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Causas y consecuencias del movimiento
internacional de los capitales
Ninguno de los teóricos del estancamiento crónico en los países
dependientes del imperialismo supo proyectar como es debido las enseñanzas
de esta evidencia empírica del desarrollo internacional desigual. Todavía
en 1972, Ernest Mandel seguía viendo un mundo económico dual inamovible,
donde el ritmo de crecimiento de los países imperialistas, es
constantemente mayor al de los países de su periferia:
<<La acumulación de capital cristalizó
internacionalmente como el desarrollo, por una parte, de la gran
industria en los países metropolitanos, que avanzaban hacia la
completa industrialización a través de una avanzada división del
trabajo y de la progresiva innovación técnica, y como la implantación,
por otra parte, de la producción de materias primas en las colonias,
definida por una división del trabajo fija o estancada, una tecnología
atrasada y una economía agrícola precapitalista, factores que
bloquearon todo proceso profundo de industrialización y reforzaron y
perpetuaron el subdesarrollo. (...) El problema del "intercambio
desigual" se remonta en última instancia al problema de la diferente
estructura social del mundo subdesarrollado. A este respecto estamos
completamente de acuerdo con Emmanuel, Palloyx y Amin; mucho antes que
estos autores, señalamos que las condiciones desfavorables para la
acumulación del capital en estos países deben ser atribuidas a causas
sociales que fueron endureciéndose bajo los efectos del
imperialismo. También coincidimos con la tesis básica de Gunder Frank
a este respecto: el desarrollo mismo del capitalismo produce la
yuxtaposición de "superdesarrollo" en los países metropolitanos y
subdesarrollo en las colonias y semicolonias.>> Ernest Mandel:
"El Capitalismo tardío" Cap. III y XI)
En todo caso, Mandel acepta un desarrollo industrial
que el imperialismo dosifica convenientemente con medios de producción
obsoletos. Y piensa que esto es así por la existencia de una división
internacional del trabajo supuestamente cristalizada, dando también por
supuesto que el movimiento internacional de capitales del centro a la
periferia está en función exclusiva de las mayores tasas de ganancia en
los países dependientes, como si el movimiento del capital en los países
dependientes se rigiera por leyes capitalistas especiales.
A nosotros nos parece que esta es una aplicación
errónea y, por tanto, inconsecuente de la Ley general de la acumulación
capitalista. En primer lugar, porque es falso que el movimiento
internacional de capitales tenga su causa eficiente o necesidad en
las diferentes tasas nacionales de ganancia. Dado que las crisis típicas
de superproducción de capital se vienen produciendo desde 1857, de
aceptarse el supuesto de que los capitales emigran bajo el influjo
exclusivo de las distintas tasas internacionales de ganancia, habría que
explicar por qué la exportación de capitales se presentó por primera vez
como un comportamiento común a las burguesías de todos los países
desarrollados recién en la etapa superior del capitalismo y no antes.
El movimiento internacional de capitales tiene que
haber obedecido, pues, a una fuerza objetiva del sistema en su conjunto y
no a la decisión discrecional de uno u otro sector de ella. ¿De dónde ha
surgido esta tendencia objetiva? Una vez más del cumplimiento de la ley
general de la acumulación capitalista descubierta por Marx. En efecto,
dados los límites de la jornada laboral media individual que no puede
extenderse más allá de las 24 horas, si se acepta que la tendencia
histórica del capital consiste en apoderarse de una creciente cantidad de
trabajo necesario para convertirlo en excedente, el caso es que según
aumenta la fuerza productiva del trabajo y la composición orgánica del
capital, está en la misma lógica objetiva del sistema que la parte del
trabajo colectivo necesario disponible para ser capitalizada disminuye, y
el capital acumulado en cada período de rotación se incrementa más
rápidamente que el trabajo excedente. Bajo tales condiciones, según avanza
el proceso de acumulación el sistema sale de cada crisis de
sobreproducción de capital con una composición orgánica más alta y,
consecuentemente, con una masa de capital en funciones mayor. En
semejantes condiciones tiene que llegar un momento del proceso en que los
países de mayor desarrollo económico desembocan en la sobreacumulación de
capital, situación sólo superable mediante la exportación creciente de
capitales o el desvío hacia mercados especulativos. Este fenómeno deja de
ser simplemente ocasional o episódico, limitado a las crísis, para pasar a
ser crónico. Típico y necesario en todos los países de desarrollo
capitalista avanzado.
Este razonamiento se basa en la idea fundamental de la
contradicción inmanente al modo de producción capitalista, entre el
proceso de trabajo y el proceso de explotación asalariada, entre la
ilimitada capacidad expansiva de las fuerzas productivas y la limitada
posibilidad de valorización del capital sobreacumulado. Aquí radica la
diferencia señalada por Lenin entre el capitalismo de libre competencia y
el capitalismo monopolista
<<Lo que caracterizaba al viejo capitalismo, en
el cual dominaba plenamente la libre competencia, era la exportación
de mercancías. Lo que caracteriza al capitalismo moderno, en el que
impera el monopolio, es la exportación de capital>> V.I. Lenin:
"El imperialismo fase superior del capitalismo" Cap. IV)
Marx demostró la imposibilidad de una ilimitada
inversión de capital en un determinado país o conglomerado de países y
enunció las condiciones bajo las cuales debe surgir la absoluta
sobreacumulación de capital que no admite unidades adicionales de valor
capitalizables. La continuidad de todo proceso de acumulación exige
plusvalor. Pero el plusvalor es trabajo, y la masa de población explotable
en cada país está objetivamente determinada, es de una magnitud dada; y
con una composición orgánica del capital también presupuestada, de una
determinada población disponible sólo se puede extraer una determinada
masa máxima de plustrabajo.
Respecto a eso de que el componente material del
capital imperialista invertido en los países dependientes es técnicamente
obsoleto y de composición orgánica menor que en sus países de origen, esto
merece una matización. Está demostrado empíricamente que aun antes de la
etapa imperialista del capitalismo, los países atrasados receptores de
capital excedentario procedente de las métrópolis más desarrolladas,
incorporaron en poco tiempo las técnicas de producción capitalistas más
avanzadas. En una carta a Nikolai-on fechada el 15 de noviembre de 1878,
Marx reporta que en unos pocos años, el capital extranjero invertidio en
EU.UU. ha operado transformaciones cuya realización en Inglaterra demandó
siglos. Trotsky observa el mismo progreso experimentado por la industria
Rusa desde los tiempos de Pedro el Grande:
<<El desarrollo desigual, que es la ley más
general del proceso histórico, no se nos revela, en parte alguna, con
la evidencia y la complejidad con que la patentiza el destino de los
países atrasados. Azotados por el látigo de las necesidades
materiales, los países atrasados vense obligados a avanzar a saltos.
De esta ley universal del desarrollo desigual de la cultura se deriva
otra que, a falta de nombre más adecuado, calificaremos de ley del
desarrollo combinado, aludiendo a la aproximación de las distinta
etapas del camino y a la confusión de distintas fases, a la amalgama
de formas arcaicas y modernas. Sin acudir a esta ley, enfocada,
naturalmente, en la integridad de su contenido material, sería
imposible comprender la historia de Rusia ni la de ningún otro país de
avance cultural rezagado, cualquiera que sea su grado>> (L.D.
Trotsky: "Historia de la revolución rusa" Cap. I)
Y polemizando con Bauer, Gorssman actualiza la
verificación de esta misma tendencia histórica en 1929:
<<Si el capitalismo europeo occidental necesitó
150 años para evolucionar de la forma organizativa del periodo
manufacturero hasta la forma capitalísticamente desarrollada de los
truts mundiales, así los territorios coloniales de Asia, Áfricar y
américa no necesitan repetir este largo desarrollo. Ellos reciben los
capitales que fluyen de Europa en su forma más madura, que se conformó
en el seno de los países altamente capitalistas. De esta manera, ellos
saltan por encima de largas series de etpas de desarrollo histórico, y
el negro autóctono del sur de África es llevado desde sus selvas
vírgenes directamente a las mainas de oro y diamántes dominadas por el
capital de los truts, con su forma de organixzación técnica y
financiera altamente desarrollada. Si en Ecuador, Sumatra, Venezuela o
Trinidad se emprenden perforaciones en busca de petróleo, son
utilizadas desde el comienzo los más modernos métodos técnicos e
instalaciones que existen en ese momento (1929), y así se contruyen
oleoductos, depósitos, refinerías, etc.>> (Grossmann: "La ley
de la acumulación y del derrumbe del sistema capitalista" Cap. XIV
BIII)
Por lo tanto, según progresa la acumulación del capital
social crece el número de países que alcanzan la sobresaturación. Si los
primeros países excedentarios de capital fueron Inglaterra y Francia,
pronto se le sumaron los EE.UU. de norteamérica e inmediatamente otros a
menor escala como Bélgica, Suiza, Holanda, Suecia, Alemania, Italia y más
recientemente Japón y España. Y a medida que aumenta el número de países
exportadores netos de capital y se acrecienta su masa excedente, es
inevitable que la lucha entre las distintas fraciones del capital
imperialista por las localizaciones para la inversión productiva se
intensifique.
Un primer efecto de esta nueva realidad es, pues, la
tendencia irresistible al aumento en la composición orgánica del capital
de los países anfitriones económicamente dependientes en las ramas de la
industria donde opera el capital extranjero. De la competencia por el
mercado del automóvil en el contexto del Mercosur entre la Wolkswagen
radicada en Brasil y la Ford en Argentina, por ejemplo, tiene
necesariamente que resultar un aumento de la composición técnica y
orgánica del capital en la rama del automóvil de ambos países. En un
artículo donde cita un estudio elaborado en 1984 por J.L. Tauille:
Microelectronics, automation and economic development: The case of
numerically controlled machine tools in Brasil", J.P. souza se refiere
a las condiciones del uso y fabricación de Máquinas-herramientas de
control numérico o aplicación de la informática a los medios de trabajo en
Brasil, o sea, la producción semiautomatizada:
<<La difusión de las máquinas herramientas de
control numérico (MHCN) en el Estado de San Pablo sigue la misma
trayectoria que se observa a nivel mundial, abarcando principalmente a
las industrias del sector mecánico-metalúrgico de la econom´ia, y
dentro de ésta, al subsector de producción de bienes de equipo no
producidos en serie. (...) Se puede comentar con mayores detalles la
situación de la industria automovilística, incluyendo las plantas de
ensamblaje de automóviles y camiones y sus proveedores de la industria
de repuestos. Según Tauille, los fabricantes brasileños de Vehículos
empleaban en sus divisiones de útiles y herramientas 40 MHCN en 1983 y
las emprersas productoras de repuestos empleaban, en el mismo año, 150
MHCN. Los usuarios de estos equipos son grandes empresas que en su
mayoría cuentan con más de 1000 empleados, siendo subsidiarias de
empresas transnacionales, o con participación de capital extranjero.
(...) Se ha escrito hasta ahora sobre la extensión del uso de MHCN,
pero tan importante como el uso es conocer la medida de su producción
y de paneles de control numérico. Se estima que en 1980, de las 700
MHCN en uso en el país, 130 fueron producidas localmente. En ese año
eran 6 las empresas productoras. Sin embargo, en 1982 ya se
registraron 16 empresas produciendo 34 modelos diferentes de control
numérico. A partir de ese año, la Secretaría Especial de Informática
inició una política de incentivo nacional de paneles de control
numérico , autorizando a cuatro empresas para desarrollar proyectos
con tecnología norteamericana, y japonesa con el compromiso de una
rápida nacionalización de los equipos, 4 años como tiempo máximo. Los
incentivos dados a las empresas se pueden reducir básicamente a dos:
reserva de mercado y una cuota de dólares para la compra de
componentes en el exterior. Las cuatro empresas a las que nos
referimos son: Centelha [tecnología Johannes Heidenhain (alemana)];
Digicon [tecnología Mitsubishi (japonesa)]; Mexitec [tecnología
Siemens (alemana) y Romi [tecnología Dana (norteamericana)]>> (P.
R. Costa Souza: "Los impactos económicos y sociales de las
nuevas tecnologías en Brasil" Ed. Fundación para el desarrollo
de la función social de las comunicaciones (FUNDESCO)/1986)
En este mismo trabajo Costa Souza reporta que en 1984
había en Brasil 50 robots, la mitad de ellos funcionando en las fábricas
de automóviles, aclarando que:
<<La introducción de robots industriales en el
Brasil no tiene ninguna relación con la cuestión salarial y casi nada
con la presión sindical>> (Ibíd).
lo cual es elocuente en el sentido de que estos
progresos tecnológicos obedecen a los puros efectos de la ley general de
la acumulación capitalista determinados por el desarrollo de las fuerzas
productivas a nivel planetario. Respecto de Argentina, según informaciones
recibidas directamente de especialistas en automatización que hace un año
visitaron la Ford y la Volkswagen de Argentina, el grado de adelanto
tecnológico que vieron allí es notable: decenas de robots funcionando en
cooperación para la soldadura por puntos y pintado de los coches
denotan una inversión tecnológica de primera línea.
En este mismo país, los ingenieros de Siderca han
desarrollado un equipo basado en visión artificial e iluminación con laser
para control de calidad de la producción siderúrgica. Desde esta empresa
radicada en Argentina se están transfiriendo una cantidad de conocimientos
técnicos y equipamientos a su homóloga "Dálmine" en Italia, que opera con
un atraso relativo de 15 años. No solo se transfiere tecnología, sino
equipos gerenciales con técnicas de gestión determinadas. En general, la
tecnología de la industria metalúrgica latinoamericana aventaja
considerablemente incluso a la de los EE. UU.
Otra empresa argentina, YPF (ahora Repsol), también
opera con tecnología de última generación. Según fuentes de toda solvencia
profesional, esta empresa petrolífera cuenta con una válvula para la
extracción de petróleo que un operario ubicado en la destilería abre o
cierra pozos petrolíferos situados a más de mil kilómetros de distancia,
accionando un comando vía satélite con el ratón de una computadora.
Tenemos también el caso de los teléfonos celulares y de
la televisión por cable. Estas dos tecnologías llevan implantadas
masivamente en Latinoamérica desde hace por lo menos 20 años, cosa que
recién hace poco se popularizó en Europa. Otro tanto pasa con el uso de
internet y desarrollos de programas de computación (software) en zonas
capitalistas periféricas. Tenemos el caso de la India, uno de los
principales países en desarrollos de software.
Ciertamente, no son estos más que ejemplos aislados.
Países como Argentina, Brasil o la India siguen siendo economías trabadas,
con muy pocas vinculaciones con los mercados internacionales en lo que
respecta a producción y exportación de tecnología. Constituyen una parte
todavía insignificante del desarrollo tecnológico mundial. El
ejemplo más acabado de ello es la escasa proporción que ocupan las
exportaciones no tradicionales en sus economías. Según datos del Banco
Mundial para 1999, las exportaciones argentinas y brasileñas de productos
avanzados constituyen aproximadamente el 9 y el 7% del Producto Bruto
Interno respectivo; están entre los más bajos del mundo. La Argentina y
Brasil son dos de las economías más cerradas del mundo. Cada uno exporta
al otro y así cuando, en realidad, las dos economías carecen de
competitividad en los mercados mundiales, con la única excepción del
Mercosur. Pero no es menos cierto que los datos que aportamos aquí
constituyen una tendencia que la ley del valor no hará más que afianzar.
Esta realidad actual del capitalismo desmiente, pues,
la tesis de la presunta obsolescencia técnológica cristalizada que
acompaña a la inversión del capital imperialista en los países
dependientes. Estas ideas de los teóricos del estancamiento permanente en
los países dependientes del imperialismo, se reforzaron -como hemos visto
ya en este trabajo- con las teorizaciones sobre el monopolio, y su
supuesta capacidad para manejar a voluntad los precios y la marcha de la
economía. a expensas de los capitales de menor envergadura. Baran y Swezzy,
Amin, Palloix y muchos otros, confirieron a los monopolios un poder
discrecional para evitar la generalización de las relaciones capitalistas
en los países dependientes, a fin de garantizar las ganancias
extraordinarias derivadas del intercambio o de la inversión directa de
capitales.
En realidad, durante los diez primeros años de la
segunda postguerra, el lento progreso de las fuerzas productivas en paises
periféricos con estructuras capitalistas acabadas, como Brasil, Méjico,
Argentina, Chile o Egipto, en modo alguno fue inducido por el capital
imperialista, sino que tuvo su causa fundamental en proyectos de
acumulación a caballo de burguesías nacionales débiles a cargo industrias
subsidiadas, ancladas en la ineficiencia al amparo de barreras políticas,
verdaderos monopolios artificiales que fijaron el atraso relativo en estas
áreas de explotación del trabajo social, impidiendo la necesaria difusión
del progreso técnico por la única via posible bajo el capitalismo: la
competencia. Esto es lo que la ley del valor debió remover y lo vino
haciendo desde el inició de la onda larga depresiva tras la
inconvertibilidad del dólar en 1971. Así fue como la verdad o no verdad de
la proposición acerca del estancamiento crónico de la periferia
capitalista –que no tiene nada que ver con el pensamiento de Marx ni de
Lenin- ha sido resuelto por la evolución de la realidad económica en la
periferia capitalista durante los últimos cuarenta años. Según datos
tomados de diversas fuentes por R. Astarita y O Colombo en:
"Revalorizando la dependencia a la luz de la crítica de la tesis del
estancamiento crónico", entre 1960 y 1968 las economías capitalistas
adelantadas crecieron a tasas anuales del 5,2%, y los países
subdesarrollados al 5,3%; entre 1968 y 1979, los primeros lo hicieron al
3,5% anual, y los segundos al 6,2%. Entre 1960 y 1968, las industrias de
los países atrasados crecieron a un rítmo del 8,5% anual, y entre 1969 y
1979 al 6,4% (datos tomados de Ominami, C."Le tiers monde dans la crise".
París, La Découverte 1983). Entre 1970 y 1980 el crecimiento del valor
agregado en la manufactura de los países latinoamericanos fue del 6,4%
anual y en el Este y Eudeste asiático del 11,5% anual (datos de Ayres y
Clark: "Capitalism, Industrialisation and Dependency" en "Capital & Class>"Nº
64 1998);el empleo industrial en los países subdesarrollados creció, entre
1971 y 1982, el 58% (dato tomado de A. Callinicos: "Contra el
postmodernismo", Bogotá, El Áncora Editores, 1993, p.239). Además la
extensión y profundización de las relaciones capitalistas se registraron
en el comercio, transporte y otros rubros de "servicios". Este crecimiento
de la periferia capitalista no se operó gracias a las "burguesías
nacionales progresistas" de la periferia capitalista sino muy a pesar de
ellas. Y la sangre derramada en todo este proceso, desde el genocidio
perpetrado por la burguesía internacional en el Cono Sur de América
Latina, hasta los recientes acontecimientos en Yugoslavia, es parte de lo
que el proletariado mundial está pagando por mantener hipotecada su acción
-y el futuro de la humanidad- a un antiimperialismo pequeñoburgués pacato
y anacrónico.
En los años ochenta, si bien América Latina y Africa
subsahariana sufrieron una profunda recesión, la zona asiática experimentó
un desarrollo notable: entre 1982 y 1993 Corea del Sur tuvo una tasa anual
de crecimiento del 9,6%, Tailandia del 8,3%. Hong Kong y Malasia
superiores al 6% e Indonesia del 6,7%. Si a esto sumamos el crecimiento de
China, que está en un proceso de transformación capitalista y recibe
cuantiosas inversiones externas, nos da como resultado que una parte del
planeta que abarca casi el 60% de la población mundial ha tenido altos
índices de crecimiento. Según datos tomados de Ayres y Clark, en los
ochenta el valor añadido en la industria manufacturera en el subcontinente
indio aumentó a una tasa anual del 6,1%, en el Este y Sudeste asiático al
8,8%, y en la zona Norte y Occidental de Africa al 4,3% anual..
Fuente:
http://www.nodo50.org/gpm/decadencia/09.htm |