El fraude electoral
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Roso Grimau/Elecciones presidenciales 2006
EL FRAUDE ELECTORAL EN VENEZUELA

El alto nivel de compromiso con mi país, con mi pueblo, con mi familia, con la opinión pública mundial y conmigo mismo, me obliga como testigo presencial directo a denunciar los hechos de Fraude Electoral que se continúan perpetrando en las elecciones venezolanas durante la Quinta República.

Roso Grimau, La Patria Grande, 18/09/2006

El alto nivel de compromiso con mi país, con mi pueblo, con mi familia, con la opinión pública mundial y conmigo mismo, me obliga como testigo presencial directo a denunciar los hechos de Fraude Electoral que se continúan perpetrando en las elecciones venezolanas durante la Quinta República. Es un hecho notorio para la opinión pública, y que ha sido evidenciado en múltiples oportunidades como noticia críminis, la cultura de fraude electoral que nos fue impuesta en Venezuela desde los tiempos mismos del nacimiento de la Cuarta República, y lamentablemente esta cultura todavía persiste. Podemos afirmar en la revisión histórica que el Fraude Electoral en Venezuela comenzó incluso algunos años antes de la Cuarta República, hace ya casi unos 50 años.

Revisemos primero en nuestra Historia. 

Realmente, la historia nos señala cómo en un intento de evitar la convocatoria a elecciones y así una segura sucesión presidencial, el dictador Marcos Pérez Jiménez convoca un plebiscito bajo su total control el 15 de diciembre de 1957, quien contando con un repudio popular generalizado, gana abrumadoramente sin embargo con el 81,19 % de los votos escrutados, contra un 12,45 % y un 6,36 % de votos nulos. El Fraude Electoral más grande y despreciable de la historia venezolana se había consumado a favor del dictador, pero el Bravo Pueblo reaccionó pronto, y el 23 de enero de 1958 el dictador se fugó del país.

No nos podemos explicar aun con argumentos razonables, como fue posible que luego de años de lucha clandestina contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, las principales figuras civiles y militares que encabezaron todas y cada una de las acciones e intentos de levantamiento, hayan quedado completamente fuera de la Junta Provisional de Gobierno, como por ejemplo las dos figuras más emblemáticas Fabricio Ojeda quien presidía la Junta Patriótica y el Teniente Coronel Hugo Trejo, quienes dirigieron el alzamiento del 1° de enero de 1958. Dicha junta que fue encabezada por el Contralmirante Wolfang Larrazábal,  a sus inicios había sido conformada con dos de los militares más cercanos al depuesto dictador; hecho que indignó a las masas populares obligando a que fueran sustituidos por dos miembros de la mal llamada "Sociedad Civil", dos representantes de la burguesía nacionalista Eugenio Mendoza y Blas Lamberti. Estos últimos duraron poco tiempo en funciones, ya que luego de la visita del presidente norteamericano Richard Nixon el 1 de mayo de 1958, extrañamente fueron sustituidos por Edgar Sanabria y Arturo Sosa. Hechos que evidencian la intervención de los EE. UU. por deshacerse de cualquier nacionalismo que pudiera atentar contra sus intereses de dominación económica y política. Actitud que el imperialismo mantiene desde los inicios de la independencia latinoamericana, como lo supiera alertar nuestro Libertador Simón Bolívar: "los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la Libertad".

El 23 de mayo de 1958 la Junta Provisional de Gobierno cumpliendo con su promesa de una inmediata convocatoria a elecciones promulga el Estatuto Electoral, redactado entre otros, por el jurista Rafael Pizani. Los revolucionarios que desde hace años mantenían la férrea lucha contra la dictadura llevaban una gran ventaja, el partido que más se había destacado en esos años por participar desde la clandestinidad en todas esas acciones era el Partido Comunista de Venezuela fundado en 1931, por otra parte la figura individual de mayor relevancia para esos momentos era el propio Contralmirante Wolfang Larrazábal, Presidente de la Junta y de un gran sentido nacionalista. Extrañamente, ante este panorama comienza una grave crisis de constantes conspiraciones e intentos de golpe, los partidos de centro y de derecha a partir de ese mismo momento iniciaban una intensa lucha política, que tiene como meta aparente la búsqueda de un candidato independiente para la presidencia, el "candidato ideal" que le pusiera el freno a los comunistas.

Como no logran conseguirlo por ninguna parte, se concibe como plan alterno contra el liderazgo natural del PCV, el llamado "Pacto de Punto Fijo" que se suscribe el 31 de octubre de 1958 en la residencia del mismo nombre perteneciente al dirigente de Copei Rafael Caldera. El pacto establece un supuesto compromiso de civi­li­zar las relaciones partidistas, la defensa de la constitucionalidad y el derecho a gobernar de acuerdo con el resultado electoral; gobierno de unidad nacional, no de hegemonía partidista y presentación de un programa mínimo común. Lo suscribieron Rómulo Betancourt, Raúl Leo­ni y Gonzalo Barrios por AD; Jóvito Villalba, Ignacio Arcaya y Manuel López por URD; y Rafael Caldera, Pedro del Corral y Lorenzo Fernández por Copei. Se reco­no­cía así la preferencia popular por el Partido Comunista, y en un pacto a espaldas del pueblo y sin precedentes en el país, se sellaban las bases de la cultura del Fraude Electoral, de la farsa democrática, y de la dominación nacional auspiciada desde los Estados Unidos.

El 14 de noviembre de 1958 Wolfang Larrazábal renunciaba a la presidencia de la Junta para aceptar la candi­da­tura electoral que ya le había sido ofrecida por el PCV, y la cual había sido suscrita también por URD, que a pesar de ser firmante del Pacto de Punto Fijo se jugaba sus cartas a ganador. Los otros dos candidatos son Rómulo Betancourt por AD, y Rafael Caldera por Copei. En la víspera del día de las elecciones, los tres candidatos por exigencia del Pacto de Punto Fijo suscribieron un "Programa Mínimo de Go­bierno". Todos los venezolanos daban como seguro ganador a Larrazábal, sin embargo las elecciones del 7 de diciembre dan el siguiente resultado: Betancourt 1.284.092 votos, Larrazábal 903.479, y Caldera 423.262. El pacto que pondría freno a los comunistas daba sus primeros frutos.

Betancourt toma posesión el 13 de febrero de 1959 e integra un gabinete de coalición (según lo acordado en el Pacto de Punto Fijo), con tres ministros de URD: Ignacio Arcaya en Relaciones Exteriores, Ma­nuel López en Comunicaciones y Luis Hernández Solís en Trabajo, dos de Copei: Lo­renzo Fernández en Fomento y Víctor Giménez en Agricultura y Cría, dos de AD: Luis Augusto Dubuc en Relaciones Interiores y Juan Pablo Pérez Alfonzo en Minas, así como a sus cinco supuestos independientes de AD: Rafael Pizani en Educación, Santiago Her­nández Ron en Obras Públicas, José Antonio Mayobre en Hacienda, Arnoldo Gabaldón en Sanidad y Asistencia Social y Andrés Aguilar en Justicia.

Debemos reseñar aquí el hecho de que quien es reconocido como uno de los principales redactores del Estatuto Electoral para esas elecciones, el independiente por AD: el Dr. Rafael Pizani, fue incorporado como Ministro de Educación. A principios de mayo de 1962 tras una fracasada asonada militar contra Betancourt, este aprovecha de inmediato por medio del decreto 752 para ilegalizar por una vez más al Partido Comunista de Venezuela.

De aquí en adelante, se instaura la costumbre del Fraude Electoral negociado siempre entre los dos partidos que se repartieron la hegemonía del poder (AD y Copei), la cultura popular se refiere desde hace más de 40 años a la acostumbrada práctica del conocido método de "Acta Mata Voto", el cual se adueñó del acervo cultural de la militancia adeco-copeyana, cuyos partidos construyeron toda una maquinaria del fraude, utilizando una descarada compra de votos durante los meses de la campaña electoral, conformando equipos de movilización de masas el día de las elecciones para reducir la alta abstención que poco a poco se fue apoderando de la conciencia colectiva, repartiéndose los miembros de las mesas electorales entre ellos mismos, aplicando tácticas para no acreditar testigos electorales de los otros partidos políticos. No bastando con esto, en la fase final del proceso electoral, en el conteo de votos manual se repartían entre los miembros de mesa presentes los votos de los grupos minoritarios representantes en las mesas, y más adelante implementaron otros mecanismos como la adulteración de las actas en los propios centros de totalización.

Estas conductas malsanas crearon fuertes mafias en torno a los procesos electorales, que poco a poco fueron apoderándose de los organismos electorales, y de todo tipo de órganos para el fraude, como las imprentas de boletas electorales para la adulteración del voto, y posteriormente contando con la data de las personas abstencionistas y de las fallecidas no excluidas del registro electoral, comenzaron a apoderarse de a poco hasta de las máquinas de cedulación del organismo de identificación, de tal manera que a sus militantes más comprometidos los pudieran hacer votar tantas veces como quisieran.

En la actualidad estas actitudes fraudulentas continúan persistiendo.

Con el actual sistema electoral automatizado, varias de estas prácticas de fraude han sido eliminadas, sin embargo persisten todavía algunas de esas conductas mafiosas, por ello la oposición insiste por todos los medios en desacreditar primero el sistema automatizado, y segundo en la eliminación de las máquinas captahuellas, que hasta el momento es el único método tecnológico que nos puede asegurar que por cada elector exista únicamente un voto.

Como lo dije al principio de esta denuncia, los hechos de Fraude Electoral se continúan perpetrando en las elecciones venezolanas durante la Quinta República. De ello soy testigo presencial de la aplicación de varios de esos mecanismos fraudulentos por parte de la oposición en los procesos electorales actuales, tal como lo denunciamos en su oportunidad luego de participar como miembros de mesa en el proceso del referéndum presidencial, hechos que volvimos a expresar en las pasadas elecciones parlamentarias ante el Consejo Nacional Electoral, y que aun no han sido establecidos los controles necesarios.

En primer lugar el hecho de la necesidad del uso de las máquinas capta huellas, debido a la existencia aun de personas con varias cédulas de identidad, cuando en esa oportunidad estuve como miembro de mesa en la California Sur, recuerdo a un joven que estaba ejerciendo el voto por segunda vez, le solicité a la muchacha que estaba recibiendo las cédulas en ese momento la verificación de sus datos, la cédula aunque vieja y deteriorada coincidía con los datos del cuaderno electoral, así como su foto, no había ningún elemento legal para impedirle que volviera a votar, el colmo fue como en esa misma tarde el mismo joven se presentó a votar por tercera vez con una franela con la misma marca americana en el frente pero de otro color, nuevamente verificamos todo al detalle y tampoco habían elementos con los que se pudiera demostrar el ilícito electoral. Por qué la empresa encargada de proveer los operadores de las captahuellas en la casi la totalidad de esos centros electorales de mayoritaria población opositora nunca los llevó para esos sitios?

En otro momento, una muchacha que llevaba el control del cuaderno electoral me preguntó que si en determinada columna el número que aparecía era la edad del elector, al asentirle que así era me dijo que entonces la persona que acaba de votar no podía tener 56 años de edad, lo cual le confirmé ya que era un muchacho que no llegaba a los 35 años, pero era demasiado tarde, ya que este se había retirado del recinto de votación.

Otro de los procedimientos que observé, en la otra mesa presidida por una opositora y conformada en su mayoría por miembros de la oposición tenían un cuaderno adicional, en el cual anotaban a una gran cantidad de electores que no aparecían en los cuadernos impresos, incluso tenían un operativo donde un mismo grupo de personas buscaban enfermos en las clínicas y los llevaban a esa mesa para luego accionar por ellos la máquina de votación, con lo cual varias veces le reclamamos a la Guardia Nacional la violación de la normativa electoral que impide que una misma persona ayude a votar a más de tres electores, y esto continuaba repitiéndose constantemente. Incluso en varias oportunidades comentamos con los miembros de oposición de nuestra mesa, la actitud inhumana de trasladar a enfermos de gravedad a votar, incluso algunas veces tuvimos que ayudar entre varios de nosotros a movilizar a ancianos que eran trasladados con sus equipos de oxígeno y máquinas de transporte imposibilitados de movilizarse por sí mismos, en una actitud criminal con sus propios familiares.

Hubo casos en que hasta permitimos que por un enfermo, su familiar expresara nuevamente su intención de voto, ya que el enfermo demostraba no saber ni siquiera donde estaba parado, y mucho menos que hacía allí por su avanzado estado de deterioro mental. 

Se presentaron también dos hechos que hoy nos resultan cómicos, en la mesa costalada por la oposición, una electora de cierta avanzada edad luego de culminar su selección en la máquina de votación, toma el comprobante impreso y grita varias veces Fraude!, Fraude!, esto no es lo que yo voté, y de inmediato se comió el papelito del comprobante impreso. Esa actitud creó un ambiente de mayor conflictividad en la masa electoral mayoritariamente opositora que confluye a ese centro de votación. A los pocos minutos en nuestra mesa otra señora repite la misma escena luego de salir de la máquina de votación rompiendo en pedacitos el papelito del comprobante de votación, y gritando Fraude!, Fraude!, lo más sorprendente fue que uno de los miembros de mesa de oposición le dijo al guardia nacional que desalojara a esa persona, ya que el la había visto desde hace rato conversando con la misma señora que hacía unos momentos había realizado la misma farsa, buscando crear el caos con intenciones de sabotear la normal realización del proceso electoral.

También debo de mencionar, que la oposición tenía muy hábilmente montado todo un operativo mediante el cual, aprovechándose de algunas credenciales supuestamente emitidas por el Consejo Nacional Electoral, lograban hacer pasar a sus conocidos casi sin hacer colas, la estrategia utilizada fue de primero ganarse la confianza del público al presentarse colaborando con mantener el orden de las colas, otorgándole preferencias a mujeres embarazadas, ancianos, personas discapacitadas, y enfermos. Pero luego se convirtieron en el brazo ejecutor de los operativos que constantemente pasaban enfermos y personas que no aparecían en los listados de electores a la mesa controlada por la oposición. Y de esta misma forma debieron haber facilitado el paso las veces que el elector que mencioné logró votar 3 veces en mi mesa, hecho que por las interminables colas que se presentaron por vez primera en ese referéndum presidencial hubiera sido imposible que alguien entrara al centro electoral más de una vez, por cierto que yo estaba incorporado como miembro de la mesa sólo durante su primer ejercicio del voto durante la mañana, en las otras dos oportunidades me encontraba descansando de la actividad de la mesa y apoyando dentro del centro electoral al resto de los compañeros.

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