|
Poco se habla del
muro que los Estados Unidos están alzando en la frontera mexicana, y poco
se habla de las alambradas de Ceuta y Melilla.
Casi nada se habla
del Muro de Cisjordania, que perpetúa la ocupación israelí de tierras
palestinas y de aquí a poco será quince veces más largo que el Muro de
Berlín.
Y nada, nada de nada,
se habla del Muro de Marruecos, que desde hace veinte años perpetúa la
ocupación marroquí del Sahara occidental. Este muro, minado de
punta a punta y de punta a punta vigilado por miles de soldados, mide
sesenta veces más que el Muro de Berlín.
¿Por qué será que hay muros tan
altisonantes y muros tan mudos?
¿Será por los muros de la incomunicación,
que los grandes medios de comunicación construyen cada día?
**********
En julio del 2004, la
Corte Internacional de Justicia de La Haya sentenció que el Muro de
Cisjordania violaba el derecho internacional y mandó que se demoliera.
Hasta ahora, Israel no se ha enterado.
En octubre de 1975,
la misma Corte había dictaminado: «No se establece la
existencia de vínculo alguno de soberanía entre el Sahara Occidental y
Marruecos». Nos quedamos cortos si decimos que Marruecos fue sordo.
Fue peor: al día siguiente de esta
resolución, desató la invasión, la llamada Marcha Verde, y poco después se
apoderó a sangre y fuego de esas vastas tierras ajenas y expulsó a la
mayoría de la población.
Y ahí sigue.
**********
Mil y una
resoluciones de las Naciones Unidas han confirmado el derecho a la
autodeterminación del pueblo saharaui.
¿De qué han servido esas resoluciones? Se
iba a hacer un plebiscito, para que la población decidiera su destino.
Para asegurarse la victoria, el monarca de Marruecos llenó de marroquíes
el territorio invadido. Pero al poco tiempo, ni siquiera los marroquíes
fueron dignos de su confianza. Y el rey, que había dicho sí, dijo que
quién sabe. Y después dijo no, y ahora su hijo, heredero del trono,
también dice no. La negativa equivale a una confesión. Negando el derecho
de voto, Marruecos confiesa que ha robado un país.
¿Lo seguiremos aceptando, como si tal
cosa? ¿Aceptando que en la democracia universal los súbditos sólo podemos
ejercer el derecho de obediencia?
¿De qué han servido
las mil y una resoluciones de las Naciones Unidas contra la ocupación
israelí de los territorios palestinos? ¿Y las mil y una resoluciones
contra el bloqueo de Cuba?
El viejo proverbio enseña:
La
hipocresía es el impuesto que el vicio paga a la virtud .
**********
El patriotismo es,
hoy por hoy, un privilegio de las naciones dominantes. Cuando lo practican
las naciones dominadas, el patriotismo se hace sospechoso de populismo o
terrorismo, o simplemente no merece la menor atención.
Los patriotas saharauis, que desde hace
treinta años luchan por recuperar su lugar en el mundo, han logrado el
reconocimiento diplomático de ochenta y dos países. Entre ellos, mi país,
el Uruguay, que recientemente se ha sumado a la gran mayoría de los países
latinoamericanos y africanos.
Pero Europa, no. Ningún país europeo ha
reconocido a la República Saharaui. España, tampoco. Este es un grave caso
de irresponsabilidad, o quizá de amnesia, o al menos de desamor. Hasta
hace treinta años el Sahara era colonia de España, y España tenía el deber
legal y moral de amparar su independencia.
¿Qué dejó allí el dominio imperial? Al
cabo de un siglo, ¿a cuántos universitarios formó? En total, tres: un
médico, un abogado y un perito mercantil. Eso dejó. Y dejó una traición.
España sirvió en bandeja esa tierra y esas gentes para que fueran
devoradas por el reino de Marruecos. Desde entonces, el Sahara es la
última colonia del Africa. Le han usurpado la independencia.
**********
¿Por qué será que los ojos se niegan a ver
lo que rompe los ojos?
¿Será porque los saharauis han sido una
moneda de cambio, ofrecida por empresas y países que compran a Marruecos
lo que Marruecos vende aunque no sea suyo?
Hace un par de años, Javier Corcuera
entrevistó, en un hospital de Bagdad, a una víctima de los bombardeos
contra Irak. Una bomba le había destrozado un brazo. Y ella, que tenía
ocho años de edad y había sufrido once operaciones, dijo:
Ojalá no tuviéramos
petróleo.
Quizás el pueblo del Sahara es culpable
porque en sus largas costas reside el mayor tesoro pesquero del océano
Atlántico y porque bajo las inmensidades de arena, que tan vacías parecen,
yace la mayor reserva mundial de fosfatos y quizá también hay petróleo,
gas y uranio.
En el Corán podría
estar, aunque no esté, esta profecía:
Las
riquezas naturales serán la maldición de las gentes.
**********
Los campamentos de refugiados, al sur de
Argelia, están en el más desierto de los desiertos. Es una vastísima nada,
rodeada de nada, donde sólo crecen las piedras. Y sin embargo, en esas
arideces, y en las zonas liberadas, que no son mucho mejores, los
saharauis han sido capaces de crear la sociedad más abierta, y la menos
machista, de todo el mundo musulmán.
Este milagro de los saharauis, que son muy
pobres y muy pocos, no sólo se explica por su porfiada voluntad de ser
libres, que eso sí que sobra en esos lugares donde todo falta: también se
explica, en gran medida, por la solidaridad internacional.
Y la mayor parte de la ayuda proviene de
los pueblos de España. Su energía solidaria, memoria y fuente de dignidad,
es mucho más poderosa que los vaivenes de los gobiernos y los mezquinos
cálculos de las empresas.
Digo solidaridad, no caridad. La caridad
humilla. No se equivoca el proverbio africano que dice:
La mano que recibe está
siempre debajo de la mano que da.
**********
Los saharauis
esperan. Están condenados a pena de angustia perpetua y de perpetua
nostalgia. Los campamentos de refugiados llevan los nombres de sus
ciudades secuestradas, sus perdidos lugares de encuentro, sus querencias:
El Aaiún, Smara...
Ellos se llaman hijos
de las nubes, porque desde siempre persiguen la lluvia.
Desde hace más de
treinta años persiguen, también, la justicia, que en el mundo de nuestro
tiempo parece más esquiva que el agua en el desierto. |