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Semana, Colombia: ¿Congreso legítimo? |
Colombia: ¿Congreso legítimo?
interesante trabajo del la revista colombiana
SEMANA.
Van 50 congresistas investigados o detenidos por la para-política. ¿Tiene
el legislativo autoridad para dictar las leyes si ha perdido
representatividad y muchos de sus votos están viciados?
Esta semana se batió un nuevo y preocupante récord en Colombia. Con la
orden de captura contra cinco congresistas expedida el lunes por la Corte
ya se puede hablar de que uno de cada cinco legisladores está o detenido o
investigado porque los paramilitares les habrían ayudado a conseguir los
votos con los que se convirtieron en padres de la patria.
En total son 50 los involucrados en el más grande proceso judicial contra
el Congreso: 28 senadores y 22 representantes.
Los avances de la Corte y de la Fiscalía van demostrando que un grupo al
margen de la ley, que llegó a estar en la lista de terroristas de Estados
Unidos, las AUC, le dio un silencioso pero contundente golpe de Estado a
uno de los tres pilares de la democracia. Si la cuenta se hace por votos y
no por curules, se concluye que el 30 por ciento de los votos del Senado
estarían viciados (de los más de cinco millones con los cuales los
senadores fueron elegidos, por lo menos un millón y medio les pertenecen a
los parlamentarios detenidos o investigados) y en el caso de la Cámara
suman 12 por ciento los votos contaminados.Y la situación podría
agravarse.
Según una investigación de la Corporación Nuevo Arco Iris, "33 senadores y
50 representantes resultaron elegidos en zonas de control paramilitar". Es
decir, de llegar a concretarse estas cifras, se estaría hablando de que
uno de cada tres congresistas estaría cuestionado, lo cual deja muy
maltrecha la legitimidad de las mayorías en el Congreso. Ante esta
realidad, un interrogante va al corazón del Estado de Derecho: ¿Qué tan
legítimo es un Congreso en el que el 20 por ciento de sus miembros está en
tela de juicio? ¿Qué tan legítimas son las leyes que ha aprobado y en
particular las que pueden favorecer a los ex paramilitares?
Son dos los puntos sobre los cuales se pone la lupa a la hora de evaluar
la legitimidad: el de la leyes que han aprobado tanto este Congreso como
el elegido en 2002, toda vez que la mayoría de los implicados en la
para-política (38 de 50) también fungieron como parlamentarios en el
período anterior; y el de la representatividad de quiénes ocupan hoy las
curules que han quedado vacantes por el escándalo.
Muchos de los que se atreven a responder aseguran que de verdad hay un
grave quiebre institucional. "Tenemos hoy una fractura de la democracia
representativa de grandes proporciones porque los que hoy nos representan
en el Congreso no tuvieron los votos para llegar", explica el analista
Pedro Medellín, y agrega: "si el cálculo es que entre 85 y 115
congresistas van a terminar involucrados, eso ya marca una crisis de
legitimidad".
En ese mismo sentido apunta Elizabeth Ungar, de Congreso Visible de la
Universidad de los Andes: "Nos preocupa el tema de quiénes están ocupando
las curules que quedan vacantes y cómo afecta la representatividad. En
algunos casos las están asumiendo con 4.000 votos". Sin embargo, en cuanto
a la legitimidad del Congreso, advierte, "no se puede medir en términos
cuantitativos, la mitad más uno. Habría que mirar más bien la legitimidad
de las decisiones: si en los proyectos que se han aprobado, ha habido
conflicto de intereses".
Y la senadora uribista Gina Parody también cuestiona la situación del
Legislativo: "En una democracia lo que le da la legitimidad al Congreso es
la elección. Cuando se masacra, se desplaza, se constriñe al elector, esa
elección queda viciada. Una de las cosas ilegítimas es la Ley de Justicia
y Paz... fue votada por ellos (los congresistas investigados) sin
restricción".En cuanto a las leyes, llama especialmente la atención la de
Justicia y Paz, toda vez que en ella se daban beneficios a los
paramilitares, que luego fueron de alguna manera revocados por la Corte
Constitucional.
O la Ley Forestal y el Estatuto de Desarrollo Rural, temáticas en las
cuales las antiguas autodefensas tienen un particular interés y que el
Procurador ha dicho que legitiman la apropiación de tierras. Incluso, hay
quienes van más allá y piden revisar la votación del acto legislativo que
aprobó la reelección presidencial y que fue aprobado en un verdadero voto
finish.
SEMANA revisó cómo fue la votación en el Senado de dos de estas leyes, la
Ley de Justicia y Paz y la Ley Forestal, y encontró que si bien los hoy
para-políticos votaron por el sí en ambas, si no se contabilizaran sus
votos, igual serían aprobadas. En ambos casos estaban presentes 12 de los
28 senadores hoy salpicados.
Muchos de estos proyectos fueron de iniciativa gubernamental, por lo que
el propio presidente Uribe, en un gesto que fue muy cuestionado en su
momento, alentó públicamente a los congresistas salpicados por la
para-política para que los votaran antes de que perdieran sus curules.
En cuanto a los políticos que asumen las curules vacantes, están
alcanzando esa dignidad con una cifra mínima de votos (ver recuadro): el
reemplazo de Alfonso Campo Escobar se convirtió en representante a la
Cámara con sólo 2.907 votos, y el sucesor de Mario Uribe llegó al Senado
con 4.017.
Y lo peor es que no pasa nada: las leyes que han aprobado los congresistas
cuestionados siguen su curso; las curules que sus partidos han ganado con
esos votos viciados no se las han quitado, y ni siquiera han devuelto el
dinero que les paga el Estado para reponer esos votos.
En el Senado, por ejemplo, la reposición por los sufragios contaminados
fue de 5.500 millones de pesos. Es decir, el bolsillo de los colombianos
pagó por votos conseguidos bajo la presión de los paramilitares.¿Cómo se
puede recomponer la legitimidad del Congreso? Los intentos que se han
hecho han fracasado.
Paradójicamente, el presidente Uribe, que se dio brillo en los medios
defendiendo la reforma del Congreso, terminó dándole un entierro de
tercera.En febrero del año pasado, Uribe dijo en Ubaté: "Si condenan a un
congresista de un partido y ese partido no puso todo el cuidado en la
selección, que ese partido pierda la curul, que le descuenten los votos de
ese congresista, que tenga que devolver la plata que recibió del Tesoro
Nacional por ese congresista y que, incluso, el partido corra el riesgo de
perder el umbral. A mí me parece que esa reforma hay que discutirla, ojalá
aprobarla".
Pero cuatro meses después, el día en que se cerraba la legislatura, y
antes de que se pudiera hacer el último debate de la primera vuelta de la
reforma, llegó una funcionaria de la Casa de Nariño al Congreso y a cada
uno de los senadores le dijo que el Presidente lo invitaba a una copa de
vino. En un abrir y cerrar de ojos unos 50 congresistas salieron, se
disolvió el quórum y en el Capitolio murió la reforma que trataba salvar
al Congreso del desprestigio de la para-política.
Uno de los asistentes explicó entonces que la reforma no tenía ambiente,
"ni signos vitales", cuando se fueron para Palacio. Y sin duda es difícil
que prospere una iniciativa de estas en el Congreso. En una democracia
sana, los partidos tendrían que entender su propia reforma como una cura
necesaria de la cual sacarían como rédito elevar su legitimidad.
Pero en Colombia, esto se ve como un hara-kiri, que nadie está dispuesto a
hacerse. Los partidos Liberal y Conservador estarían en riesgo de perder
nueve curules, Cambio Radical, cinco, y La U, Alas Equipo Colombia,
Convergencia Ciudadana, Colombia Viva y Apertura Liberal, cuatro cada uno.
Lo único que queda en el horizonte es la nueva reforma política que ya
está haciendo tránsito y fue aprobada en primera vuelta. Sin embargo, para
la segunda vuelta ninguno de los congresistas consultados por SEMANA le da
mayores esperanzas. Entre otras, porque en ella se incluyeron aspectos
como aumentar el umbral del 2 al 5 por ciento, como requisito para
mantener la personería de los partidos. Artículo al que no le caminan
líderes importantes de bancadas, como Gustavo Petro, del Polo Democrático,
y otros del uribismo.
Lo más paradójico es que ese Congreso después de bajar estruendosamente en
su favorabilidad (cayó de 54 por ciento de imagen favorable en julio de
2006 a 34 por ciento en junio de 2007), ahora está repuntando: un 48 por
ciento de favorabilidad contra un 38 por ciento de imagen desfavorable.
Eso se explica, según Jorge Londoño, de Invamer Gallup, porque "se ha
pegado del beneficio que el país les está dando a sus instituciones por la
amenaza de Venezuela y de las Farc y porque pensaría yo que en la medida
en que los congresistas van a la cárcel, la gente piensa que hay
limpieza".Lo cierto es que en lo que va corrido de 2008 el Congreso parece
congelado.
Nunca antes se había visto que se convocaran sesiones extra y no se
debatiera ninguna ley importante. Y en el horizonte no se vislumbra nada
distinto a esperar si se avanza o no en el debate de la tercera
reelección.
Este capítulo de la democracia en Colombia está abierto todavía. Aún no se
sabe hasta dónde la para-política carcomerá al Legislativo ni tampoco
todos sus efectos. En todo el proceso con los paramilitares, que le ha
costado tanto al país y en el cual ha puesto gran cuota de sacrificio la
justicia, es hora de que el Congreso cumpla su papel histórico.
De ellos, 24 están detenidos, y 22 sin ningún recato han renunciado al
fuero de congresistas para que no los juzgue la Corte Suprema de Justicia
y tener mayor espacio de maniobra en la Fiscalía.Se trata, sin duda, de la
peor crisis del Congreso en la historia -en el proceso 8.000 no llegaron a
30 los congresistas salpicados- y tal vez es la más grave que se conozca
en materia judicial de cualquier órgano legislativo del mundo.
Lo que se está cuestionando no son pecados veniales de uno u otro
congresista, sino la legitimidad misma de la elección.
http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?idArt=109811 |
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