La sesión de este
jueves 9 de abril en
la Asamblea
Nacional, tiene un
significado político
para la Revolución
Bolivariana que muy
pocas mujeres y muy
pocos hombres
parecen haber
entendido, si vemos
la mediocre
cobertura que los
medios de
comunicación,
comerciales,
oficiales y
alternativos, le han
dado al hecho de la
aprobación en
primera discusión de
la Ley Orgánica
sobre el Derecho de
las Mujeres a una
Vida Libre de
Violencia.
Este hecho
cristaliza las
aspiraciones no sólo
de las mujeres
venezolanas, sino de
las mujeres del
continente y del
mundo, de obtener el
derecho a una vida
libre de violencia,
el derecho a la
vida misma, que se
le niega a miles de
mujeres que en
América Latina, en
Asia, África,
Oceanía y en Europa,
mueren víctimas del
feminicidio. En
Caracas, según datos
de un estudio
reciente, cada 12
días muere una mujer
víctima de la
violencia de género.
Esta ley es una ley
innovadora. Separa
los derechos de la
mujer, de los de la
familia, en
oposición a la ley
anterior que hablaba
de violencia hacia
la mujer y la
familia. Es decir,
considera a la mujer
como individua,
sujeta de derecho,
ciudadana. Además
señala que la
violencia no es sólo
física, la violencia
de género está en
todos los ámbitos y
en el quehacer
diario de la vida de
las mujeres
venezolanas; en su
trabajo, al ser
remuneradas con
salarios inferiores
a los de los
hombres; en los
medios de
comunicación, cuando
nos utilizan como
objetos sexuales; en
la pareja, cuando
somos abusadas
sicológica, sexual y
emocionalmente por
aquellos que se
llaman nuestros
compañeros. Todos
esos casos de
violencia son
señalados en la ley.
Sin lugar a duda,
creemos que no
existe en América
Latina, una ley tan
progresista en
materia de los
derechos de las
mujeres, como esta
ley que convierte,
nuevamente a la
revolución
bolivariana, en un
proceso político en
el que se destaca la
conquista de los
derechos humanos de
las mujeres, y por
tanto, esto derrumba
cualquier argumento
de que exista
represión a la
ciudadanía, pues
como explicaron Marx
y Engels, el grado
de justicia y avance
de una sociedad se
mide por el nivel de
igualdad de derechos
entre el hombre y la
mujer.
Infinidad de
tratados y
convenciones,
impulsados por los
organismos
internacionales, dan
prioridad al tema de
la igualdad de
derechos y
oportunidades de las
mujeres en todos los
países. Aquí en
Venezuela, estamos
haciendo por lograr
ese objetivo, que
está dentro de las
metas del milenio,
lo que no se está
haciendo en ningún
otro país del
continente.
Hay que destacar que
en el profundo
ambiente democrático
en el cual vivimos,
en la redacción de
esta ley
participaros más de
50 organizaciones de
la sociedad civil, y
numerosas expertas,
investigadoras
académicas, que a
pesar de adversar el
gobierno del
presidente Chávez,
se unieron en esta
convocatoria para
darnos a las
venezolanas una ley
digna de nuestras
aspiraciones como
ciudadanas. Se los
agradecemos, que
hayan puesto de lado
las diferencias
políticas para
redactar esta ley.
Así como tenemos que
agradecer la
incasable labor de
María León, al
frente del Inamujer,
quien desde el fallo
inconstitucional de
la Sala
Constitucional, del
tribunal supremo de
justicia,que en el
mes de mayo pasado
derogó las medidas
cautelares y dejó a
las mujeres
venezolanas en total
indefensión, afinó
los motores para
impulsar la
redacción de este
instrumento jurídico
y la movilización de
miles de mujeres por
sus derechos.
La voluntad política
del Ejecutivo,
encarnada en al
figura del
Presidente Chávez,
único de sus altos
funcionarios varones
que emplea el
lenguaje de género
como una
conquista(que nadie
nos regaló eso a las
venezolanas) en sus
discursos, que
utiliza la ciudadana
y el ciudadano, la
campesina y el
campesino, la
lancera y el
lancero, y que ha
manifestado su total
apoyo a las causas
por la defensa y el
progreso de los
derechos de las
humanas en el paí,
ha sido fundamental
en estos logros. Es
necesario señalar
que nuestro poder
legislativo cuenta
con un 18% de
participación de
mujeres, el más alto
de América Latina, y
más alto incluso que
el promedio en la
UE, que es de 16%.
Nuestra Asamblea
Nacional está
presidida por la
diputada Cilia
Flores y tiene la
primera
vicepresidencia la
colega periodista
Desiré Santos Amaral,
compatriotas que
han demostrado la
importancia de la
participación de la
mujer en la
revolución.
Desde este espacio,
y tomado las
palabras de Carlos
Escarrá, en esa
sesión histórica,
quien parafraseando
aquella insigne
frase de “maldito el
soldado que dispare
contra su pueblo”,
dijo: “maldito el
revolucionario que
golpee a una mujer”,
quiero hacer un
llamado de
conciencia a los
compatriotas y
camaradas varones
que se encuentran en
esta misma acera,
luchando por la
revolución
bolivariana.
Con suma indignación
he visto como muchos
camaradas y colegas
de los medios
alternativos, y a
veces de los
oficiales, han
adoptado actitudes
misóginas y
homófobas en la
campaña electoral,
para desacreditar a
nuestros (as)
enemigos (as)
políticos. Eso
también es violencia
de género.
Ataques y chistes de
mal gusto en contra
de la esposa del
candidato de la
oposición,
insinuaciones y
dobles sentidos
sobre las
preferencias
sexuales de
militantes de
partidos de la
derecha; nuevamente,
tanto que criticamos
las revolucionarias
a aquellas mujeres
de negro que le
lanzaron maíz a
nuestros generales
llamándolos
“gallinas”,
denigrando de sí
mismas, de lo
femenino (gallina)
que es sinónimo de
cobardía, frente a
lo masculino (gallo)
sinónimo de
valentía, utilizando
imágenes y metáforas
de fuertes
connotaciones
machistas y
sexistas, y con
tristeza, y mucha,
leí a un conocido
articulista del
proceso, a quien
siempre reviso por
lo acertado de sus
posiciones,
titulando su columna
“gallinas cantando
como gallos”.
No niego que los
medios de la
oposición también lo
hacen. Pero este es
un llamado a mis
camaradas y
compatriotas, que
están defendiendo,
al igual que las
mujeres
bolivarianas, esta
revolución.
Camaradas,
compatriotas,
hombres de la
revolución, ese no
es el nivel del
discurso político
que se merece el
pueblo venezolano,
ni es el discurso
político que nos
merecemos las
mujeres venezolanas,
quienes por primera
vez, gracias a esta
revolución vemos el
fruto de tantas
luchas por nuestros
derechos. Quizás
algunos se molesten
por este artículo.
Quizás no lo
publiquen. Quizás me
tilden de
contrarrevolucionaria
porque estoy, sin
mencionar nombres,
tocando medios y
articulistas que son
seguidos y aceptados
por el pueblo. Y
precisamente por
eso, les hago un
llamado a la
reflexión. Qué
hermoso sería si en
lugar de chistes
machistas y
misóginos en contra
de las mujeres y
hombres de
oposición, viéramos
un llamado a
utilizar el lenguaje
de género en sus
publicaciones,
conquista y derecho
constitucional de
las mujeres
venezolanas, pues no
es señalando las
preferencias
sexuales de uno o de
otro bando político
como vamos a
descalificar al
enemigo, al
verdadero enemigo,
el imperialismo
norteamericano.