En un aumento vertiginoso de la
tensión por la crisis desatada tras la invasión de militares colombianos
a territorio ecuatoriano, Ecuador rompió relaciones con su vecino y el
secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, convocó a una reunión
especial para hoy del Consejo Permanente. Entre anuncios de movilización
de tropas venezolanas y ecuatorianas a la frontera con Colombia, el
gobierno de este país dijo que no movilizará sus fuerzas –que de todas
maneras ya están desplegadas en todo su territorio–, pero lanzó un duro
ataque a los presidentes de Venezuela y Ecuador por “connivencia” con la
guerrilla de las FARC. Al presidente colombiano, Alvaro Uribe, le llovió
una andanada de críticas de los gobiernos de todo el mundo por haber
violado la soberanía territorial ecuatoriana al mismo tiempo que hacían
un llamado a la “cordura” y el diálogo. Entre las críticas, una de las
más fuertes provino del gobierno de Francia que, en boca del ministro de
Relaciones Exteriores, Bernard Kouchner, lamentó la muerte del jefe
guerrillero Raúl Reyes, segundo de las FARC, y reveló que desde hace
varios meses estaban negociando con él la liberación de Ingrid
Betancourt.
La fuerte reacción de Francia, cuyo gobierno expresó
abiertamente su malestar con Uribe, puso en evidencia algunos aspectos
del contexto en el que se dio el sábado la operación militar en la zona
ecuatoriana de Santa Rosa, a dos kilómetros de la frontera con Colombia,
donde helicópteros artillados prácticamente redujeron a polvo un
campamento de la FARC, dando muerte a 20 guerrilleros, entre los que se
encontraba Raúl Reyes.
De manera silenciosa, aunque en total acuerdo con
Uribe, el presidente Sarkozy tenía tres enviados personales en Colombia,
desde el mes de octubre pasado, en una trabajosa negociación con Reyes
para obtener la liberación de la franco-colombiana y ex candidata
presidencial Ingrid Betancourt. Los tres negociadores franceses estaban
instalados en la zona cercana a donde se produjo el ataque. El mes
pasado, otro enviado personal de Sarkozy había mantenido una reunión con
el Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, que forma parte del
gobierno de Uribe. Al parecer, el sábado, los tres negociadores se
encontraban a 200 kilómetros de la zona del ataque y se dirigían a una
reunión con Reyes cuando recibieron un llamado de Restrepo. El
Comisionado para la Paz les advirtió que en las próximas horas no se
acercaran al punto de encuentro.
En Francia suponen la existencia de una línea
negociadora y otra dura en el gobierno de Uribe. Restrepo encarnaría el
ala negociadora y los sectores relacionados con las fuerzas armadas y de
seguridad encarnarían el ala dura, que habría pesado finalmente para
decidir el ataque. Más allá de los análisis políticos, los franceses no
pueden ocultan su indignación porque Uribe estaba al tanto de la
negociación y les había ofrecido garantías de que no actuaría
militarmente mientras ésta se llevara a cabo. Para Francia, la muerte de
Reyes en el contexto de la negociación, implica un obstáculo muy difícil
de sortear en el mediano plazo y responsabiliza directamente a Uribe por
esta situación.
Con mayor o menor énfasis todas las expresiones
internaciones fueron de repudio a la intervención militar ordenada por
Uribe. La gama de posiciones fueron desde la dureza del presidente
venezolano Hugo Chávez, que lo acusó de “asesino” y “mafioso”, hasta las
del mandatario del Perú, Alan García, quien llamó al diálogo pero aclaró
que no podía menos que criticar la violación de la soberanía territorial
ecuatoriana. El único respaldo franco en el foro mundial provino del
gobierno norteamericano. Primero fue el portavoz del Consejo Nacional de
Seguridad Gordon Johndroe, quien expresó su sopresa “por la reacción
extraña del presidente Chávez”. Y más tarde, una declaración oficial del
departamento de Estado que decía: “Apoyamos al gobierno de Colombia en
su combate contra organizaciones terroristas que amenazan la estabilidad
y la democracia”.
El respaldo de la administración
norteamericana, que ayer fue una mosca blanca entre las reacciones
mundiales, se entendió mejor cuando poco después el director nacional de
la policía colombiana, general Oscar Naranjo, reveló en una conferencia
de prensa, que la localización de Reyes se logró por información
proporcionada por la CIA. Según Naranjo, la agencia norteamericana había
detectado un teléfono celular que Reyes usaba esporádicamente. El jefe
policial subrayó que la información fue entregada a las fuerzas
colombianas unos diez días antes del sábado. Confirmaba de esa manera
que la operación llevaba varios días de preparación, mientras se
desarrollaba, incluso, la negociación de los franceses con las FARC y no
se trató de una reacción defensiva como argumentó el gobierno colombiano
en un primer momento.
En ese mar de contradicciones, el ministro de Defensa
colombiano, Juan Manuel Santos, expresaba su sorpresa por las reacciones
“cambiantes” de Correa. Relató que el sábado Uribe le explicó a Correa
lo sucedido y que el mandatario ecuatoriano había reaccionado en forma
tranquila, pidiéndole solamente, que se excusara. “Pero el domingo, tras
las declaraciones del presidente Chávez, Correa cambió.” El sábado,
Uribe le había dicho a Correa que había sido una reacción defensiva y
que sus soldados se habían internado involuntariamente en territorio
ecuatoriano, persiguiendo a los guerrilleros que los habían atacado. El
domingo, Correa se enteró que los guerrilleros estaban durmiendo cuando
su campamento fue bombardeado y tras las breves consultas con otros
gobiernos llegó a la conclusión de que el ataque estaba siendo
planificado desde mucho antes. Uribe había mentido y le había ocultado
durante todo ese tiempo que preparaba una incursión en territorio de
Ecuador. A la furia de Correa por la violación territorial se le sumó el
engaño del mandatario vecino.
En poco más de una hora, el gobierno colombiano viró
su posición y de excusarse pasó a un feroz ataque contra Correa y
Chávez, acusándolos de “connivencia” con la guerrilla. El general
Naranjo presentó a los periodistas un archivo de la memoria de una de
las tres computadoras que se le encontraron a Reyes. Primero se refirió
a un correo electrónico enviado por Reyes al secretariado de las FARC
–el cual integraba– donde daba cuenta de una reunión con el ministro de
Seguridad ecuatoriano, Gustavo Larrea en la que se había tratado la
situación de los rehenes así como detalles de la negociación que
llevaban adelante las FARC.
Tras leer párrafos del documento, Naranjo insistió en
que Quito debía responder a Colombia y ante el mundo sobre “cual es el
estado de la relación del gobierno ecuatoriano con un grupo terrorista
como las FARC, por qué razón se produjeron entrevistas y contactos
personales con alias Raúl Reyes en territorio ecuatoriano o colombiano”.
Luego fue Santos, el ministro de Defensa, quien acusó directamente al
gobierno ecuatoriano de connivencia con la guerrilla. Desde Ecuador,
Larrea reconoció que se había reunido en enero con Reyes, “fuera de
Ecuador y de Colombia” y que se habló exclusivamente de la liberación de
los rehenes “como parte de un esfuerzo que también estaban realizando
otros países”. Tras la acusación de Santos, Correa decidió romper
relaciones diplomáticas, solicitar el apoyo internacional y envió 3600
soldados a la zona fronteriza.
En Bogotá, Santos y Naranjo siguieron sacándole jugo
a las computadoras de Reyes. Denunciaron que otro mensaje demostraba que
Chávez había donado 300 millones de dólares a la guerrilla colombiana. Y
finalmente indicaron que en otro archivo, Reyes daba cuenta que la
guerrilla había comprado 50 kilogramos de material nuclear para
desarrollar armas sucias.
Entre tanto, las cancillerías sudamericanas
desarrollaban una actividad febril. El presidente Lula da Silva de
Brasil y la presidenta Cristina Kirchner hablaron cada uno por su lado
con Uribe y Correa. Los dos gobiernos condenaron la violación
territorial realizada por Colombia, pero hacían esfuerzos para evitar un
escalonamiento de agresiones que pudiera derivar en un enfrentamiento
bélico. Correa había solicitado una reunión urgente de la OEA para
discutir la crisis pero Estados Unidos trataba de dilatar la
convocatoria. Finalmente las cancillerías sudamericanas, sobre todo las
de Argentina, Brasil y Chile lograron que Insulza decidiera realizar hoy
la reunión. A Colombia le resultará difícil insistir hoy con su denuncia
sobre los contactos de Ecuador y Venezuela con la guerrilla, porque
muchos de esos gobiernos participaron también en las negociaciones, al
igual que franceses, españoles y suizos. Y tampoco tiene respaldo en la
región la tesis inspirada por el presidente norteamericano George Bush,
de que la guerra contra el terrorismo no tiene fronteras ni leyes. Y
además Uribe llegará con malos antecedentes porque también engañó a
muchos de los gobiernos que estarán allí.
www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-100096-2008-03-04.html
Martes, 04 de Marzo de 2008 (Publicado in LPG
06/03/2008)