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Venezuela: Reforma
Constitucional
'No pudimos… por
ahora'
Por: Marcelo Colussi
(especial para
ARGENPRESS)
Fecha publicación:
04/12/2007
Ganó el NO. ¿Ganó
la democracia? ¿Ganó
el pueblo venezolano
en su conjunto?
Esto último suele
decirse en toda
contienda electoral,
pero sin dudas, más
allá de la
declaración
políticamente
correcta esperable
en estas lides, tras
los comicios siempre
hay ganadores y
perdedores.
¿Quién ganó el
domingo 2 de
diciembre? El campo
popular
definitivamente no.
La derecha festeja
el triunfo -pírrico,
por cierto (1.5% de
diferencia)- como
“el comienzo del fin
de la era Chávez”.
Ya están contando
los días para su
alejamiento del
poder en el 2013.
Con esto, al menos
así pretende
presentarlo,
quedaría demostrado
que “el tirano no es
imbatible”, y por
tanto ahora
redoblarán sus
esfuerzos para
sacarse de encima
este “indeseable”.
Si se le pudo
derrotar en este
referéndum, ¿por qué
no se le podría
derrotar también en
nuevos
enfrentamientos
electorales?
Es muy prematuro
hoy, unas horas
después de conocidos
los resultados,
abrir análisis
exhaustivos y
proponer escenarios
futuros. Pero sin
dudas hay que
hacerlo, y con mucha
celeridad. Es más:
no sólo con
celeridad sino
-fundamentalmente-
con honestidad (esto
es, quizá, una de
las cosas que más
faltan en las
lecturas de la
realidad).
La derecha ganó
porque desde el
mismo momento en que
se vio que el
presidente Chávez se
salía de las normas
de lo que debe hacer
un mandatario “bien
portado”, comenzó su
trabajo de ataque al
proceso bolivariano.
Si son nueve años
intentando construir
una nueva sociedad
por parte del
gobierno, son nueve
años de continuo
ataque, sabotaje,
colocación de
obstáculos y guerra
mediática por parte
de la oposición. Y
si no se llegó aún a
la vía armada para
su desbarrancamiento
es porque las
condiciones
generales no lo
permiten. Pero ello
no está descartado
(las hipótesis de
magnicidio o de
intervención militar
estadounidense son
posibilidades nunca
descartadas).
¿Por qué no ganó la
opción del SI?
No se trata de
buscar culpables,
chivos expiatorios,
de hacer
autoflagelaciones.
Lo importante es
buscar leer
adecuadamente la
nueva realidad que
se abre.
¿Perdió Chávez?
¿Perdió el campo
popular? ¿Es sólo
una batalla en la
larga guerra? ¿Será,
como dijo el
presidente en su
discurso a la
madrugada
inmediatamente
después de conocerse
los resultados, que
no se pudo… por
ahora?
Como todo fenómeno
político -humano, en
definitiva- no hay
causas simples; hay,
en todo caso, un
entramado de
circunstancias que
explican el
resultado final.
El bloque del NO
sacó más o menos la
misma cantidad de
votos que obtuvo en
las pasadas
elecciones
presidenciales en
diciembre del 2006;
es decir: no creció.
Es especialmente
destacable el grado
de abstención: 44.11
%. Esa fue una de
las grandes bases de
la derrota del SI.
Por otro lado, de la
masa de votos
obtenida por el
presidente Chávez el
año pasado (7
millones 300.000),
ahora el bloque del
SI llega sólo a 4
cuatro millones
300.000 votos. ¿Qué
pasó con esos tres
millones? ¿Por qué
no votó esa
población? Es ahí
donde debe empezar
el análisis y la
propuesta de
corrección.
¿El chavismo está a
la baja? Nada lo
indicaría, y los
resultados del
referéndum de ayer
no hablan de una
merma en la
popularidad del
presidente. ¿La
población no está
interesada en los
cambios que traía la
reforma
constitucional? Nada
indica eso tampoco.
Pero algo pasó que
no salió a votar.
Podríamos decir que
los elementos
cuartorepublicanos
que sigue habiendo
en el aparato de
Estado desmotivan a
la población. Eso es
real, y sobre eso
hay que empezar a
buscar correctivos.
La propuesta de
reforma, justamente,
buscaba comenzar a
generar otra cosa.
De ahí el poder
conferido a las
instancias de base
como garantía de
fiscalía social, de
poder de base.
¿Podrán los consejos
comunales ir
barriendo tanta
burocracia
enquistada en los
puestos de gobierno?
Esa es la apuesta,
pero algún motivo
eso no pasó.
¿No era este el
momento de presentar
la reforma? ¿Se
apuraron los tiempos
y la población aún
no estaba madura
para un
planteamiento de
profundización del
socialismo? Por los
resultados
obtenidos, eso
pareciera. La
cultura ancestral de
dominación, la
conciencia de la
clase dominante que
se impone a toda la
sociedad son
realidades
incontrastables.
Mucha gente
chavista, que sin
dudas votó por su
presidente el año
pasado, para este
referéndum fue
víctima de esa
propaganda ancestral
y temió ante esa
tradición repetida a
fuego miles de
veces: “si gana el
comunismo te
expropian tu casa y
te quitan tus hijos
para llevarlos a un
campo de reeducación
en Cuba”. La Guerra
Fría, por lo visto,
no ha terminado, y
el fantasma
anticomunista
persiste. Muchos
chavistas
convencidos
seguramente fueron
víctimas de estas
manipulaciones, y
asustados, ni
siquiera fueron a
votar. Es decir: en
la guerra mediática,
en la guerra
cultural, la derecha
sigue ganando. Las
declaraciones de
Baduel o de la ex
esposa del
presidente
adversando la
reforma,
mediáticamente muy
bien administradas,
fueron más efectivas
que movilizaciones
de calle. Y ello,
sumado al también
mediáticamente
manejado show
político de los
estudiantes
“revolucionarios”
terminaron de
completar el cuadro.
¿Es que el PSUV o el
aparato de gobierno
no supieron hacer
bien su trabajo de
divulgación de la
propuesta de la
reforma, o es que la
derecha -nacional e
internacional- lo
hizo mejor?
Dos son los marcos
por donde debe ir el
análisis: 1) el
ataque de la derecha
y 2) los errores
propios. Del ataque
de la derecha nada
nuevo puede decirse;
se vive una guerra
de clases, mediática
en muy buena medida,
y en eso -la
experiencia lo
demuestra
descarnadamente- el
enemigo sabe hacer
su trabajo. La
Revolución
Bolivariana, como
cualquier proceso
revolucionario
vivido hasta ahora,
se encuentra en un
permanente clima de
agresión, de ataque,
de sabotaje. Y de
seguro eso seguirá
siendo así. Pero
¿qué pasa con los
errores propios?
No se trata de hacer
una lista de
culpables y
mandarlos al
paredón, pero sí es
momento
(imprescindible) de
comenzar una genuina
autocrítica.
Negociar con la
derecha es
impensable. Eso,
lisa y llanamente,
es el fin del
proceso bolivariano.
O se salta hacia
delante corrigiendo
errores, o naufraga
todo el proceso de
cambio.
Habrá que sentarse
con mucha
tranquilidad a
analizar estos
resultados del
domingo, pero desde
ya hay que acometer
una sana revisión de
lo que la revolución
lleva adelantado.
Más allá de los
perpetuos ataques de
las fuerzas
conservadoras: ¿qué
se ha hecho contra
la corrupción? ¿Hay
realmente una
política
revolucionaria entre
todos los cuadros
comprometidos con la
dirección de
gobierno? ¿Está
realmente en vías de
extinguirse la
cultura del
clientelismo
político, de la
corrupción, de la
burocracia y la
ineficiencia? ¿Qué
se está haciendo al
respecto?
Se dice que la mejor
defensa es un buen
ataque. Nunca mejor
que ahora lo podemos
ver: la revolución y
el camino socialista
sólo pueden
robustecerse si se
aceleran las
transformaciones.
Una vuelta hacia una
posición tibia que
de lugar al
crecimiento de la
derecha -la
antichavista y la
que está enquistada
aún en el chavismo,
que quizá es la más
dañina- solamente
significará la
derrota futura.
“No pudimos, por
ahora” dijo Chávez
al asumir la derrota
en el referéndum.
Pero más adelante se
podrá, sólo si se
amplía el panorama
revolucionario:
llegó el momento de
construir un Estado
nuevo limpiando lo
que queda del viejo
orden
cuartorepublicano.
Si no, la reacción
terminará ganando. Y
es mucho lo que se
perdería. O la
revolución se
profundiza, o no es
revolución. |