|
El
15 de agosto del 2005, en ocasión del aniversario numero 200 del Juramento de
Simón Bolívar en el Monte Sacro en Roma, fue declarado el 15 de agosto de cada
año, por el presidente Hugo Chávez como "Día de la amistad Italia-Venezuela".
Nosotros, integrantes de La Patria
Grande, mayoritariamente italianos y venezolanos queremos conmemorar este
día, publicando el juramento del Monte Sacro.
La Patria Grande,
14/08/2006
El Video del discurso de Hugo Chavez en el Montesacro a Roma
|
|
El 15 de agosto del 2005, en ocasión del aniversario numero
200 del Juramento de Simón Bolívar en el Monte Sacro en Roma, fue declarado el
15 de agosto de cada año, por el presidente Hugo Chávez como "Día de la
amistad Italia-Venezuela".
Nosotros, integrantes de La Patria Grande,
mayoritariamente italianos y venezolanos queremos conmemorar este día,
publicando el juramento del Monte Sacro.
El juramento
Afectado
por su corto matrimonio y la muerte de su esposa,
María Teresa del Toro, el futuro
Libertador partió hacia Europa en octubre de 1803. Presenció la coronación de
Napoleón Bonaparte, de quien
sintió pena e ira por sus pretensiones de convertirse en
César. La salud de Bolívar no marchaba bien, pero partió junto a su maestro
Simón Rodríguez, cruzaron a pie los Alpes y llegaron a Roma.
El día 15 de agosto de 1805, hacia el atardecer, se produce un hecho sencillo,
que ha entrado en la Historia con calidad de sublime. Bolívar emprendió uno de
sus largos y nostálgicos paseos en compañía de Simón Rodríguez. El lento paseo
lo condujo hasta la cumbre del Aventino, el Monte Sacro, una de las siete
colinas de Roma. Llegada la noche y ya habían descansado un poco, allí en lo
alto, podía admirarse en la serenidad de la tarde la ciudad a los pies del
monte. Rodríguez y Bolívar se sentaron a descansar. Sus miradas recorrían el
amplio paisaje que se ofrecía ante sus ojos. Admirando aquel panorama, a Bolívar
le vino el recuerdo del campo y el paisaje venezolanos, y pensando en los
plebeyos conducidos por Licinio hasta aquel monte, recordó a su país ansioso
también de libertad. Simón Rodríguez exige a su discípulo que jure
consagrarse a la libertad de América, y Bolívar, en voz
alta y firme, para que le oyeran sus acompañantes, dijo:
¿Conque éste es el pueblo de
Rómulo y Numa, de los Gracos y los Horacios, de Augusto y de Nerón, de César y
de Bruto, de Tiberio y de Trajano? Aquí todas las grandezas han tenido su tipo y
todas las miserias su cuna. Octavio se disfraza con el manto de la piedad
pública para ocultar la suspicacia de su carácter y sus arrebatos sanguinarios;
Bruto clava el puñal en el corazón de su protector para reemplazar la tiranía de
César con la suya propia; Antonio renuncia los derechos de su gloria para
embarcarse en las galeras de una meretriz; sin proyectos de reforma, Sila
degüella a sus compatriotas, y Tiberio, sombrío como la noche y depravado como
el crimen, divide su tiempo entre la concupiscencia y la matanza.
Por un Cincinato hubo
cien Caracallas, por un Trajano cien Calígulas y por un Vespasiano cien
Claudios. Este pueblo ha dado para todo; severidad para los viejos tiempos;
austeridad para la República; depravación para los Emperadores; catacumbas para
los cristianos; valor para conquistar el mundo entero; ambición para convertir
todos los Estados de la tierra en arrabales tributarios; mujeres para hacer
pasar las ruedas sacrílegas de su carruaje sobre el tronco destrozado de sus
padres; oradores para conmover, como Cicerón; poetas para seducir con su canto,
como Virgilio; satíricos, como Juvenal y Lucrecio; filósofos débiles, como
Séneca; y ciudadanos enteros, como Catón.
Este pueblo ha dado
para todo, menos para la causa de la humanidad: Mesalinas corrompidas, Agripinas
sin entrañas, grandes historiadores, naturalistas insignes, guerreros ilustres,
procónsules rapaces, sibaritas desenfrenados, aquilatadas virtudes y crímenes
groseros; pero para la emancipación del espíritu, para la extirpación de las
preocupaciones, para el enaltecimiento del hombre y para la perfectibilidad
definitiva de su razón, bien poco, por no decir nada.
La civilización que
ha soplado del Oriente, ha mostrado aquí todas sus fases, han hecho ver todos
sus elementos; mas en cuanto a resolver el gran problema del hombre en libertad,
parece que el asunto ha sido desconocido y que el despejo de esa misteriosa
incógnita no ha de verificarse sino en el Nuevo Mundo.
¡Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por
mi honor, y juro por mi Patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi
alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder
español!
Simón Bolívar, 15 de agosto de 1805.
Este juramento fue hecho por
Simón Bolívar a los 22 años en Roma, en presencia de su maestro Simón Rodríguez.
|