria”, los mismos fuegos que matan por hambre millones
de personas en nombre del neoliberalismo. El holocausto de los pobres, de
los nadies, de los ninguneados. "Lo innombrable y lo nombrable. El espacio
del misterio, el sufrimiento y el terror que pide muchas palabras y éstas
no aparecen".
-V-
Pero los que
dominan, irremediablemente humanos, sacralizaron el presente y lo
transformaron en perpetuo. No faltaron las extravagancias, ni las
paradojas, y algunos intelectuales proclamaron el fin de la historia. Cómo
se puede creer que el destino condene para siempre a los que "edifican
ciudades que no habitan, a los que siembran el pan que no tendrán mañana.
A los que se disputan solamente el hambre y el peligro".
Nosotros las
civilizaciones, sabemos ahora, que somos mortales, decía Valery. Los
hombres mismos hacen su historia. Nada les está garantizado por anticipado
por una fatalidad tutelar. No se posee sino lo que se conquista, y lo que
ha sido conquistado puede ser perdido. Los dueños de la globalización y de
las riquezas, un centenar de grupos económicos, intentan sepultar bajo una
"aldea global con valores de mercado" la aventura infinita de pueblos y
lenguajes.
La sociedad
capitalista establecida sobre la razón, que proclamó enfáticamente la
libertad y la igualdad, desembocó en irracionalismo sin cuentos: millones
de pobres se "desvisten el cuerpo y el estómago", países en ruinas,
transformados en mercados menesterosos, con lenguas nacionales
deterioradas por la prepotencia económica del idioma colonial, donde las
preguntas se responden en prisión o en la tumba, millones de muertes por
miserias alucinantes. Los frutos de la razón parecen amargos. Aunque
todavía soñamos, a pesar de que cada hora la muerte de miles de niños
-cuyos nombres no sabremos jamás- dibuja cartografías de espanto que
apenas consigue despertar alguna tristeza en ese extravío que se llama
imaginario donde estas noticias serán enterradas -quizás- en ocasos
conmovedores. Y el tiempo, con sus grandes pasos, convertirá las mentas en
abono de la tierra, y cada uno podrá cultivar para su deleite “las rosas
más secretas”.
Pero ya nadie muere
de amor, aunque el hambre sea un crimen.
Sin embargo,
sociedades que alcanzaron una civilización brillante se derrumbaron por la
toma violenta de las bastillas. Otras, se han desplomado, no bajo las
lavas abrasadoras de las revoluciones, sino porque las fuerzas que
dominaban en ellas se han mostrado impotentes para quebrar las
resistencias milenarias de las culturas. Sus ciudades, antaño
florecientes, duermen hoy en los desiertos azulados por la luna, sin
guardar de sus esplendores desvanecidos más que la magia de algún nombre
ligado a algunas ruinas.
Nota publicada en el libro "Crónicas Desangeladas" de Alberto Morlachetti
EL HAMBRE ES UN CRIMEN
La Campaña 2008
contra el hambre inexplicable se ha de lanzar oficialmente el día 6 de
Marzo en la ciudad de Rosario, en el Centro Cultural de La Toma, en calle
Tucumán 1349, a las 20 hs. Días después, proseguirá en las distintas
ciudades del país finalizando, meses después, con una Marcha Nacional que
atravesará territorios e imaginarios para terminar definitivamente con el
hambre que nos avergüenza.
Invitamos a que hagan llegar su adhesión y compromiso,
vía correo electrónico o postal, a chicosdelpueblo@pelotadetrapo.org.ar o
a Uruguay 209 de Avellaneda, Código Postal 1870, Provincia de Buenos
Aires.
Contactos
En Buenos Aires:
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