|
La
Revolución
Bolivariana avanza
hacia un proceso de
definiciones. La
próxima reelección
del presidente
Chávez el 3 de
diciembre, la cual
los socialistas
respaldamos
contundentemente,
marcan un punto de
inflexión en el
proceso
revolucionario,
donde se decidirá el
futuro inmediato del
país. A partir de
ese momento, las
políticas que se
adopten podrán
tender a consolidar
una nueva
reorganización del
capitalismo
nacional, o por el
contrario,
constituirán el
primer paso para la
transición hacia una
nueva sociedad
socialista.
En este contexto,
nos hemos reunido
los y las
socialistas,
integrantes o no de
organizaciones
políticas y
movimientos
sociales, en
condición de
iguales, para
debatir y presentar
al pueblo venezolano
este conjunto de
ideas para
profundizar la
revolución, lo cual
significa en
concreto, avanzar en
las condiciones
determinadas por
nuestra realidad
hacia la
construcción del
socialismo.
I. Reseña histórica
Como nación, como
pueblo, como
trabajadores y
trabajadoras, hemos
librado las luchas
por la
independencia, la
soberanía y la
libertad desde el
año 1498 con la
resistencia de los
pueblos originarios
ante el asalto
español, la
posterior
resistencia de los
esclavos negros, los
campesinos sin
tierra y más tarde
los mantuanos
patriotas. La
desvirtuación del
proyecto de Bolívar
y la imposición del
Estado oligárquico a
partir del gobierno
de Páez,
significaron una
derrota estratégica
para el pueblo, que
no pudo revertirse
con la guerra
federal de 1859 a
1864 bajo el
liderazgo de Zamora.
La dictadura de Juan
Vicente Gómez, los
gobiernos que lo
sucedieron,
especialmente el de
Marcos Pérez Jiménez
y posteriormente el
régimen pseudo-democrático
del puntofijismo,
consolidaron la
subordinación
nacional al
imperialismo yanqui
y la implantación de
un modelo petrolero
y exportador en
Venezuela.
El movimiento
revolucionario
venezolano del siglo
pasado estuvo
fuertemente
condicionado por las
estrategias
políticas del
movimiento
socialista mundial,
tanto en su
vertiente
socialdemócrata,
como en la originada
de la III
Internacional. En
este contexto, las
direcciones de
partidos que se
plantearon ser la
vanguardia del
pueblo y los
trabajadores,
terminaron
burocratizándose y
abandonaron el
programa
revolucionario,
adoptando políticas
erráticas que
produjeron múltiples
fracturas entre la
izquierda,
divisiones estas que
a su vez facilitaron
que la democracia
representativa,
instaurada en 1958,
fuese hegemonizada
por el bloque de la
burguesía nacional
aliado al
imperialismo yanqui,
consolidando un
Estado burgués con
graves
deformaciones.
Esa derrota de los
sectores populares
impulsó a los
revolucionarios a
tomar la vía de la
lucha armada en la
década del 60, con
la que volvieron a
fracasar en el
intento de
constituirse como
vanguardia
reconocida por el
pueblo. Consecuencia
de este proceso fue
la desmoralización
de los militantes
revolucionarios y
los sectores
populares. Así fue
como el plan de la
burguesía y la
oligarquía alcanzó
su máxima expresión
con la implantación
de un paquete de
medidas neoliberales
que comportaban un
proceso de
desnacionalización y
privatización de las
industrias básicas
del Estado,
facilidades
exageradas para el
capital extranjero,
cambios en las
reglas del
capitalismo
venezolano y pérdida
de calidad de vida
del pueblo
venezolano con el
aumento de la
pobreza llegando al
80%.
La respuesta
popular, que venía
silenciosamente
madurándose, estalló
en la insurgencia
del 27 y 28 de
febrero de 1989
marcando un giro en
todos los órdenes de
la situación
nacional. Este
cambio posibilitó
los sucesos
posteriores del 4 de
febrero y 27 de
noviembre de 1992.
Comenzó entonces la
descomposición y
posterior derrumbe
del régimen
puntofijista, que
era uno de los más
estables de América
Latina.
El actual proceso
revolucionario
Bolivariano hunde
sus raíces en estos
acontecimientos
históricos y es
heredero directo de
las fuerzas sociales
que se rebelaron en
las distintas etapas
contra el régimen
oligárquico
imperialista.
II. El Contexto
Internacional
El desarrollo del
proceso
revolucionario
enfrenta amenazas
internas y externas
cuyo conocimiento es
un problema
esencial. Sin duda
serán las poderosas
fuerzas externas del
capitalismo mundial
las que opongan
mayor resistencia a
la transición al
socialismo, porque
no aceptarán con
docilidad que
reaparezca ante los
pueblos del mundo
como una posibilidad
concreta la
organización de la
producción y
distribución de la
riqueza de un país,
sin necesidad de la
explotación del
trabajo por el
capital.
La crisis energética
mundial coloca a
nuestro país, por su
carácter de
productor petrolero,
en el centro de mira
de las potencias del
capitalismo mundial.
Tanto las corrientes
de la derecha
neoliberal como las
distintas vertientes
que desde la
izquierda proponen
reformar el
capitalismo y
humanizarlo,
coinciden en un
punto: confían en la
capacidad del
sistema para
restaurar sus
propias grietas
Omiten referirse a
los últimos cien
años del capitalismo
que muestran que
esas grietas
reaparecen una y
otra vez, desafiando
las refacciones
temporales diseñadas
por sus tecnócratas
de la economía,
siendo que en las
últimas décadas esas
contradicciones no
dejaron de
agrandarse y son las
causas que impulsan
las catástrofes
sociales que aún
vemos a comienzos
del siglo XXI y que
ellos cínicamente
denominan “efectos
no deseados”.
Si el capitalismo
tuviera la capacidad
de incorporar a su
dinámica productiva
a la mayoría de las
fuerzas que genera
en su interior,
tendrían absoluta
razón los que ven al
socialismo no sólo
como innecesario
sino como
irrealizable. Pero
la realidad del
mundo actual muestra
que la situación es
la opuesta. La
principal
contradicción del
capitalismo sigue
siendo que la
producción está cada
vez más socializada,
mientras que la
apropiación de la
ganancia está cada
vez en menos manos.
La realidad de las
crisis económicas
reiteradas demuestra
cada vez la
necesidad de
trascender el modo
de producción
capitalista al
desnudar las
contradicciones del
sistema. Pero el
socialismo
científico afirmó
que no era
inexorable que esto
sucediera, porque es
el conjunto de la
situación de la
lucha de clases y no
los factores
exclusivamente
económicos lo que
determinará la forma
en que cada sociedad
enfrenta a las
crisis: si las
amortigua
temporalmente y
“remodela el
capitalismo”, o si
busca una salida
revolucionaria bajo
una forma socialista
de organizar la
producción y las
relaciones sociales.
El socialismo
venezolano será hijo
del capitalismo
local e
inevitablemente
llevará las huellas
de su origen. En
esta perspectiva, la
función actual de
las fuerzas
socialistas es
descubrir, desde el
mejor conocimiento
posible de la
realidad presente,
los puntos claves
para la ruptura con
el viejo orden, que
frena, distorsiona e
impregna las
transformaciones que
se intentan y
proponer a las masas
una estrategia
definida para
avanzar en esa
dirección. Esta será
la única forma de
combatir con firmeza
y eficacia al
eclecticismo que se
adueñó de gran parte
de la izquierda en
la última época.
Parte de ese
conocimiento es
indagar cómo se
expresan las
contradicciones del
sistema en la
coyuntura actual, en
la cual la economía
mundial está
creciendo y
comprender cómo esta
situación influye
sobre el
alineamiento
político
internacional que se
observa de países y
sectores
capitalistas.
La crisis de los
años 70 fue una
oportunidad para que
los capitales
multinacionales
lograran enormes
acumulaciones en el
sector especulativo,
lo cual les permitió
hegemonizar,
controlar y asociar
a diversas ramas y
sectores de la
economía: la
productiva, la de
servicios, la
comercial y la
financiera. Con
esto, absorbieron
una parte cada vez
mayor de las
ganancias de otros
sectores
capitalistas e
invadieron todas las
áreas mundiales
(globalización).
Esto no hizo más que
producir un salto
cualitativo en un
rasgo específico de
la fase
imperialista: el
carácter parasitario
del capital
financiero. Este
sector se apropia
cada vez más de
ganancias que no
tienen proporción ni
están vinculadas a
su nivel real de
inversión – con lo
cual violenta una
regla básica sobre
la cual se
desarrolló el
capitalismo –
succionando recursos
de distintos
sectores sociales, a
los cuales super-explota
como asalariados,
empobrece como
consumidores o
expropia como
competidores
menores, según el
caso.
El capitalismo del
siglo XXI es el del
capital
transnacional
imperialista, con
sus múltiples
contradicciones,
determinantes de la
actual dinámica de
la lucha de clases a
nivel mundial, cuyos
rasgos principales
podemos resumir en:
a) La fuerza del
capital globalmente
sigue conservando la
iniciativa política,
es decir, mantiene
la ofensiva iniciada
hace más de un
cuarto de siglo
contra las masas.
b) El cuadro actual
de situación muestra
que esa ofensiva
ahora está
notablemente
limitada, viene en
franca declinación
porque encuentra
crecientes
resistencias de
distintos sectores
sociales, en
diferentes países y
regiones.
c) En este marco, el
imperialismo yanqui
ha retrocedido en la
hegemonía casi
absoluta que durante
un cuarto de siglo
mantuvo a nivel
mundial. Esto no
contradice su
inmensa superioridad
militar y su papel
determinante en la
economía mundial.
d) La situación de
crisis del
capitalismo se
expresa
políticamente en la
conformación de
distintos bloques de
países que disputan
la hegemonía
mundial.
e) La resistencia a
la ofensiva
imperialista tiene
hoy dos puntos
neurálgicos en el
mundo: medio Oriente
y América Latina,
aún cuando en cada
una de estas
regiones son
distintos los
bloques de fuerzas
sociales que
encabezan dicha
resistencia.
f) Aún no se observa
una recomposición y
recuperación
cualitativamente
superadora en la
iniciativa política
del proletariado
para enfrentar la
ofensiva
capitalista.
g) La necesidad de
expansión económica
y recuperación
permanente de la
tasa de ganancia de
los capitales, ha
generado el uso
irracional de la
naturaleza causando
daños irreversibles
que hacen
insustentable la
supervivencia
humana.
III. Premisas
Comunes a los y las
Socialistas
1. En la Revolución
Bolivariana
confluyen distintas
fuerzas sociales,
cuyos intereses
fueron afectados por
la ofensiva del
capital
transnacional
imperialista, lo
cual le da una
naturaleza
policlasista al
bloque
revolucionario. Esta
heterogeneidad se
refleja en las
distintas
perspectivas de las
fuerzas políticas
bolivarianas: aunque
ahora todas asumen
formalmente el
socialismo como una
perspectiva, muchas
de ellas intentan
construir un
capitalismo
“humanizado” –al
menos en lo
inmediato-, mientras
que otras quieren
avanzar para acabar
con la explotación
del hombre por el
hombre, ya sea por
su ubicación de
clase o su grado de
conciencia.
2. Esta revolución
se da en el marco de
un país capitalista
dependiente del
imperialismo,
fundamentalmente
yanqui, con un alto
grado de
monoproducción.
3. La revolución
venezolana es
popular, democrática
y antimperialista.
4. La Revolución
Bolivariana ha
producido cambios
sustanciales en las
relaciones sociales
de distribución,
pero no ha superado
aún el marco de la
existencia de las
relaciones
capitalistas de
producción.
5. La Revolución
Bolivariana, comenzó
como una revolución
política en la cual
las capas medias
democráticas
desplazaron del
control del viejo
Estado a los
sectores otrora
dominantes de la
oligarquía. En estas
clases medias que
actualmente
hegemonizan el
control del Estado,
predominan
concepciones
reformistas, sean en
su vertiente
socialdemócrata o
nacionalista, lo
cual significa un
grave riesgo para el
proceso
revolucionario1.
6. La consecuencia
directa del
predominio de las
concepciones
reformistas es que
se ha avanzado muy
poco en la
destrucción del
viejo Estado y en la
construcción del
nuevo Estado
bolivariano, cuyo
contenido no puede
ser otro que el de
una democracia
revolucionaria, con
hegemonía de los
oprimidos y
explotados.
7. Uno de los
mayores obstáculos a
superar para
construir el nuevo
Estado, es la
dispersión de las
fuerzas
revolucionarias del
pueblo y dentro de
ella, la falta de
unidad de los
sectores
conscientemente
socialistas2.
8. Asumimos que la
clase trabajadora
debe ser la clase
hegemónica dentro
del bloque de clases
revolucionarias y
que debe detentar la
dirección de las
transformaciones
estructurales y
superestructurales
hacia la sociedad
socialista, pero aún
muestra un
insuficiente grado
de desarrollo en su
nivel de conciencia.
La supervivencia de
un movimiento
sindical fuertemente
controlado e
influenciado por el
sindicalismo
oportunista y
economicista es sólo
una consecuencia de
la inmadurez del
desarrollo de la
conciencia de los
trabajadores. Los
trabajadores han
participado en los
grandes movimientos
de definición de la
Revolución
Bolivariana, pero
sin expresarse como
clase organizada.
9. El bloque de
clases
revolucionario es la
forma concreta que
debe tomar la
alianza entre la
clase trabajadora,
los campesinos
pobres, las
comunidades,
sectores medios
revolucionarios y
los pueblos
indígenas
originarios, de los
cuales se debe
rescatar la
cosmovisión
comunitaria.
10. La hegemonía de
ningún grupo
ideológico puede
sustituir la
necesidad que la
clase trabajadora y
las otras clases
revolucionarias
desarrollen sus
propios niveles de
conciencia y
organización para
asumir la dirección
política en la fase
de transición al
socialismo.
11. La lucha
revolucionaria
necesita la creación
de una teoría
revolucionaria para
que la oriente en su
estrategia, tratando
de evitar
desviaciones de
distinto tipo que
pueden tener graves
consecuencias
políticas.
IV. Debates para
la Transición
El proceso
revolucionario
muestra una serie de
contradicciones
reiteradamente
denunciadas por
distintos sectores
del pueblo, que sólo
podrán ser superadas
si se adoptan
medidas para avanzar
desde la actual
situación hacia una
nueva forma de
relaciones sociales.
Estas medidas son
fundamentalmente
políticas y
económicas.
Las medidas que
proponemos las y los
socialistas serán el
puente para
transitar desde la
actual situación
hacia el inicio de
las transformaciones
estructurales en
nuestro país.
Asimismo, elaborar
estas medidas es una
respuesta política
indispensable para
evitar dos
deformaciones: La
reformista, que
posterga
indefinidamente las
primeras medidas
socialistas
argumentando
insuficiente
desarrollo de las
fuerzas productivas
o falta de
acumulación de
fuerzas políticas; y
la opuesta, el
radicalismo
abstracto, que cree
que la imposición de
medidas socialistas
puede prescindir de
una justa valoración
de las relaciones de
fuerza entre
revolución y
contra-revolución a
nivel internacional.
Las fuerzas
socialistas debemos
abrir el debate
sobre este conjunto
de medidas, para lo
cual proponemos las
medidas siguientes:
a) Transición
Política
1. Para destruir el
viejo Estado
heredado del
puntofijismo es
necesario poner en
marcha los
mecanismos
constitucionales que
permitan las formas
de ejercicio directo
del poder por el
pueblo, lo cual será
el proceso de
construcción del
Poder Popular.
2. La base
conceptual sobre la
que se asienta la
democracia directa
coloca la
organización social
como el fundamento
de la organización
política, lo cual
rompe la separación
entre lo social y lo
político que
caracteriza toda la
política burguesa.
El pueblo, en su
función de
ciudadanos, debe
intervenir en los
asuntos públicos, es
decir, del Estado,
para hacer política,
lo cual en la
práctica se traduce
en dos acciones del
ejercicio del poder:
1) Poder de
decisión, 2) Poder
de control en la
ejecución de las
decisiones o
ejercicio directo de
la gestión.
3. Los consejos
comunales podrán ser
un instrumento para
la construcción del
poder popular en
tanto sean expresión
auténtica de cada
comunidad y no
manipulación de
aparatos ajenos a
ellas, políticos o
estatales.
4. El ejercicio del
poder popular
directo no puede
quedar limitado a la
esfera comunitaria,
si bien comienza por
allí. El Estado
revolucionario es un
Estado centralizado
(Entendiendo que la
clase trabajadora
debe ser la clase
hegemónica del
bloque de clases
revolucionarias, que
asuma la gestión del
estado, desde los
Consejos Comunales
hasta el Estado
Centralizado), con
una dirección
estratégica definida
y no una sumatoria
federativa de
municipios o
consejos comunales.
Si el poder popular
se desarrolla desde
sus bases, será
posible que se
extienda hacia los
órganos
centralizados del
Estado nacional
previstos en la
constitución,
particularmente a su
rama legislativa.
Cuando el pueblo se
organice será
posible que así como
los pueblos
indígenas están
representados como
tales, exista
representación del
poder popular, de
los trabajadores, de
los campesinos. Es
decir, transformar
la Asamblea Nacional
en la Asamblea
Popular de la
revolución.
5. El mismo poder de
decisión y de
control en la
ejecución de esas
decisiones que
tendrá el pueblo,
debe estar en manos
de los trabajadores
en sus centros
productivos,
particularmente en
los que pertenecen a
todo el pueblo, es
decir, son
nacionales.
Garantizar la mejor
producción posible
en un asunto público
que no puede quedar
exclusivamente en
manos de
funcionarios
designados desde
afuera del proceso
productivo, aun
cuando sean honestos
y capaces.
6. El contenido de
clase de este poder
popular estará
definido por el
desplazamiento de la
pequeña burguesía
democrática por un
bloque
obrero-popular-campesino
que asuma el control
del Estado, lo cual
será la concreción
de la democracia
revolucionaria. Se
trata, en
definitiva, de que
la clase trabajadora
se transforme en
clase hegemónica.
7. El programa
militar de la
revolución debe
transformar al
actual ejército
nacionalista en un
ejército popular y
contribuir a
organizar al pueblo
para las tareas de
la defensa militar
de la revolución
frente a la agresión
del imperialismo.
Una de las
condiciones
imprescindibles para
esta transformación
de la Fuerza Armada
es la posibilidad de
sus miembros de
integrarse al debate
político del pueblo.
b) Transición
Económica (para el
debate en los
próximos plenos
regionales)
1. La base económica
para esta fase de
transición debe
partir del principio
de garantizar el
mayor acceso posible
a la cesta básica a
la mayor cantidad de
compatriotas, el
acceso a la salud
gratuita para toda
la población, el
acceso gratuito a
todos los niveles de
educación. Estos
objetivos
democráticos son de
imposible
cumplimiento bajo
una economía
controlada por las
reglas del mercado.
2. El principal
mecanismo que se
opone al mercado es
la planificación
económica. Por un
largo período es
previsible la
subsistencia de una
economía con formas
de propiedad
estatal, colectiva y
privada, por lo cual
la planificación
requerirá dos
condiciones: 1)
Asignar la cuota de
mercado o sector que
estará bajo control
estatal y el
privado, 2)
Planificación
económica
centralizada y
democráticamente
decidida por los
productores-trabajadores
y las comunidades
como consumidor
interesado.
3. La propiedad
estatal no garantiza
la propiedad social,
la cual sólo se
alcanzará mediante
el ejercicio directo
y democrático de la
gestión de los
trabajadores.
4 Control del
proceso de
intercambio de la
producción.
5. Control total por
parte del Estado y
desarrollo de las
industrias básicas
del país y de las
máquinas-herramientas.
6. Acelerar el
proceso de reparto
de la tierra,
atendiendo a la
necesidad de evitar
la creación de
minifundios
improductivos, sino
unidades con
extensión suficiente
para cumplir su
papel en el
suministro de bienes
alimentarios a todo
el pueblo, y no sólo
generar ganancias a
los nuevos dueños de
la tierra.
7. En este período
el Estado debe
decretar medidas
para el control del
capital financiero
atendiendo a la
relación de fuerzas
nacionales e
internacionales. No
se trata de
propagandizar
medidas abstractas,
sino de medidas que
se tomarán en un
determinado contexto
de la situación de
la lucha de clases,
avanzando hacia la
nacionalización de
la banca y otras
correlativas del
mercado de
capitales.
8. La necesidad de
acabar con la
expoliación que
representa el pago
de la deuda externa
deberá ser encarada
sobre la base de la
crear una acción
conjunta de países
de la región.
V. Propuestas
Comunes de las
Plenarias Regionales
1. Reivindicamos el
derecho y el deber a
la crítica y
autocrítica como
elementos políticos
sustanciales para la
profundización de la
Revolución y
resolver la lucha de
clases dentro del
Bloque Bolivariano a
favor del
socialismo.
2. Socialización de
los medios de
comunicación y
puesta a punto para
el socialismo bajo
el control de los
trabajadores.
3. Transformación de
las unidades
productivas en
centros de
reflexión, formación
y debate, además de
producción.
4. Desarrollo de las
fuerzas productivas
para alcanzar la
soberanía nacional.
5. Transformación
del sistema
educativo en función
de las nuevas
relaciones sociales
de producción, del
desarrollo de las
fuerzas productivas
de manera
sustentable y de una
nueva ética y
valores socialistas.
6. Lucha implacable
contra el
reformismo, la
corrupción y el
burocratismo.
7. Contribución a la
unidad y
organización
internacional de la
clase trabajadora.
8. Fomento de la
construcción de un
programa unitario de
lucha por el
socialismo en la
Patria Grande.
9. El avance hacia
el socialismo no se
puede limitar a las
fronteras
nacionales, sino que
necesita el
surgimiento de un
bloque regional e
internacional que
enfrente al
capitalismo con
decisión de
superarlo, creando
lazos solidarios
entre los pueblos.
10. Desarrollo de la
ciencia y la
tecnología
respetando la
preservación de los
bienes naturales y
del entorno
geográfico.
11. Desarrollo del
espacio de debate y
formación
sociopolítica en
todos los rincones
del país.
12. Establecimiento
de un sistema de
estímulos morales a
la producción en los
centros productivos
en los cuales los
trabajadores ejerzan
el control directo
de la gestión.
VI. Sobre la
Organización de los
y las Socialistas
1) El presente Pleno
de Organización
Socialista
representa un paso
importante para
iniciar un camino de
unidad entre
socialistas, pero es
sólo un paso más.
Por tanto las
resoluciones que se
adopten sobre formas
de organización que
permitan continuar
este camino, deben
estar alineadas con
el nivel de unidad
alcanzado en los
conceptos
(programática), que
aun siendo
importante, es
incipiente. En
consecuencia debemos
distinguir
claramente entre la
organización actual
que estamos en
condiciones de crear
los/as socialistas y
la organización
necesaria para
cumplir con el
Programa Histórico
propuesto en el
Manifiesto
Comunista.
2) El nivel
organizativo que
podemos concretar en
las presentes
circunstancias de
desarrollo de la
Revolución
Bolivariana, debe
ser lo
suficientemente
amplio para contener
las fuerzas
socialistas que
coincidan en los
puntos programáticos
señalados arriba,
pero también lo
suficientemente
eficaz como para
intervenir en la
actual coyuntura
política con un
perfil propio de los
y las socialistas
frente al pueblo.
3) Partiendo de
estas ideas, la
organización actual
de los y las
socialistas deberá
cumplir las
siguientes
condiciones:
a) Dar continuidad a
los Plenos
regionales, que
deberán
transformarse en
Asambleas
permanentes con el
objetivo de forjar
la unidad
programática y
garantizar la acción
política unitaria de
todos/as sus
integrantes4.
b) Dichos Plenos
asignarán
responsabilidades de
ejecución,
coordinación y
representación entre
sus integrantes de
acuerdo a decisiones
colectivas.
c) Constituir un
Cuerpo Nacional que
enlace las distintas
Asambleas regionales
y de proyección
nacional a la
política de los y
las socialistas.
Este cuerpo se
integrará por
delegados y
delegadas de las
Asambleas
regionales, más un
equipo permanente de
camaradas que asuma
funciones de
ejecución5.
4) A la vez se deben
empezar a debatir
conceptos
sustanciales para
consolidar la
organización
política que de
respuesta al
problema del Poder.
5) En relación a las
herramientas
políticas necesarias
para lograr los
objetivos históricos
del socialismo, la
mayoría de los y las
asistentes a los
Plenos Regionales,
se manifestaron por
la necesidad de
construir el Partido
de la Revolución,
señalando a la vez
que este Partido no
puede reemplazar la
necesidad de que las
masas se aglutinen
en organizaciones
propias autónomas.
La vinculación entre
esas organizaciones
de las masas y el
Partido de la
Revolución, será
entre otros, uno de
los puntos de debate
que deberemos
afrontar los y las
socialistas en
futuras instancias.
Parte de esos temas
a debatir serán la
definición
ideológica, los
criterios que deben
presidir la vida
interna de ese
Partido, las formas
de elaboración de la
teoría y otros que
se irán dilucidando
mediante la
elaboración
colectiva y
fraternal6.
Además, el Pleno
Nacional de
Organización de los
Socialistas acordó:
1. Constituir una
escuela de formación
unificada de
cobertura nacional.
2. Asumir como línea
política la unidad
de las fuerzas
antiimperialistas
que hoy se expresa
en el bloque
bolivariano y el
deslinde con el
reformismo.
3. Impulsar un gran
Frente
Latinoamericano
Antiimperialista.
4. Asumir la tarjeta
de la Liga
Socialista como la
tarjeta de los
Socialistas que
asumimos los
acuerdos de este
Pleno.
|