Socialismo 7
martedì, 21 ottobre 2008 01:22:14
Edito por Asociación Civil "LPG"
Responsable: Attilio Folliero

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Derrumbe del Socialismo Real (parte 2/8)

AUN  DESPUES DEL CATACLISMO: La revolución Cubana siguió altivamente en pie (7 de 8) 

Por Narciso Isa Conde

Después del derrumbe la revolución cubana ha vivido el período más crucial de su historia.

Nunca antes se combinaron tantos factores adversos.

El criminal bloqueo económico de los EE.UU. no sólo no cesó, sino que se intensificó a pesar de que, en los hechos, pueblos y naciones latinoamericanas le han abierto brechas al cerco político y económico inicial, por encima de los dictados de Washington.

De la Enmienda Mack al Acta de Exportación y a la Ley Torricelli, se afectó en un 16% más el comercio de Cuba con el exterior, porque esa ley implica drásticas sanciones a las empresas subsidiarias, a las empresas de terceros países y a las navieras que toquen puertos cubanos.

Al derrumbe de los modelos estatistas burocratizados del Este europeo le siguió la quiebra del modelo soviético.

Estos factores, operando en forma simultánea, debilitaron extraordinariamente las relaciones económicas de Cuba con el mundo, agravaron los problemas de suministro y obligaron a un período con mucho más restricciones de todos los órdenes.

A esa situación, el gobierno revolucionario cubano le respondió con las medidas correspondientes a ese período especial en tiempos de paz y con otras transformaciones económicas y políticas.

Los efectos de esas medidas, aunque ha resultado positivo dentro de una política para sobrevivir dentro de una relación bastante equitativa para una gran parte de la población, resultaron limitadas para contrarrestar el impacto negativo de los cambios mundiales y del bloqueo reforzado por los Estados Unidos a través de la ley Torricelli.

Algunas de ellas, además (como la expansión del turismo y de las áreas dólar de los servicios), están acompañadas de un costo social y político no despreciable, aunque conscientemente asumido.

Por otra parte, el burocratismo, la corrupción burocrática, las limitadas áreas de privilegios, la economía subterránea, la negligencia e ineficiencia en la gestión estatal, la superposición entre la gestión del partido y del Estado, el abultamiento de las nóminas en áreas no productivas, el paternalismo estatal... sin llegar a las magnitudes de Europa del Este y de la URSS, habían alcanzado en Cuba niveles significativos y echaron raíces difíciles de erradicar dentro de un modelo marcadamente estatista que, por suerte, dada la alta sensibilidad social de sus dirigentes, ha tenido la virtud de superar con creces el papel distribuidor de riquezas e ingresos ejercido por otros parecidos, y permitió alcanzar conquistas sociales realmente trascendentales e impresionantes.

Las dificultades para superar los fuertes componentes de estatismo burocrático presente en la realidad cubana han determinado su coexistencia con el área dólar de la economía, creando una dualidad generadora de nuevas distorsiones que de ninguna manera le restan valor al ya exitoso esfuerzo para sobrevivir convertido en otra hazaña de la única revolución de orientación socialista que perdura en el hemisferio occidental.

Ese gran éxito en materia de resistencia, sin embargo, no anula los efectos negativos que todavía perduran como resultado de la continuidad de una parte de las estructuras estatistas, en cierta medida burocratizadas, y de las concepciones y formas de gestión económica y política copiadas del modelo soviético e insertadas en un proceso que, pese a haber defendido intensamente su originalidad, fue parcialmente afectado por su articulación económica dependiente y por el peso material e ideológico de la URSS antes de que esa gran potencia exhibiera su profunda crisis.

Si algo hay que reflexionar sobre los dramáticos acontecimientos este-europeos en Cuba es la necesidad de analizarlos a profundidad y explicar las causas de esa crisis estructural y del derrumbe efectuado en la URSS, extrayendo las lecciones que se derivan para Cuba revolucionaria. En esto ha habido mucha tardanza

En el caso cubano y en el de los demás procesos de tránsito al socialismo resulta imprescindible superar todo lo semejante a esos modelos fracasados que influyeron en sus crisis, con claras conciencia de que fueron y son, en comparación con un auténtico desarrollo socialista, valores antisocialistas, deformaciones del proyecto original.

Tan trascendental reflexión y los correctivos que de ella pueden derivarse naturalmente deberán tomar en cuenta las peculiaridades del proceso cubano, su proximidad a Estados Unidos, las características de su exilio contrarrevolucionario, la fase de sobrevivencia que le imponen los cambios mundiales y la necesidad de mantener la unidad de acción de su pueblo.

Esto implica asimilar también la lección soviética en cuanto a la errática conducción y evidente traición de Gorbachov en los momentos en que la necesidad de la renovación y de la democratización tocaron las puertas de la URSS y sobre todo en cuanto al proceso degenerativo que sufrió la Perestroika, dando paso a una tortuosa liberalización pro-capitalista y a una vergonzosa subordinación a EE.UU. y a las demás potencias imperialistas.

Si arriesgado es mantener indefinidamente las estructuras que fueron trasplantadas del modelo soviético, más lo sería aún copiar la Perestroika y acceder a un proceso de liberalización como el que demandan Estados Unidos, el exilio contrarrevolucionario y las derechas latinoamericana, caribeña y mundial. Esto último equivaldría a la muerte de la revolución cubana.

En el caso cubano,  volver a América Latina y el Caribe no debe entenderse como reproducir el sistema político y las estructuras sociales capitalistas que predominan en nuestros países, estremecidos por la peor crisis de sus historias, sino recuperar toda la originalidad de la revolución y ponerla en dirección al proceso de conformación de la gran patria bolivariana dentro de una clara y renovada orientación socialista que no puede ser, y sin que con ello se dejen pendientes viejos riesgos, la eternización de un estatismo burocrático reñido con la esencia del socialismo.

Los cambios que, al entender de muchos revolucionarios socialistas, Cuba necesita, no tienen nada que ver con las reformas capitalistas ni con una liberalización política de tipo capitalista. Si con la socialización de lo estatal, con la autogestión y co-gestión democráticas, si con la democracia participativa e integral

Cuba necesita firmeza en el camino socialista y voluntad de resistir las nuevas presiones y las dificultades que plantea la adversa correlación de fuerzas a escala mundial; necesita ingenio y flexibilidad para buscar alternativas en materia de rearticulación internacional y para derrotar el bloqueo. Y esto evidentemente le sobra.

Cuba necesita identificar a mayor profundidad todo lo negativo trasplantado del modelo burocrático soviético y asumir su superación progresiva con la voluntad política que debe derivarse de entenderlo como fuente de problemas internos, potenciados por la escasez y las enormes dificultades provocadas por las adversidades externas.

Eso implica profundizar el proceso de rectificación e impulsar el esfuerzo hacia un modelo de tránsito al socialismo netamente cubano y esencialmente capaz -aún dentro de la apertura y la inversión extranjera y ciertas formas de propiedad mixta, privada e individual- de garantizar el predominio de la propiedad social y de la propiedad pública socialmente controlada y democráticamente gestionada, así como un proceso de mayor socialización del poder y participación popular.

Cuba necesita mantenerse vigilante para evitar que los cambios necesarios dentro de un espíritu de superación firmemente antiimperialista y socialista, no sean desviados por tortuosos senderos transitados por la fracasada Perestroika soviética. Esto obliga a actuar con prudencia y precisión, y mantener la firmeza que en ese orden le ha caracterizado.

Cuba necesita diversificar más las formas de propiedad y de distribución, crear mercados donde ellos concurran, cambiar las formas de gestión en sectores estatales, convertir en social parte de la propiedad pública, liberar en mayor escala las fuerzas productivas dentro de una orientación predominantemente socialista.

Cuba necesita ampliar y profundizar progresivamente la participación popular dentro de una institucionalidad democrática que norme papeles diferenciados del partido, del Estado y de las organizaciones sociales, que garantice la estabilidad posterior a la vigencia del liderazgo histórico sobre bases democrático-participativas.

Esto último guarda una estrecha relación con la necesidad de convertir en criterio colectivo la validez del régimen de excepción dentro de la condición de fortaleza sitiada, procurando que las restricciones imprescindibles  en materia de libertades ciudadanas sean consideradas temporales y no inmutables.

Cuba necesita, además, de una gran solidaridad revolucionaria, antiimperialista, caribeña, latinoamericana, tercermundista y mundial que defienda sus logros, que contrarreste la primera fase de  guerra sin balas  desatada por Estados Unidos, que frustre los planes de agresión armada (con disposición a pelear en su defensa), que la auxilie desde el punto de vista material, que derrote definitivamente el bloqueo, que la defienda como patrimonio del proceso liberador de los pueblos oprimidos y la aliente a superar las limitaciones y las deformaciones acumuladas en su accidentado y difícil tránsito revolucionario. Ese aporte todavía es muy insuficiente de nuestra parte.

Los fundamentos de esa solidaridad están dados en las grandes contribuciones de Cuba a la nueva independencia latinoamericana, caribeña y africana. En esa dirección es significativo como Latinoamérica y el Caribe rechazan con palabras y con hechos el bloqueo económico y el hostigamiento político, valorando a Cuba Revolucionaria como un símbolo de la nueva independencia y como muchos pueblos de África sienten como suya esta revolución caribeña.

Combinando todo esto, la revolución cubana puede vencer las adversidades de esta fase crucial, perdurar y avanzar. Mas aun cuando su heroica resistencia le ha permitido empalmar con la nueva ola de cambios continentales, con la revolución venezolana y su planteo de nuevo socialismo y con los demás procesos antiimperialistas de la región.

No es cierto, como dicen enemigos y renegados, que la revolución cubana está fatal e inminentemente condenada a sucumbir. Ella no solo sobrevivió a los peores momentos, sino que ahora tiene mayores posibilidades de crecer y renovarse.

Si a su heroica resistencia se le agrega cada vez más capacidad de innovación, su continuidad será constantemente reafirmada y renovada.

Septiembre 2007, Santo Domingo, RD.

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