Capitalismo loco
Todavía hay gentes en el mundo
que esperan del capitalismo algo así como un acto de arrepentimiento, puesto que
le suponen capaz de tener una conducta distinta de la que denominan “capitalismo
salvaje” ellos mismos. Ignoran o pretenden ignorar que el sistema
capitalista –desde sus inicios, y lleva ya unos cinco siglos de vida tormentosa-
siempre se ha comportado de manera criminal.
En su fase
inicial, conocida como “de libre competencia”, en verdad significó
un importante progreso de la humanidad en comparación con el feudalismo previo.
Sin embargo, su expansionismo a expensas de pueblos menos desarrollados y sobre
todo fuera del continente europeo, creó el sistema colonial y a la vez se
incrementó la práctica de la esclavitud a escala sin precedentes. Además,
acentuó la división entre explotadores y explotados que es su característica
principal.
De esa etapa,
que algunos consideran “franciscana” pese a las guerras continuas que fue otra
de sus peores características, el capitalismo pasó a finales del siglo XIX a la
que Vladimir Ilich Lenin acertadamente dio el título de El
imperialismo, fase superior del capitalismo –en su clásica
obra escrita hace casi cien años, y tan vigente hoy como en aquel entonces-
cuando mediante la I Guerra Mundial se producía uno de esos tantos
“repartos del mundo” que de tiempo en tiempo efectúan a mano armada los
monopolios imperialistas.
Con su
desarrollo el capitalismo se vino de Europa a nuestros países americanos, y acá
finalmente apareció ese “engendro del mal” que es el imperialismo yanqui. Una
aparición prevista por Simón Bolívar, cuando el 5 de agosto de 1829
advirtió al diplomático inglés coronel Patrick Campbell, en carta desde
Guayaquil, con estas palabras: “¿... y
los Estados Unidos que parecen destinados por la Providencia para plagar la
América de miserias a nombre de la Libertad ?”
En Estados
Unidos el capitalismo logró desarrollarse rápidamente con la explotación de una
gran masa de trabajadores europeos, y esa fuerza de trabajo inmigrante aportó
igualmente a la sociedad yanqui fuertes prejuicios raciales en contra de
indígenas y negros. Tales son los orígenes del sentimiento de superioridad que
en general los yanquis expresan respecto a nosotros, los pobladores del resto
del continente americano, llamándonos despectivamente latinos o
hispánicos.
Los
monopolios imperialistas de Estados Unidos alcanzaron su nivel máximo de poder
con la II Guerra Mundial, teniendo como único freno a sus ambiciones de
dominación mundial a la URSS. De allí surgió la falsa tesis de un mundo
bipolar, al cual habría sucedido tras la desintegración del Estado
soviético un supuesto mundo unipolar.
Son las
realidades de un mundo cada día más multipolar, con toda una amplia gama
de países que rechazan las pretensiones hegemónicas de Estados Unidos, las que
han ido erosionando el poderío yanqui. Y pese a que sus gobernantes cantaron
victoria al fin de la guerra fría, lo cierto es que de inmediato el mundo
prácticamente se les ha venido encima. Signos de ello los hay muy diversos, y el
más relevante es el extraordinario desarrollo de la República Popular China, que
ahora es sin duda su enemigo mayor y les está ganando la guerra comercial.
En la Casa
Blanca, por ejemplo, no le encuentran explicación a los fracasos de sus
aventuras en Afganistán e Iraq. Mucho menos al caso de la supervivencia de la
revolución cubana, al cual se tiene que añadir el de esta revolución
bolivariana en Venezuela, es decir, en dos países que son ex colonias suyas.
Se comprende,
pues, que esa Casa Blanca se haya convertido en años recientes en un verdadero
manicomio. Quienes desde allí han pretendido gobernar el mundo- que con el clan
Bush integran una pandilla similar a la que desde Berlín intentó con
Hitler hacer eso mismo- actualmente están desesperados. Es un capitalismo
loco, sin duda la agresión criminal que están cometiendo ahora mismo en el
Líbano así lo comprueba.
Publicado en el
Semanario La Razón, Nº 603,
Caracas, 30/07/2006