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Aprovechamos de este
escrito de Narciso
Isa Conde para
invitar a leer la
manipulación hecha
por "Liberazione"
el 10
de agosto 2007
en relacion al
discurso de Baduel.
Invitamos, además, a
leer las respuesta a
este articulo de
Annalisa Melandri
y
de
Gennaro Carotenuto.
Recordamos
que Liberazione
es el diario del
Partido de la
Refundación
Comunista de Italia
y desde varios
tiempo esta
escribiendo
verdadera basura
sobre Venezuela,
Chávez, Cuba y los
proceso de cambio en
acto en América
Latina.
Invitamos a leer
nuestro articulo
resumen de estos
escrito.
El discurso de
Baduel y el
socialismo del siglo
xxi
Por Narciso Isa
Conde
El
discurso del General
en Jefe (EJ) Raúl
Isaías Baduel en el
acto de entrega del
Ministerio de
Defensa de la
República
Bolivariana de
Venezuela (18 de
julio de 2007), ha
llamado mucho la
atención por sus
carácter teórico y
su entrada de lleno
al debate sobre el
tránsito al
socialismo y el
modelo
correspondiente a la
sociedad venezolana.
Baduel nos habla de
un “tránsito
político-social
inédito” y asume
como su meta
fundamental el
denominado
“socialismo del
siglo XXI”, al
tiempo de lamentarse
de que el socialismo
no tenga “un
significado uniforme
y homogéneo”.
En
esa ocasión el
General en Jefe de
Ejército de la
Venezuela
Bolivariana afirmó
tambien que el
llamado del
presidente Chávez a
construir el
socialismo del siglo
XXI implica la
imperiosa y urgente
necesidad de
“formalizar un
modelo teórico
propio y autóctono
de socialismo”,
tras considerar que
el mismo “no
existe, no ha sido
formulado”, lo
que a su entender
crea incertidumbre.
Convocó además a
“inventar” ese
modelo “propio”
de la mano con la
ciencia, destacando-
más allá de la
persistente
religiosidad que
exhibe su discurso-
el gran valor que
para esos fines
tiene la necesaria
concordancia de ese
proyecto con la
ideas de Carlos Marx
y Federico Engels.
En
verdad que entiendo
importantísimo que
un alto jefe
militar, que no
estaba precisamente
dedicado a la
política activa,
hable de esa manera
y entre a debatir en
forma polémica este
crucial y
trascendente tema.
·
El “invento” no es
de ahora.
Hablar de socialismo
en el siglo XXI es
impensable sin
referirse a las
elaboraciones
teóricas y las
experiencias
prácticas que
alrededor del tema
tuvieron lugar en
los siglos IXX y XX.
Este
“invento”, en
consecuencia,
comenzó hace ya más
de siglo y medio,
independientemente
de que no tenga un
“significado
uniforme y
homogéneo”; lo
que de por sí, a mi
entender, no es
malo.
El
socialismo, como
alternativa al
capitalismo, ha sido
y es- como decía
Mariátegui-
“creación heroica”,
surgida de la
crítica y de la
lucha contra el
capitalismo, de los
grandes y pequeños
combates por el
bienestar colectivo.
Ha
sido y es una
propuesta sometida a
múltiples avatares y
ensayos, la cual se
sigue nutriendo de
la prueba del
acierto y del error.
Claro está, en la
medida esa creación
se basó en las
ciencias, adquirió
más poder para
analizar y
transformar la
realidad. Ese el
aporte colosal de
Marx y Engels,
imprescindible
todavía para toda
empresa que procure
liberar a la
humanidad del
capitalismo de ayer
y del capitalismo
actual.
El
siglo XX, al
socialismo
científico de Marx y
Engels, esta vez con
el protagonismo de
sus continuadores,
le tocó pasar por
una dura prueba,
precisamente en
circunstancias en
era más profunda y
detallada su certera
crítica al
capitalismo que la
elaboración en
profundidad de la
alternativa
socialista, y en que
acusaba todavía un
notable
subdesarrollo la
teoría de la
transición
revolucionaria para
los desiguales
niveles de
desarrollo del
capitalismo mundial.
En
las revoluciones
obreras y populares
del siglo XX hubo
inestables periodos
de tránsito al
socialismo, modelos
de orientación
socialista que bien
podrían seguir
siendo fuentes de
inspiración y de
aportes al
desarrollo actual de
esa propuesta
histórica.
Me
refiero sobre todo a
su fases iniciales,
cargada de poder
popular, democracia
directa, control
obrero y control
social sobre la
economía y las
instituciones
estatales.
Si
acaso hay que hablar
de socialismo del
siglo XX, habría que
hacerlo en
referencia a esos
periodos de esas
revoluciones, a esas
hermosas fases de
arranque; aunque
ciertamente sería
más correcto hablar
de transiciones
revolucionaria de
orientación
socialista.
Luego sobrevino la
degeneración, el
desvió, la
contrarrevolución
burocrática de esos
procesos: el
estatismo
burocrático, el
anquilosamiento de
los órganos de poder
popular, el supuesto
“socialismo en un
solo país” o en un
determinado grupo de
países.
Entonces se
entroniza una gran
confusión al
bautizarse con el
nombre de socialismo
lo que a lo sumo
llegó a ser un
tránsito de
inspiración
anticapitalista y
antiimperialista,
generador de un
inmenso poder
burocrático, negador
de los principales
valores socialistas
formulados por Marx
y Engels y
enriquecidos por
Lénin y otros(as)
grandes
revolucionarios(as)
de ese siglo.
Tránsito que
finalmente entra en
crisis y colapsa
antes de concluir el
siglo XX.
Pero
de todas maneras en
el imaginario de la
gente ese es el
socialismo del
pasado siglo.
De
ahí la pertinencia
de hablar de un
socialismo del o
para el siglo XXI,
de un nuevo
socialismo; no por
que no exista un
referente teórico,
un punto de partida,
una concepción
científica del
socialismo en
permanente
evolución, con
estancamientos y
desfases, con
revitalizaciones y
enriquecimientos
importantes.
En
verdad no hay que
partir de cero, ni
en teoría, ni en
experiencias
prácticas.
No
hay que “inventar”
un socialismo porque
entremos a un nuevo
siglos; sino que es
preciso, conveniente
y necesario, hablar
de un nuevo
socialismo por lo
que pasó en el siglo
pasado con las
experiencias
socialitas
euro-orientales, por
la necesidad de
diferenciar la
propuesta socialista
actual de aquellas
que se alejaron del
socialismo y luego
colapsaron.
Pero
el socialismo en el
siglo XXI, el “nuevo
socialismo”, tiene
mucho que tomar y
aprender de las
elaboraciones
teóricas y las
experiencias
prácticas del siglo
XX, de sus
innumerables
conceptos y
propuestas sobre
propiedad social,
sobre las
cooperativas, sobre
el proceso de
extinción del
Estado, sobre la
manera de hacer
predominar la ley
del valor, sobre la
creación de
contrapoder y
contra-hegemonía
obrera y popular,
sobre los órganos
del poder popular,
sobre el concepto
hegemonía, sobre el
bloque histórico
emancipador, sobre
el carácter
internacional del
proceso, sobre la
revolución
permanente, sobre
los peligros de la
burocratización…
Tiene demasiado que
aprender de las
fases iniciales y
del espíritu
creativo de las
revoluciones
proletarias,
obrero-campesinas,
populares y
nacional-liberadoras
del siglo pasado.
Como
tambien tiene que
ajustar cuentas con
las causas de la
burocratización, de
su desgraciado
devenir en modelos
estatistas (sin
democracia popular)
y de su incontenible
derrumbe; a pesar de
haber acumulado un
enorme poder
militar-industrial y
haberse constituido
–en el caso de la
URSS y los países
del Este Europeo- en
un campo de naciones
con no pocas
conquistas sociales
y enormes avances
respecto a sus
respectivos puntos
de partida.
De
ahí la trascendencia
y vigencia de los
escritos de Lénin,
Trosky,
Preobrashensky, Rosa
Luxemburgo, Mao…de
ahí la consistente
actualidad de
Gramsci, Mariátegui
y el Che.
Pertinencia de la
crítica al
“socialismo irreal”.
En
ese ajuste de cuenta
frente al desvío se
ha avanzado mucho y
no solo en cuanto al
reconocimiento de
“las fallas de orden
político del modelo
soviético”, sino
en la crítica
integral y
multilateral de ese
modelo, y en el
examen de las causas
estructurales de su
derrumbe. Que
equivale a la
necesaria crítica a
un “socialismo
real” que
resultó bastante “irreal”,
de la cual pueden
destacarse los
siguientes aspectos:
-
Confusión del
necesario predominio
de la propiedad
social en sus
diferentes formas
con la estatización
total o casi total.
-
Propiedad de Estado
basada en el trabajo
asalariado y en la
gestión y
planificación
centralizada, no
democrática.
Separación en
consecuencia de los
(as) trabajadores
(as) de la propiedad
de los medios de
producción,
distribución y
recursos naturales.
-
Manejo del excedente
por los funcionarios
del Estado en
relación con sus
intereses
particulares,
sistemas de
privilegios y
criterios
antojadizos,
excluyendo de esas
decisiones al pueblo
trabajador y de toda
autoridad y control
social sobre las
empresas e
instituciones del
Estado.
-
Burocratización en
alta escala en el
contexto de un
súper-Estado
propietario.
Reemplazo de los
monopolios y
oligopolios privados
por los monopolios
estatales. Auge, en
consecuencia, de los
privilegios, la
corrupción
burocrática y la
dogmatización.
-
Fusión del partido
con el Estado y con
las organizaciones
sociales y órganos
del poder popular.
Estatización de
todo, incluyendo del
partido. Supresión,
en consecuencia, de
la democracia.
-
Desarrollo extensivo
de la industria y
freno burocrático a
la aplicación de los
avances de la
ciencia y de la
técnica a la
industria de bienes
de consumo. Baja
productividad a
consecuencia de la
precarización del
salario y de las
largas permanencias
de tecnologías
atrasadas.
-
Debilitamiento del
internacionalismo en
función de los
intereses del Estado
-
Exceso e
irracionalidad en el
gasto militar y en
la explotación de
recursos naturales.
Y
paro aquí de contar,
sin pretensión
alguna de haber
agotado el tema.
El por qué de la
NEP.
En
el caso de la URSS
esa no fue la
consecuencia de la
Nueva Política
Económica (NEP),
impulsada por Lénin.
A ella no debe
atribuírsele la
consecuencia de un
“Estado único dueño
de los grandes
medios de producción
y distribución”.
A
raíz de sufrir la
naciente Unión
Soviética las
consecuencias
forzadas del llamado
“comunismo de
guerra”,
superada la durísima
fase de la guerra
civil, Lénin
concibió la NEP como
un modelo de
transición con
diversas formas de
propiedad y de
gestión, con
combinación de
propiedad estatal,
propiedad colectiva
y propiedad privada
capitalista, con
hegemonía
pro-socialista, con
variadas formas de
propiedad social,
con colectivización
voluntaria del
campo, con
democracia en el
partido y en los
soviets, con
capacidad de
auto-superación.
Se
trataba de un modelo
de desarrollo
descentralizado,
dinámico,
auto-sostenido.
Un
modelo de
socialización
progresiva al compás
del impulso al
desarrollo de las
fuerzas productivas.
Un
modelo que creaba
riquezas al tiempo
de distribuirlas con
sentido de justicia.
De la NEP al
estatismo-
burocrático y al
estalinismo.
El
gran mal vino
después, en el
llamado periodo
estalinista:
La
vuelta atrás: a la
centralización
extrema, a la
estatización casi
total, a la
colectivización
forzada y cruel, a
la funsión del
partido con el
Estado; a los
grandes crímenes y
la grandes purgas,
al aplastamiento de
la democracia en el
partido, los soviets
y toda la sociedad;
a la dogmatización
extrema en todos los
planos; al énfasis
excesivo en la
industria pesada a
costa de la
industria ligera y
del consumo del
pueblo.
No
es verdad que ese
modelo estatista
falló porque
repartió riquezas
antes de crearlas y
es incorrecto
deducir sobre ese
error que primero
hay que producirla y
luego repartirla.
La
producción de
riqueza siempre es
relativa y en cada
nivel puede ser
justa o injustamente
distribuida, y bien
o mal empleada.
Un
proceso no es
primero que el otro.
Pasa
igual con la
propiedad y la
gestión sobre lo
medios llamados
generar y distribuir
bienes materiales y
espirituales.
Propiedad privada,
gestión privada y
apropiación de
excedentes van de la
mano y en la
transición al
socialismo, a
diferencia del
capitalismo, lo que
debe procurarse es
que cada vez en
mayor escala los
(as) trabajadores
(as) y toda la
sociedad sean reales
propietarios y
gestores colectivos
de los medios de
producción y
distribución, y de
los recursos
naturales. Y en los
casos en que la
economía de escala
aconseje la
propiedad estatal,
la socialización
debe hacerse por la
vía de la
auto-gestión, la co-gestión
y de la distribución
de los ingresos.
Los(as)
trabajadores(as)
como dueños y
gestores, la
sociedad
participando y
controlando, deben
procurar que esos
medios generen cada
vez más excedentes y
se pueda decidir
colectivamente el
destino de los
mismos en función
del interés social.
Primero bajo la
norma de cada quien
según su capacidad y
a cada quien según
su trabajo, hasta
crear las
condiciones que
posibiliten darle a
quien según sus
necesidades, lo que
presupone altas
niveles de
abundancia y de
conciencia.
Que
a su vez el Estado,
socialmente
controlado,
establezca normas y
planes que ayuden a
generar riquezas, a
cuidar el ambiente,
a renovar recursos
naturales y a
distribuir su uso y
consumo con
racionalidad y
sentido de justicia.
Que
regule las áreas no
socializadas para
que las ganancias de
las empresas
privadas no sean
unilateralmente
acaparadas por sus
dueños y no afecten
el interés
colectivo.
Generación y
distribución de
riqueza petrolera en
Venezuela.
En
una sociedad
rentista-petrolera
como la venezolana,
es explicable y
justo el énfasis del
General Baduel en la
necesidad de un
modelo que
diversifique la
producción, supere
el facilismo, la
dependencia y el
parasitismo respecto
esa enorme riqueza
generada por varias
decenas de miles de
trabajadores (as)
desde un gran
emporio petrolero.
Pero
eso no debe excluir
la necesidad de
distribuir mucho
mejor- a partir de
una apropiación
mayor desde la
sociedad y de un
control social mas
eficaz sobre el
Estado- de los
inmensos y valiosos
recursos que genera
la industria
petrolera, evitando
que la alta y
mediana burocracia
estatal dilapiden y
se apropien de parte
de ellos, aun no sea
en los niveles
escandalosos
registrados en la IV
República
Esto
nos remite al tema
no solo de quitarle
a la oligarquía, al
capital trasnacional
y a la
“meritocracia” el
poder sobre ese
sector –como
efectivamente se ha
hecho- y no solo al
tema de las nuevas
inversiones sociales
y obras claves y
vitales de
infraestructura
–como en efecto se
está haciendo en
forma ejemplar- sino
tambien, y
sobretodo, a la real
socialización de
PEDEVESA. Solo así
se podría evitar la
formación de una
camada de nuevo
ricos, una especie
de neo-burguesía
burocrática.
Derechos y deberes.
Cierto que los
pueblos deben
aprender no solo
cuales son sus
derechos, sino
tambien cuales son
sus deberes. Pero
creo que no es
verdad que tienen
bien sabido lo
primero y muy poco
lo segundo.
Los
déficit en ambos
planos son
significativos (y a
veces enormes).
Al
hecho de que no
conozcan a fondo sus
derechos, se debe la
posibilidad de que
en diferentes países
y contextos tanto
los capitalistas
privados como los
funcionarios de
Estado hagan y
deshagan en
detrimento de las
clases y sectores
sociales explotados
y excluidos, de las
naciones, sociedades
y pueblos.
Sobre todo cuando se
establece que
conocer a fondo sus
derechos equivale a
ser poder, a decidir
su destino, a
determinar en forma
organizada y
participativa el uso
de las riquezas
generadas, su
relación con el
Estado y sus
vínculos con el
resto de la
naturaleza
Partido de Estado o
vanguardia real.
Este
tema en sentido
general se vincula a
otra cuestión
fundamental para los
países en trance de
revolución: el de la
fuerza política
conductora, el de la
vanguardia de la
revolución o del
proceso hacia la
revolución y el
nuevo socialismo.
Va
en detrimento de que
el pueblo logre real
poder, el hecho que
esa fuerza política
o político-social,
se funda con el
Estado y que éste a
su vez se la trague
junto a las
organizaciones
sociales y a los
órganos de poder
popular influidos
por ella. Ya esto
quedó trágicamente
demostrado en la
URSS y los países de
Europa Oriental.
Ese
proceso no solo
conduce a que el
partido suplante a
la sociedad como
dice Baduel, sino
aun peor: a que el
Estado suplante al
partido y aplaste a
la sociedad.
Pero
resultados similares
podrían darse, si en
el caso de no
existir esa
vanguardia política,
se le intente formar
desde el Estado, con
el predominio de sus
métodos y su
patrimonio y se
trata de imponer esa
fórmula a pesar del
anhelo y la brega
del pueblo conciente
por crear una fuerza
política
democrática,
revolucionaria,
socialista y
autodeterminada; a
pesar incluso del
deseo del líder
pricipal o de una
parte de los líderes
del proceso.
Ambos caminos
conducen a un mismo
lugar: a la
sustitución de la
esclavitud respecto
a los capitalistas
privados y el
imperialismo por la
esclavitud respecto
al Estado y a sus
funcionarios, como
bien lo analizó José
Martí por allá por
el siglo IXX, a
propósito de sus
comentarios sobre la
obra del historiador
británico Spencer.
¿Socialismo en un
país o grupo de
países?
El
tránsito a un nuevo
socialismo no deber
ser pensado solo
desde Venezuela y
para Venezuela,o
solo desde un
determinado país o
grupo de países en
vía de revolución.
El
nuevo socialismo
como meta y como
continuidad de las
propuestas
históricas
socialistas tiene
que ser un proyecto
continental y
mundial.
Recordemos que no
puede haber
socialismo pleno en
solo país o grupo
determinado de
países. La
existencia del
imperialismo y del
sistema capitalista
mundial retrasa y
obstruye la
socialización
integral que incluye
la progresiva
extinción del
Estado.
Recordemos que lo
que está a la orden
del día es la
transición hacia una
nueva sociedad,
partiendo de la
superación
progresiva del
capitalismo y todas
sus herencias.
Recordemos que ni el
capitalismo ni el
socialismo son
exclusivamente modos
de producción y
distribución, sino
sistemas integrales:
económicos,
políticos,
ideológicos,
culturales. Y que en
consecuencia la
revolución de uno
hacia otro, la
transición
transformadora, debe
ser tambien integral
y progresiva hasta
llegar al
socialismo.
En
tanto el capitalismo
no es nacional, ni
autóctono, ni
propio, no debería
de hablarse ya de un
socialismo enmarcado
dentro de esos
parámetros. La
globalización
neoliberal, por
demás, ha ampliado y
profundizado la
internacionalización
de gran capital e
introducido más
regularidades.
La
referencia teórica,
los ejes del
proyecto
transformador, deben
tener más alcance,
más sentido
sistémico.
Esto, claro está, no
es para obviar lo
particular, lo
propio, lo histórico
y cultural concreto.
No,
así como el
capitalismo, y más
aun el capitalismo
neoliberal, a pesar
de todo lo
globalizador que es,
a pesar de todo lo
común que genera en
las diferentes
latitudes, da lugar
a modelos
neoliberales
específicos por
países y regiones,
así el tránsito al
nuevo socialismo
será suma y
articulación de
estrategias comunes
y de modelos propios
y específicos en
función de historia,
cultura, niveles de
desarrollo,
particularidades
nacionales que
confluyen en grandes
escenarios
regionales y
mundiales hasta
socializar,
transformar y
controlar las
grandes fuerzas
productivas y
distributivas
planetaria y el
mercado
internacional.
Transición y
Socialismo.
Es
necesario insistir
en no confundir la
transición al
socialismo con el
socialismo mismo.
La
transición al
socialismo es un
proceso dinámico y
progresivo de largo
aliento en múltiples
direcciones. Es, mas
que una construcción
- término que aunque
muy usado resulta
ser bastante
mecánico- una gran
metamorfosis, una
gran transformación.
La
transición es
socialización
progresiva en todos
los órdenes:
propiedad,
excedentes,
ingresos,
precio-valor,
mercados, recursos
naturales,
Estado-sociedad,
seres humanos- medio
ambiente, relación
de género y de
familia; vínculos
entre adultos y
jóvenes, relaciones
entre etnias, razas,
naciones, culturas;
relaciones entre
civiles y militares,
concepción sobre
defensa y seguridad…
La
transición esta
tambien
internacionalización,
globalización de la
alternativa al
capitalismo, derrota
progresiva y
ascendente del
imperialismo. Y en
lo continental esto
se traduce en
política pro-Patria
Grande.
Lo
nuevo en el proyecto
socialista actual
debe ser el rescate
de los valores
socialistas que se
negaron en prácticas
pasadas, la
asimilación de las
causas de los
reveses acaecidos en
el siglo XX.
Lo
nuevo debe ser es
tener presente los
cambios en la
evolución del
capitalismo y del
imperialismo y las
respuestas creativas
que ellos requieres,
incorporar todas las
experiencias
prácticas y
creaciones teóricas
que lo enriquecen de
manera integral;
acompañar el proceso
de emancipación de
las clases
explotadas y
excluidas de las
demás liberaciones:
étnica-racial, de
género, cultural,
generacional…
Lo
nuevo es la
incorporación de los
nuevos sujetos del
cambio y el nuevo
internacionalismo.
La transición y lo
militar.
En
esa transición al
socialismo, proceso
sistemáticamente
impugnada por el
imperialismo, la
oligarquía
capitalista y la
partidocracia
tradicional –todos
ellos factores
condenados a ser
desplazados de
resortes
fundamentales de
poder- no puede
prescindirse de
nuevas Fuerzas
Armadas
estructuradas como
ejército, marina,
aviación, cuerpos
especializados,
inteligencia y
contra inteligencia,
policías…
Pero
al mismo tiempo el
nivel de defensa y
seguridad que exige
una revolución
popular,
antiimperialista y
anticapitalista-
impugnada por
fuerzas políticas,
sociales y militares
muy poderosas a
escala
internacional-
precisa de una
incorporación del
pueblo a esas tareas
imperiosas.
Lo
militar tiene que
ser ampliado de
manera que la
desventaja objetiva
en la confrontación
regular de ejército
a ejército sea
compensada y
superada con la
masificación de la
defensa, la
asimetría, la
concepción de
resistencia
irregular y la
incorporación del
concepto de guerra
de todo el pueblo ;
procurando hermanar
las fuerzas armadas
regulares y el
pueblo armado en una
mima dirección,
acercando al pueblo
uniformado y al
pueblo no
uniformado,
superando el
monopolio de las
armas y la estricta
profesionalización
de lo militar,
haciendo realidad
las consignas “armas
para el pueblo” y
“todo el pueblo en
disposición
combativa”.
Eso
equivale a
democratizar, a
socializar, lo
militar mientras
resulte
imprescindible ese
recurso de fuerza
para impedir la
derrota del proceso
y para avanzar en
las
transformaciones.
Esto
equivale a ampliar
los sujetos
responsables de la
“custodia de las
armas de la
república” y los
recursos para la
defensa de la
revolución.
Socialismo y
religión.
El
socialismo –sobre
todo después de
creada sus bases
científicas hace más
de 150 años- no
necesita mas
apellidos que
aquellos que
permitan
diferenciarlo de lo
que fracasó.
El
socialismo del siglo
XXI no debe ser ni
cristiano, ni
musulmán, ni
budista, ni
utópico…aunque
respete los aportes
pre-científicos que
todas esas y otras
culturas, creencias,
concepciones –cada
cual en casos,
situaciones y
regiones
específicas-
representan.
El
proyecto socialista
como proceso hacia
un nuevo orden
jurídico, político,
social; como
creación de nueva
sociedad (la
transición hacia él,
su
institucionalidad)
-aunque haga acopio
y aplicación
creativa de los
valores positivos y
ejemplos rescatables
de las culturas
religiosas y de la
religiosidad
popular- debe ser
laico y, por tanto,
respetuoso de todas
las concepciones y
creencias.
El
socialismo moderno
es post-capitalista
y resulta
inseparable de la
ciencia, sin
despreciar todo el
acervo histórico
cultural que
posibilite
enriquecerlo y
viabilizarlo; sin
menospreciar nunca
la fuerza de la fe y
de los sentimientos
que lo impulse en
cada época fase de
la lucha y cada
época histórica.
La
revolución hacia el
socialismo es movida
por la razón y el
mito multitudinario
que se nutre de
sentimientos y
valores
espirituales.
Ignorar en el curso
de esa creación
heroica el aporte a
su buen desarrollo
del comunitarismo
indígena (culturas
comunistas
primitivas todavía
con peso y vigencia
significativa en
nuestra América), el
valor de la teología
de la liberación
opuesta a teología
de la liberación, o
las ideas
pro-socialistas de
una parte de
nuestros próceres,
en una solemne
torpeza.
La
formidable
revolución en el
pensamiento social
que encabezaron Marx
y Engels, apoyada en
el análisis
científico, es un
marco teórico
sobresaliente y
necesariamente
hegemónico, pero no
excluyente.
Y si
no fue excluyente
respecto a la
diversidad de
fuentes que le
dieron origen, menos
debería serlo si se
asume como teoría en
constante
desarrollo.
Lo
que es incompatible
con su carácter
científico es
imprimirle
contenidos
deterministas, sean
de corte
materialita, de
corte divino,
mágico-religioso o
fundamentalista.
Porque asirnos
ahora, en el marco
de la actual
revolución
científico- técnica,
al socialismo pre-científico
sería caminar hacia
atrás. Y no es de de
eso de lo que se
trata.
En
política, por demás,
el laicismo es una
valiosa conquista de
la humanidad que
vela por garantizar
el respeto a la
diversidad
religiosa. El
socialismo deberá
desarrollar y
ampliar esa
conquista para
fortalecer la
formación científica
sin coartar la
libertad de cultos.
El
desarrollo de la
ciencia es infinito
y a eso debemos
apostar, lo que no
excluye tratar con
ese método y situar
en ese tren creativo
y transformador las
diversas
cosmovisiones y
concepciones
emancipadoras,
incluidas las
religiosas y no
religiosas:
indigenistas,
feministas,
ambientalistas,
antirracistas, anti
adulto-céntricas,
cristiana-revolucionaria…
Distinciones
necesarias y
originalidad.
Las
distinciones en ese
plano son muy
necesarias, pues no
es lo mismo, por
ejemplo, identificar
al cristianismo con
el Vaticano y los
Papas conservadores,
que hacerlo con la
teología de la
liberación y sus
propulsores.
Como
no es lo mismo el
feminismo radical al
feminismo
revolucionario y
socialista.
La
teoría
revolucionaria es
dinámica, no puede
ser un “modelo”
conceptual, aunque
de ella si pueden
derivarse una
diversidad de
modelos y
estructuras.
Con
la teoría del
tránsito al
socialismo y con la
propuesta socialita
ha de pasar, repito,
lo que pasó y pasa
con el capitalismo,
ahora en su fase
neoliberal: una
estrategia global,
unas líneas
generales, líneas
regionales y modelos
capitalistas-neoliberales
particulares, según
los niveles de
desarrollo, las
estructuras
específicas, la
historia y las
culturas.
Las
transiciones
revolucionarias
tienen mucho de
propias, inéditas y
originales, pero
siempre dentro del
marco conceptual
alternativo a la
sociedad que nos
proponemos
reemplazar.
Enriquecer, recrear
en cierta medida,
ese marco conceptual
socialista, es
responsabilidad de
los revolucionarios
(as) de los diversos
países y por eso el
debate rebasa las
fronteras
venezolanas al
tiempo que nuestra
América se convierte
en uno de los
laboratorios
políticos-teóricos
mas activos de
planeta, lo que es
inseparable de la
ola de cambios
esperanzadores que
tienen lugar en no
pocos de sus
escenarios
nacionales y más
allá.
¡Bien por el General
Baduel por atreverse
a tocar temas
trascendentes!
El
gran debate a penas
comienza y ojala que
nunca termine,
aunque siempre será
útil registrar sus
estaciones de
avances y los
consensos que
conducen felizmente
a ellas.
10
Agosto 2007, Santo
Domingo RD. |