La trata de
trabajadores debe
ser delito. Porque
el fenómeno es muy
grave y acarrea un
alto riesgo de
criminalidad
organizada.
Entrevista con el
subdirector de la
policía, Alessandro
Pansa.
El
caporalato* debe
ser delito, un
crimen castigado con
severas sanciones
para los
caporali y los
empresarios que
recurran a ellos.
Desde la detención
hasta la pérdida de
beneficios fiscales,
subvenciones
comunitarias y
contratas públicas
para las empresas
cómplices. Es una de
las propuestas del
grupo
interministerial
creado por el
ministro del
Interior, Giuliano
Amato, después que
L’Espresso
publicase
el reportaje
sobre los esclavos
en la agricultura de
Puglia.
La investigación
encomendada al
prefecto Alessandro
Pansa, subdirector
de la policía y uno
de los mayores
expertos europeos en
inmigración, ha
durado un mes. Los
resultados, que
ahora debe valorar
el gobierno, revelan
las dimensiones del
fenómeno en una
Italia que se
enriquece con la
explotación de los
inmigrantes y la
economía sumergida.
Prefecto Pansa,
¿dónde está más
generalizada
explotación del
trabajo irregular?
Depende de los
sectores. En el
agrícola destacan
las regiones de
Campania, Puglia,
Basilicata y
Calabria, Sicilia y
el Sur Pontino. Algo
menos Toscana. En el
de la construcción,
las grandes áreas
metropolitanas,
sobre todo Piamonte
y Lombardía,
Campania y Lacio.
También hemos
encontrado zonas más
pequeñas donde hay
una explotación
fuerte en el sector
del trabajo
doméstico: Fríul-Venecia
Julia, Véneto,
Umbría y Sicilia. En
el ganadero, sobre
todo Cerdeña y
Sicilia. En el
manufacturero, el
fenómeno se localiza
mucho en Campania,
Puglia, Toscana y
Lombardía, algo
menos en Emilia-Romaña
y Piamonte.
En esta Italia
sin escrúpulos ¿no
cabe señalar nada
positivo?
Trentino es el
modelo que
deberíamos estudiar
mejor. Porque en
Trentino la
proporción de
trabajadores
irregulares para la
recolección de
manzanas es muy
baja. Además, los
extranjeros tienen
permiso de
residencia.
¿Cuántos son los
inmigrantes
explotados en
Italia?
Es un número
desconocido. Pero se
trata sobre todo de
extranjeros llegados
de Europa del Este
y, en mucha menor
medida, de
norteafricanos,
africanos y
orientales. En las
inspecciones que
hemos hecho hemos
comprobado que entre
un 60 y un 70 % de
los trabajadores
extranjeros
irregulares tienen
permiso de
residencia. El resto
son clandestinos
totales, los más
vulnerables en todos
los sentidos.
Lo cual no
significa que los
extranjeros acepten
el trabajo en negro:
miles de inmigrantes
han tenido que
despedirse
formalmente al
obtener el permiso
de residencia, así
la empresa se ahorra
sus cotizaciones.
Es un fenómeno de
todo el mundo del
trabajo. Dejemos por
un momento a los
inmigrantes y veamos
lo que les pasa a
los italianos. Es
evidente que si un
trabajador tiene una
posición todavía más
débil por ser
extranjero o
clandestino, el
sistema de
explotación es peor.
Un sistema que
funciona gracias a
la intermediación
del caporalato.
El fenómeno del
caporalato
supone un alto
riesgo. En algunos
sectores, como ha
demostrado la
investigación,
existen ya formas
estructuradas de
caporalato. Se
trata sobre todo de
extranjeros, gente
que se organiza y
maneja esta masa de
trabajo de un modo
tal que llega a
condicionar las
prácticas
empresariales. Los
empresarios que se
aprovechan de este
sistema deben
comprender que
dentro de poco no
tratarán con un
caporale —que a
su vez es un
esclavo, porque
depende totalmente
del empleador—,
dentro de poco su
interlocutor será un
pequeño mafioso. No
olvidemos nuestra
experiencia de los
años sesenta con los
«vigilados
especiales» del
Norte. Muchos de
esos mafiosos
administraban los
puestos de trabajo
de los emigrantes
meridionales en las
grandes zonas
industriales.
Recientemente hemos
detectado algo
parecido.
¿Dónde?
En Campania, en la
llanura de Sele. Los
caporali han
parado la
recolección de
tomates y han
impuesto precios más
altos a los
agricultores. El
mundo del trabajo
que explota a los
extranjeros de forma
ilícita debe andarse
con cuidado, porque
puede acabar siendo
víctima de este
fenómeno.
Ese mundo del
trabajo sumergido,
mientras tanto, es
un reclamo para gran
parte de la
inmigración
clandestina.
Eso ya lo sabemos.
El tráfico de
clandestinos es un
negocio inducido.
Son muchos los que
demandan su
transporte y los
traficantes se han
organizado para
transportarlos.
Algunas
organizaciones,
sobre todo chinas,
bengalíes y
paquistaníes tienen
modelos de
referencia
criminales que han
exportado a Europa.
Es la esclavitud
deudora. Les dicen a
sus pasajeros: no
puedes pagarte el
viaje, así que vas a
Europa, trabajas y
produces por un
valor equivalente a
lo que me debes.
Hasta que no paguen
les hacen trabajar
como esclavos.
¿Este sistema se
va a difundir
también en Italia?
Lo deducimos del
hecho de que en los
últimos tiempos ha
habido un aumento
considerable de los
precios que pagan
los clandestinos.
Desde Libia, pero
sobre todo desde los
países de origen.
Tenemos ya varios
ejemplos sudaneses:
para llegar al
Mediterráneo el
precio ha subido de
1000 a 3000 dólares.
¿De dónde van a
sacar esos pobres
sudaneses 3000, 4000
o 5000 dólares? Lo
más probable es que
ese precio, en gran
parte, sea una
deuda. Una deuda que
esclaviza. Hay que
tomar medidas ante
este fenómeno.
Pero como hemos
visto en Foggia, la
ley actual no tutela
a las víctimas de
los caporali
y los empresarios.
Hemos apreciado
ciertas carencias en
el terreno legal.
Tenemos la ley Biagi,
que sanciona la
intermediación
laboral ilícita y al
empleador que usa
mano de obra
irregular. Son
sanciones
administrativas, no
muy severas. Para
otro tipo de
sanciones tenemos
que remitirnos a los
artículos 600, 601 y
601 del Código
Penal. Es decir, a
la esclavización y
el tráfico de seres
humanos. El fenómeno
del caporalato
se sitúa justamente
entre estos dos
extremos. Es preciso
llenar el vacío
legal y declarar
fuera de la ley el
comportamiento del
caporale. El
empleador también
debe ser sancionado.
Pero entonces
tenemos que
plantearnos el
problema de las
víctimas.
Algunos miembros
del gobierno son
partidarios de
conceder permiso de
residencia a todos
los extranjeros
explotados en la
economía sumergida.
El inmigrante
explotado por un
caporale debe
obtener un permiso
de residencia
temporal. Pero
debemos ser
precavidos a la hora
de tutelar al
trabajador
clandestino, para
que los traficantes
no se aprovechen de
esta norma. El
ministro Amato lo ha
dicho claramente:
hagamos lo que
tenemos que hacer,
pero sin dar bazas a
los criminales. El
riesgo que se corre,
justamente, es que
las mismas
organizaciones que
se encargan del
transporte y de
colocar al
trabajador sin
papeles administren
también su
regularización.
Porque en tal caso
los traficantes
empezarán a vender
el paquete
transporte-trabajo
en
negro-regularización,
todo junto. Es
decir, le venderán
al clandestino en su
lugar de origen un
permiso de
residencia. Hay que
tener cuidado para
no crear un nuevo
negocio.
¿Cómo?
La hipótesis que
hemos planteado en
el grupo de estudio
es la siguiente:
creemos que el
trabajador irregular
puede acogerse a una
normativa similar al
artículo 18 de la
ley Bossi-Fini, que
tutela a las
víctimas de la
prostitución y del
tráfico de seres
humanos. Si
declaramos delito el
caporalato,
todas las personas
explotadas por el
caporale serán
víctimas de un
delito específico y
podrán obtener un
permiso de
residencia temporal.
Pero el permiso
estará vinculado a
una condición
objetiva de
explotación prevista
como delito. Sólo
así podremos indagar
y desactivar las
maniobras de los
traficantes. Hay
otro aspecto que
atañe a los
empleadores.
¿Cuál?
Quien se aproveche
de caporali y
trabajadores
clandestinos debe
perder todos los
beneficios fiscales,
todas las prebendas,
todas las ventajas y
financiaciones que
pueda solicitar, a
escala europea,
nacional o local. Si
alguno ha obtenido
una contrata
pública, la perderá.
Para estas normas ni
siquiera hace falta
dictar una ley. Se
pueden incluir
inmediatamente en
los contratos.
*
Caporalato:
sistema de
explotación de mano
de obra irregular
basado en la figura
de un capataz
ilegal, el
caporale (n. del
t.).
Traducido del
italiano al español
por Juan Vivanco,
miembro de Rebelión
y Tlaxcala, la red
de traductores por
la diversidad
lingüística (www.tlaxcala.es).
Esta traducción es
copyleft para uso no
comercial: se puede
reproducir
libremente, a
condición de
respetar su
integridad y
mencionar al autor,
a los traductores y
la fuente.