CARTA AL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA SOVIÉTICO
Queridos
camaradas:
Los comunistas
italianos y todos los trabajadores conscientes de nuestro país han seguido
siempre con la mayor atención vuestras discusiones. En vísperas de cada congreso
y de cada conferencia del P.C.R. hemos estado siempre seguros de que, a pesar de
la aspereza de las polémicas, la unidad del Partido no se hallaba en peligro;
aún más, estábamos seguros de que al alcanzar una superior homogeneidad
ideológica y orgánica, a través de tales discusiones, el Partido estaría mejor
preparado y dotado para superar las múltiples dificultades inherentes al
ejercicio del poder en un Estado obrero. Hoy, en vísperas de vuestra XV
Conferencia no tenemos la misma seguridad que en el pasado; nos sentimos
irresistiblemente angustiados; nos parece que la actual postura del bloque de
las oposiciones y la dureza de las polémicas en el P.C. de la URSS exigen la
intervención de los partidos hermanos. Es precisamente esta profunda convicción
la que nos impulsa a dirigiros esta carta. Podría suceder que el aislamiento en
que nuestro Partido se ve forzado a vivir nos haya llevado a exagerar los
peligros que se refieren a la situación interna del Partido Comunista de la URSS;
en todo caso no son exagerados nuestros juicios sobre las repercusiones
internacionales de esta situación y, como internacionalistas, queremos cumplir
con nuestro deber.
La situación
interna de nuestro partido hermano de la URSS nos parece diferente y mucho más
grave que en las precedentes discusiones, porque hoy vemos producirse y
verificarse una escisión en el grupo central leninista que ha sido siempre el
núcleo dirigente del Partido y de la Internacional. Una escisión de este género,
independientemente de los resultados numéricos en las votaciones del Congreso,
puede tener las más graves repercusiones, no sólo si la minoría de oposición no
acepta con la máxima lealtad los principios fundamentales de la disciplina
revolucionaria del Partido, pero también si sobrepasa, en el curso de su lucha,
ciertos límites que son superiores a toda la democracia formal.
Una de las más
preciosas enseñanzas de Lenin ha sido la de que debemos estudiar mucho los
juicios de nuestros enemigos de clase. Pues bien, queridos camaradas, lo cierto
es que los periódicos y los hombres de Estado más notables de la burguesía
internacional contemplan atentamente este carácter orgánico del conflicto
existente en el núcleo fundamental del Partido Comunista de la URSS, cuentan con
la escisión de nuestro partido hermano y están convencidos de que la misma
llevará a la disgregación y a la lenta agonía de la dictadura proletaria, que
esa escisión determinará esa catástrofe de la revolución que no lograron las
invasiones y las insurrecciones de los guardias blancos. La misma fría
circunspección con que hoy la prensa burguesa trata de analizar los
acontecimientos rusos, el hecho de que procure evitar, en lo que le es posible,
la violenta demagogia que le caracterizaba en el pasado, son síntomas que deben
hacer reflexionar a los camaradas rusos, hacerles más conscientes de su
responsabilidad. Hay aún otro motivo por el que la burguesía internacional
cuenta con la posible escisión, o con la agravación de la crisis interna del
Partido Comunista de la URSS. El Estado obrero existe en rusia ya desde hace
nueve años. Es cierto que sólo una pequeña minoría de las clases trabajadoras, e
incluso de los mismos partidos comunistas en los otros países, está en
condiciones de reconstituir en su conjunto todo el desarrollo de la revolución y
de encontrar, incluso en los detalles que constituyen la vida cotidiana del
Estado de los Soviets, la continuidad del hilo rojo que conduce hasta la
perspectiva general de la construcción del socialismo. Y esto no exclusivamente
en aquellos países en que no existe la libertad de reunión y la libertad de
prensa ha sido completamente suprimida o está sometida a limitaciones inauditas,
como en Italia (donde los tribunales han secuestrado y prohibido la impresión de
los libros de Trotsky, Lenin, Stalin, Zinoviev y, últimamente hasta del
Manifiesto Comunista), sino también en los países en que aún nuestros partidos
tienen la libertad de proporcionar a sus militantes y a la masa en general una
documentación suficiente. En esos países, las grandes masas no pueden comprender
las discusiones que tienen lugar en el Partido Comunista de la URSS,
particularmente cuando alcanzan la violencia actual y afectan no a un aspecto de
detalle, sino a todo el conjunto de la línea política del Partido. No sólo las
masas trabajadoras en general, sino la misma masa de nuestros partidos ven y
quieren ver en la República de los Soviets, y en el Partido que está en el
gobierno, una única unidad de combate que actúa en la perspectiva general del
socialismo. Y sólo en cuanto las masas occidentales europeas ven a Rusia y al
partido ruso desde este punto de vista, aceptan voluntariamente, y como un hecho
históricamente necesario, que el Partido Comunista de la URSS sea el partido
dirigente de la Internacional, sólo por eso hoy la República de los Soviets y el
Partido Comunista de la URSS constituyen un formidable elemento de organización
y de propulsión revolucionaria.
Los partidos
burgueses y socialdemócratas, por la misma razón, explotan las polémicas
internas y los conflictos existentes en el Partido Comunista de la URSS; quieren
luchar contra la influencia de la Revolución rusa, contra la unidad
revolucionaria que en todo el mundo se está forjando en torno al Partido
Comunista de la URSS. Queridos camaradas, es sumamente significativo que en un
país como Italia, donde las organizaciones estatales y del partido del fascismo
logran aplastar toda manifestación importante de vida autónoma de las grandes
masas obreras y campesinas, es significativo que los periódicos fascistas,
especialmente en las provincias, estén llenos de artículos, técnicamente bien
elaborados para la propaganda, con un mínimo de demagogia y expresiones
injuriosas, en los que se busca demostrar, con evidente esfuerzo de objetividad,
que en la actualidad, según las mismas manifestaciones de los líderes más
conocidos del bloque de la oposición del Partido Comunista de la URSS, el Estado
de los Soviets está transformándose, de toda evidencia, en un puro Estado
capitalista, y que, por tanto, en el duelo mundial entre fascismo y bolchevismo,
el fascismo prevalecerá. Esta campaña, si bien muestra cuán enorme es la
simpatía de que goza la República de los Soviets en las grandes masas del pueblo
italiano, que en algunas regiones no recibe desde hace seis años más que escasa
literatura ilegal del Partido, también muestra que el fascismo, que conoce muy
bien la real situación interna italiana, ha aprendido a trabajar con las masas y
procura utilizar la postura política del bloque de las oposiciones para romper
definitivamente la firme hostilidad de los trabajadores al gobierno de Mussolini
y para conseguir, al menos, un estado de ánimo en el que el fascismo aparezca
como una ineluctable necesidad histórica, no obstante la crueldad y las
calamidades que le son inherentes.
Nosotros
creemos que en el marco de la Internacional, nuesto Partido es el que más
resiente las repercusiones de la grave situación existente en el Partido
Comunista de la URSS. Y no sólo por las razones expuestas que son, digamos,
externas, relacionadas con las condiciones generales del desarrollo
revolucionario en nuestro país. Sabéis que todos los partidos de la
Internacional han heredado, de la vieja socialdemocracia y de las diferentes
tradiciones nacionales existentes en cada país (anarquismo, sindicalismo, etc.)
una masa de prejuicios y de motivos ideológicos que representan la causa de
todas las desviaciones de derecha y de izquierda. En estos últimos años, y
particularmente después del V Congreso mundial, nuestros partidos estaban
llegando, a través de una dolorosa experiencia, de crisis dolorosas y
extenuantes, a una efectiva estabilización leninista, estaban convirtiéndose en
verdaderos partidos bolcheviques. Nuestros cuadros proletarios estaban
formándose en la base, en las fábricas; los elementos intelectuales estaban
siendo sometidos a una rigurosa selección y a la prueba severa y dura del
trabajo práctico, en el terreno de la acción. Esta reestructuración se operaba
bajo la guía del Partido Comunista de la URSS, en su complejo unitario, y de
todos los grandes dirigentes del Partido de la URSS. Pues bien, la agudeza de la
actual crisis y la amenaza de escisión, abierta o latente que entraña, paraliza
este proceso de desarrollo y de reestructuración de nuestros partidos,
cristaliza las desviaciones de derecha e izquierda, retarda una vez más el éxito
de la unidad orgánica del Partido mundial de los trabajadores. Y es
particularmente sobre este aspecto que consideramos nuestro deber de
internacionalistas llamar la atención de los camaradas más responsables del
Partido Comunista de la URSS. Camaradas, en estos nueve años de historia mundial
habéis sido el elemento organizador y propulsor de las fuerzas revolucionarias
de todos los países; la misión que habéis desempeñado no tiene precedentes en
toda la historia del género humano que puedan comparársele por su amplitud y
profundidad. Pero hoy estáis destruyendo vuestra propia obra, estáis degradando
y corréis el riesgo de anular el papel dirigente que el Partido Comunista de la
URSS había conquistado bajo el impulso de Lenin; nos parece que la violenta
pasión de las cuestiones rusas os hace perder de vista los aspectos
internacionales de las propias cuestiones rusas, os hace olvidar que vuestros
deberes de militantes rusos pueden y deben ser realizados sólo en el marco de
los intereses del proletariado internacional.
El Buró
Político del PCI ha estudiado con la máxima prontitud y atención que le eran
posible todos los problemas que están hoy en discusión en el Partido Comunista
de la URSS. Las cuestiones que hoy se os plantean a vosotros, pueden plantearse
ante nosotros mañana. También en nuestro país las masas rurales constituyen la
mayoría de la población trabajadora. De otra parte, los problemas inherentes a
la hegemonía del proletariado se nos presentarán de forma manifiestamente más
compleja y aguda que en la propia Rusia, porque la densidad de la población
rural en Italia es enormemente más grande, porque nuestros campesinos cuentan
con una riquísima tradición organizativa y han conseguido siempre hacer sentir
muy sensiblemente su peso específico de masa en la vida política nacional,
porque en nuestro país el aparato organizativo eclesiástico tiene dos mil años
de tradición y se ha especializado en la propaganda y en la organización de los
campesinos, de modo inigualado en cualquier otro país. Si bien es verdad que
nuestra industria está más desarrollada y que el proletariado tiene una notable
base material, también es cierto que esta industria no cuenta con materias
primas en el país y se halla, en consecuencia, más expuesta a las crisis; por
ello el proletariado sólo podrá desempeñar su función dirigente si muestra gran
espíritu de sacrificio y se libera plenamente de todo residuo de corporativismo
reformista o sindicalista.
Desde este
punto de vista realista, y que nosotrso creemos leninista, el Buró Político del
PCI ha estudiado vuestras discusiones. Hasta ahora hemos expresado una opinión
del partido sólo sobre la cuestión estricta de la disciplina de las fracciones,
queriendo atenernos a la recomendación que hicísteis después del XIV Congreso de
no trasladar la discusión de vuestros problemas a las secciones de la
Internacional. Declaramos en este momento que consideramos fundamentalmente
justa la línea política de la mayoría del C.C. del Partido Comunista de la URSS
y que en este sentido se pronunciará, evidentemente, la mayoría del partido
italiano si fuera necesario abordar la cuestión. No queremos, y lo consideramos
innecesario, hacer agotación, propaganda, con vosotros y con los camaradas del
bloque de las oposiciones. No haremos una lista de todas las cuestiones
particulares, con nuestro juicio al lado de cada una de ellas. Repetimos que nos
impresiona que la posición de las oposiciones afecte al conjunto de la línea
política del C.C., al corazón mismo de la doctrina leninista y de la actividad
política de nuestro Partido de la Unión. Lo que se discute es el principio y la
práctica de la hegemonía del proletariado, son las relaciones fundamentales de
alianza entre obreros y campesinos lo que se pone en discusión y en peligro, es
decir, los pilares del Estado Obrero y de la Revolución. Camaradas, no se ha
visto jamás en la historia que una clase dominante, en su conjunto, tenga
condiciones de existencia inferiores a las de ciertos elementos y estratos de la
clase dominada y supeditada. La historia ha reservado esta inaudita
contradicción al proletariado; en esta contradicción residen los mayores
peligros para la dictadura del proletariado, particularmente en los países donde
el capitalismo no había alcanzado un gran desarrollo y no había logrado unificar
las fuerzas productivas. Y es de esta contradicción, que de otra parte aparece
también bajo ciertos aspectos en algunos países capitalistas en los que el
proletariado ha alcanzado objetivamente una elevada función social, de donde
nacen el reformismo y el sindicalismo, el espíritu corporativo y las
estratificaciones de la aristocracia obrera. Y sin embargo, el proletariado no
puede convertirse en clase dominante si no supera con el sacrificio de los
intereses corporativos esta contradicción, no puede mantener su hegemonía y su
dictadura si, pese a haberse transformado en clase dominante, no sacrifica sus
intereses inmediatos a los intereses generales y permanentes de la clase. En
efecto, es fácil hacer demagogia en este particular, fácil insistir en los
aspectos negativos de la contradicción: "¿Eres tú el dominador, oh obrero mal
vestido y mal alimentado? o ¿el hombre de la NEP, con su abrigo de pieles y
todos los bienes de la tierra a su disposición?" También los reformistas, tras
una huelga revolucionaria que ha incrementado la cohesión y la disciplina de las
masas, pero que ha empobrecido aún más a los trabajadores, dicen: "¿Para qué
haber luchado? Ahora quedáis más arruinados y pobres." Es fácil hacer demagogia
en este terreno y es difícil no hacerla cuando la cuestión ha sido planteada en
los términos del espíritu corporativista y no en los del leninismo, de la
doctrina de la hegemonía del proletariado que se sitúa en una determinada
posición y no en otra.
Este es para
nosotros el elemento esencial de vuestra discusión, donde reside la raíz de los
errores del bloque de las oposiciones y el origen de los peligros latentes
contenidos en su actividad. En la ideología y en la práctica del bloque de las
oposiciones renace toda la tradición de la socialdemocracia y del sindicalismo,
tradición que ha impedido, hasta el momento, al proletariado occidental
organizarse en clase dirigente.
Únicamente una
firme unidad y una firme disciplina en el Partido que gobierna el Estado obrero
puede asegurar la hegemonía proletaria en el régimen de NEP, es decir, en el
pleno desarrollo de la contradicción que hemos subrayado. Pero la unidad y la
disciplina en este caso no pueden ser mecánicas y forzadas; tienen que ser
leales y de convencimiento y no la de un destacamento enemigo prisionero o
asediado que no piensa más que en la evasión o en la salida por sorpresa.
Esto, queridos
camaradas, es lo que hemos querido deciros con espíritu de amigos y hermanos,
aunque se trate de hermanos menores. Los camaradas Zinoviev, Trotsky y Kamenev
han contribuido, vigorosamente a educarnos para la revolución, nos han
corregido, en ocasiones, con energía y severidad; han sido nuestros maestros. A
ellos especialmente nos dirigimos en tanto que principales responsables de la
actual situación, porque queremos estar seguros de que la mayoría del C.C. de la
URSS no se propone aplastarles en la lucha y está dispuesta a evitar medidas
extremas. La unidad de nuestro partido hermano de Rusia es necesaria para el
desarrollo y el triunfo de las fuerzas revolucionarias mundiales; para ello todo
comunista e internacionalista debe estar dispuesto a hacer los máximos
sacrificios. Los perjuicios causados por un error del Partido unido son
fácilmente superables; los de una escisión o los de una prolongada situación de
escisión latente pueden ser irreparables y mortales.
Con saludos
comunistas,
El Buró
Político del PCI
Octubre, 1926 |