|
| |
-
Roberto Hernández Montoya
-
¡Qué bruta es la gente
de talento!
|
|
Se ha
hablado infinitamente del seso de parte de nuestras clases media y alta.
Sería imbécil añadir nada. Un artículo de Aporrea lo mostró
suficientemente
el martes 13 próximo pasado.
La parte opositora de ellas ha mostrado una cortedad creciente que
últimamente se muestra en hechos risibles como el occipucio de Enrique
Capriles.
-
Fuente:
RNV, 26/06/2006
-
Insertado, 28/06/2006
|
|
Se ha hablado infinitamente del
seso de parte de nuestras clases media y alta. Sería imbécil añadir nada.
Un artículo de Aporrea lo mostró suficientemente
el martes 13 próximo pasado. La parte opositora de ellas ha mostrado
una cortedad creciente que últimamente se muestra en hechos risibles como
el occipucio de Enrique Capriles.
De penosa esta condición se vuelve calamitosa cuando se complementa con
arrogancia. Descalifican a los pobres con un desplante patético ignorante
de la inteligencia que impone la supervivencia en la pobreza. No sé qué
decirles.
—Si usted tiene que preguntar cuánto cuesta un Maserati, es porque no
puede comprar un Maserati.
¿Cómo le explica uno a Capriles que afeitarse el cogote no le va a servir?
¿Siete años de derrotas no bastan? ¿Qué se hizo la multitud opositora de
abril de 2002? ¿Por qué se ha reducido a “cuatro pelagatos”? ¿Qué se hizo
el 40% que votó “sí” en el Referendo de 2004? Esta dirigencia no
solo es escasona sino que no le importa el ridículo.
Se debe a la educación y la televisión privadas, aparte de la
sobreprotección familiar. Esa educación convence a esta gente de que todo
lo que hace está ungido por una ciencia más sagrada que crítica porque es
de clase y la mantiene en la más inexcusable ignorancia política. Ciencia
que no es crítica no es ciencia y mucho menos conciencia. Por eso aplauden
entusiastas el Decreto Inmarcesible de Carmona y ahora dicen que no lo
firmaron, que es un adefesio, que fueron a Miraflores a sermonear a
Carmona, que no estuvieron allí, etc. El 12 y el 13 de abril dieron
burundanga en Miraflores, porque nadie se acuerda de lo que hizo ni de que
estuvo allí.
¿Tendré que explicar el promedio intelectual de la televisión privada no
solo venezolana sino mundial? Esta gente dejó que la televisión le
inventara una dirigencia y una versión de la realidad, tan imbécil como la
guerra de los sexos. La televisión no da para más. Y termina aparejando
también el enternecedor nivel intelectual de ese colectivo como un todo.
Por eso tantos inteligentes terminan aplaudiendo eso que aplauden.
—Usted es un tonto. No sé si me explico —dijo una vez Voltaire. |
| |
|