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Fuente:
http://www.clavedigital.com/Reporte/Reporte.asp La Patria
Grande que soñó Bolívar ha recuperado pertinencia y posibilidades en el
ideario y las luchas que actualmente se libran desde el Sur de Rio Bravo
hasta Tierra de Fuego.
Nuestra América mestiza, indígena, negra, mulata ha vuelto a decir
basta y ha comenzado, nueva vez, a hacer camino el andar.
Una dominación insoportable
El capitalismo, el imperialismo, en su trágica y opresiva trayectoria
sobre América Latina y el Caribe, acentuada ahora con su persistente y
destructiva dinámica neoliberal, ha empobrecido de tal forma los seres
humanos y la naturaleza de nuestro continente, ha envenenado en tal nivel
su medio ambiente, ha negado y atropellado en tal dimensión su diversidad
nacional y su autodeterminación, ha potenciado de tal manera la
discriminación racial, la exclusión de los pueblos originarios el
desprecio hacia la juventud y la opresión de género…que ha llevado a
nuestras sociedades a situaciones realmente insoportables.
El gobierno estadounidense, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el
Banco Mundial (BM), la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID), imponen ajustes, privatizaciones,
políticas impositivas y Tratados de Libre Comercio que agravan día a día
esa dramática realidad, incrementando la inseguridad alimentaría, el
despojo de muchas riquezas y el saqueo de valiosos recursos naturales.
El pago forzado de una deuda externa contraída para compensar los
injustos desequilibrios comerciales que provoca la dependencia impuesta,
sumado a las enormes desigualdades en el acceso a la propiedad y al
ingreso, ahogan toda posibilidad de desarrollo y bienestar social.
Las democracias representativas controladas por el partidismo
tradicional, después de reemplazar dictaduras militares y tiranías
oprobiosas impuestas por E.E.U.U., han sido secuestradas, corrompidas y
pervertidas hasta ofender la inteligencia colectiva y generar, no solo
grandes insatisfacciones y profundas desconfianzas, sino también
contundentes rechazos.
En verdad, Nuestra América no puede seguir siendo propiedad del imperio
estadounidense, las corporaciones transnacionales, las oligarquías locales
y las partidocracias corrompidas a su servicio, sin serios riesgos de
perecer.
Pero nada de esto, sin embargo, mueve a la reflexión a lo
recolonizadores de hoy, sino que por el contrario, los motiva a endurecer
su cuestionados mecanismos de dominación en medio de una amplia y
multifasética resistencia continental.
Y así, desde lo más profundo del alma de las sociedades
latinoamericanas y caribeñas, brota el anhelo de cambio, al tiempo
que su ejemplar resistencia se transforma progresivamente en esperanzadora
ofensiva transformadora.
Cada día es más evidente que nuestros pueblos no quieren seguir
viviendo como se lo han impuesto. Anhelan, por el contrario, democracia
verdadera, justicia, equidad social, autodeterminación, independencia real
y vida digna.
En todos los escenarios de lucha se expresa el clamor por esas
demandas: en los combates sociales, en las luchas extra-institucionales,
en las insurgencias armadas y en las competencias electorales. Y en ellos
el imperialismo estadounidense y las derechas están recibiendo reveses y
derrotas de diferentes signos, profundidad y alcance.
Las crisis de gobernabilidad son sumamente frecuentes en una parte de
nuestros países y los grandes paros con movilizaciones tumban presidentes
y cambian gobiernos.
Las derechas pierden elecciones frente a las izquierdas y
centroizquierdas.
La voluntad de cambios empuja las compuertas que los impiden, agrietan
murallas y perforan los diques de contención establecidos. La era
neoliberal del capitalismo está siendo impugnada desde las bases de
nuestras sociedades saturadas de injusticias y sufrimientos.
En ese contexto EEUU intenta compensar sus debilidades políticas, su
pérdida controles políticos y económicos, con el sobredimencionamiento del
uso de la fuerza militar.
A eso responden la reestructuración y expansión de sus bases militares
en el Caribe, Centroamérica y Suramérica, la intervención militar en
Haití, la presencia de tropas, campos de entrenamientos y acuerdos
militares en República Dominicana, las operaciones "Nuevo Horizontes”, las
maniobras-ensayos tipo “Confraternidad de las Americas” y los
constantes ejercicios navales en el Caribe y el Pacífico.
En este orden el Caribe está siento rediseñado como retaguardia
militar estratégica, como frontera imperial sub-regional, lo que
explica tanto el reforzamiento de la recolonización económica como el
incremento de la presencia militar yanqui.
En el centro de esta determinación imperialista está el debilitamiento
creciente de sus resortes de dominación política y económica en la región,
junto a su enorme carencia y avidez de petróleo, gas, carbón, agua,
minerales estratégicos y biodiversidad conservada. El mapa político ha
cambiado en forma desfavorable a los intereses de Washington.
Las victorias contra las políticas neoliberales, la corrupción y la
prolongada dominación de los partido tradicionales se suceden una tras
otra.
La revolución cubana sobrevive y crece exhibiendo un despliegue de
dignidad.
La revolución bolivariana de Venezuela le devuelve actualidad a las
transformaciones antiimperialistas y anticapitalistas, y al debate sobre
el socialismo.
La victoria de Evo Morales en Bolivia y la reciente nacionalización de
los hidrocarburos en ese país, son victorias populares y patrióticas
transcendentes.
Las políticas progresistas de esos gobiernos y las coincidencias
parciales con otros, le han dado aliento al proyecto de la Alternativa
Bolivariana para las Américas (ALBA), han bloqueado le ALCA, han ampliado
la resistencia a los TLC, han abierto caminos a Petrocaribe y a
Petroamérica y han creado un clima mas propicio para la cooperación y al
autodeterminación en al región.
Solo un rotundo fracaso le espera a los que intenten impedir con el uso
de la fuerza militar esa oleada de luchas y cambios. No hay razón alguna
para pensar que le pueda ir mejor que en Irak.
Desde los pueblos, desde estas luchas, América Latina y el Caribe están
construyendo su propia agenda alternativa:
- Democracia verdadera: participativa, económica, política, social,
cultural, de género; con procesos constituyentes y nuevas
constituciones que respondan a ese propósito.
- Soberanía política, económica y militar de todos lo países.
- Seguridad alimentaría
- Condonación de la deuda externa y reclamo de la deuda social a las
potencias coloniales y neo-coloniales.
- Autodeterminación de las naciones, etnias y pueblos originarios.
- Ambiente sano.
- Recuperación de todas las riquezas naturales, reservas
científicas, históricas y culturales.
- Región libre de bases militares, maniobras y ensayos
imperialistas.
- Independencia de Puerto Rico y de todas colonias de la región.
- Cese del bloqueo a Cuba.
Y en esa agenda no puede faltar la respuesta a la realidad de
abusos, discriminaciones, exclusiones y violaciones de derechos humanos
esenciales que afecta a los (as) inmigrantes de nuestra América y del
tercer mundo en los EEUU.
En días recientes todos (as) los (as) inmigrantes, especialmente lo
indocumentados (as), han escrito con letra de oro sus justos reclamos a
todo lo largo y ancho de los Estados Unidos de América.
También es preciso incluir en esa agenda la necesidad de una nueva
Organización de Estados Latinoamericanos y Caribeño, que incluya a la
hermana República de Cuba, y se libere de los condicionantes que le
imponen el panamericanismo que le dio origen y la presencia de EEUU actual
en la OEA, con su empecinada actitud hegemónica.
Un viraje esperanzador.
En verdad las espadas de los próceres de nuestra primera independencia
se levantan de sus tumbas desafiando la traición historia y el nuevo
dominio imperialista.
Las luchas sociales y políticas no solo asumen formas nuevas y
dimensiones formidables, sino que además se tornan recurrentes y
prácticamente inderrotables, al tiempo de adoptar impresionantes niveles
de politización.
Los pueblos originarios se transforman en sujetos políticos de las
nuevas transformaciones.
Las rebeliones militares vuelven a escena, legitimando liderazgo más
allá de sus aparentes reveses.
Las insurgencias civiles, protagonizadas por viejo y nuevos movimientos
políticos militares, solo retroceden cuando sus conductores deciden
desmovilizarse. Armas en manos, crecen, se expanden a nuevos escenarios
armados y se legitiman como componentes relevantes de las alternativas
populares. Casos como el de las FARC-EP de Colombia y el EZLN de México lo
demuestran inequívocamente.
El rótulo de la izquierda, aun colocado sobre fuerzas que no lo
son, como el rótulo socialista, vuelve a ser carta de prestigio y
popularidad, incluso en comprometidos escenarios electorales.
Los avances se registran en diversas vertientes a escala nacional y a
escala continental
Desniveles en el viraje
El proceso en marcha es esencialmente positivo y alentador. Tiene el
poder de estimular nuevos cambios y recuperar la confianza, más allá de
sus límites actuales.
La revolución cubana, repetimos, ha sobrevivido contra todos los
vaticinios de derrota y los pérfidos planes imperiales. EEUU y sus
halcones no han podido vencer el poder de su dignidad.
En Venezuela esta en marcha un proceso hacia la revolución que relanza
las fuerzas transformadoras a escala continental, recuperan la confianza
en la posibilidad de los cambios a contracorriente del declinante
imperialismo estadounidense.
La heroica insurgencia colombiana crece y derrota los planes
contrarrevolucionarios al compás del avance de las luchas civiles y de la
crisis del Estado facistoide y del modelo neoliberal vigente en ese país
Esos procesos de punta exhiben dentro de la nueva oleada bolivariana,
sus originales formas de acumulación de fuerzas políticas, sociales,
culturales y militares
La situación de Bolivia es en cierta medida intermedia, con límites y
frenos por la naturaleza del las fuerzas hegemónicas a nivel
gubernamental, pero con una base popular e indígena que protagonizó la
derrota política de la oligarquía y del partidismo tradicional en el marco
de una persistente lucha por cambios realmente revolucionarios. Esto
explica el paso hacia la nacionalización de los hidrocarburos y las minas,
a pesar de las vacilaciones iniciales y a pesar de ciertas maniobra
mediatizadotas todavía posibles.
Lo casos de Brasil y Uruguay son muy diferentes a los de Cuba,
Venezuela y Bolivia. Aun con tiempos y dinámicas diferentes, en esto dos
países, se ha expresado la contradicción entre la intención transformadora
del voto a favor de Lula y del PT, y del Frente Amplio y Tabaré Vázquez, y
la actitud en favor de la continuidad neoliberal y de la alianza con EU de
ambos gobiernos.
En Brasil esa contradicción ya ha generado desgarraduras, rupturas y
reagrupamientos de las fuerzas mas avanzadas del PT, en detrimento de Lula
y el grupo hegemónico.
Esto, claro está, en lo dos casos no está libre de dualidades que
incluyen algunas políticas progresistas combinadas con un curso
esencialmente conservador y defraudante; sin negar sus aportes a la
obstrucción del Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), aunque no
claramente en beneficio del la Alternativa Bolivariana para las Américas
(ALBA).
En México acontece algo similar con la candidatura de López Obrador del
PRD: anhelo de cambios desde abajo, condena al partidismo tradicional y
altamente corrompido, presencia de corrientes y movimientos anti-neoliberales
no hegemónicas y compromisos conservadores por arriba.
Pero en México, a diferencia de Uruguay y Brasil, las fuerzas
anticapitalistas y anti-neoliberales, representada por la “otra campaña y
el liderazgo del sub-comandante Marcos, están en ascenso, potenciando la
rebeldía estratégica.
En Perú, el gran respaldo recibido por la candidatura de Ollanta Humala
(con su discurso nacionalista anti-neoliberal) -mas allá de su conversión
o no en gobierno- expresa una fuerte reacción popular contra el partidismo
tradicional y contra las imposiciones de Washington y el dominio
oligárquico, esta vez canalizado en el sentido alternativo.
Ecuador ha vivido procesos similares inconclusos, escenificándose una
gran combatividad indígena y popular, e incluso reacciones militares
progresistas. Allí los sujetos sociales del cambio tienen una fuerte
expresión extra-institucional, sin llegar todavía a afectar sensiblemente
al control de la clase dominante y sus instituciones.
Traiciones como la que protagonizó Lucio Gutiérrez y repliegues hacia
la derecha como el que encarnó el Presidente Palacios, le han posibilitado
tanto a la oligarquía como el imperialismo estadounidense reciclar su
poder en medio de una prolongada inestabilidad y de sucesivas crisis de
gobernabilidad. De todas maneras Ecuador sigue en trance de cambios
significativos.
Otra cosa es lo que ha acontecido en Argentina y más recientemente en
Chile.
En Argentina los efectos devastadores del neoliberalismo, el alto grado
de ingobernabilidad heredado de las nefastas administraciones de Menem, ha
obligado a una recomposición del poder y un reordenamiento de las
políticas dominantes a cargo de Néstor Kirchner.
Sin revertir las privatizaciones, ni pagar mínimamente la enorme deuda
social contraída con el pueblo argentino, esa facción de la gran burguesía
y de la “clase” política ha hecho un despliegue de inteligencia para
activar la extraordinaria capacidad exportadora y reactivar áreas
importantes del capitalismo argentino.
Y esto además de generar ciertas contradicciones con el capital
trasnacional norteamericano, obliga a ejecutar una política exterior menos
sumisa. Igualmente, las heridas políticas ocasionadas a la sociedad y el
gran desprestigio de lo estilos y formas de gobiernos anteriores, han
forzado a renovar expresiones populistas (muy arraigadas en lo tradición
peronista) sin vulnerar la esencia del modelos neoliberal entronizado.
EL gobierno Argentino, sin hacer lo que hacen los gobiernos de Cuba y
Venezuela, ni siquiera lo que intenta el de Bolivia, se prestigia con esas
relaciones, con sus posturas de independencia frente al ALCA y su defensa
del Mercosur. Comparado con la adyección de Menem, quien proclamó a la
Argentina como “aliado carnal” de EEUU y de sus halcones, lo efectos
internos y externo de esa actitud tienden a ser sobrevaluados.
En Chile hace tiempo que el Partido Socialista dejó de ser socialista y
dejó de ser de izquierda. Con la Concertación Democrática y el Presidente
Lagos se le dio continuidad al modelo neoliberal sin el burdo ropaje
pinochetista.
Con la Bachelet la envoltura se torna más atractiva, a partir de la
expresión de tendencias a favor de políticas sociales de mayor alcance, o
posicionamientos más firmes frente la impunidad y más flexibles en
política exterior.
Esto ha permitido -en un periodo en el que, como ya señalamos,
proclamarse de izquierda o socialista genera prestigio- sobrevaluar esa
opción y equipararlas falsamente a las más avanzadas del continente.
A esto no escapa el interés de los medios masivos de comunicación de
atribuirles factura de izquierda o centro izquierda a gobiernos, que si
bien no son idénticos a las opciones tradicionales de derecha, están lejos
de un programa transformador y de un posicionamiento antiimperialista. Con
ello se persigue que su posible fracaso afecte a las izquierdas.
Obsérvese que Condolezza Rice, al arremeter contra Chávez y la
revolución bolivariana, al presentar a Evo y Ollanta Humala como sus
instrumentos, se empeña en aclarar que lo hace no porque se trate de
fuerzas de izquierda sino por su actitud irresponsable. El sistema de
dominación tolera a la “izquierda” que ha dejado de ser tal y se permite
llamar irresponsables a los que realmente actúan como izquierda.
Sobre el Caribe, utilizado como escenario de importantes reservas,
maniobras y ensayos militares, el imperialismo estadounidense, altamente
pentagonizado, ejerce una especial presión.
Pero aun en esta zona, más vulnerable por sus características y menos
influida por la ola de cambios, los halcones no tienen todo a su favor.
En El Salvador el FMLN esta situado en posiciones próximas a ser
gobierno, amén de encabezar las crecientes resistencias al TLC y las
luchas sociales espoleadas por la crisis del neoliberalismo.
En Nicaragua el FSLN vuelve a tener la prioridad de ser gobierno.
En Puerto Rico tiene lugar un auge extraordinario de la conciencia
antiimperialista, junto a una especie de quiebra económica del gobierno
colonial.
En Haití la ocupación militar estadounidense, con acompañamiento de
tropas enviadas por Francia, Canadá, Brasil, Chile, Argentina, Uruguay y
otros países, impide la autodeterminación de ese pueblo, a pesar de que el
sentido de la votación popular reciente apunta en dirección contraria al
interés de los halcones de Washington; lo que augura nuevas tensiones y
eventuales confrontaciones mas allá de la actitud timorata del gobierno de
Preval.
En República Dominicana la calma política es solo aparente, mientras
crecen las protestas frente a la presencia militar de EU y se avecinan
fuertes tensiones sociales a consecuencia de la ejecución del TLC y del
acuerdo Stand By con el FMI.
Y en una parte importante del Caribe anglófono y francófono el imperio
pierde capacidad de dictar.
Y a todo esto se le suma las enormes movilizaciones de los inmigrantes
latinos y tercermundistas al interior de EU, la toma de conciencia de sus
derechos ante tanta discriminación, persecución y abusos. Porque parte
del Sur está en el Norte, cada vez más revuelto y más brutal, y parte de
la oleada transformadora sureña se expresa en las metrópolis del
imperialismo estadounidenses. Nuevas señales esperanzadoras
EL ARTE DE DIFERENCIAR SE TORNA Imprescindible.
El cuadro descrito, esencialmente positivo en cuanto a la
intencionalidad y el contenido de esas victorias populares contra las
políticas neoliberales, la corrupción y la prolongada dominación de los
partidos políticos tradicionales y las oligarquías aliadas a EEUU, exhibe
procesos de diferentes contenidos y distintas consistencias, lo que obliga
a establecer las diferencias debidas.
A pesar de que no pocos de esos cambios han sido canalizados hacia la
conformación de gobiernos no favorecidos por los halcones de Washington,
no todos tienen las mismas sintonías con los anhelos populares. Algunos de
ellos se encuentran todavía distantes de un anti-neoliberalismo
consecuente, llegando a ceder en diferente grado a presiones que
desnaturalizan el sentido de la decisión popular.
Los matices positivos deben tenerse en cuenta, pero no al punto de
ignorar la esencia de cada uno de esos procesos.
El sentido transformador de la oleada está en la conciencia, la
organización, las luchas, las exigencias y las rebeldías de las actores
sociales y políticos de la misma.. No necesariamente en la naturaleza de
las opciones electorales beneficiarias de esos deseos de cambio.
Los avances sustanciales, acompañados o no de logros electorales, son
las formidables luchas sociales y su alto grado de politización, la
conformación de nuevos sujetos del cambio, los procesos de
continentalización de las luchas populares, el auge del bolivarianismo de
nuevo tipo, los cambios en la correlación de fuerzas en las bases de las
sociedades, que también se reflejan en una parte de las políticas de
algunos Estados y gobiernos.
En el plano de lo estrictamente gubernamental se expresan muchos
desniveles, valoraciones equívocas y hasta falsas ilusiones. Las políticas
de Estado, incluso de Estados con posiciones revolucionarias como el
cubano y el venezolano, por conveniencias y vínculos con esos gobiernos
timoratos o ambivalentes, contribuyen también a desdibujar la realidad y a
exagerar valoraciones positivas.
Por eso hay que ver más allá de lo estrictamente electoral, de lo
exclusivamente institucional, y valorar las diferentes expresiones de
lucha y las variadas formas de acumulación, así como los grados de
afectación o no de la hegemonía neoliberal-capitalista en cada caso, los
grandes de la independencia real y antiimperialismo.
Diversos intereses confluyen en la idea de ubicar en un mismo campo
opciones diferentes y atribuirles a todas posiciones de izquierda y
propósitos alternativos, sin faltar aquellos que intentan colar dentro del
campo progresista a gobiernos absolutamente neoliberales. Es el caso de
los que presentan al gobierno dominicano presidido por Leonel Fernández
como parte de esa corriente progresista latino-caribeña, cuando en
realidad sus acciones son mas propias de un gobernador de colonia que de
un presidente de una república soberana.
Esto merece un tratamiento especial para evitar imprecisiones y
confusiones dañinas.
No es posible introducir todas estas situaciones en un mismo saco.
En Cuba y Venezuela, con sus específicas diferencias, hay procesos de
vanguardia. Ambos en fases distintas y con modelos de tránsito bastante
diferenciados, tienen precisas posiciones antiimperialistas,
anticapitalistas y prosocialistas.
Más allá de determinadas líneas de cooperación y de ciertas
coincidencias en políticas continentales y mundiales, ofende a la
inteligencia común establecer identidades de esos procesos con gobiernos
como el de Lula en Brasil, Kirchner en Argentina y Tabaré Vázquez en
Uruguay.
Menos aun debe hacerse tal comparación con el gobierno de Michelle
Bachelet en Chile, montado sobre una contrarrevolución neoliberal
asentada. Ni hablar el caso Leonel Fernández, quien ha promovido las
privatizaciones, el acuerdo Stand By con el FMI y el TLC, y aceptado las
maniobras militares estadounidenses en nuestro territorio.
Se trata de procesos muy distintos a la revolución cubana y a la
revolución bolivariana.
Incluso a los cambios que tienen lugar en Bolivia.
Distintos incluso entre sí en no pocos matices, en sus bases de
sustentación política y en los riesgos de desgaste e inestabilidad; aunque
todos ellos apegados a la lógica capitalista actual y temerosos de
definición antiimperialistas.
El caso de Bolivia, con el gobierno de Evo Morales, no es ni una ni
otra cosa, por lo menos todavía…
Su origen y su base de sustentación lo empuja al antiimperialismo y a
aproximarse a Venezuela y a Cuba en ese aspecto, sin asumir definiciones
anticapitalistas y prosocialistas. Su composición en cuanto a
administración de gobierno y a la institucionalidad caduca que le sirve de
marco, constituyen frenos para avanzar. La disputa en cuanto a destino
está en marcha, en un país donde la mística del Che tiene un impacto
especial y donde las mayoritarias comunidades indígenas tienen decisión de
poder.
En nuestra América, mas allá de lo cambios en la correlación de fuerzas
a nivel gubernamental, se percibe un extraordinario crecimiento de la
voluntad de cambios en las bases de nuestras sociedades. En ellas el
viraje a la izquierda es superior al que se da a nivel de gobiernos tanto
donde se han registrado las llamadas o reales victorias de izquierda y/o
de centro izquierda, como en donde siguen pendientes de concreción de
gobiernos progresistas y las transformaciones en materia de poder.
Eso nos remite al valor de las diferenciaciones y desigualdades para no
apoyar más allá de lo que se tienen que apoyar, para no conciliar con
repliegues, continuismos neoliberales y traiciones; para no confundir a
los pueblos que enfrentan el desafío de la conformación de poderes
alternativos, para no reducir su capacidad de presión, resistencia y su
ofensiva a favor de revoluciones antiimperialistas.
Nos remite a ponderar las contradicciones entre las políticas internas
y las políticas externas donde existen gobiernos con posturas positivas
respecto a Venezuela a Cuba, a los TLCs y al ALCA; o respecto al tema de
la “guerra antiterrorista” o a la presencia militar de EU en la región.
Realidades obligan a ese tipo de gobiernos y coyunturas específicas
determinan posibilidades de rejuegos y maniobras, no siempre a tono con
todo lo que aspiran imponer los halcones de Washington. Los costos
políticos y económicos son bien tenidos en cuenta por determinadas
fracciones de las burguesías latinoamericanos y de sus representantes
políticos a la hora de aceptar todas las imposiciones.
Y eso debe valorarse, aunque no exagerarse.
De todas maneras, lo importante es no perder la independencia en el
accionar revolucionario y popular frente a los Estados y poderes de
diferentes signos.
La táctica nunca debe suplantar la estrategia, sino sintonizarse con
ella.
Crear lo nuevo, avanzar y vencer
El propósito de crear grandes movimientos influidos por las fuerzas que
cuestionamos al sistema dominante y asumimos el proyecto anticapitalista,
es esencial para alcanzar avances duraderos, forjar poder alternativo y
llevar a cabo procesos liberadores.
Y esto tiene que ver con la conciencia, la organización y movilización
del sujeto popular en toda su diversidad y máxima potencia.
Por eso es irrenunciable el accionar de los de abajo en todos los
escenarios y vertientes de las luchas patrióticas, clasistas, populares y
culturales.
La oleada actual confirma la certeza de esta actitud. Los pueblos de la
Patria Grande, sus diversos componentes sociales y sus variados
destacamentos políticos revolucionarios, libran un combate multifacético y
multicolor que merece ser estimulado y potenciado sin condicionamientos,
ataduras y discriminaciones.
Un arcoiris de luchas y rebeldías justiciera cobra cada vez mayor
esplendor y reclama de más unidad y mayor firmeza.
La confrontación es inevitable.
De un lado los enemigos de todas las patrias, los negadores de la
Patria Grande, lo recolonizadores, los imperialistas y sus cortes de
traidores, los grandes capitalistas repletos de voracidad; del otro, ese
gran torrente esperanzador.
Y no hay de otra que vencer, si no queremos perecer.
Mayo 2006, Santo Domingo, República Dominicana. |