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Jorge Rossel
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Venezuela:
¿Qué significa la
derrota en el
referéndum?
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Venezuela: ¿Qué
significa la derrota
en el referéndum?
Aproximadamente a la
1 de la madrugada,
después de una larga
demora, la Comisión
Electoral Nacional
de Venezuela anunció
los resultados del
referéndum sobre la
reforma
constitucional. La
propuesta de cambio
constitucional fuer
derrotada por un
estrecho margen:
4.504.354 votos en
contra (50,70%) y
4.379.392 (49,29%) a
favor del SÍ. Poco
después, el
presidente Chávez
apareció en
televisión aceptando
los resultados. Dijo
que las reformas
propuestas no se
habían aprobado "por
ahora", pero que él
continuaría la lucha
por la construcción
del socialismo.
El resultado, como
se podía esperar,
fue recibido con
júbilo por la
oposición de
derechas y todas las
fuerzas
reaccionarias. Por
primera vez en casi
una década habían
conseguido una
victoria. Hubo
escenas de alegría
en zonas acomodadas
de clase media de
Caracas. "¡Al final
hemos demostrado que
se puede derrotar a
Chávez! ¡Por lo
menos hemos detenido
el giro hacia el
comunismo! ¡Hemos
dado a la chusma una
lección!"
La alegría de los
reaccionarios es
prematura y
exagerada. Una
mirada a los
resultados demuestra
que la fuerza
electoral de la
oposición apenas ha
aumentado, si se
comparan los
resultados (después
de contabilizar el
88% de los votos)
con las elecciones
presidenciales de
2006, la oposición
ha conseguido sólo
100.000 votos más,
pero Chávez ha
perdido 2,8 millones
de votos. Estos
votos no fueron a la
oposición sino a la
abstención. Este
hecho significa que
el apoyo a la
contrarrevolución no
ha aumentado de
manera significativa
desde su punto más
alto de hace un año.
Cómo "informa" la
burguesía a la
opinión pública
Varios factores han
contribuido a este
resultado. La
burguesía tiene en
sus manos
instrumentos
poderosos para
moldear a la opinión
pública. Organizaron
una absoluta
movilización de los
medios de
comunicación
reaccionarios para
realizar una campaña
histérica de
mentiras y calumnias
contra Chávez, la
revolución y el
socialismo. Esta
campaña alarmista
sin duda tuvo un
efecto en los
sectores más
atrasados de la
población.
La presión fue
despiadada. La
Iglesia Católica,
encabezada por la
reaccionaria
Conferencia
Episcopal, predicó
desde sus púlpitos
contra Chávez y el
"comunismo ateo". En
Últimas Noticias,
uno de los
periódicos más
leídos en Venezuela
y uno de los que más
leen los
bolivarianos,
apareció un anuncio
de dos páginas en el
que se decía que el
Estado te quitaría a
tus hijos y que
ellos pertenecerían
al Estado, que se
eliminaría la
libertad de
confesión religiosa.
En Carabobo, el
periódico regional
Notitarde, publicó
una encuesta en
primera línea con el
siguiente titular:
"Hoy tú decides y la
decisión será para
siempre" y justo
debajo de una
fotografía una
carnicería vacía con
una bandera cubana y
una imagen de Castro
con el siguiente
titular: "Así es
cómo hoy es la Cuba
socialista".
Estos ejemplos
demuestran la
hipocresía mendaz de
la campaña de los
medios de
comunicación
internacionales
cuando dicen que "no
hay libertad de
prensa hoy en
Venezuela". Esta
campaña ruidosa
alcanzó su crescendo
hace unos meses
cuando el gobierno
decidió no renovar
la licencia de RCTV,
una cadena de
televisión de
derechas que era un
nido célebre de
conspiradores
contrarrevolucionarios
que jugaron un papel
clave en el golpe de
abril de 2002.
El problema no es
que la revolución
haya limitado los
derechos
democráticos de la
oposición o
pisoteado la
"libertad de
prensa". El problema
es que la revolución
ha sido demasiado
generosa con sus
oponentes,
excesivamente
tolerante, muy
paciente, demasiado
caballerosa. Ha
dejado excesivo
poder en manos de la
oligarquía y sus
agentes. Ha puesto
un arma en sus manos
y que la están
utilizando de modo
muy efectivo para
sabotear la
revolución,
descarrilarla y por
último destruirla.
La abstención
Todo esto es cierto
pero no responde a
la pregunta de por
qué ha ganado el
"no". El elemento
principal en la
ecuación fue la
abstención: un gran
número de chavistas
no se han molestado
en ir a votar. La
pregunta que se debe
hacer es la
siguiente: ¿por qué
no han votado? Los
burócratas y cínicos
de clase media
culparán a las masas
por su supuesta
apatía. Esa idea es
totalmente falsa.
Las masas han votado
sistemáticamente a
Chávez en cada
elección y
referéndum. Votaron
masivamente en
diciembre pasado,
pero ahora hay
síntomas de
cansancio. ¿Por qué?
Después de todo lo
que se habla sobre
el socialismo, la
oligarquía aún está
firmemente
atrincherada,
utiliza su riqueza y
poder para sabotear
y socavar la
revolución. Los
golpistas de 2002
aún están en
libertad. Los medios
de comunicación de
derechas son libres
para extender
mentiras y calumnias
contra la
revolución. Asesinan
a activistas
campesinos y no pasa
nada.
A pesar de las
reformas del
gobierno, que sin
duda han ayudado a
los pobres y
desfavorecidos, la
mayoría aún vive en
la pobreza. El
problema de los sin
techo sigue sin
resolverse. El
sabotaje de los
terratenientes y
capitalistas está
provocando escasez
de productos
básicos. Todo esto
tiene un efecto
sobre la moral de
las masas.
La aplastante
mayoría de las masas
aún apoyan a Chávez
y la revolución,
pero hay claros
síntomas de
cansancio. Después
de nueve años de
agitación, las masas
están cansadas de
palabras y
discursos, desfiles
y manifestaciones,
también de
interminables
elecciones y
referendos. Quieren
menos palabras y una
acción más decisiva:
acción contra los
terratenientes y
capitalistas, acción
contra los
gobernadores y
funcionarios
corruptos.
Sobre todo, quieren
acción contra la
quinta columna de
chavistas de
derechas que llevan
camisetas rojas y
hablan de socialismo
del siglo XXI pero
que se oponen al
verdadero
socialismo, que
sabotean la
revolución desde
dentro. A menos que
se purgue el
Movimiento
Bolivariano y el
PSUV de estos
burócratas y
arribistas
reformistas, no se
podrá hacer nada.
La quinta columna
Los burócratas de
nuevo demostraron su
total incapacidad de
organizar una
campaña seria de
masas. No
consiguieron
responder a las
mentiras de la
oposición. No fueron
capaces de explicar
los muchos puntos de
la reforma
constitucional que
habrían beneficiado
a la clase obrera,
como la jornada
laboral de 36 horas
semanales. ¿Cómo lo
iban a hacer cuando
ellos mismos se
oponen a este tipo
de medidas
socialistas? Este
sabotaje por parte
de la quinta columna
es bien conocido por
la base del
movimiento, también
por sus enemigos. La
revista Time
comentaba con
desdén:
"Incluso algunos
aliados de Chávez
quieren poner frenos
al tren radical del
presidente. Muchas
de las reformas
propuestas, dicen
ellos, tienen menos
que ver con atribuir
poderes al pueblo
que con la
concentración de
poder en manos de
Chávez. Entre las
iniciativas:
eliminar el límite
de mandados
presidencial; poner
el ahora autónomo
Banco Central bajo
el control del
presidente; y la
creación de
vicepresidentes
regionales. Los
líderes provinciales
como Ramón Martínez,
gobernador del
estado de Sucre y
socialista,
considera esta
última idea como una
profusa
centralización de la
autoridad federal,
además de una
traición a la
revolución
bolivariana de
Chávez (llamada así
por el héroe de la
independencia
sudamericana del
siglo XIX: Simón
Bolívar). 'Esta
revolución se supone
que crearía más
pluralismo en
Venezuela", dice
Martínez. 'Nosotros
no queremos un
mega-estado como la
Unión Soviética"".
Cualquiera que lea
estas líneas
comprenderá
inmediatamente por
qué no hubo una
campaña seria. Ramón
Martínez no es un
socialista sino un
dirigente de
Podemos, esos
renegados que se
escindieron del
Movimiento
Bolivariano en
víspera del
referéndum para
llevar a cabo una
violenta campaña por
el "no". Su
comportamiento no
debería sorprender a
nadie, no fue un
caso aislado. En
Apure, el gobernador
no hizo nada para
organizar la
campaña, y muchos
otros se comportaron
de una manera
similar. Los
burócratas
simplemente
repitieron la misma
campaña desastrosa y
vacía que
organizaron hace un
año en la campaña
presidencial.
Un compañero en
Mérida describía la
situación de esta
manera: "Fue una
campaña estúpida,
los carteles sólo
decían que si
votabas a Chávez era
por 'amor" mientras
que la campaña de la
derecha era
violenta. Decían que
le quitarían todo a
la gente, si tenías
dos automóviles, te
quitarían uno, que
los recién nacidos
serían arrebatados
por el estado
"socialista"".
Después de que se
anunciara el
resultado, hubo un
programa en directo
con las líneas
telefónicas abiertas
al público en RNV,
una de las emisoras
de radio estatales,
y la mayoría de los
que llamaron
culpaban a la
burocracia por la
ausente campaña a
favor del SÍ. Muchos
mencionaron la
actitud de los
gobernadores
alcaldes "chavistas"
que no solo no
organizaron la
campaña, sino que la
sabotearon
activamente. Estos
burócratas temían la
aprobación de estas
reformar más que la
oposición.
Correctamente, veían
que las masas
considerarían este
referéndum como
parte de un largo y
atrasado ajuste de
cuentas no sólo con
la clase dominante,
sino también contra
los elementos
reformistas y
burocráticos dentro
de la dirección del
movimiento
bolivariano.
La táctica de
Baduel
Las declaraciones de
la oposición después
del resultado fueron
muy significativas.
El primer orador fue
uno de los
dirigentes de los
estudiantes
reaccionarios, en
tercer lugar estaba
Rosales, el
candidato opositor
al presidente que
perdió
contundentemente
frente a Chávez el
pasado mes de
diciembre. Pero el
segundo orador no
era otro que el
general Baduel, el
anterior ministro de
defensa de quién
hemos escrito hace
poco.
¿Qué dijo Baduel?
Habló de la
reconciliación
nacional y ofreció
negociar con Chávez.
Renunciaba a todas
las intenciones de
organizar un golpe.
En pocas palabras,
ofreció una cara
sonriente y la mano
amistosa. Esta es
una táctica bastante
inteligente y
confirma nuestra
impresión de que
Baduel es un
contrarrevolucionario
inteligente. La
nueva táctica de la
oposición refleja
también la verdadera
correlación de
fuerzas que, a pesar
del resultado del
referéndum, es aún
muy desfavorable
para los
contrarrevolucionarios.
La revolución no
debería confiar en
ninguna de las caras
sonrientes de la
contrarrevolución.
Debemos recordar las
palabras de
Shakespeare: "¡hay
sonrisas que hieren
como puñales!" La
oferta de
reconciliación es
una trampa. No puede
haber reconciliación
entre revolución y
contrarrevolución
porque no puede
existir
reconciliación entre
ricos y pobres,
explotadores y
explotados.
La única razón de
este cambio de
táctica es que la
oposición no puede
derrotar a Chávez
mediante la acción
directa. Son
demasiado débiles y
lo saben. Los
elementos más
estúpidos de la
oposición ahora
están borrachos de
éxito. Pero después
de una noche de
borrachera llegará
la mañana con una
mala resaca. La
"victoria" se ha
ganado por un
estrecho margen. A
pesar de los grandes
esfuerzos de la
oposición sólo han
conseguido movilizar
unos 100.000 votos
más. Además, esta
lucha no se puede
ganar sólo con los
votos.
Los burgueses
barrigones, sus
esposas e hijos, el
pequeño tendero, el
estudiante "mocosos
consentidos de los
ricos", los
oficinistas del
gobierno, resentidos
con la "chusma", los
pensionistas
nostálgicos de los
"buenos y viejos
días" de la Cuarta
República, los
especuladores,
ladrones y
estafadores, los
viejos devotos de
ambos sexos
manipulados por la
jerarquía
reaccionaria de la
Iglesia, los
ciudadanos de la
sólida clase media
cansados de la
"anarquía": todos
estos elementos
parecen como una
fuerza formidable en
términos
electorales, pero en
la lucha de clases
su peso es
prácticamente cero.
La correlación de
fuerzas de clase
La verdadera
correlación de
fuerzas de clase se
pudo ver en los
mítines de fin de
campaña del
referéndum. Como en
diciembre de 2006,
la oposición movió
cielo y tierra para
movilizar a su base
y consiguió reunir
una gran multitud.
Sin embargo, al día
siguiente, las
calles del centro de
Caracas estaban
llenas de una manera
de camisetas rojas y
pancartas. Los dos
mítines revelaron
que la base activa
de los chavistas es
cinco u ocho veces
más que grande que
la base de la
oposición.
La imagen es incluso
más clara en el caso
de la juventud. Los
estudiantes de la
oposición son las
tropas de choque de
la oposición. Han
sido la principal
fuerza organizadora
de provocaciones
violentas contra los
chavistas. En su
manifestación más
grande congregaron a
50.000 personas,
según el cálculo más
optimista. Pero los
estudiantes
chavistas en su
manifestación
reunieron a 200.000
o 300.000 personas.
En este sector
decisivo de la
lucha, la juventud,
las fuerzas activas
de la revolución
superan con creces a
las fuerzas de la
contrarrevolución.
En el lado de la
revolución está la
aplastante mayoría
de los trabajadores
y campesinos. ¡Esta
es la cuestión
decisiva! Ni una
bombilla se
enciende, ni una
rueda gira, ni un
teléfono suena sin
el permiso de la
clase obrera. Esta
es una fuerza
colosal una vez se
organiza y moviliza
por la
transformación
socialista de la
sociedad.
¿Y el ejército? ¿Qué
pasa con el
ejército? Los
reformistas como
Heinz Dieterich
siempre están con la
misma historia como
si se tratara de un
disco rallado en un
viejo gramófono. Sí,
el ejército es una
cuestión decisiva.
Pero el ejército
siempre refleja las
tendencias que hay
dentro de la
sociedad. El
ejército venezolano
lleva viviendo una
década de tormenta y
tensión
revolucionaria. ¡Y
eso deja su sello!
No hay ninguna duda
de que la aplastante
mayoría de los
soldados rasos,
hijos de
trabajadores y
campesinos, son
leales a Chávez y la
revolución. Lo mismo
se aplica a la
mayoría de los
sargentos,
suboficiales y
oficiales más
jóvenes. Pero cuanto
más ascendemos en el
escalafón militar
menos clara es la
situación. En las
últimas semanas hubo
rumores de
conspiraciones y
algunos oficiales
fueron detenidos.
¡Es una advertencia
seria!
Entre los oficiales,
muchos serán leales
a Chávez, otros
simpatizarán con la
oposición o serán
secretos
contrarrevolucionarios.
La mayoría
probablemente sean
soldados de carrera
apolíticos, cuyas
simpatías se
inclinan a uno u
otro lado
dependiendo del
clima general de la
sociedad.
El hecho de que el
general Baduel haya
decidido adoptar un
tono cauteloso y
conciliador
demuestra que en la
actualidad no existe
una base seria para
un golpe de estado.
Los
contrarrevolucionarios
serios (incluidos
los asesores de la
CIA) son conscientes
de que por ahora la
situación no está
madura para una
operación como la de
abril de 2002. ¿Por
qué no? Porque
cualquier intento de
dar un golpe en esta
etapa sacaría de
nuevo a las masas a
las calles
dispuestas a luchar
y morir si es
necesario para
defender la
revolución.
En estas
circunstancias, el
ejército venezolano
actualmente no sería
un instrumento muy
fiable para un
golpe. Llevaría a
una guerra civil que
los
contrarrevolucionarios
no confían en ganar.
Y no hay dudas de
que en esta ocasión
una derrota de la
contrarrevolución en
una lucha abierta
significaría la
liquidación
inmediata del
capitalismo en
Venezuela.
Por estas
consideraciones
prácticas Baduel ha
adoptado la posición
que ha tomado. En
realidad intenta
ganar tiempo, espera
que las condiciones
objetivas cambien a
favor de la
contrarrevolución y
en contra de la
revolución. Hay que
admitir que estos
cálculos son
correctos. ¡El
tiempo no está del
lado de la
revolución!
El papel
pernicioso de las
sectas
Baduel ahora
defiende la
convocatoria de una
asamblea
constituyente.
Resulta irónico que
sea la misma
reivindicación que
está defendiendo el
PO argentino y otras
sectas
ultraizquierdistas.
Estos últimos se
encontraron agitando
al lado de la
contrarrevolución en
la campaña del
referéndum, pero no
debería ser una gran
sorpresa.
El papel de Orlando
Chirino y otros
llamados
"trotskistas" que
defendieron el voto
nulo fue
absolutamente
pernicioso. Estas
damas y caballeros
están tan ciegos por
su odio a Chávez que
ya no son capaces de
comprender la
diferencia entre
revolución y
contrarrevolución.
Esta circunstancia
les incapacita
totalmente como una
fuerza progresista,
menos aún
revolucionaria. Pero
dejemos que los
muertos entierren a
sus muertos.
Los
contrarrevolucionarios
e imperialistas
comprenden la
situación con mucha
más claridad que los
payasos y estúpidos
sectarios. Las masas
han despertado a la
vida política por
Chávez y le son
tremendamente
leales. La burguesía
ha intentado todo lo
posible para
deshacerse de Chávez
pero ha fracasado.
Cada uno de los
intentos
contrarrevolucionarios
se ha hecho pedazos
frente a la roca del
movimiento de masas.
Por lo tanto, han
decidido armarse de
paciencia e intentan
ganar tiempo. Chávez
ha sido elegido para
un período de seis
años y por tanto
tienen cinco años
más por delante. El
primer paso de la
burguesía era
garantizar que no
puede presentarse a
las próximas
elecciones. Esa era
la importancia del
referéndum desde su
punto de vista,
calculan que si
pueden librarse de
Chávez de una manera
u otra el movimiento
se dividirá en
pedazos y se
desintegrará,
permitiendo así que
el poder regrese a
sus manos.
La oposición es
cauta porque es
consciente de su
debilidad. Sabe que
no es lo
suficientemente
fuerte para pasar a
la ofensiva. Pero
sobre la base de un
"acuerdo nacional"
intentan diluir el
programa de Chávez.
Si lo consiguen,
desmoralizará a la
base chavista,
mientras que los
burócratas y
reformistas saldrán
fortalecidos.
Es una táctica
inteligente, pero
hay un problema. A
pesar del resultado
del referéndum,
tienen que aguantar
a Chávez hasta
2012-13 y no hay
otras elecciones
importantes en el
horizonte. En una
situación como
Venezuela en cinco
años pueden cambiar
muchas cosas. Por
eso quieren una
asamblea
constituyente, si
ellos pueden ganar
otro referéndum
cambiarán la
constitución para
permitir unas
elecciones
anticipadas que
esperan ganar,
probablemente con
Baduel como
candidato.
¿Por qué tienen
tanta confianza en
ganar? Por que la
revolución no ha
llegado hasta el
final, porque las
palancas importantes
de la economía se
han dejado en manos
de los mayores
enemigos de la
revolución, y
también porque hay
un límite a lo que
pueden tolerar la
masas sin caer en un
ambiente de apatía y
desesperación.
¡Son necesarias
medidas decisivas!
Hace algunos años,
en mayo de 2004,
escribí un artículo
titulado: Tesis
sobre la revolución
y contrarrevolución
en Venezuela, en él
escribía lo
siguiente:
"Basarse
exclusivamente en la
disposición de las
masas a hacer
sacrificios es un
error. Las masas
pueden sacrificar su
hoy por un mañana
sólo hasta cierto
punto. Siempre hay
que tener en mente
una idea, en última
instancia, la
cuestión económica
es decisiva".
Esta observación hoy
mantiene toda su
vigencia. En su
artículo del 27 de
noviembre de 2007,
Erik Demeester daba
cifras de un
reciente informa de
Datanalisis (1) [el
servicio de
estadísticas
venezolano] que
revelaba lo que ya
muchas personas
saben. "La escasez
de productos
alimenticios básicos
se está volviendo
intolerable. Este
estudio señala que
la leche, la carne
de vaca y el azúcar
son muy difíciles de
encontrar. Otros
productos como el
pollo, el aceite de
cocina, el queso,
las sardinas y las
alubias también son
muy escasos. El
análisis se basa en
entrevistas a 800
personas en unas 60
tiendas diferentes,
supermercados y
mercados, tanto del
sector privado como
de la red pública de
distribución:
Mercal. El 73, 3 por
ciento de los
lugares visitados no
tenían leche en
polvo a la venta. El
51, por ciento ya no
tenían azúcar
refinada, el 40 por
ciento no tenía
aceite de cocina y
el 26,7 por ciento
no tenía alubias, un
producto básico en
Venezuela.
"Dos tercios de los
clientes declararon
que en un grado u
otro padecían
escasez de comida
donde habitualmente
compraban. Colas de
horas, algunas veces
de cuatro horas,
para comprar algo de
leche no eran algo
excepcional. Esta
situación recuerda a
la de Chile cuando
el sabotaje
económico se utilizó
contra el gobierno
de izquierdas de
Unidad Popular en
los años setenta".
Para las masas la
cuestión del
socialismo y la
revolución no es
abstracta sino en
realidad muy
concreta. Los
trabajadores y
campesinos de
Venezuela han sido
extremadamente
leales a la
revolución. Han
demostrado un alto
grado de madurez
revolucionaria y
disposición a luchar
y hacer sacrificios.
Pero si la situación
se prolonga durante
demasiado tiempo sin
una ruptura
decisiva, las masas
comenzarán a
cansarse. Empezando
por las capas más
atrasadas e inertes
empezará a
desarrollarse un
ambiente de apatía y
escepticismo.
Si no hay un final
claro a la vista
comenzarán a decir:
hemos escuchado
todos estos
discursos antes,
pero nada
fundamental ha
cambiado. ¿De qué
sirve manifestarse?
¿De qué sirve votar
si vivimos igual que
antes? Este es el
mayor de los
peligros para la
revolución. Cuando
los reaccionarios
vean que la marea de
la revolución
comience a bajar
entonces pasarán a
la contraofensiva.
Los elementos
avanzados de los
trabajadores se
encontrarán
aislados. Las masas
ya no responderán a
sus llamamientos.
Cuando llegue ese
momento la
contrarrevolución
golpeará.
Aquellos que
defiende que la
revolución ha ido
demasiado lejos y
rápido, que es
necesario detener
las expropiaciones y
llegar a un acuerdo
con Baduel para
salvar la
revolución, están
totalmente
equivocados. La
razón por la que un
sector de las masas
se están
desilusionando no es
porque la revolución
haya ido demasiado
lejos y rápido, sino
porque va demasiado
lenta y no hay ido
lo suficientemente
lejos.
La creciente escasez
de productos básicos
y la inflación
afectan
principalmente a las
zonas de la clase
obrera, que forman
la base del chavismo.
Esta circunstancia
es la que socava la
revolución no "ir
demasiado lejos". No
se puede hacer media
revolución. Si
aceptamos el consejo
de los reformistas
de la escuela de
Heinz Dieterich
seguramente
destruiremos la
revolución.
Actuaríamos como un
hombre que está
sentado en la rama
de un árbol y la
sierra.
Las elecciones y
la lucha de clases
Los marxistas no nos
negamos a participar
en las elecciones.
Esa es la posición
del anarquismo no
del marxismo. En
general, la clase
obrera debe utilizar
cada resquicio
democrático que esté
disponible para
reunir a sus
fuerzas, conquistar
una posición tras
otra al enemigo de
clase y prepararse
para la conquista
del poder.
La lucha electoral
ha jugado un papel
importante en
Venezuela para unir,
organizar y
movilizar a las
masas. Pero tiene
sus límites. La
lucha de clases no
se puede reducir a
estadísticas
abstractas o
aritmética
electoral. Ni el
destino de una
revolución está
determinado por
leyes o
constituciones. Las
revoluciones se
ganan o se pierden
no en los despachos
de abogados o en
elecciones
parlamentarias, sino
en las calles, en
las fábricas, en los
pueblos y barrios
pobres, en las
escuelas y
barracones del
ejército. Ignorar
este hecho es un
peligro.
Los reformistas
creen que la clase
obrera siempre debe
cumplir las
sutilizas legales.
Pero hace tiempo que
Cicerón dijo: Salus
populi suprema est
lex (La ley suprema
es el bien del
pueblo). Nosotros
deberíamos añadir:
la ley suprema es el
bien de la
revolución. Los
contrarrevolucionarios
no han demostrado
ningún respeto por
la ley o la
constitución de
2002, y si hubieran
triunfado habrían
abolido
inmediatamente la
constitución de
1999. Ahora todos
están gritando por
la defensa de esa
misma constitución.
Incluso después de
la derrota del
referéndum, Chávez
tiene suficientes
poderes para llevar
a cabo la
expropiación de los
terratenientes,
banqueros y
capitalistas. Tiene
el control de la
Asamblea Nacional y
el apoyo de los
sectores decisivos
de la sociedad
venezolana. Una ley
capacitante para
expropiar la tierra,
los bancos y las
grandes empresas
privadas provocaría
un apoyo entusiasta
de las masas.
El nivel de
abstención que ha
permitido la
estrecha Victoria de
la oposición es una
advertencia. Las
masas exigen una
acción decisiva y no
palabras. Puede que
esta derrota tenga
el efecto contrario,
puede elevar las
masas a niveles
nuevos de lucha
revolucionaria. Marx
dijo que la
revolución necesita
el látigo de la
contrarrevolución, y
lo hemos visto en
más de una ocasión
durante estos
últimos nueve años
en Venezuela.
No se puede hacer
una tortilla sin
romper los huevos y
no se puede luchar
con un brazo atado a
la espalda. Una
revolución no es un
juego de ajedrez con
reglas bien
definidas. Es una
lucha entre
intereses de clase
mutuamente
antagónicos e
irreconciliables.
Son necesarias
medidas decisivas
para defender la
revolución y
desarmar la
contrarrevolución.
La victoria del "no"
en el referéndum
actuará como un
golpe saludable. La
base chavista está
furiosa y culpa a la
burocracia, a la que
correctamente culpan
de este revés.
Existen acciones
para purgar a la
derecha del
movimiento. ¡Es
absolutamente
necesario! Nuestras
consignas deben ser:
¡Ningún paso
atrás! ¡Ningún
acuerdo con la
oposición!
¡Por el avance de
la revolución!
¡Expulsión de los
burócratas y
arribistas!
¡Expropiación de
la oligarquía!
¡Armar a los
trabajadores para
luchar contra la
reacción!
¡Viva el
socialismo!
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