1.Comunicado de la
Embajada de Estados
Unidos. En documento
hecho pùblico por
Internet, la sede
diplomática advierte
a los
estadounidenses
sobre posibles
conmociones y
perturbaciones de
naturaleza no bien
especificada para el
día de los comicios.
Una sede diplomàtica
acreditada no se
dedica a formular
augurios sin segunda
intenciòn. Dicho
documento debe ser
apreciado sòlo como
gesto intimidatorio,
aprobación
anticipada a
terceros
perturbadores e
intento de profecía
autocumplida. En el
caso de que
marcharan proyectos
coherentes y
efectivos de la
Embajada para
propiciar de manera
directa una
alteración del orden
público, la sede
diplomática sería la
última en anunciar
sus efectos.
Disturbios avisados
no impiden
elecciones. La
hipótesis más
probable es que
tenga conocimiento
de planes
perturbadores en
marcha, los apruebe
e incluso los
aliente, pero no
tendría sentido
anunciar un proyecto
desestabilizador de
gran magnitud en el
cual tuviera
participación activa
y principal.
2. Plan V. El Plan
V, formulado con
retórica promocional
de cursillo de
gerencia en Power
Point, se reduce a
proponer una suerte
de permanencia
“pacífica” de los
opositores alrededor
de sus mesas de
votación, hasta que
éstas les
suministren el
resultado deseado.
No tiene en cuenta
para nada que las
mesas son meros
terminales que
envían información
al sistema
centralizado del
CNE, y que la
presencia física
ante ellas no
custodia nada
tangible: ni urnas,
ni actas, ni boletas
de votación. En
varias mesas se
controlarán los
resultados
informáticos
mediante un conteo
manual. La
permanencia de los
opositores intenta
revestir en estos
casos caràcter
intimidatoria. Es de
esperar que los
participantes en
dicho conteo que
tengan tendencia
opositora inventarán
supuestas
irregularidades, a
fin de suscitar
incidentes entre el
pùblico que espere
resultados. Mientras
la presencia de los
opositores ante las
mesas sea
“pacífica”, no
surtirá otro efecto
que el de servir de
modelo para
reportajes
parcializados de los
medios; pero la
oposición no tiene
ni la disciplina, ni
el número de
electores suficiente
para hacer presencia
significativa ante
la mayoría de los
centros electorales
del país, y mucho
menos ante los de
las zonas populares.
Cuando màs, haràn
guardia frente a
algunas mesas de las
zonas residenciales
del Este de Caracas
y de otras ciudades,
en donde de todos
modos es de esperar
una alta votaciòn
opositora de la
minorìa acomodada.
No es de esperar por
lo tanto un “efecto
México” en
Venezuela. No serían
descartables
intentos de
violencia
focalizados, pero
ocasionales y de
poca magnitud. Sería
recomendable la
mayor serenidad de
la fuerza pública al
tratar con ellos, ya
que los medios
estarán alertas para
magnificar cualquier
incidente.
3. Anuncio prematuro
de resultados
electorales por la
oposición. Con
motivo del
referendo, la
oposición avanzó
unos falsos
resultados,
supuestamente
fundados en
encuestas “a boca de
urna”. Todo el
material que se ha
hecho público lleva
a pensar que en el
presente caso
también habrá una
prematura
divulgación de
resultados
electorales
fraguados, que
marcarán una clara
ventaja para la
oposición. Esta
técnica fue usada
por movimientos
financiados por la
NED en Georgia y en
Ucrania. Las órdenes
impartidas a la
oposición por
diversos medios
exhortan a “esperar
las instrucciones
del candidato y sólo
de él”. Vale decir,
de una vez
desestiman
anticipadamente el
pronunciamiento del
CNE y de las
autoridades
constituidas y
enfatizan que la
conducta de la
oposición no acogerá
ningún lineamiento
institucional, sino
sólo el comando de
su candidato. Estos
pronunciamientos
contarán con la más
absoluta complicidad
de los medios
privados, con las
excepciones del
caso.
4. Atentado contra
el candidato
opositor Rosales. A
lo largo de su
actuación, un sector
de la oposición ha
utilizado
sistemáticamente la
táctica de causar
muertos para luego
endosárselos al
proceso bolivariano.
Recordemos apenas
las bajas del 11 de
abril, el misterioso
tiroteo efectuado en
la plaza Altamira
por un taxista, que
relanzò el
entusiasmo por el ya
declinante cierre
patronal, los
bolivarianos
asesinados a
principios de 2002
durante las
“retomas” de barrios
populares,
homicidios que luego
fueron atribuidos a
los revolucionarios
mediante titulares
que hablaban de “dos
muertos en emboscada
chavista”. No es
descartable en
absoluto un atentado
o intento de
atentado contra
votantes opositores
o contra el
candidato opositor,
con el objeto de
atribuirlo al
gobierno y excitar
la ira de un sector
de la población.
Sería oportuno en
este caso extremar
las medidas de
inteligencia para
garantizar la
seguridad del
candidato. Y
obviamente, redoblar
las medidas de
seguridad para
proteger la vida del
mismo Presidente de
la República.
Tras repasar dichos
escenarios, se puede
afirmar que todos
ellos, así como
otros que circulan,
tienen como
propósito enviar
“señales de ataque”
o proporcionar
“coartadas
legitimatorias” para
que otros actores
intervengan en la
política por medios
distintos del
proceso electoral
mismo. Analicemos
sumariamente dichos
eventuales actores y
la posibilidad de su
intervención
directa:
1. Estados Unidos.
Desde el golpe del
11 de abril se
demostró que la
intervención
estadounidense no es
una remota
eventualidad, sino
una realidad con la
que hay que contar,
y frente a la cual
se debe estimar
cuidadosamente tanto
la oportunidad como
las dificultades que
encontraría. En la
actualidad, la
administración Bush
se encuentra
seriamente
comprometida por la
resistencia iraquí,
por el triunfo de
los demócratas en su
poder legislativo y
por la oposición que
en el frente
internacional le
presentan Irán,
Corea y los países
no alineados. No
parece concebible
que Bush intente
abrir otro frente de
batalla, que además
podría comprometer
gran parte de su
suministro de
petróleo. Por otra
parte, las
intervenciones
masivas directas por
lo regular están
acompañadas de un
operativo
propagandístico
abrumador, abierto y
frontal, que en el
presente caso
todavía no se ha
manifestado. La
intervención de
Estados Unidos, en
la presente
coyuntura, se
circunscribirá al
masivo
financiamiento de la
oposición, a la
asesoría técnica
electoral y
política, y a
continuos
pronunciamientos de
simpatía hacia los
opositores. Una
adecuada campaña de
denuncia e
información puede
neutralizar dichos
esfuerzos.
2. El sector militar
venezolano. Las
declaraciones
opositoras recalcan
obsesivamente la
necesidad de crear
disturbios para que
los militares se
vean enfrentados a
la disyuntiva de
disparar contra los
opositores o unirse
a ellos. Es posible
que todavía resten
en el ejército
sectores no afectos
a la
institucionalidad
democrática, pero
éstos seguramente
tendrán presentes
los ejemplos del 13
de abril de 2002 y
de los militares de
la plaza de
Altamira. En la
presente coyuntura
falta además, una
significativa
movilización de
masas a favor de la
desestabilización, y
ha cesado el
enfrentamiento
abierto del sector
empresarial con las
autoridades. Una
intentona golpista
enfrentaría a sus
autores con la
inmensa mayoría de
la población y les
plantearía la
disyuntiva de
disparar contra el
pueblo perpetrando
un verdadero
genocidio, o
rendirse. No parece
probable una
tentativa de tal
índole, que por otra
parte podrìa
desencadenar un
conflicto interno
inacabable.
3. El sector
empresarial. Las
estrategias
indicadas en la
sección anterior
también están
encaminadas a servir
de legitimación para
una posible acción
de sabotaje de
cierto sector
empresarial, como
epìlogo del cierre
patronal de
diciembre de 2002.
De hecho, éste ha
provocado varios
desabastecimientos
artificiales de
artículos de primera
necesidad en los
meses pasados, a fin
de provocar
descontento entre la
población. Sin
embargo, no parece
creíble que un
empresariado
derrotado en tres
intentos
consecutivos de lock
out, que goza de los
beneficios de un
crecimiento
económico que ha
repuntado hasta un
incremento de 10,2 %
del PIB, y que
espera las compras
que resultarán de
las utilidades, se
vaya a embarcar en
frío en una nueva
guerra económica
frontal contra el
Estado.
4. La clase media
conservadora. La más
obvia finalidad de
las estrategias
opositoras indicadas
consiste en activar
el sentimiento de
pánico de la clase
media conservadora
para lanzarla de
nuevo a la calle,
crear perturbaciones
y cosechar víctimas
supuestas o reales
que sirvan de
llamamiento a los
actores antes
mencionados. Hay que
señalar, sin
embargo, que gran
parte de esta clase
media siente en la
actualidad un
notable rechazo
hacia dirigencias
que la llevaron, de
apuntarse un 40% en
el referendo, a
lograr resultados
casi nulos en las
elecciones para
gobernador y
absolutamente nulos
en los comicios para
la Asamblea
Nacional. Gran parte
de esta clase media
conservadora podría
votar contra Chávez,
pero lo pensaría mil
veces antes de salir
de nuevo a
encerrarse a sí
misma con Guarimbas,
a colocarse como
blanco de
francotiradores o a
realizar vigilias
perpetuas ante
centros electorales
vacíos. A falta de
movilización notable
de una base social
poderosa, la
oposición deberá
conformarse una vez
más con fingir una
movilización
inflando incidentes
minùsculos a través
de la manipulación
mediática, que sólo
opera sobre cierto
sector convencido
pero que hasta el
presente se ha
revelado inútil para
producir cambios
sustanciales en la
política venezolana.
5. Paramilitares. La
fácil aprehensión
del centenar y medio
de paramilitares
acuartelados por
Robert Alonso en las
cercanías de Caracas
ha contribuido a la
tentación de
soslayar el
incidente y ha
creado una falsa
impresión de que el
problema está
resuelto. Por el
contrario: existe
una continua
infiltración de
paramilitares por
los estados
fronterizos;
autorizadas
denuncias señalan
que dichas fuerzas
cobran vacuna y
establecen alcabalas
en dichos estados,
que actúan como
milicias privadas de
hacendados
colombianos con
propiedades en
Venezuela, y
numerosos reportes
señalan su creciente
presencia en las
barriadas populares,
donde sustituyen
progresivamente a
los criollos en las
industrias del
préstamo usurario,
la trata de personas
y el juego ilegal.
Tales contingentes
están a la orden de
organizaciones
contrarrevolucionarias
o del hampa
organizada; tienen
entrenamiento y
disciplina militar,
armas y mecanismos
de escape y
escondite. No es de
descartar la
perpetración de
atentados contra los
votantes
revolucionarios y la
ejecución de
provocaciones. Ante
estas posibilidades,
sólo se puede
recomendar una
intensificada
vigilancia, que debe
ser el inicio de un
plan revolucionario
para erradicar de
una vez por todas el
brazo armado
paramilitar de
narcotraficantes y
promotores del juego
ilegal y de casinos.
6. Los medios. Se
puede dar por
descontado que la
mayoría de los
medios privados
difundirá
masivamente los
falsos resultados
que fragüe la
oposición, de la
misma manera que han
divulgado encuestas
fantasiosas y
fraudulentas
investigaciones de
opinión. Al igual
que sucedió durante
el referendo,
seguramente algunos
medios se
anticiparán a los
políticos en
desconocer por su
cuenta y riesgo el
pronunciamiento del
CNE. Igualmente
cubrirán en forma
exhaustiva todas las
protestas, vigilias,
manifestaciones y
pronunciamientos
opositores sobre
supuestos fraudes.
Ante cualquier
tentativa de esta
índole, sería
indispensable un
inmediato
pronunciamiento
tanto del CNE como
del Minci en el
sentido de que sólo
son válidos los
resultados avalados
por el primero,
cuando estén
debidamente
totalizados. Tal
pronunciamiento debe
ser difundido por
todos los medios de
los cuales dispone
el proceso
bolivariano, y si
ello es
indispensable,
divulgado asimismo
mediante cadena. Una
vez más, sería de
desear la inmediata
aplicación de las
sanciones legales
para los medios
infractores, y una
vez más, seguramente
tales sanciones
brillarán por su
ausencia, con lo
cual se alentará la
comisión de nuevas
infracciones debido
a la reiterada
negligencia o
incompetencia
flagrante de los
funcionarios
encargados de
aplicar las leyes
sobre la materia.
En todo caso, es
pertinente recordar
que los medios ni
deciden ni actúan
por sí mismos, sino
que operan como
instigadores de la
acción (legal o
ilegal) de otros
actores. En el
presente caso, la
mayoría de sus
llamamientos no
tendrán eco ni
suscitarán
respuestas graves.
El poder permanecerá
en las manos del
pueblo, y a partir
del 4-D, éste debe
comprender la
urgencia de usarlo
efectivamente.