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Definitivamente la ONU no ha podido abandonar su papel
de abanderada de las grandes potencias mundiales. Con evidente premura su
Consejo de Seguridad ha decidido condenar e imponer sanciones a Corea del
Norte por haberse atrevido este país a probar sus misiles
intercontinentales.
Se le acusa de violar el Tratado Antibalístico Mundial,
tratado que, curiosamente, ha sido abandonado previamente por Estados
Unidos y por Rusia, los dos países con mayor poderío misilístico. La India
tampoco ha tenido problema alguno para lanzar un nuevo misil con alcance
de 3.000 kilómetros. Tampoco se cuestiona la capacidad misilística de
Israel.
Caben las preguntas ¿porqué condenar sólo a Corea del
Norte? ¿cómo evitar que quienes se sienten amenazados no desarrollen sus
armas defensivas? Es conveniente recordar que una de las condiciones de
este último país para abandonar su planes armamentísticos es la de firmar
un Tratado de No Agresión con Estados Unidos, a lo cual se niega
terminantemente la primera potencia del mundo.
Por otra parte, la ONU se cruza de brazos ante la
peligrosa escalada de violencia y de guerra francamente abierta en el
Medio Oriente. La excusa de la agresión Israelí a dos países y la amenaza
de extender las acciones bélicas a otros dos, Sira e Irán, se fundamente
en el secuestro de tres de sus numerosas tropas militares. El pretexto de
la invasión militar a Palestina y al Líbano ya ha causado numerosas
muertes de civiles inocentes, entre ellos mujeres y niños.
Pensemos por un momento cual sería la reacción mundial
si a Venezuela los paramilitares le secuestraran a uno o más miembros de
nuestra Fuerza Armada y, como reacción procediéramos a bombardear Cúcuta y
otras poblaciones colombianas, a destruir sus carreteras y aeropuertos, a
bloquear sus puertos marítimos, a destruir sus plantas de energía y
matar a personas inocentes.
Nadie debe ser indiferente ante esta peligrosa escalada
que a todos nos afecta. El precio del petróleo, afectado por la crisis de
Irak, sigue subiendo y con él los precios de todos los productos en todo
el mundo. Esto implica aumento de la pobreza mundial y una indiferencia
escandalosa ante la desgracia humana.
Quisiera que mi Universidad, la Universidad Simón
Bolívar, la que dice ser de la excelencia, fijara su opinión ante lo que
está sucediendo en el mundo. Recuérdese que universidad viene de Universo
y que tiene la obligación moral y ética de fijar su posición, tal como lo
ha hecho en un caso mucho menos relevante como lo fue lo acontecido en
Mérida.
Enrique Braña |