Una de las noticias
que ocuparán mayor
espacio mediático en
España este año
serán las elecciones
presidenciales de
EEUU. Estas
elecciones se han
iniciado con las
primarias de los dos
Partidos
mayoritarios en
aquel país, el
Partido Demócrata y
el Partido
Republicano, que
elegirán a sus
candidatos a la
presidencia de EEUU,
culminando este
proceso con las
elecciones
Presidenciales del
gobierno federal,
que tendrán lugar a
finales de año, en
noviembre. Tal largo
proceso consumirá
casi un año,
habiéndose iniciado
el pasado 4 de enero
en el Estado de Iowa
la carrera hacia la
presidencia del país
que se considera más
poderoso del mundo,
un país con un
sistema político
presidencialista,
cuyas políticas,
tanto nacionales
como
internacionales,
afectan a la gran
mayoría de la
población mundial,
incluida la de
nuestro país. De ahí
la enorme atención
mediática que tal
proceso absorberá,
puesto que de su
resultado se
derivaran muchas
consecuencias que
afectaran a nuestra
población. No hay
duda, por lo tanto,
de que es muy
importante conocer
lo que ocurre en
aquel país.
Este conocimiento se
adquiere en nuestro
país primordialmente
a través de los
medios de
información
españoles, que, por
desgracia,
reproducen con
excesiva frecuencia
la interpretación de
la realidad
estadounidense
promovida por los
mayores medios de
información de EEUU,
y que constituye la
"sabiduría
convencional" de lo
que es, de lo que
ocurre y de lo que
pasará en aquel
continente. Un
ejemplo de este tipo
de reportaje, es la
cobertura de las
elecciones de New
Hampshire, hecha por
el periodista Josep
Cuní (de TV3), en el
programa televisivo
matinal más visto en
Cataluña. En su
interpretación de
aquellos hechos, el
Sr. Cuní reproducía
la dada por los
canales más
importantes de
televisión de EEUU
(CNN, CBS y ABC)
idealizando la
realidad de aquel
país. El Sr. Cuní,
un periodista
liberal con
sensibilidad
nacionalista,
presentó la sanidad
estadounidense (uno
de los temas más
importantes en
aquellas elecciones)
en unos términos
casi irreconocibles
para los que
conocemos de cerca
aquella sanidad.
Señaló que la
sanidad pública de
aquel país cubre a
los pobres, mientras
que la sanidad
privada cubre a la
mayoría de
ciudadanos
permitiéndoles
negociar con los
médicos su factura y
la cobertura médica
que desean recibir.
La sanidad
estadounidense, sin
embargo, es muy
distinta: Medicaid
(el programa de
financiación federal
y estatal que
atiende a los
indigentes) cubre
solo al 10% de todos
los pobres de EEUU;
y no es el ciudadano
el que escoge al
médico y paga su
factura sino que es
principalmente el
empresario de donde
él o ella trabajan
(hablaré de ello más
adelante en este
artículo) Escribí al
Sr. Cuní
corrigiéndole y
pidiéndole que
publicada una
rectificación que no
ha hecho. ¡Ni
siquiera me
contestó! La
arrogancia de gran
parte de estos
medios en nuestro
país es enorme.
En otras ocasiones
el reportaje alcanza
dimensiones de gran
frivolidad, como
ocurre en el
artículo de Moisés
Naim, qien en su
columna en El
País del 10 de
enero, "La abuela y
la lagrima",
atribuye la victoria
de Hillary Clinton
en New Hampshire al
impacto que tuvo en
el electorado el
hecho de que esta
candidata llorara
durante una
presentación. Tal
argumento aparece
también en un
artículo de Mario
Vargas Llosa (del
cual hablaré más
tarde) en un
reportaje que se
caracteriza por su
superficialidad.
Es inevitable que la
lectura de aquella
realidad por parte
de los medios se
haga según los
intereses que tales
medios representan o
según la postura o
simpatías políticas
del que informa. Ni
que decir tiene que
hay también
periodistas en
España que intentan
cubrir aquella
realidad de una
manera más objetiva.
Pero incluso entre
estos, detecto
problemas de
interpretación como
consecuencia de que
los conceptos, los
símbolos e incluso
la narrativa de la
cultura política y
mediática de aquel
país son muy
diferentes a las
existentes en España
y en Europa. No es
fácil entender EEUU.
Incluso los colores
utilizados en los
símbolos políticos
son diferentes; en
realidad son
opuestos. En EEUU,
por ejemplo, el
color rojo es el
color de las
derechas, mientras
que el color azul es
el color de lo que
se consideran las
izquierdas. Los
Estados rojos son
los Estados de
mayoría republicana;
los estados en azul
son los Demócratas.
En España es
precisamente al
revés, el color rojo
es el color de las
izquierdas y el
color azul es el de
las derechas. Si en
EEUU vas a una
reunión y ves
banderas y pañuelos
rojos puedes deducir
que es una reunión
de derechas, al
revés que en España.
Pero incluso más
importante que las
diferencias de
coloraciones en los
símbolos políticos
es la diferencia en
los conceptos
utilizados en la
narrativa política.
En EEUU un político
que apoye unas
políticas públicas
que favorezcan el
crecimiento del
gasto público, la
expansión de
políticas
presupuestarias de
orientación
redistributiva, una
carga fiscal alta y
progresiva y un
elevado gasto social
se define como un
político liberal,
precisamente lo
opuesto a lo que es
un liberal en
Europa. En nuestro
continente, en
Europa, un liberal
es un político que
quiere reducir las
intervenciones
públicas, quiere
disminuir los
impuestos, no cree
en políticas
redistributivas, y
favorece la
privatización no
sólo de la provisión
sino también de la
financiación de los
servicios públicos.
En EEUU a tal
político no se le
llama liberal, sino
conservador. Los
medios españoles
traducen
literalmente el
término liberal sin
aclarar tal
distinción, creando
una gran confusión.
Un ejemplo, entre
muchos otros, es el
artículo de El
País, de su
corresponsal en New
Hampshire, Antonio
Cano (10.01.08), que
indicaba, en su
análisis de las
primarias de aquel
estado, que los
liberales apoyaron a
los candidatos
demócratas. En otras
ocasiones esta
confusión se
promueve con fines
propagandísticos por
parte de autores o
medios liberales
españoles (en la
terminología
europea),
presentando a los
liberales
estadounidenses como
los votantes más
progresistas en
aquel país. Un
ejemplo de ello es
Mario Vargas Llosa,
quien en su artículo
sobre las elecciones
en EEUU titulado "Obama
y las primarias" se
refiere a la mayoría
de votantes
progresistas que
apoyaron al Partido
Demócrata como
liberales. En
realidad, gran
número de los
votantes que se
definen como
liberales en EEUU
son
socialdemócratas,
punto que
prácticamente nunca
se aclara en los
medios españoles y
todavía menos en los
artículos de Mario
Vargas Llosa y
compañía.
La mayoría de
liberales (en el
sentido
estadounidense de la
palabra) están en el
Partido Demócrata.
Se llaman New
Dealers y estan
arraigados en la
tradición
establecida por los
presidentes Franklin
Roosevelt y Harry
Truman, que
establecieron el New
Deal, basado en la
Seguridad Social y
en la
universalización de
derechos laborales y
sociales a toda la
ciudadanía
estadounidense. La
dirección del
Partido Demócrata,
desde la época del
presidente Carter
(definido por el
The New York Times
como el presidente
más conservador que
el Partido Demócrata
haya tenido en la
segunda mitad del
siglo XX) se ha ido
distanciando de esta
tradición, siendo el
Presidente Clinton
el que se distanció
más, rehusando
definirse como
liberal (en
terminología
estadounidense)
aunque durante las
elecciones del año
1992 se presentó
como un New Dealer
(el Finantial
Times lo definió
incluso como "un
socialdemócrata que
se inspiraba en la
experiencia sueca",
comprometiéndose,
por ejemplo, en el
establecimiento de
un programa
universal de sanidad
que cubriera a toda
la ciudadanía de
EEUU). Después de
ser elegido y como
consecuencia de su
proximidad a Wall
Street (el centro
financiero de aquel
país) se distanció
de esta tradición,
siendo ello
responsable de la
enorme abstención
entre la clase
trabajadora y las
bases populares del
Partido Demócrata
(que son en su
mayoría New Dealers)
causando la derrota
del Partido
Demócrata en las
elecciones al
Congreso de EEUU de
1994, en las que el
Partido Republicano
consiguió
prácticamente el
mismo número de
votos que en las
anteriores
elecciones al
Congreso (en un año
no presidencial) en
1990, mientras que
el Partido Demócrata
perdió un gran
número de votantes
debido a la
abstención, que se
centró
mayoritariamente en
la clase
trabajadora. Esta
fue la causa de la
mal llamada
"revolución
republicana" en 1994
cuando tal Partido
ganó el control del
Senado y del
Congreso de EEUU.
La mayoría de los
conservadores apoyan
al Partido
Republicano, el cual
se ha ido
radicalizando con el
tiempo, estando hoy
liderado por la
ultraderecha,
llamada neocons.
El sistema electoral
favorece el
bipartidismo (y
prácticamente
imposibilita la
aparición de otros
partidos). De ahí se
deriva la imagen que
el Partido
Republicano es la
derecha y el Partido
Demócrata es el
centro-izquierda.
Tal imagen, sin
embargo, no se
corresponde con la
terminología
europea. La
dirección del
Partido Demócrata no
es de centro
izquierda: es de
centro derecha. Aun
cuando grandes
sectores de las
bases del Partido
Demócrata (los
sindicatos y los
movimientos
sociales, tales como
el Movimiento de los
Derechos Civiles y
muy en particular el
Rainbow Coalition
liderado por Jesse
Jackson, el
Movimiento Feminista
y gran parte del
Movimiento
Ecologista) son de
centro-izquierda, la
gran mayoría de
representantes
políticos y del
aparato del Partido
Demócrata son de
centro y
centroderecha.
Ninguno de los dos
candidatos más
conocidos del
Partido Demócrata,
Hillary Clinton y
Barak Obama,
proponen por
ejemplo, un sistema
sanitario universal
financiado
públicamente, tal
como ocurre en la
mayoría de países
europeos. Hillary
Clinton está
pidiendo la
universalización del
sistema sanitario
basada en la
obligatoriedad de
que los empresarios
ofrezcan cobertura
sanitaria a sus
empleados y
trabajadores pagando
su seguro sanitario
privado como parte
del convenio
colectivo. El
sistema sanitario,
bajo la
Administración
Clinton, continuaría
gestionado por las
compañías privadas
de seguros, mientras
que Barak Obama ni
siquiera pide la
universalización de
la cobertura
sanitaria (tal como
erróneamente informa
Mario Vargas Llosa
en su artículo de
El País),
limitándose a pedir
la expansión de la
muy limitada
cobertura sanitaria
que existe en EEUU a
base de incentivos y
subsidios a las
empresas y a los
individuos (mediante
desgravaciones
fiscales semejantes
a las propuestas por
el PP y CiU en
España y en
Cataluña). Presentar
tales dirigentes
como dirigentes de
centro-izquierda
exige una cierta
elasticidad en el
lenguaje político
nuestro.
Otra confusión que
aparece
frecuentemente en
los medios españoles
es la terminología
que se utiliza para
definir la
estructura social
del país. En EEUU el
término clase media
se utiliza para
definir
predominantemente a
la clase
trabajadora. La
mayoría de encuestas
utilizadas por los
medios de
información
estadounidenses para
averiguar la clase
social a la que una
persona considera
pertenecer preguntan
al ciudadano: "¿es
usted de clase alta,
de clase media o de
clases baja?". La
predecible respuesta
es clase media, de
lo cual se deriva la
conclusión errónea
de que la mayoría de
la ciudadanía se
considera clase
media. Pero en las
escasas encuestas en
EEUU en las que a la
población se le pide
si se considera
clase empresarial (corporate
class), clase media
(midle class) o
clase trabajadora (working
class) hay más
estadounidenses que
se autodefinen como
clase trabajadora
(46%) que clase
media (32%). El
término clase
trabajadora, sin
embargo, apenas se
utiliza en los
medios o en la
cultura política
estadounidense..
Todos los candidatos
demócratas (e
incluso algunos
republicanos)
utilizan un lenguaje
crítico de la clase
empresarial (corporate
class), una clase
que se ha
beneficiado
enormemente de las
políticas públicas
del Presidente Bush
(cuyas reformas
tributarias
altamente regresivas
son semejantes a las
que realizaron en
España, el PP, con
el apoyo de CIU). Es
electoralmente muy
rentable en EEUU
atacar a estos
intereses de la
clase empresarial
pues tal clase goza
de escasa estima a
nivel popular. De
ahí que todo los
candidatos
Demócratas, sin
exclusión, hayan
propuesto eliminar
tales reformas
fiscales. No así la
mayoría de los
candidatos
republicanos. En
este discurso de los
candidatos la lucha
de clases aparece
como un conflicto
entre la mayoría de
la ciudadanía que se
presenta como la
clase media frente a
los grupos de
intereses
pertenecientes a la
corporate class.
Por último,
permítanme otra
observación que
considero pertinente
acerca de las
consecuencias de la
falta de
conocimiento o
ignorancia de la
política
estadounidense por
parte de políticos
españoles y
catalanes. En un
libro autobiográfico
del portavoz de los
nacionalistas
conservadores
catalanes, David
Madí, éste utiliza
en la portada del
libro una fotografía
bien conocida en
EEUU, que en su
original es del
General Patton con
una bandera de EEUU
en el fondo. En la
portada del libro de
Madí, la cara de
Patton ha sido
sustituida por su
propia cara y la
bandera
estadounidense por
una bandera
catalana. La figura
y el uniforme del
General Patton son
claramente
reconocibles. El Sr.
Madí es una
personalidad
conocida en el mundo
político catalán por
haber dirigido la
campaña electoral
del Sr. Artur Mas,
campaña que se
caracterizó por una
clara agresividad y
manipulación, con
escasa atención a
los criterios éticos
que deberían
respetarse incluso
en una campaña
electoral. Hay que
asumir, sin embargo,
que al utilizar la
figura del General
Patton, el Sr. David
Madi desconocía que
tal General fue
destituido de su
mando militar por el
Presidente Truman
debido, entre otros
hechos, a haber
abofeteado a
soldados
estadounidenses
durante la II Guerra
Mundial, hecho que
creó una enorme
indignación entre
las clases populares
y que forzó su
destitución,
habiendo mostrado
unos comportamientos
incompatibles con la
dignidad de los
soldados y con la
representatividad de
unas fuerzas
militares que
estaban luchando
contra el nazismo y
fascismo durante la
Segunda Guerra
Mundial. Como indicó
el Presidente Truman
al destituirle, "el
General Paton no
entiende por qué
EEUU está luchando
contra el nazismo y
el fascismo. Su
comportamiento,
ofensivo con las
tropas
estadounidenses,
choca con lo que
motiva nuestra
intervención
militar, que es la
defensa de la
democracia, de la
libertad y de la
dignidad de las
personas" (Memorias
del Presidente
Truman). El general
Patton ha sido un
punto de referencia
para la ultraderecha
estadounidense por
su historial y
posturas de extrema
derecha. Supongo que
el Sr. David Madí
desconocía estos
hechos. Pero, además
de crear situaciones
embarazosas para
algunos políticos de
la derecha
nacionalista
catalana, el
desconocimiento de
aquella realidad
puede llevar a
políticos españoles
(incluidos partidos
de izquierdas) a
conclusiones
preocupantes. De ahí
la importancia de
que se conozca bien
la realidad de aquel
país.
No creo que sea
inmodesto decir que
considero que
conozco bien aquel
país. Tras tener que
irme de España por
razones políticas en
el año 1962 he
vivido un largo
exilio en Suecia,
Gran Bretaña y EEUU.
En este último país,
he vivido más de
treinta y cinto
años, habiendo
participado
activamente en la
vida académica de
aquel país (como
Catedrático de
Políticas Públicas y
de Estudios
Políticos de la The
Johns Hopkins
University) y en su
vida política como
dirigente del
Rainbow Coalition,
la rama de
izquierdas del
Partido Demócrata, y
como miembro del
grupo de trabajo en
la Casa Blanca,
liderado por la Sra.
Hillary Clinton,
encargado de la
reforma del sistema
sanitario de aquel
país. Tengo también
la citación del
Departamento de
Salud y Bienestar
Social del gobierno
federal de EEUU
(equivalente a
nuestro Ministerio
de Salud) de haber
sido uno de los
científicos que ha
contribuido más al
mejoramiento de la
salud y bienestar
social del pueblo
estadounidense. Cito
este último detalle
para protegerme de
la burda acusación
que se hace en
círculos liberales y
conservadores
españoles, que
frecuentemente
tildan como
"antiamericano" a
cualquier voz
crítica de las
instituciones
representativas de
la democracia
estadounidense.
Creo, por lo tanto,
conocer bien aquella
realidad, habiendo
mostrado en mi vida
un compromiso
emocional e
intelectual con
aquel país, al cual
también considero,
junto a Cataluña y a
España, como el mío.
El contexto político
estadounidense que
configura el proceso
electoral de las
primarias.
Lo primero que hay
que hacer para
entender el proceso
electoral de EEUU es
conocer el contexto
político en el que
aquel proceso se
desarrolla. Y este
contexto tiene
elementos muy
positivos pero
también muy
negativos. En EEUU
hay muchos elementos
que limitan
enormemente el
carácter democrático
del sistema
estadounidense.
Pero, empecemos por
los aspectos
positivos y uno de
ellos es el sistema
de primarias en los
Partidos políticos,
un sistema que se
vive en toda
intensidad y que
permite un debate
vivo dentro de los
dos Partidos.
Durante meses,
podremos ver un
intenso debate entre
posturas diferentes.
Estas posturas son
particularmente
diferenciadas
durante esta campaña
pues todos los
candidatos
Republicanos
presentan posturas
claramente
diferentes a las
presentadas por los
candidatos
Demócratas. Este
ejemplo de
democracia interna,
que permite a las
bases de los
Partidos participar
en la elección de
sus representantes,
es un sistema de
gran atractivo y que
explica su
generalización a
otros países
incluyendo España.
Este sistema de
primarias hace que
los representantes
sean sensibles a las
demanda de las bases
de los Partidos,
diluyendo el poder
de sus aparatos. Es
también en las
primarias donde se
expresan las
distintas
sensibilidades
dentro de los
Partidos,
apareciendo estos
como paraguas que
cubren a distintas
orientaciones y
tradiciones dentro
de un mismo Partido.
Esta realidad es la
que se intenta
recoger en el
establecimiento del
Partido Demócrata
europeo, claramente
inspirado en el
Partido Demócrata
estadounidense (y
del cual hablaré más
tarde).
Pero estos elementos
positivos, quedan
claramente limitados
y reducidos por
otros dos elementos
sumamente negativos.
Uno es la
privatización de
todos los procesos
electorales. Es
decir, no hay
limitaciones en
cuanto al gasto que
cada candidato puede
hacer en la
promoción de su
candidatura. Durante
las elecciones del
2004 el senador
Kerry consiguió 250
millones de dólares
y el presidente Bush
280 millones para
sus campañas. Para
las elecciones del
2008, tanto Hillary
Clinton como Barak
Obama ya habían
conseguido cerca de
100 millones,
incluso antes de
iniciarse la primera
elección en Iowa, a
principios de Enero
(Leslie Wayne. The
New York Times.
07.01.07). Este
dinero viene en su
mayoría de intereses
y grupos económicos,
financieros y
corporativos
(incluyendo
asociaciones
profesionales).
Naturalmente que las
donaciones por parte
de estos intereses
no son altruistas;
responden a su deseo
de tener acceso e
influencia a los
candidatos y
configurar en gran
manera sus
políticas. Este
dinero se utiliza
sobre todo para
comprar anuncios en
la televisión, cuyo
espacio mediático no
está regulado y está
disponible al mejor
postor. El mensaje
de los candidatos
tiene que alcanzar
al público y lo hace
preferentemente a
través de los medios
de información (la
mayoría privados en
EEUU) que están a su
vez controlados por
grupos mediáticos.
Siete de ellos
controlan la mayoría
de medios de
información en
Estados Unidos.
Tales intereses
mediáticos e
intereses
financieros y
empresariales
tienen, por lo
tanto, un enorme
control en la
presentación de los
candidatos. Así –tal
como informó Bill
Moyers en PBS- el
candidato de
izquierdas del
Partido Demócrata,
Dennis Kucinich, que
propone una reforma
del sistema
sanitario
transformando el
sistema
estadounidense de
financiación
predominantemente
privada a otro
sistema
predominantemente
público (tal como
los sistemas
sanitarios europeos)
excluyendo a las
compañias de seguros
privados de su
gestión, fue vetado
en el debate
televisivo más
importante que tomó
lugar en Iowa,
patrocinado por el
diario Des Moines
Register, próximo a
las compañías de
seguros. Lo mismo
ocurrió en New
Hampshire en el
debate del canal
televisivo ABC, el
segundo más grande
de Estados Unidos.
Kucinich, participó
en otros debates en
otros forums menos
visibles y las
encuestas mostraron
que ganó cada uno de
aquellos debates
pese a lo cual ha
sido el candidato
más excluido de la
mayoría de los
debates (Bill Moyers
Report. 07.01.07).
Ningún otro
candidato
Republicano o
Demócrata ha hecho
ninguna propuesta de
eliminación de las
compañías de seguros
privadas de la
financiación o de la
gestión del sistema
sanitario. Aconsejo
al lector que vea la
película SICKO de
Michael Moore que
muestra las
consecuencias de
tener un sistema
sanitario financiado
y gestionado por las
compañías de
seguros, tal como
existe en EEUU. Por
cierto, es
sorprendente que
este film no se haya
presentado en
España, cuando ha
sido mostrado ya en
la mayoría de países
europeos. Sería
interesante que se
hiciera en España
antes de las
elecciones de Marzo,
puesto que las
derechas españolas y
catalanas están
promoviendo un
sistema semejante de
financiación y
gestión privada para
nuestro país.
Volviendo a EEUU, la
evidencia de que los
lobbies económicos
tienen una enorme
influencia en la
vida política en
Estados Unidos es
enorme. Algunos
apologistas de aquel
sistema electoral
privatizado han
citado, como ejemplo
de que el dinero no
tiene influencia en
las campañas
electorales, el
hecho de que los
candidatos con mayor
apoyo financiero, en
el Partido
Republicano, Mitt
Romney y en el
Partido Demócrata
Hillary Clinton,
perdieran las
primarias en Iowa
frente a otros con
menos fondos. Pero
lo que estos autores
ignoran es que el
dinero es una
condición necesaria
pero no suficiente.
Tener mucho dinero
no quiere decir que
ganen los candidatos
que tengan más (aún
cuando en un estudio
reciente de Public
Citizen se documentó
que el 92% de
candidatos al
Congreso en las
elecciones al
Congreso de 2004 que
tenían mayor
aportación
financiera fueron
los que ganaron
aquellas
elecciones). Sin
dinero los
candidatos tienen
enormes dificultades
para que la
población conozca
sus propuestas. No
sólo Kucinich sino
también Edwards (que
es el candidato más
a la izquierda
después de Kucinich)
tienen enormes
dificultades en
poder presentar sus
posturas puesto que
tienen muchas menos
exposición mediática
al tener menos
aportaciones
financieras que las
que tiene Clinton u
Obama. Edwards, al
haber aceptado la
financiación pública
de su campaña, tiene
sólo 45 millones de
dólares para gastar
durante todo el año
2008, más de veinte
veces menos de lo
que tendrán Clinton
y Obama, que no han
aceptado tal
financiación pública
(lo cual les libera
de poder conseguir
la financiación
privada que deseen,
sin límites). Esta
situación reduce las
posibilidades de
Edwards de acceder
al público.
La segunda gran
limitación de la
democracia
estadounidense es el
sistema bipartidista
con solo dos grandes
Partidos, ambos muy
influenciados por
grupos económicos,
financieros y
corporativos. No es
un sistema
proporcional, lo
cual quiere decir
que es prácticamente
imposible crear un
tercer Partido en
las elecciones al
Congreso y a las
elecciones estatales
(los estados son
equivalentes a las
CCAA en España).
Rige un sistema
electoral de todo o
nada. Es decir, que
para que un Partido
gane representación
parlamentaria tiene
que conseguir más
del 50% de los
votos, ganando
entonces todos los
delegados de aquel
Estado. Ello
imposibilita la
presencia
parlamentaria de
terceros Partidos.
De ahí que
candidatos de tercer
partidos, perjudican
por regla general al
Partido más cercano
ideológicamente,
permitiendo la
victoria del Partido
con el que tienen
mayores desacuerdos.
Así Clinton ganó
gracias al candidato
Perot que restó
votos a Bush padre y
Gore perdió contra
Bush hijo como
consecuencia de la
candidatura de Nader
que le quitó votos a
Gore. Esta situación
explica la gran
alienación de la
mayoría de la
población que no se
siente representada
por tales Partidos
políticos. Nada
menos que el 72% de
la población no se
considera
representada por el
Congreso de EEUU,
siendo esta
percepción la causa
de una enorme
abstención,
abstención que, por
cierto, es
favorecida por la
mayoría de los
representantes
políticos (lo mismo
ocurre en las
elecciones a los
parlamentos de los
Estados). Me di
cuenta de ello en
1988 cuando el
candidato de
izquierdas del
Partido Demócrata,
el dirigente del
Rainbow Coalition,
Jesse Jackson,
consiguió un 40% de
los delegados del
Partido Demócrata
durante las
primarias de aquel
año. En las
negociaciones de
Jackson con el
Gobernador Dukakis
(que consiguió la
mayoría de los
delegados) para
conseguir el apoyo
de Jesse Jackson a
su candidatura para
Presidente de EEUU,
pude ver (yo estaba
en la delegación de
Jesse Jackson) que
no había mucho
interés por parte
del Partido
Demócrata de que
subiera la
participación tal
como pedía Jesse
Jackson. Y la razón
era clara. El
gobernador del
estado de Maryland
(que es el que
dirige el partido
gobernante, el
Partido Demócrata en
aquel Estado), por
ejemplo, no desea
que aumente la
bajísima
participación, que
es sólo de un 30%,
pues con solo un 16%
sale reelegido,
porcentaje
fácilmente
conseguible a partir
de políticas
clientelares. Si la
participación fuese
mayor, necesitaría
movilizar un
porcentaje mayor, lo
cual puede crearle
problemas, pues
nuevos votantes
pueden significar un
interrogante. De ahí
que la baja
participación
favorezca la
permanencia en el
poder de los
elegidos. Según
Public Citizen el
94% de los
representantes
políticos que se
presentan a la
reelección en EEUU,
salen reelegidos,
convirtiendo a la
clase política
estadounidense en la
clase política más
estable de todas los
sistemas
democráticos en
existencia. Esta
estabilidad, debida
a la bajísima
participación,
empobrece
enormemente la
calidad democrática
de aquel país. Este
es, precisamente, el
gran punto débil del
Partido Demócrata
Europeo. Quiere
reproducir el
bipartidismo
estadounidense en la
Unión Europea. Las
izquierdas, en este
sistema, perderían
influencia, como lo
demuestra lo que
ocurre en el Partido
Demócrata de EEUU.
Aun cuando una parte
significativa de las
bases de este
partido son personas
de centro izquierda,
su influencia es
menor, pues los
aparatos de Partido
y los candidatos más
visibles son de
centro o centro
derecha. No hay duda
de que las
izquierdas serían
más poderosas si
EEUU tuviera un
sistema proporcional
en lugar de
presidencial
bipartidista. En
realidad, este
debate ocurrió
dentro de las
izquierdas de aquel
país durante los
años 30 en el siglo
pasado. El Partido
Socialista quería
establecer un
Partido Laborista,
alternativo del
Partido Demócrata.
El Partido
Comunista, sin
embargo, prefirió la
avía que se llamaba
"entrista" es decir
entrar dentro del
partido Demócrata e
influenciarlo dentro
de él. Los
sindicatos apoyaron
esta vía y las
izquierdas tuvieron
gran influencia en
la Administración
Roosevelt jugando un
papel muy importante
en el
establecimiento de
New Deal. Incluso
hoy en día, los
sindicatos juegan un
papel importante en
las primarias del
Partido Demócrata.
Pero, esta
influencia se ha ido
diluyendo como
consecuencia del
cambio ocurrido en
las campañas
electorales y el
enorme peso que
tienen los lobbies
económicos,
financieros y
corporativos en la
financiación de las
campañas electorales
y en la
accesibilidad a los
medios de
comunicación, entre
otros hechos. El
aparato del Partido
(cuyo mayor objetivo
es conseguir fondos
de los lobbies para
sostener las
campañas
electorales) así
como los propios
candidatos son más
sensibles a tales
lobbies que no a las
bases del partido y
esto ocurriría en un
Partido Democrático
europeo, perdiendo
las izquierdas la
capacidad de
influenciar el
proceso político que
hoy tienen a partir
de sus propios
partidos políticos
como ocurre en un
sistema
proporcional.
Y la tercera gran
limitación en aquel
sistema electoral es
el Senado, en donde
cada Estado,
independientemente
del tamaño del
Estado, está
representado por dos
senadores. Ello
discrimina a los
Estados más
populosos que son
los más industriales
y más progresistas a
favor de unos
Estados más pequeños
y rurales y más
conservadores. Este
sistema fue diseñado
por los Fundadores
del País,
terratenientes
agrícolas en su
mayoría que querían
diluir el poder de
las urbes ciudadanas
más progresistas.
Ello explica el
carácter
profundamente
conservador del
Senado. El colegio
electoral que elije
al Presidente de
EEUU tiene, por
cierto, el mismo
sesgo escasamente
democrático.
Como consecuencia de
estas enormes
limitaciones a la
democracia nos
encontramos en EEUU
con una enorme
abstención,
consecuencia de una
gran alienación
entre los gobernados
y sus gobernantes,
distancia que
caracteriza aquel
sistema. Más del 62%
de la población
considera que el
sistema político no
representa sus
intereses,
porcentaje que es
incluso mayor entre
la clase
trabajadora, la
mayoría de la cual
no participa en el
proceso electoral.
Esta alienación
queda muy bien
reflejada en las
canciones de Bruce
Springsteen, el
cantante junto con
Pet Seeger, más
crítico con el
sistema político
estadounidense. En
realidad, la
distancia entre lo
que la población
desea y lo que el
Congreso aprueba es
enorme y se ha ido
incrementando. Las
encuestas muestran
que la mayoría de la
población desea (1)
un sistema sanitario
universal de
financiación
pública, (2) un
gobierno federal que
desarrolle políticas
redistributivas que
reduzcan las
desigualdades
sociales que se
consideran
escandalosamente
altas, (3) un
salario mínimo un
40% más alto del
existente, (4) un
control de las armas
de fuego, frenando
la distribución
excesivamente
accesible por parte
de la ciudadanía,
(5) una seguridad
social que mantenga
el estándar de vida
de los pensionistas,
(6) una reducción
del gasto militar y
un aumento de gasto
social, (7) una
reducción de la
presencia militar de
EEUU en el mundo,
(8) una retirada de
tropas en Irak, y un
largo etcétera. Pues
bien, ninguna de
estas políticas
públicas han sido
aprobadas por el
Congreso de EEUU. En
realidad, el
Congreso, que ahora
está dominado por el
Partido Demócrata,
ha seguido la
mayoría de políticas
desarrollados por el
Congreso cuando éste
estaba controlado
por el Partido
Republicano,
incluido el apoyo a
la guerra de Irak.
Antes de las últimas
elecciones al
Congreso de EEUU
(año 2006), el
Congreso controlado
entonces por el
Partido Republicano,
era el Congreso
menos popular de los
que habían existido
en los últimos
cincuenta años. De
ahí, el deseo de
cambio que se
manifestó en las
elecciones de 2006,
en las que el
Partido Demócrata
ganó las elecciones
y recuperó el
control del Congreso
tanto de la Cámara
Baja como del
Senado. Hoy, las
últimas encuestas,
muestran que el
Congreso, ahora
controlado por los
Demócratas, es
incluso más
impopular, habiendo
decepcionado
enormemente al
electoral Demócrata.
De ahí se deriva el
sentimiento
antiestablishment en
contra de Washington
ampliamente
extendido entre las
bases del Partido
Demócrata. Es en
este contexto que
debe analizarse lo
qué está pasando en
las primarias.
¿Qué pasa en las
primarias?
Iowa vio una gran
movilización de las
bases del Partido
Demócrata y de los
independientes
frente a la
dirección del
Partido Demócrata.
El número de
participantes dobló
el del año 2004. Un
tanto semejante
ocurrió en el
Partido Republicano,
aunque en menor
tono. En este
último, en las
primarias del
Partido Republicano,
salió ganador el
exgobernador del
estado de Arkansas,
un tal Huckabee, un
populista libertario
evangelista que se
presentó como el
adversario a lo que
el llamaba maridage
de Wall Street
(centro de la banca
en EEUU) con el
gobierno federal.
Pero la mayor
movilización tuvo
lugar en el Partido
Demócrata, donde el
establisment
político y
mediático, había ya
dado por ganadora a
Hillary Clinton,
claramente la
candidata de la
dirección del
Partido Demócrata.
Pero, lo que tal
establishment
desconocía era la
enorme animosidad
que existe entre las
bases de tal Partido
hacia su dirección.
Hillary Clinton,
junto con la
dirección del
Partido, había
aprobado todas las
resoluciones a favor
de la invasión y
ocupación de Irak,
incluso después del
voto anti-ocupación
de Irak que produjo
la victoria del
Partido Demócrata en
las últimas
elecciones al
Congreso. Es más,
mientras que otros
miembros del Senado
que habían votado a
favor de la invasión
de Irak, habían
admitido su error,
tal como el entonces
senador John Edwards,
Hillary Clinton
nunca reconoció tal
error, ni se
disculpó por ello.
Incluso en la última
votación de apoyo a
la ocupación de
Irak, Clinton apoyó
tal resolución.
Mucho se ha
especulado sobre las
causas de tal
postura. Una de
ellas es la enorme
influencia del lobby
judío en EEUU, muy
influyente en el
estado de Nueva York,
de donde Clinton es
Senadora y su apoyo
incondicional por
las políticas del
gobierno israelí.
Otra es la necesidad
de mostrar que es un
halcón en política
militar y exterior,
a fin de
contrabalancear la
imagen de la derecha
de que una mujer no
"es el mejor hombre
para dirigir las
fuerzas armadas de
EEUU". Psicoanálisis
aparte, el hecho es
que Clinton había
criticado a Bush en
varias ocasiones
como demasiado
blando en la
invasión y ocupación
de Irak. Ella fue la
gran perdedora de
aquella noche del 4
de Enero. En su
discurso después de
las elecciones,
rodeada de su esposo
Bill Clinton y de
varios miembros del
gobierno Clinton,
incluida la
secretaria de Estado
Margaret Allbright,
indicó que su mayor
fortaleza era la
experiencia que
había tenido en el
gobierno federal
(aludiendo a su
conocimiento
adquirido como
Primera Dama) contra
la supuesta
inexperiencia del
candidato Obama, sin
apercibirse, que lo
que hacia atrayente
a Obama, entre las
bases del Partido y
muy en particular
entre los jóvenes,
era precisamente su
inexperiencia en el
mundo de Washington,
claramente
desacreditado hoy en
EEUU. Hillary
Clinton cambió
rápidamente de
táctica
presentándose en New
Hampshire también
como la candidata
del cambio. El
tamaño mucho menor
de la población
estudiantil en New
Hampshire versus
Iowa, explica que
Obama tuviera menos
votos, alcanzando un
segundo lugar en
lugar del primero.
Contribuyó a la
victoria ajustada de
Hillary Clinton, la
movilización en su
apoyo de las mujeres
y también de los
sindicatos del
sector público.
Clinton continúa
teniendo el mayor
número de fondos que
cualquier candidato
haya tenido en la
historia de las
primarias.
El candidato Obama,
se presentó como el
candidato anti-Washington
y anti-establishment,
vanagloriándose
precisamente de no
ser parte del
establishment. Obama
procede del
movimiento de
defensa de los
derechos civiles,
habiendo sido un
activista de tal
movimiento en
Chicago. Su estilo
de discurso (es un
gran orador) es
típico del estilo de
Martin Luther King,
incluso en sus tonos
de voz. Estilo muy
semejante pero
contenido muy
diferente; es
incluso
deliberadamente
distante del
discurso de los
dirigentes
afroamericanos.
Nunca habla de raza
lo cual, para un
dirigente
afroamericano, es
una gran novedad y
su defensa de los
derechos civiles
abarca a todos los
sectores de la
ciudadanía. Y lo
hace en un tono muy
conciliador, muy
emotivo y muy
genérico. Nadie se
siente amenazado con
este discurso y de
ahí su amplia
aceptación y
promoción por parte
de medios
mayoritarios de
opinión. Es más, aún
cuando no habla de
raza, la raza juega
un papel
fundamental. Votar
por él, un negro,
permite mostrar al
votante que no es
racista. Es un test
de civilización. Se
presenta así como
una mezcla de Martin
Luther King y Bob
Kennedy. Y de ahí su
capacidad de
movilización entre
la gente joven y
sobre todo
estudiantil. Y su
gran atracción es
que votó en contra
de la invasión de
Irak, que afirmó sus
credenciales de ser
distinto a la
dirección del
Partido Demócrata.
Pero su estrategia
basada en el
consenso detrás de
principios muy
genéricos es también
su gran debilidad.
Tanto Paul Krugman
como Michael Moore
han subrayado que la
solución de los
enormes problemas
económicos y
sociales en EEUU
requeriran
conflictos muy
marcados que no
pueden ignorarse
bajo expresiones
consensuadas de
buena voluntad.
Desear un consenso
es dar un poder de
veto a los grupos
responsables de
aquellos problemas.
Por ejemplo, la
situación del
sistema sanitario,
es enormemente
preocupante. Incluso
el Presidente Nixon
ya la había definido
como "lamentable".
EEUU se gasta el 15%
del PIB en sanidad y
a pesar de ello el
68% de la población
está insatisfecha
con el sistema
sanitario, pues
tiene enormes
dificultades en el
acceso y pago a los
servicios
sanitarios, 46
millones de
estadounidenses no
tienen ninguna
cobertura sanitaria
y el 68% de la
población restante
indica dificultades
en poder pagar los
sistemas de copago
en su aseguramiento
privado. La
imposibilidad de tal
pago es la primera
causa de bancarrota
personal en EEUU.
Esta situación se
debe en gran parte
al enorme poder de
las compañías de
seguros privados,
como es ampliamente
reconocido en EEUU.
La mayor resistencia
a la reforma
sanitaria en EEUU
que prometió el
Presidente Bill
Clinton procedía de
las compañías de
seguros (y no de la
industria
farmacéutica como ha
escrito erróneamente
Francesc de Carreras
en La Vanguardia el
10/01/08) y del
mundo empresarial el
cual se oponía a
perder el control
sobre sus
trabajadores que le
da el hecho de que
la cobertura
sanitaria del
trabajador y de su
familia se realice a
través del
aseguramiento
privado financiado
primordialmente por
el empresario y
negociado en los
convenios
colectivos. Cuando
un trabajador es
despedido de un
lugar de trabajo,
este pierde no sólo
su salario sino la
cobertura sanitaria
de él o ella y su
familia. El sistema
de financiación de
la sanidad es un
sistema de control
de la fuerza
laboral. Y de ahí
que el mundo
empresarial, se
opusiera, junto con
las compañías de
seguros (y la banca)
a que se
universalizara la
cobertura sanitaria,
convirtiendo el
acceso a los
servicios sanitarios
en un derecho de
ciudadanía, tal como
estábamos
proponiendo en el
grupo de trabajo de
la Casa Blanca. La
reforma fracasó
también debido a la
desmovilización
generada por las
políticas liberales
(en el sentido
europeo del término)
que siguió el
Presidente Clinton
una vez salió
elegido y que
incluían la
desregulación del
mercado de trabajo,
la desregulación del
comercio y apoyo al
tratado NAFTA
(oponiéndose a su
modificación tal
como pedían los
sindicatos, para
incorporar elementos
de protección
laboral y ambiental)
y la priorización de
la reducción del
déficit del
presupuesto federa a
costa de reducir el
gasto público y
social. Tales
medidas
desmovilizaron a las
bases del partido
demócrata (ver mi
libro: The Politics
of Health Care
Reform in the US.),
responsable de la
falta de apoyo
popular a las
propuestas de la
reforma sanitaria
(que se veían
excesivamente
moderadas) así como
de la abstención
trabajadora que
originó la derrota
del Partido
Demócrata en 1994.
De estos hechos,
puede concluirse que
la política de
cambios
consensuados, que
promueve Obama sea
una estrategia
política que
conduzca a otro
fracaso. En
realidad, Obama es
el único candidato
que, como dije
antes, no ha
propuesto la
universalización de
la cobertura
sanitaria,
sugiriendo resolver
el enorme problema
de la limitada
accesibilidad de la
población al sistema
sanitario a base de
consensuar con las
compañías de seguros
los necesarios
cambios que desean
realizarse,
reproduciendo así la
estrategia que había
seguido la Sra.
Clinton en su
reforma sanitaria de
1993 y que fracasó
(para analizar las
causas de aquel
fracaso ver mi
artículo: Getting
the Facts Right. Why
Hillary's Health
Care Plan Really
Failed publicado en
Counterpunch y
disponible en mi
web:
www.vnavarro.org).
Como bien criticaba
Paul Krugman en su
columna en el New
York Times, "es
difícil creer que
puedan hacerse
reformas en el
sector sanitario sin
enfrentarse a las
compañías de
seguros". La
estrategia de
consensuar el cambio
tranquiliza a los
grupos económicos y
corporativos que
tienen un enorme
poder en la vida
política de EEUU (Obama
es, junto con
Hillary Clinton, el
candidato que recibe
más fondos de las
compañías de seguros
sanitarios
privados). El
lenguaje conciliador
de Obama transciende
la división entre
izquierdas y
derechas, hablando
de la convergencia
de intereses entre
todos, utilizando un
lenguaje que
contribuye a diluir
su procedencia del
Movimiento de
Derechos Civiles
(cuyo radicalismo,
por cierto,
posibilitó que hoy
él pueda ser un
candidato con
probabilidades de
ser considerado como
presidente de EEUU).
Como indicó Orin
Kramer, un banquero
de Nueva York que
dirige la dimensión
financiera y
económica de la
campaña de Obama,
"un número creciente
de contribuyentes a
la campaña valoran
su enfoque al tema
racial, siendo este
componente un
atractivo para
apoyarlo" (Herald
Tribune
07.01.07).
La sorpresa mayor de
Iowa fue, además de
la victoria de Obama,
la victoria
inesperada de
Edwards. Todas las
figuras mediáticas
le consideraban un
perdedor, que
conseguiría como
máximo un tercer
puesto. Edwards,
como Senador, había
sido parte del
establishment de
Washington. Había
incluso, como gran
parte de políticos
sureños – Clinton,
Gore, Gephart y
otros -, adoptado
posturas
conservadoras. Había
sido candidato a la
vicepresidencia en
las últimas
elecciones en el año
2004. Y había
apoyado la guerra de
Irak.
Pero, cuando dejó el
Senado, fue
radicalizándose,
(tal como ocurrió
con Gore, que ha
experimentado una
transformación muy
notable, siendo hoy
un político de
posturas
progresistas en EEUU),
creando un centro de
estudios sobre la
pobreza en EEUU. Hoy
junto con Kucinich,
es el único
candidato que se
define como heredero
de la tradición de
Roosevelt y Truman,
siendo un Demócrata
a favor de la
extensión del New
Deal, y a favor de
políticas expansivas
y redistributivas en
el gobierno federal.
En política
económica está en
contra de NAFTA (el
tratado de libre
comercio entre EEUU,
Canadá y Méjico) y
quiere transformar
profundamente WTO,
programas, acuerdos
e instituciones
enormemente
impopulares entre
los sindicatos, uno
de los grupos más
influyentes entre
las bases del
Partido Demócrata
(aunque no en su
dirección). En su
estrategia política
ha seguido la
estrategia llamada
por Paul Krugman de
"lucha de clases",
que es la estrategia
que el Partido
Republicano teme
más, al presentar a
tal Partido como el
portavoz del capital
financiero y
empresarial del
país. Y es el único
candidato que se
autodefine como
Keynesiano
criticando a Clinton
y Obama por su
liberalismo, afin a
Wall Street (los
asesores económicos
de ambos son
procedentes de Wall
Street) definiendo
como inmoral el
deseo de ambos de
crear un superávit
en el presupuesto
del gobierno
federal, a costa de
mantener un estado
del bienestar
subdesarrollado, con
enormes necesidades.
EEUU tiene los
indicadores de
calidad de vida más
pobres entre los
países más
desarrollados.
Este discurso pone
muy nerviosos a la
dirección del
Partido Demócrata y
a los medios de
información que
intentan
descalificarlo como
"anticuado",
"incoherente" y
otros adjetivos.
Añádase a ello, la
crítica de hipócrita
que también se le
hace por parte de
sectores (incluido
progresistas) por no
creer en su
conversión, y
presentarlo como un
mero oportunista.
Pero, lo cierto, es
que es el único
candidato (de los
tres) que habla de
la existencia de
tensiones en EEUU no
solo de raza y
género sino también
de clase social,
siendo su discurso
–cuando es
presentado al
público- uno de los
mejor valorados por
las bases del
Partido Demócrata.
En el sector
sanitario, favorece
la posibilidad de
que los Estados
puedan establecer,
si así lo desean,
programas
universales de
financiación
pública, apoyados
por el gobierno
federal. Su apoyo
procede
primordialmente de
la clase trabajadora
y de los sindicatos
más a la izquierda
en el aspecto
sindical. Es el
único candidato que
se define como
liberal, es decir,
como New Dealer y,
tal como hicieron
Roselvert y Truman
durante sus
mandatos, considera
la animosidad que
genera entre las
derechas como el
mejor indicador que
está haciendo lo que
debe hacerse.
En el lado
republicano, el
candidato que tiene
mayores
posibilidades es
John McCain, que
está más a la
derecha que Bush,
pidiendo un aumento
significativo de las
tropas en Irak.
Tiene posibilidades
de ser elegido
porque su base
electoral está muy
movilizada y en caso
de tener un
contrincante que no
movilizara a las
bases demócratas
podría ganar las
elecciones.
¿Cuáles son las
consecuencias para
España?
Si un republicano
ganara las
elecciones, EEUU
continuaría una
actitud claramente
beligerante. En caso
del Partido
Demócrata, no puede
excluirse un cierto
continuismo en sus
políticas
exteriores, aun
cuando habrían
algunos cambios
dependen del
candidato, siendo
Hillary Clinton la
más halcón y Edwards
y Obama los más
palomas.
Pero donde las
diferencias serían
mayores sería en las
políticas internas,
económicas y
sociales. El Partido
Republicano se ha
comprometido a
continuar bajando
los impuestos,
continuando la
bajada de impuestos
que realizó Bush
(semejante, como
indiqué antes, a las
que hicieron en
España el PP y CIU).
Todos los candidatos
demócratas, sin
embargo, anularían
las reformas
fiscales realizadas
por Bush. Todos
ellos redefinirían
la desregulación de
los mercados
internacionales,
cambiando NAFTA (anulandolo
en el caso de
Edwards) y WTO. Y
todos ellos
aumentarían el
salario mínimo (mas
Edwards que Clinton
y Obama) y
facilitarían el
desarrollo de los
sindicatos, anulando
las leyes y normas
antisindicales de la
Administración Bush.
Pero una diferencia
mayor entre ellos
sería en sus
políticas sanitarias
pidiendo la
universalización a
través de las
compañías de seguros
privadas (en el caso
de Clinton) o
permitiendo la
financiación pública
(en el caso de
Edwards). No habría
universalización en
el caso de Obama.
Otra diferencia
importante es en
política económica,
en la que Clinton y
Obama quieren
reducir el déficit
del presupuesto
federal creando un
superavit en el
presupuesto mientras
que Edwards está
dispuesto a tener un
déficit público
(permitiendo un
aumento de la deuda
pública) a fin de
aumentar el gasto
público. Si ganara
Clinton o Obama
veríamos una
expansión de lo que
se llama "Clintonomics"
siendo el asesor de
Clinton en temas
económicos, Rubin,
el banquero de Wall
Street, que fue el
Secretario de
Economía y Hacienda
del gobierno Clinton.
Algo parecido
ocurriría si fuera
Obama. Caso
diferente sería si
ganara Edwards, que
significaría la
recuperación del
Keynesianismo, tal
como propone el
Economic Policy
Institut y el Centre
for Economic and
Policy Research que
le asesoró. En
cualquier caso,
quien gane las
elecciones tendrá
una gran influencia
en la promoción de
sus políticas
públicas, incluso de
nuestro país. De ahí
la enorme
importancia, como
decía al principio
de mi artículo, que
se comprenda la
realidad de aquel
país.
Vicenç Navarro es
Catedrático de
Políticas Públicas
de la Universidad
Pompeu Fabra y
Profesor de
Políticas Públicas y
de Estudios
Políticos de la
Johns Hopkins
University.